23 ENERO
2018
Enfermeria21

Originales
Formación de Florence Nightingale en la Institución de las Diaconisas de Kaisersweth: análisis de documentos originales

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Autores/as:Mónica Cordeiro RodríguezCargo

Graduada en Enfermería, Universidad de Valladolid. Licenciada en Traducción e Interpretación, Universidad de Salamanca.

Resumen Introducción: Florence Nightingale renunció a una vida acomodada y luchó contra la oposición de su familia para ser enfermera. Su contribución a la respetabilidad de la profesión es innegable. En este trabajo se profundiza en su formación con las diaconisas de Kaiserswerth con el comentario de documentos originales.
Objetivos: 1. Determinar las circunstancias de las estancias formativas de Nightingale en Kaiserswerth. 2. Analizar documentos originales en relación con dichas estancias. 3. Valorar la repercusión de la formación en su vida profesional
Metodología: se desarrolló una investigación documental y se localizaron dos documentos originales. Para la construcción del enfoque histórico se emplearon fuentes historiográficas sobre la época victoriana y sobre la biografía de Nightingale.
Resultados: tras la primera visita a la institución en 1850, Nightingale publicó de forma anónima un informe breve sobre el trabajo en la institución. En 1851, obtiene el permiso de su familia para regresar y recibir entrenamiento como enfermera. Antes de comenzar escribe una carta de motivación en la que explica sus razones para querer recibir formación con las diaconisas.
Conclusiones: la formación con las diaconisas marcó profundamente su vida personal y profesional. Ideas como el respeto por el paciente, la honorabilidad y la sumisión, la organización estricta y el sometimiento a la autoridad médica le fueron transmitidas en esta institución. Sin embargo, el entrenamiento no fue prolongado ni profundo y no incluyó aspectos teóricos de la práctica enfermera que parecen indispensables a la hora de administrar los cuidados.

Palabras clave

historia de la enfermería ; educación vocacional ; capacitación profesional ; cuidados de enfermería ; educación en enfermería

Title: Florence Nightingale’s training at the Kaiserswerth Deaconesses Institution: an analysis of original documents
Abstract
Introduction: Florence Nightingale gave up her well-off life and fought against the opposition of her family in order to become a nurse. She made an undeniable contribution to the respectability of the profession. This article leads in depth with her training with the Kaiserswerth Deaconesses, with comments on the original documents.
Objectives: 1. To determine the circumstances of the training stays of Nightingale at Kaiserswerth. 2. To analyze the original documents associated with these stays. 3. To assess the impact of this training on her professional life.
Methodology: a documentary research was developed, and two original documents were located. In order to build the historical approach, historiographic sources were used, regarding Victorian age and Nightingale’s biography.
Results: after her first visit to the institution on 1850, Nightingale published anonymously a brief report on work at the institution. In 1851, she obtained permission by her family to return and receive training as a nurse. Before starting, she wrote a motivation letter explaining her reasons for wanting to receive training with the deaconesses.
Conclusions: training with the deaconesses had a profound impact on her personal and professional life. Some ideas such as respect for the patient, honourableness and obedience, strict organization, and submission to medical authorities, were transmitted to her in this institution. However, this training was neither prolonged nor deep, and did not include theoretical aspects of nursing practice which seem essential at the time of conducting patient care.

Keywords

Nursing history; vocational education; professional training; nursing care; Nursing education

Título: Formação da Florence Nightingale no Instituto de Diacosisas de Kaiserswerth: análise de documentos originais
Resumo
Introdução: Florence Nightingale desistiu de levar uma vida cômoda e lutou contra a oposição da família para ser enfermeira. A contribuição da Nightingale após a respeitabilidade da profissão é inegável. Este trabalho pretende aprofundar na formação dela no Instituto de Kaiserswerth junto com o comentário de documentos originais.
Objetivos: 1. Determinar as circunstancias da formação da Nightingale em Kaiserswerth. 2. Analisar documentos originais relacionados com essa formação. 3. Avaliar a repercussão da formação na vida profissional da enfermeira.
Método: uma investigação documental foi desenvolvida para localizar dois documentos originais. Para a construção do enfoque histórico foram empregadas fontes historiográficas sobre a época vitoriana e a vida da Florence Nightingale.
Resultados: após a primeira visita ao instituto em 1850, Nightingale publicou, mantendo-se no anonimato, um breve trabalho sobre o instituto. Em 1851 teve a autorização da família para voltar a Kaiserswerth e se formar em Enfermagem. Antes de começar a formação, escreveu uma carta de motivação na qual explica por que quer ser formada com as diaconisas.
Conclusões: a formação da Nightingale com as diaconisas marcou muito a vida pessoal e profissional dela. No instituto lhe foram transmitidas ideias como o respeito pelo paciente, a honorabilidade e a docilidade, a organização estrita e a submissão ao médico. Além disso, a formação não foi prolongada nem profunda e não incluiu aspetos teórico da Enfermagem que são indispensáveis ao administrar os cuidados.

Palavras-chave

história da enfermagem; educação vocacional; capacitação profissional; cuidados de enfermagem; educação em enfermagem

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Introducción

Florence Nightingale, pionera de la enfermería profesional, nació en Florencia en 1820, fruto de un matrimonio inglés con grandes recursos económicos. Tuvo una infancia y juventud privilegiadas, beneficiándose de pertenecer a una familia victoriana acomodada. Realizó numerosos viajes por Europa y África y disfrutó de una intensa vida social. Sin embargo, este estilo de vida nunca le satisfizo y durante su juventud e inicio de la vida adulta estuvo constantemente buscando otro tipo de experiencias, la forma de desarrollarse profesionalmente y de llevar una vida independiente. Su posición social le brindó la oportunidad de conocer a la Corte y a otros personajes influyentes que facilitaron que pudiera convertirse en enfermera y tener un papel influyente en la sociedad de la época. Para ello, tuvo que renunciar a una vida cómoda y luchar contra la oposición de su familia, quien buscaba para ella un matrimonio respetable y una posición propia de la aristocracia victoriana. Su función en la Enfermería moderna es fundamental y su contribución a la respetabilidad y profesionalización de la misma es innegable y ampliamente reconocida en el ámbito mundial. En este trabajo se procede a analizar las principales experiencias formativas de Nightingale en la Institución de las Diaconisas de Kaiserswerth, completando el análisis con el comentario de documentos originales producidos con motivo de dichas estancias.

Objetivos

  • Determinar las circunstancias en las que se produjeron las estancias formativas de Florence Nightingale en la Institución de las Diaconisas de Kaiserswerth.
  • Analizar documentos originales producidos por Nightingale en relación con dichas estancias.
  • Valorar la repercusión de la formación recibida en la institución de Kaiserswerth en su vida profesional.

Fuentes

Fuentes históricas primarias:

  • Informe redactado por Florence Nightingale titulado “La Institución de Kaiserswerth: para la formación práctica de diaconisas, bajo la dirección del Reverendo Pastor Fliedner, que lidera el apoyo y cuidado de un hospital, de una escuela infantil e industrial y de una prisión de mujeres” publicado de forma anónima por la London Ragged Colonial Training School en 1851.
  • “Lebenslauf” o curriculum vitae redactado por Florence Nightingale a modo de carta de motivación para acceder a la formación como enfermera en la institución de Kaiserswerth en 1851.

Fuentes historiográficas: documentación biográfica sobre Florence Nightingale.

Metodología

Se desarrolló una investigación documental para localizar las fuentes históricas primarias que versaran sobre la experiencia formativa de Florence Nightingale en la Institución de las Diaconisas de Kaiserswerth. Se localizaron dos documentos originales correspondientes a las dos estancias, uno redactado tras la primera y publicado en Inglaterra en el año 1851 y otro previo a la segunda. Para llevar a cabo el análisis de estas fuentes se procedió a su traducción del inglés. Para la construcción del enfoque histórico se completaron las dimensiones histórica, contextual, sociopolítica y cultural con fuentes historiográficas sobre la época victoriana y sobre la biografía de Nightingale.

Resultados

Primera visita a Kaiserswerth

La primera estancia de Florence Nightingale en la institución de las diaconisas se gestó en el año 1837, cuando solo tenía 17 años. Según sus propias palabras, mientras estaba en los jardines de la casa familiar de Hampshire, Nightingale recibe una llamada de Dios en la que le pide que se ponga a su servicio, pero no le aclara exactamente qué debe hacer (1). Como se puede apreciar, esta primera llamada a “hacer el bien” poniéndose al servicio de los demás está fuertemente marcada por el profundo sentimiento religioso que guiaría la vida de la enfermera.

Exactamente diez años más tarde, recibe un informe sobre la Institución de las Diaconisas de Kaiserswerth de la mano de Frances von Bunsen, embajador de Prusia en Inglaterra y amigo de la familia. Florence encuentra en el documento una fuente de inspiración y se pone como objetivo visitar la institución con el apoyo del matrimonio von Bunsen (2). Sin embargo, su familia se opone fuertemente a que una mujer victoriana con su prestigio se haga enfermera, puesto que estas contaban con mala fama en la sociedad de la época (3). Es habitual leer en documentación referirse a las enfermeras inglesas como borrachas y dejadas. Por eso, durante toda su juventud, Nightingale tendrá que luchar contra viento y marea para conseguir su sueño de ser enfermera. Además, la oposición de su familia nace de un sentimiento de rechazo hacia cualquier actividad fuera de las costumbres de las mujeres de alta clase social. A pesar de que las actividades de caridad estaban bien vistas por la sociedad victoriana, estas debían llevarse a cabo en el marco de un matrimonio bien avenido, en el que el marido se dedicase a sus negocios gestionando el patrimonio de la familia y su esposa consagrase su tiempo libre a realizar actos caritativos. Sin embargo, como es bien sabido, Nightingale esquivó con maestría el matrimonio en varias ocasiones, para disgusto de su familia.

En el invierno de 1949, realiza un viaje por Egipto y parte de Europa con el matrimonio Bracebridges, amigos de la familia. A finales de viaje, ya en el verano de 1850, Florence consigue pasar una quincena observando el trabajo de las diaconisas en Kaiserswerth (2). Es probable que esta parada no estuviera en la agenda al inicio del viaje, puesto que la oposición de su familia a la formación como enfermera hubiera evitado que se embarcara en el mismo. Sin embargo, respaldada por los Bracebridges, Nightingale logró pasar casi una quincena en la institución. La visita se desarrolló entre el 31 de julio y el 13 de agosto, y durante la misma Nightingale se convence de que la enfermería es una buena profesión para las mujeres de su época (4), maravillada por la caridad y la devoción a los enfermos que demuestran las diaconisas. A pesar de sus pretensiones por convertirse en enfermera lo antes posible, llama la atención que, durante esta corta estancia, Florence se dedicó al cuidado de niños huérfanos y no realmente al cuidado de enfermos (1). Tras la visita y antes de regresar a Inglaterra el 21 de agosto, Nightingale publicó, motivada por el pastor Fieldner, un informe de unas 30 páginas en el que cuenta en qué consiste el trabajo de las diaconisas y anima a las mujeres inglesas a realizarlo. El informe fue publicado de forma anónima por la London Ragged Colonial Training School (4).

El informe se titula “La Institución de Kaiserswerth: para la formación práctica de diaconisas, bajo la dirección del Reverendo Pastor Fliedner, que lidera el apoyo y cuidado de un hospital, de una escuela infantil e industrial y de una prisión de mujeres”. En él, Florence Nightingale resume los principales aspectos y características de la vida en la institución mediante cuatro apartados, cada uno de los cuales corresponde a los diferentes “departamentos” de los que se compone la misma:

I.    El hospital y la maternidad de las diaconisas.
II.    Prisión y asilo para las exreclusas.
III.    Parroquia de las diaconisas.
IV.    Escuela, casa cuna y jardín de infancia.

En este trabajo solo se analizan los detalles referidos a la profesión enfermera, que aparecen contenidos en la introducción y en el primer apartado de la misma, titulado “El hospital y la maternidad de las diaconisas”.

En la introducción del documento Nightingale argumenta que la mujer inglesa de la época victoriana ha podido adquirir muchos más conocimientos teóricos que sus antecesoras de siglos anteriores. Sin embargo, su formación práctica no ha ido a la par. Por eso, muchas mujeres de la época, sobre todo las solteras, se han visto abocadas a una vida sin ningún tipo de objetivo. Florence dice literalmente: “En las clases medias, cuántas mujeres hay que se ven como una carga para sus padres y hermanos al no encontrar marido y no tener formación suficiente para hacerse institutriz, no saben qué hacer”. En este sentido, se pone de relieve el deseo de que las mujeres como ella adquieran una cierta independencia económica y no se vean abocadas a un matrimonio probablemente de conveniencia. Este deseo, disfrazado muchas veces de feminismo, parece no ser más que un anhelo de notoriedad y atención por parte de Nightingale.

Es innegable, sin embargo, que justifica la necesidad de buscar y fomentar profesiones respetables para las mujeres, lo cual sin lugar a dudas es una contribución importantísima al avance de la mujer en la sociedad, en la que la independencia económica fomentaría la ganancia de derechos sociales. Pretende que en el campo de la enfermería se haga un “borrón y cuenta nueva”, argumentando que la no respetabilidad de la profesión hasta este momento ha sido culpa de las propias enfermeras: “Vemos a las enfermeras beber, desentendiéndose de los enfermos por las noches mientras se quedan dormidas”. Con afirmaciones como esta se justifica todavía más la necesidad de tener una formación regulada en toda Europa, similar a la que se impartía en la institución de las diaconisas. En el primer apartado del documento, Florence Nightingale realiza una descripción de la institución de Kaiserswerth. Fue fundada en el año 1836 por el pastor Theodore Fliedner, gracias al dinero que había recaudado en sus viajes por Europa durante los años anteriores. Fliedner estableció un gran complejo en el que se prestaba ayuda a los sectores más desfavorecidos de la sociedad; esto es, niños, enfermos y reclusas. En sus inicios, el hospital solo contaba con una enfermera (Diaconisa Richard, a la que Florence Nightingale tuvo la oportunidad de conocer), un cocinero y un paciente. Durante el primer año de actividad, el número de enfermeras empleadas por la institución pasó a siete, las cuales tuvieron un periodo de prueba de seis meses. Las enfermeras eran ayudadas por un grupo de voluntarias y entre todas cuidaban unos quince a dieciocho pacientes de forma simultánea. Durante este periodo, el número total de pacientes atendidos ascendió a 60 in situ más veintiocho en sus domicilios.

Florence Nightingale hace una descripción minuciosa del hospital, que cuando lo visita en 1850 cuenta con unas 100 camas dividas en cuatro plantas. La de hombres y la de jóvenes varones está atendida por enfermeros entrenados en el propio hospital bajo la supervisión de las diaconisas y la de mujeres y niños, que incluía a mujeres de hasta 17 años y a niños de ambos sexos menores de 6, atendidas por las propias diaconisas.

En cuanto al funcionamiento del hospital, no existían médicos residentes, sino que acudían a la visita clínica que era realizada conjuntamente por el médico y la enfermera, siendo el primero responsable de todas las decisiones que atañían a los pacientes. Nightingale justifica esta falta de médicos en la institución mediante el hecho de que en los domicilios la visita médica solo era llevada a cabo una vez al día.

En lo que concierne a la organización del trabajo, las enfermeras permanecían permanentemente en las plantas durante el día administrando los cuidados a los pacientes y por la noche una enfermera realizaba una ronda cada hora y según palabras de Nightingale “(la enfermera) entra suavemente en cada una de las habitaciones de los pacientes. En el caso de enfermedad grave o casos quirúrgicos, la enfermera encargada de cada guardia tiene que permanecer permanentemente despierta y alerta”.

Nightingale exportó años más tarde el modelo formativo de la institución de Kaiserswerth a su escuela. En este modelo se establece para cada una de las diaconisas un periodo de prueba de uno a tres años, durante el cual eran libres de abandonar la institución y podrían ser invitadas a abandonarla. Durante los primeros seis meses, la enfermera solo recibe techo y comida y tras este periodo se le atribuye un pequeño salario. Sin embargo, no solo fue la formación de las diaconisas lo que maravilló a Nightingale, sino los valores que reinaban en la institución. Como ella misma recoge en el informe, lo que hacía posible el buen funcionamiento eran el altruismo de los miembros que trabajaban para los más desfavorecidos y el ambiente cristiano en el que se desarrollaban los cuidados: “en Kaiserswerth la gracia de la bondad cristiana y la moralidad se pueden sentir en todo el hospital, haciendo de él una ‘escuela de Dios’, en la que enfermeras y pacientes vienen a aprender de Él”.

Segunda visita a Kaiserswerth

En 1851, Florence Nightingale obtiene el permiso de su familia para regresar a Kaiserswerth recibir entrenamiento como enfermera. Su madre y su hermana la acompañan a Alemania para que esta última acuda a un balneario cercano (3). Nightingale llega a Kaiserswerth a principios de julio y se queda en la institución de las diaconisas hasta el 8 de octubre (4). Antes de comenzar su estancia, Nightingale escribe una carta de motivación, una especie de curriculum vitae en la que explica sus razones para querer recibir formación con las diaconisas (5). A continuación, se expone una traducción comentada de dicho documento:

24 de julio de 1851
Tuve una infancia enfermiza. El clima de Inglaterra no me sentó bien tras haber disfrutado del de Italia (Florencia), que fue donde nací1. Nunca me gustaron los juegos de los otros niños. Sin embargo, el momento más feliz de mi vida fue el año que pasé enferma cuando tenía 6 años. No pude aprender a leer hasta que tenía 11 o 12 años por la debilidad de mis manos y fui tremendamente tímida2.
A los 7 años tuvimos una institutriz, que me educó de una forma severa. Era justa y sus intenciones eran buenas, pero no entendía a los niños y me mandaba permanecer callada durante seis semanas seguidas. Por el contrario, consentía todo a mi hermana.
Cuando tenía 10 años mi madre prescindió de la institutriz y mi padre pasó a ocupar su lugar. Me enseñó latín, griego, matemáticas y todo lo que sabía. Durante siete años de mi vida sentí un enorme deseo de aprender y no pensaba en nada más que en cultivar mi intelecto. E incluso ahora, cuando pienso a lo que puede llegar la mente humana como consecuencia de la industrialización, la ambición me tienta, como podría hacerlo Circe con su copa de pociones mágicas3.
También me gustaba muchísimo la música, pero Dios fue misericordioso conmigo y me robaba la voz constantemente irritándome la garganta. Si no hubiera sido así, podría haber cantado y no querer ninguna otra satisfacción. La música excitaba mi imaginación y mi naturaleza pasional de tal manera que creo que es como una verdadera bendición.
Dios siempre me lideraba. No recuerdo ningún sermón o circunstancia en particular que me haya impresionado fuertemente. Sin embargo, la primera idea que recuerdo de cuando era una niña es el deseo de cuidar enfermos. Soñaba despierta con hospitales y los visitaba siempre que podía. Nunca se lo dije a nadie, podrían haberse reído de mí, pero Dios me llamó a su servicio de esta manera4.
Mi vida era tan poco práctica que nunca me había ocupado yo misma de mi peinado hasta que llegué aquí. No sabía la diferencia entre centeno y cebada o entre lino y algodón. Cuando tenía 17 años (fue el año de la gripe en Londres), toda mi familia contrajo la enfermedad. Tuve que cuidar a 15 sirvientes encamados, a mi madre y a dos hijos de su hermano que estaban en la casa. Solo tuve una ayudante, la cocinera, que no estaba enferma, pero pronto enviaron a otras enfermeras. La gripe se acabó y con ella el fin de mi práctica enfermera. Excepto esa experiencia, y atender a mi anciana cuidadora que murió en nuestra casa, nunca he tenido otra actividad real5.
El mismo año fui presentada en sociedad en Londres, nos presentaron a la Corte y comenzó nuestra vida en sociedad. No hay ninguna etapa de mi vida a la que pueda volver la vista atrás sin dolor. He vagado por el desierto durante años buscando pan y no lo he encontrado. Así que tomé piedras y las comí en lugar del pan, porque estaba hambrienta. Después me fue mostrada la gloria del mundo tal y como se presenta a una mujer en forma de corazones que conquistar y admiración que ganar. Y me aferré a ella. Recé al diablo y acepté sus regalos. Era demasiado orgullosa para buscar admiración, pero me regocijé en la que obtuve y en los que hicieron que el demonio fuera mío.
Después, solo me quedaba dar el salto de casarme, cosa que debí haber hecho. Pero Dios me protegió. Nunca me sentí tentada por el matrimonio. Odiaba la idea de estar atada para siempre a una vida social, y esto es con lo que me habría casado. Nuca abandoné la idea de alcanzar una vida mejor. Pero llegó un matrimonio para mí que cubría todas las ambiciones de mi madre: intelecto, contactos, todo, y no es que ella intentara influenciarme, sino que yo misma me vi tentada. Tras algunos años de resistencia – fue un escape fácil de mis dificultades – pude hacer lo que me gustaba. Creo que Dios me salvó de la boda6.     
Mientras tanto nunca dejé de buscar el modo de servir a Dios. Hace seis años (1845) hice un intento de hacerme enfermera en un hospital inglés. Durante años, lo intenté en todos los hospitales en vano. Además, mi idea aterrorizaba a mi madre y debo confesar que ahora entiendo que a mi madre no le gustara que su hija trabajara en un hospital inglés. A pesar de eso, nunca pude entrar en ninguno.
Un año antes, había intentado ir a la escuela de nuestro pueblo, donde creí que estaban los designios de Dios para mí. Pero primero tras unos meses tuve problemas de salud que se prolongaron en una enfermedad, y mi madre pensó que la escuela era la causa y me prohibió ir tan a menudo. Y en segundo lugar, mi educación no encajaba en ese tipo de enseñanza. Supe que estaba enseñando mal. No sabía cómo hacerlo mejor y la importancia del trabajo y el interés que le ponía y el miedo a mí misma, me desmotivaban más que si me lo hubiera tomado como un mero pasatiempo.
Además, teníamos una vida social cada vez más intensa. Pasamos tres meses en Londres, seis meses en una casa de campo en Hampshire, donde la población del pueblo estaba muy dispersa y el jardín era tan grande que no había casas muy cerca, y tres meses en otra casa de campo en Derbyshire. Siempre estábamos acompañados, de 10 a 15 personas se quedaban en la casa de campo y se esperaba que yo estuviera siempre en la sala de estar. Nuestra sociedad consistía en hombres listos e intelectuales, todos ellos muy buenos contactos7. Nunca cotilleaban o decían tonterías, pero ocupaban todo nuestro tiempo. Entre todas las piedras que tuve que comerme, Dios siempre me daba un pedazo de pan: un sobrino de mi madre, al que prácticamente yo misma eduqué y que era el niño de mis ojos. Era un niño enfermizo. Cuando iba a la escuela yo lo preparaba. Durante las vacaciones le enseñaba. Más tarde, cuando fue al colegio yo fui su institutriz. Nunca tuvo un particular afecto por mí, de otra manera lo habría hecho mi ídolo, pero Dios mantuvo puro mi afecto por él. Siempre fui ambiciosa en mis aspiraciones para él y no tuvo éxito de la manera que yo hubiera querido. Pero fue mejor así, porque Dios tenía otros planes para él.
Dios nunca me dejó muy sola. Nunca podré describir lo que he sufrido hasta el punto de lamentar toda mi vida, pero no era rechazo a la vida, sino a la muerte. De verdad pienso que el no haber encontrado el verdadero camino para mi me hacía sentirme peor. Una, dos y hasta tres veces puedo recordar como Él me llamaba, pero yo no tenía fe y fracasaba una vez más. Y después sufría diez veces más. Me parecía que la gran tentación siempre llegaba poco después de hacer recibido mi llamada y hecho mi elección, tal y como le llegó la tentación a Cristo tras ser bautizado. Últimamente he vivido una vida bastante tolerable, muy social, yendo al pueblo y a la escuela del pueblo o a la escuela de tarde, tan frecuentemente como me era posible, pero no muy frecuentemente8.
Durante los últimos dos años, me parece que Dios me dejó en paz, o más bien me ha empujado a esto, a menudo contrariada por el pecado, los remordimientos y los viejos hábitos, ansiado la comida que Dios no me daba, pero aún así Él me transmitía Su fuerza. Hace dos años, para mi gran sorpresa, mi madre me dejó ir a Egipto con dos amigos. A mi regreso, se me permitió, cosa que tampoco esperaba, ir a Kaiserswerth. Si hubiera estado con cualquier otro amigo, nunca podría haberlo hecho. Seis años antes había conseguido un informe sobre Kaiserswerth. Desde entonces, siempre había querido ir y las veces que estuve a punto, se me quitaba la oportunidad. Esta vez no esperaba venir, mi hermana dijo que no debería, pero se me abrió el camino por una serie de circunstancias que no esperaba y que no me siento en la liberad de revelar. Mi hermana siempre ha tenido una salud delicada y el que le aconsejaran ir a Karlsbald ha sido una de las razones. Otra razón fue que tras una gran decepción que me ocurrió, mi madre fue tan amable de compensarme dejándome ir. Hace tres años visité la Hermandad de las Diaconisas en Paris, de camino a Roma, pero no puede quedarme9.
Siempre he tenido el hábito de visitar a los pobres, pero no me satisfacía. Para mí, pedirles que tuvieran paciencia, cuando veía que yo tenía todo lo que ellos consideraban como una bendición (y qué poco sabían), me parecía de una impertinencia tal que me frenaba. Anhelaba vivir como ellos y con ellos, y luego pensé que realmente podía ayudarles. Pero visitarles en un carruaje y darles dinero es tan poco, no como Jesucristo que los trató como a sus hermanos. Dios me ha guiado por caminos que no sabía que existían. Lo que le debo no podría expresarlo en estos pocos minutos, pero le doy gracias por traerme aquí10.

1 En realidad, Florence Nightingale solo vivió en Italia un año después de su nacimiento, por lo que no tuvo tiempo a aclimatarse a las condiciones de vida en Italia. Esta afirmación parece más bien una justificación a su naturaleza enfermiza.
2 Es llamativa la relación de Florence Nightingale con la enfermedad, durante toda su vida se consideró una persona enferma, mucho más después de la Guerra de Crimea, hasta el punto de considerar la enfermedad como un aspecto positivo y “feliz”.
3 Nightingale usa un símil de la mitología, lo cual muestra que es una mujer instruida. Circe es un personaje de la mitología griega que con sus pociones podía hechizar a los humanos.
4 Sin duda, el deseo de cuidar enfermos pudo nacer de la propia necesidad de cuidados que Nightingale tuvo durante toda su vida. Este deseo de impartir cuidados aparece siempre emparejado con el sentimiento religioso de caridad y de hacer el bien a los demás.
5 En este párrafo se resume la experiencia que Nightingale manifiesta como “la llamada de Dios” definitiva para cuidar enfermos”. Tras esta vivencia, Florence comienza a buscar la manera de servir a Dios mediante el servicio a los demás.
6 Aquí se pone de manifiesto el deseo de independencia de Nightingale. En varias ocasiones su familia trató de buscarle un matrimonio de conveniencia con un hombre respetable. Su pretendiente más tenaz fue el político Richard Monckton Milnes, al que Nightingale rechazó definitivamente tras nueve años de cortejo en junio de 1849, lo cual agravaría las relaciones con su familia. Florence siempre manifestaría que el matrimonio sería el factor fundamental que truncaría sus planes para convertirse en enfermera y seguir la llamada de Dios.
7 Nightingale puede hacer referencia a personalidades como el político Sidney Herbert, al que conoció en el año 1947 en Roma, y que más tarde sería Secretario de Guerra y su facilitador a la hora de proponerla para el cargo de Superintendente de las enfermeras en la Guerra de Crimea.
8 La profesión de institutriz se consideraba adecuada para las mujeres de la época victoriana, quizá por eso, Nightingale pretende una y otra vez que le guste la profesión acudiendo a escuelas como voluntaria y también ejerciendo de forma privada. Sin embargo, y a pesar de ser una mujer cultivada, esta profesión no le satisface y por ello no abandona sus planes para convertirse en enfermera.
Florence Nightingale hace referencia a la primera visita a Kaiserswerth en 1850.
10 Aquí se pone nuevamente de manifiesto el profundo sentimiento religioso de Nightingale, en el que justifica su deseo de ser enfermera, como una ocupación en la que atender y servir a los demás de igual a igual. Rechaza las actividades meramente caritativas realizadas por las mujeres de la época y se plantea tener un contacto más directo con los más desfavorecidos.

En este documento se puede observar la enorme motivación que tenía Florence Nightingale antes de iniciar su segunda estancia en la institución de las diaconisas y la inmensa gratitud religiosa ante la oportunidad que se le presentó. En los diarios que escribió durante su estancia recogió su experiencia y cómo se desarrolló su formación. Pasó 43 días trabajando en las plantas con los enfermos, siete días en el asilo y dos en el orfanato. La vida en la institución era espartana, y era igual para las aspirantes a enfermeras que para las propias diaconisas. Se levantaban a las cinco de la mañana y tras un pequeño desayuno comenzaban el trabajo en la planta hasta el mediodía. Tras esto tenían diez minutos para comer y volvían al trabajo hasta las siete de la tarde, con otro descanso de diez minutos alrededor de las tres (6). Sin embargo, no incluyó ningún tipo de formación teórica, sino que se centró en técnicas básicas de enfermería, como aplicar compresas de frío o calor o la administración de enemas o medicamentos (7).

Tras las dos estancias formativas en la institución de Kaiserswerth, Florence Nightingale realizó breves visitas a hospitales europeos. En 1852 efectuó un viaje a Irlanda, en el que tuvo la oportunidad de visitar varios hospitales y al año siguiente visitó París en dos ocasiones, en las que recibió una breve formación hospitalaria, esta vez con las hermanas de San Vicente de Paul (6). En agosto de ese mismo año, Nightingale aceptó su primer puesto oficial como enfermera, como superintendente en una institución de damas enfermas en Londres. En marzo de 1854 Reino Unido, Francia y Turquía declararon la guerra a Rusia. La atención a los heridos británicos fue duramente criticada por el periódico The Times y tras ello Florence fue reclutada para liderar una expedición de enfermeras británicas en los hospitales militares en Turquía. Allí sin duda, la enfermera tendría la oportunidad de poner en práctica todo lo aprendido.

Conclusión

La formación recibida por Florence Nightingale en la Institución de las Diaconisas de Kaiserswerth tuvo una influencia incuestionable en su vida tanto personal como profesional.

Ideas como el respeto por el paciente, la honorabilidad y la sumisión de las enfermeras, la organización estricta y el sometimiento a la autoridad médica fueron copiadas e implantadas en su propia escuela del St. Thomas’. Sin embargo, esta formación no fue prolongada ni profunda y no incluyó aspectos teóricos de la práctica enfermera y que parecen indispensables a la hora de administrar los cuidados. A pesar de que la formación de las diaconisas se desarrollaba en un periodo de tres años, en el que se impartían materias como la Ética, Farmacología y Teoría de los Cuidados, la instrucción de Nightingale se vio reducida a meras experiencias prácticas. Durante su primera estancia en la institución, ni siquiera practicó el cuidado de enfermos y durante la segunda, su experiencia en los cuidados se limitó a pocas semanas de práctica. A pesar de lo reducido de su experiencia, su formación con las diaconisas supuso una experiencia innegable que marcaría tanto su vida profesional como la organización de su escuela de St. Thomas’. Asimismo, se extrae de los documentos analizados el anhelo de Nightingale de hacer de la enfermería una verdadera profesión respetable y adecuada para las mujeres de la época y la necesidad de recibir un entrenamiento reglado a la hora de impartir cuidados.

Financiación

Ninguna.

Conflicto de intereses

Ninguno.

Bibliografía
  1. Davis L. Florence Nightingale: A Photo-Illustrated Biography Mankato: Capstone Press; 1999.
  2. McDonald L. Florence Nightingale’s European Travels: Collected Works of Florence Nightingale. Ontario: Wilfrid Laurier University Press; 2004.
  3. Vicinus M, Nergaard B. Ever Yours, Florence Nightingale: Selected Letters. New York: Harvard University Press; 1990.
  4. Cook ET. The Life of Florence Nightingale London: London Mcmillan; 1913.
  5. McDonald L. Florence Nightingale's Spiritual Journey: Biblical Annotations, Sermons and Journal Notes. Ontario: Wilfrid Laurier University Press; 2001.
  6. Parker ME. Nursing Theories in Practice. New York: National League for Nursing; 1990.
  7. McDonald L. The Nightingale School. Ontario: Wilfrid Laurier University Press; 2009.

Cómo citar este artículo

Cordeiro Rodríguez M. Formación de Florence Nightingale en la Institución de las Diaconisas de Kaisersweth: análisis de documentos originales. Rev. iberoam. Educ. investi. Enferm. 2018; 8(1):27-35.

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