17 OCTUBRE
2017
Enfermeria21

Editorial
Formación en enfermería para asumir los retos del siglo XXI

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Autores/as:María Elisa Moreno FergussonCargo

Doctora en Enfermería. Profesora titular, Facultad de Enfermería y Rehabilitación,
Universidad de La Sabana, Colombia. E-mail: mariae.moreno@unisabana.edu.co

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El siglo XXI con la globalización trajo nuevos retos para la disciplina de enfermería. Este fenómeno tomó fuerza en la década de los 80, gracias al desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, modificó las estrategias económicas, las relaciones internacionales e hizo más compleja la prestación de los servicios de salud con nuevos patrones culturales, debido a las migraciones, los cambios demográficos y el desarrollo tecnológico (1). Hoy en día las personas están interconectadas, son más interdependientes, las enfermedades son fenómenos globales, se trasmiten rápidamente de una región a otra, por la pobreza, el maltrato y el abandono de la población vulnerable. La expectativa de vida es mayor en todos los países del mundo, mientras la tasa de fecundidad disminuyó, modificando la problemática de salud mundial, con una alta prevalencia de enfermedades crónicas no trasmisibles que afectan principalmente al estilo de vida e incrementan los costos en los sistemas de salud (2). Un fenómeno que ha modificado la prestación de los servicios es la superespecialización de algunos profesionales, lo cual ha fragmentado el conocimiento disciplinar y la visión de integralidad de las personas atendidas, aspecto que afecta fundamentalmente a los procesos de humanización de la atención (1).

Esterhuizen et al. (1) plantean que para responder a todas estas demandas, los profesionales han de desarrollar competencias que fomenten el autoaprendizaje, la solución de problemas, el trabajo en equipos interdisciplinarios, entre otras. Este último es un proceso dinámico en el que participan diferentes profesionales, quienes comparten la meta común de atender de manera holística las necesidades de salud de las personas, familias y comunidades. Se caracteriza por la colaboración interdependiente entre sus miembros, el reconocimiento del otro y el respeto por los diferentes saberes, la comunicación abierta y la toma de decisiones compartidas (p.2) (3). Hoy en día se reconoce que ningún profesional puede atender las necesidades complejas de salud sin la ayuda de otros.

El fenómeno de la globalización y el trabajo en equipos interdisciplinarios brinda grandes oportunidades para la enfermería y a la vez grandes retos. Gracias a este fenómeno, hoy en día tenemos la oportunidad de conocer y trabajar con pares en todo el mundo, de comunicarnos en tiempo real, desarrollar proyectos colaborativos con matices culturales diversos, consolidando el conocimiento de enfermería en torno al cuidado de la experiencia de la salud, en beneficio de todas las personas.

Participar en un equipo interdisciplinario exige un conocimiento disciplinar bien estructurado, para tener claridad acerca de la contribución que hace cada profesional en el logro de las metas propuestas por el grupo. De tal manera, que si los enfermeros/as no tenemos claridad sobre nuestra fundamentación epistemológica y ontológica es muy probable que “nos diluyamos entre los límites disciplinarios, perdiendo lo que hasta ahora se ha construido” (4). El llamado es a afianzar nuestro conocimiento, hacerlo tangible, frente a los pacientes, sus familias y los profesionales con quienes trabajamos.

Esta motivación fue precisamente la que tuvieron algunos académicos de enfermería en la década de los 60 y 70 del pasado siglo, identificar el fenómeno de interés de la disciplina y de allí surgieron los primeros modelos conceptuales y teorías, que orientaron el desarrollo científico. Gracias a este, la enfermería fue reconocida como disciplina profesional, con un cuerpo de conocimientos propio que respaldaba la investigación, la docencia y la práctica asistencial (5). Dada la importancia de la interacción en el cuidado, incluso se ha llegado a cuestionar si la enfermería es una ciencia básica con un conocimiento propio, una ciencia aplicada que utiliza conocimientos de otras para fundamentar su quehacer (6) o como lo establece Rolfe (7), una ciencia humana enfocada en las personas desde una perspectiva holística.

La única forma de garantizar que este conocimiento permee el ejercicio profesional y sea visible a otros profesionales y usuarios, es aplicarlo en los diferentes ámbitos de la práctica y promover que los estudiantes de enfermería, de todos los niveles, se apropien de este y desarrollen competencias para contribuir a su desarrollo en los diferentes procesos de formación. Algunos programas de enfermería han utilizado como estrategia la selección de un modelo conceptual como referente teórico para el desarrollo de su plan de estudios y la aplicación del proceso de enfermería. Otros aplican diferentes modelos conceptuales y teorías en el proceso de formación, y la mayoría tiene en su currículo una asignatura relacionada con el tema, sin que este sea un eje transversal en el proceso de formación. Más bien enfatizan en el proceso de atención de enfermería y en la aplicación de las taxonomías, que son herramientas fundamentales para el cuidado, pero sin una fundamentación teórica clara fomentan el “hacer” de enfermería más que su razón de ser.

Si los docentes no recalcamos la importancia de la teoría de enfermería como elemento fundamental para guiar la práctica, la ciencia de enfermería pierde legitimidad y, por lo tanto, su alcance estará limitado a seguir las órdenes de otros profesionales, con serias implicaciones para la autonomía, la identidad profesional y su desarrollo científico. Algunos, con razón, sostienen que estos modelos conceptuales y teorías son difíciles de llevar a la práctica por su elevado nivel de abstracción y el lenguaje complejo que utilizan, lo cual dificulta su articulación con el cuidado del paciente.

Por ello, hoy en día se aprecian modificaciones significativas en el desarrollo teórico de la disciplina. En los últimos 25 años se ha incrementado el análisis de conceptos centrales como los de: cuidado, bienestar, comodidad, esperanza, espiritualidad, compasión entre otros; del mismo modo se han desarrollado teorías de rango medio, algunas derivadas de modelos conceptuales y otras de las experiencias de las enfermeras en la práctica, teorías situacionales derivadas de la investigación y modelos funcionales en las instituciones de salud, que buscan acercar estos planteamientos teóricos y los resultados de la investigación a la cabecera del paciente (8).

Para enseñar enfermería es indispensable apropiarse de la fundamentación teórica. Meleis (9) sostiene que más que enseñar los modelos y teorías, lo fundamental es desarrollar un pensamiento teórico en los estudiantes, de forma escalonada, teniendo claras las metas de pregrado, maestría y doctorado. Algase et al. (10) proponen que en el pregrado, la meta sea lograr que los estudiantes tengan una apreciación y conocimiento de las escuelas de pensamiento en enfermería, de los conceptos esenciales del cuidado, los modelos conceptuales y teorías, y desarrollen la habilidad de implementarlos en la práctica como fundamento del proceso de enfermería.

Desde mi punto de vista, este es un proceso que debe iniciar en el primer semestre, en el momento en que los estudiantes entran en contacto con la profesión que eligieron y empiezan a familiarizarse con la esencia de la enfermería y a diferenciarla de otras profesiones afines. Deben familiarizarse con la filosofía porque esta nos enseña cómo pensar, cómo aproximarnos a la enfermería, cómo interactuar y cuidar al paciente (p. 32) (4). Si el currículo se enfoca hacia el desarrollo de esta competencia, los estudiantes tendrán la capacidad de realizar un proceso de abstracción a partir del análisis de situaciones particulares de la interacción enfermero/a-paciente, para identificar los temas centrales que nos ocupan e identificar los problemas que tienen que ser resueltos. Esto les permitirá ir más allá de los signos y los síntomas, y tratar de comprender la experiencia desde la perspectiva de las personas que la están viviendo un aspecto que diferencia la enfermería de otras profesiones.

En los programas de maestría, las competencias están enfocadas a la identificación de los fenómenos de enfermería, a analizar y sintetizar la teoría enfermera, al análisis y derivación de los conceptos centrales que conforman el dominio y el uso crítico de la teoría (10). Los estudiantes de maestría han de tener la capacidad de desarrollar proyectos de gestión fundamentados en teorías de enfermería, que generen propuestas innovadoras e interdisciplinarias para atender las necesidades de las personas atendidas (11). En el doctorado, las expectativas son el desarrollo de teorías para la práctica, criticar y probar teoría, el desarrollo de nuevas teorías de la práctica y la investigación y estrategias avanzadas de desarrollo teórico, que impacten el ejercicio profesional.

De este análisis se destaca la responsabilidad que tenemos los docentes de enseñar enfermería a nuestros estudiantes, lo cual va más allá de aplicar el proceso enfermero y utilizar las taxonomías. Una práctica-teórica está enfocada en el hacer y no aborda la esencia y el dominio de la disciplina. De allí la necesidad de fortalecer el desarrollo de un pensamiento teórico en los estudiantes tanto en pregrado como en postgrado, para que estén en capacidad de desarrollar y aplicar la teoría en la práctica, fomentando la identidad profesional y visibilizando la contribución de la disciplina, para atender los retos de la agenda global de salud, desde una perspectiva humanística.

Bibliografía
  1. Esterhuizen P, Kirkpatrick MK. Intercultural–Global Competencies for the 21st Century and Beyond. The Journal of Continuing Education in Nursing 2015; 46(5):209-14.
  2. Hallberg IR. Challenges for future nursing research: providing evidence for health-care practice. Int J Nurs Stud. 2006 Nov; 43(8):923-7.
  3. Nancarrow SA, Booth A, Ariss S, Smith T, Enderby P, Roots A. Ten principles of good interdisciplinary team work. Human Resources for Health 2013; 11:19.
  4. Yancey NR. Why teach nursing theory? Nurs Sci Q. 2015 Oct;  28(4):274-8.
  5. Donaldson SK, Crowley DM. The discipline of nursing. Nursing outlook 1978; 26(2):113-20.
  6. Parse RR. Nursing: a basic or applied science. Nursing Science Quarterly 2015; 28(3):181-2.
  7. Rolfe G. Foundations for a human science of nursing: Gadamer, Laing, and the hermeneutics of caring. Nursing Philosophy 2015 Jul; 16(3):141-52.
  8. Morse J. Analyzing and conceptualizing the theoretical foundations of nursing. New York: Springer Publishing Company; 2017. p. 804.
  9. Meleis AI. Theoretical Nursing. Development & progress. Philadelphia: Lippincott Williams & Wilkins; 2012.
  10. Algase D, Newton Se, Higgins Pa. Nursing theory across curricula: a status report from midwest nursing schools. Journal of Professional Nursing (September–October) 2001; 17(5):248-55.
  11. Moreno Fergusson ME, Muñoz de Rodríguez L (eds.). De la teoría a la práctica de enfermería: Experiencias con proyectos de gestión del cuidado. Bogotá: Editorial Universidad de La Sabana; 2016. p. 370.
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