28 ABRIL
2017
Enfermeria21

Editorial
La Historia en la enseñanza de enfermería

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Autores/as:Magdalena Santo TomásCargo

Enfermera, Doctora en Historia, Profesora de la Universidad de Valladolid, España

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Los difíciles momentos que el mundo atraviesa, intentando salir de una crisis que tanto está afectando al estado de bienestar y que nos hace afrontar el nuevo paradigma en que estamos inmersos, con tantas dudas e inseguridades, es quizás el momento idóneo para reflexionar sobre la necesidad de que la Historia esté presente en el currículum de Enfermería.

Una necesidad que bien podemos encontrarla en alguno de los acontecimientos que se viven en muchos países. Por ejemplo, los ancianos son un grupo mayoritario en nuestras sociedades, muchos de ellos necesitados de ayuda. Algunos son atendidos de forma profesional por enfermeras competentes que se encargan de sus cuidados; otros, que viven en sus domicilios familiares, comprobamos cómo la sociedad recurre preferentemente al trabajo de las mujeres a las que considera idóneas para dar cuidados. Ello está incidiendo en la vida laboral, familiar y social de las mujeres, unas mujeres que se ven en la necesidad de actuar como enfermeras aunque ello esté lejos de su competencia profesional, de sus intereses y de sus aptitudes.

Si nos preguntamos por qué pasa esto, por qué es así, es precisamente en la Historia donde debemos buscar la respuesta porque es ella la única que nos la proporciona.

Desde las últimas décadas del siglo XX ha adquirido una importancia creciente la Historia de la vida cotidiana, que constituye una nueva línea de investigación dentro de la Historia Social. Un nuevo enfoque histórico, un nuevo camino desde el que podemos comprobar cómo la asistencia a los enfermos, su cuidado, ha sido desempeñado mayoritariamente en el ámbito de lo privado, es decir, en el seno de la familia, una estructura social presente en todos los estamentos, poderosos y pobres, un espacio donde las mujeres han sido las protagonistas. Es por todo ello, que mediante el estudio de esta institución podemos comprobar cuál ha sido el comportamiento de otras sociedades, en otros momentos históricos, para, siguiendo con el ejemplo, con sus mayores, quién se encargó de sus cuidados. Ese estudio puede llevarnos a entender el presente y a encontrar respuestas a lo que está pasando, permitiéndonos constatar que lo que la sociedad actual hace es reproducir antiguos o viejos comportamientos. Las enfermeras deberemos ser conscientes de ello, conocerlo, opinar y tomar decisiones.

Este ejemplo permite, en mi opinión, entender para qué nos sirve la Historia: para conocer de dónde venimos, qué somos y dónde vamos, unas cuestiones que forman parte de la esencia de la Enfermería. La respuesta a todas ellas solamente puede abordarse desde la Historia y por ello es necesario conocerla, tenerla en cuenta y enseñarla.

Un conocido y prestigioso filósofo español, Emilio Lledó, ha escrito: “ser, es esencialmente ser memoria” (1); una frase que resume magistralmente lo que supone existir, en el sentido amplio de la palabra, ser una realidad, tener vida…; y la Enfermería, una actividad antigua, una profesión nueva, necesita, sigue necesitando, afianzarse.

La Historia es, etimológicamente, un relato. Un relato de lo acontecido, de un hecho concreto; en Grecia, que es donde nació, la Historia tenía carácter de “investigación”; “alguien” que necesitaba conocer algo con cierta exactitud acudía a “alguien” a que lo investigase y tras investigar el hecho concreto, ese “alguien” se convertía en un testigo, “un histor” que construía un relato, una historia; o lo que es lo mismo, un historiador conocedor del hecho y constructor de la Historia.

La enfermedad y la muerte son consustanciales a la vida, y conocer y entender cómo se ha acompañado, asistido, cuidado a las personas en estas situaciones vitales es algo que compete a la Historia y a los historiadores. La Historia, la investigación histórica, nos acerca al pasado de la humanidad, a entender y comprender cómo las distintas sociedades se han acercado a sus enfermos y les han cuidado, y no solo eso, sino a conocer por qué fue así, de esa forma y no de otra, y cómo ello ha incidido en nuestra forma de ser hoy, en lo que la sociedad piensa de nosotros como grupo y en el espacio social que hoy ocupamos.

Josep Fontana i Lázaro (2), conocido y prestigiado profesor de Historia Económica, decía: “los que tienen historia, la cuentan”; qué verdad, por eso muchas disciplinas, todas las que tienen Historia, enseñan su pasado, porque les afianza en el mundo, les prestigia y les ayuda a ser, a existir.

Si hacemos caso al axioma de que si siempre ha habido enfermos, siempre ha tenido que haber personas que los cuidasen, podríamos deducir que cuidados y cuidadores, o lo que es lo mismo, desde nuestro entendimiento actual, enfermería y enfermeras ha habido siempre, luego, por deducción tenemos Historia y como ya existen relatos históricos, también tenemos historiadores; nos falta asumir nuestros propios relatos y transmitirlos a las futuras generaciones de enfermeras y enfermeros junto con el sentido que la Historia otorga, es decir, enseñar a entender cómo ha sido nuestro pasado y cómo en función de él es nuestro presente y será nuestro futuro inmediato, o dicho en otros términos: quién cuida, dónde se cuida, a quién se cuida y cómo se cuida en cada sociedad y en cada momento histórico.

Esta enriquecedora perspectiva nos hace más fuertes, y nos da argumentos más sólidos para enfrentarnos a los retos del presente y del futuro, los que nos llegan desde fuera y los que nosotros mismos nos construimos.

En función de estos planteamientos, y a mi modo de ver, la enseñanza de la Historia de la Enfermería debe incluirse como una materia básica del currículum y es recomendable que los estudios se inicien con ella, puesto que así se empieza a forjar en los estudiantes los fundamentos básicos que dotan de perspectiva en el espacio y en el tiempo, y proporcionan una visión amplia de la especificidad profesional.

La tendencia a la renovación de las técnicas pedagógicas, que se está llevando a cabo en numerosos países y en niveles amplios de la enseñanza que abarcan también la docencia universitaria, ponen de relieve la necesidad de adoptar nuevos modelos de enseñanza-aprendizaje.

Abordar una nueva manera de transmisión del conocimiento requiere varios elementos a tener en cuenta: por una parte el profesorado debe de ser consciente de los beneficios que pueden obtenerse simultaneando la clase magistral con otro tipo de procedimientos y si es necesario formarse para ello; pero también y de forma previa debe de valorarse muy estrictamente el nivel de conocimientos previos que sobre la materia poseen nuestros estudiantes.

La enseñanza de la Historia en Enfermería constituye una materia muy adecuada para ser transmitida mediante el procedimiento de las Prácticas de Aula. Por una parte, nuestros estudiantes (en el caso de España) provienen de una formación de ciencias y los contenidos de Historia son muy escasos y además poseen la convicción de que “no les gusta” o “no necesitan conocerla”.

Además, este método facilita la búsqueda de datos, el análisis y la confrontación de ideas, el debate, en definitiva la construcción del conocimiento de forma autónoma aunque siempre dirigida y reforzada lo que hace de las prácticas de aula el camino ideal para la enseñanza, entre otras disciplinas, de la Historia de la Enfermería. Las nuevas tecnologías, que permiten la utilización y el manejo de fuentes iconográficas, ayudan a centrar el interés y a facilitar la comprensión de la materia convirtiéndose en instrumentos potentes al servicio del proceso enseñanza-aprendizaje.

Pensando en la especificidad profesional y en la importancia del conocimiento de nuestra Historia, cuando necesitamos argumentarla para dar forma a un proyecto trascendente, lo iniciamos valiéndonos de ella. Si recordamos cómo construimos nuestros proyectos académicos, tesis doctorales, trabajos de fin de master, etc., siempre la Historia ha formado parte de ellos, nos ha servido para situarnos, para decir, yo, (o nosotros), que vengo de aquí, que he pasado por este camino, soy…, y quiero ser y llegar a…; unas palabras nada banales, al contrario, absolutamente trascendentes que merecen nuestra reflexión.

Cuando utilizamos el plural porque hablamos de nosotros y aludimos al ayer, a nuestro ayer o incluso al anteayer, estamos recurriendo a nuestra Historia y se impone además otra reflexión. Las nuevas generaciones de profesionales deben de tener claro lo que desde la perspectiva histórica ha supuesto para la profesión y para la disciplina enfermera el haber sido una actividad mayoritariamente desempeñada por mujeres. Las mujeres que han sido situadas en los márgenes de la sociedad, en el ámbito de lo privado, han visto, siglo tras siglo, restringida su actividad laboral y lo que ellas hacían o aportaban era minusvalorado en unas sociedades en las que el valor de todo era medido en función de lo que los varones eran y hacían; las consecuencias de estos hechos se dejan sentir no solo en la forma de abordar el conocimiento de nuestro pasado, sino en entender y dar a entender, que algunos de los valores que hoy le otorgamos a nuestra profesión, están estrechamente relacionados con ese pasado del que procedemos y que nos ha hecho como hoy somos, como nos vemos y como nos ven otros, otros profesionales de otras disciplinas y otros grupos sociales.

Es así que la imagen social de la enfermera hoy, depende mucho del camino por el que hemos venido, un camino que conocemos escasamente y que requiere que sigamos adentrándonos en él, que sigamos indagando, haciendo preguntas y buscando respuestas. La transmisión de nuestra Historia, a la sociedad y, por supuesto, a los nuevos profesionales, incidirá sin duda en una mejor visión de la profesión y de los profesionales y aunque sea poco a poco irá desterrando de la praxis de algunos la utilización de determinados estereotipos que usan la imagen de una mujer enfermera para la venta de productos que nada tienen que ver con la Enfermería ni con las enfermeras, y que desprestigian a la profesión y alejan de la consecución social de una imagen profesional digna.

En el imperio romano existía un dios, Jano, al que representaban con dos caras, una sola cabeza con dos caras que miraban una hacia atrás y otra hacia adelante porque le consideraban el dios del pasado y del futuro; una manera muy clara no solo de relacionar el ayer y el mañana, sino de contemplar de una forma indivisible las dos realidades: pasado y futuro; por eso algunos creían que el presente no existía, era solo el lugar de llegada y a la vez el punto de partida. Construyamos nuestra realidad mirando al futuro pero sin dejar de mirarnos en el pasado que nos ha hecho como somos.

Bibliografía
  1. Lledó E. El silencio de la escritura. 3ª ed. Madrid: Espasa; 2011. p.12.
  2. Fontana i Lázaro J. La gente está tomando conciencia de que hay un enemigo común: un sistema depredador que nos está arruinando la vida. Entrevista Cadena SER [Internet] 15/9/2013. [citado 24 diciembre 2016]. Disponible en: http://cadenaser.com/programa/2013/09/15/audios/1379211209_660215.html
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