26 JULIO
2017
Enfermeria21

Editorial
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Autores/as:Rosa Mª Plata QuintanillaCargo

Directora de Matronas Hoy

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Una vez más, la esperanza de que la racionalidad, la anchura de miras y la toma de decisiones políticas al margen de intereses espurios condujeran a derogar el decreto de prescripción enfermera, que menoscaba profesionalmente a las enfermería española, se ha venido abajo.
En estos últimos meses, las promesas que aun sonando a falsas nos han hecho a muchos pensar que cabía, aunque fuera una mínima posibilidad, de dar marcha atrás para arreglar "el desaguisado" provocado por el famoso decreto se han evaporado. Es paradójico, cuando menos, que incluso representantes de grupos políticos que reconociendo que en España hay un personal de enfermería, si no el mejor de los mejores de Europa, y que, por tanto, la enfermería de nuestro país está capacitada para manejar medicamentos, hayan votado en contra de la derogación del RD.

Y es que parece que a nadie, salvo a los enfermeros y a los pacientes que sufren las consecuencias de este desatino instado por los politicastros de turno, les interesa el problema, salvo para ser utilizado como arma arrojadiza y "atizar un buen golpe" a los grupos políticos contarios. El Decreto es malo, muy malo, ha conseguido que médicos y enfermeros, si no enemigos, lleguemos a estar enfrentados, y que sobre algunos sobrevuele y haga mella el temor de la competencia, en lugar de admitir la complementariedad entre ambos grupos profesionales con el fin de que nuestro sistema sanitario siga siendo un referente mundial y conseguir el objetivo de aspirar cada día a elevar los niveles de calidad en la asistencia al paciente.

La asistencia al paciente y las garantías en su tratamiento son la bandera que enarbolan los que dicen no y la misma que enarbolamos los que pedimos una decisión racional, un trato justo, una consideración hacia nuestra profesión, nuestros conocimientos y nuestra responsabilidad porque no queremos que nos regalen nada con la derogación de este mal Decreto. La enfermería, en la que estamos incluidas las matronas, no somos un grupo de locos descerebrados sin preparación ni ética y con ansias de ejercer de lo que no somos, pero tampoco queremos inmolarnos como mártires en medio de una situación que nos tiene en el filo de la navaja. Además, de seguir así solo conseguiremos perpetuar la sumisión al estamento médico y admitir que nuestras tareas son delegadas y secundarias, cuando la verdad no es esa.
Al "margen y al hilo" del resto de la enfermería, las matronas estamos facultadas para llevar a cabo de forma independiente muchas tareas en la asistencia sexual y reproductiva de la mujer y de la atención al niño, pero esto, con el RD pendiendo sobre nuestras cabezas, nos quita de un plumazo la autonomía que estipulan las Directivas Europeas y que hemos demostrado ser dignas de poseer por nuestra cualificación y la calidad de nuestro ejercicio profesional. En ocasiones anteriores, y siempre en relación con este palpitante asunto de la prescripción, he puesto por delante la normativa francesa a la que se someten las matronas de este país. Y es que, dejando de lado los complicados asuntos políticos que mueven o incluso convulsionan la nación vecina, al menos en el tema que nos atañe, siguen una senda recta de evolución porque entienden que necesitan modernizar su sistema sanitario y esto requiere, entre otras acciones, aprovechar la cualificación de las matronas. Por esto dictaron la ley de 26 de enero de 2016 por la que ampliaban las competencias de las matronas en materia de aborto médico medicamentoso, prescripción y práctica de vacunaciones y prescripción de sustitutos nicotínicos todo en el entorno de la mujer y del niño durante el periodo postnatal, facilitando a la vez, el acceso de las mujeres al aborto y la mejora de la inmunización en el entorno infantil, de acuerdo con las recomendaciones del Consejo Superior de Salud Pública (HCSP).

Finalmente, las matronas francesas, al amparo de esta ley, han visto la publicación de sendos decretos en agosto de 2016, por los que se actualizaban la lista de medicamentos y vacunas que pueden prescribir y autorizar facultándoles legalmente, a partir de la fecha de entrada en vigor de los dos decretos, a ejecutar estas nuevas acciones específicas.

No sin cierta envidia, principalmente por la sensatez que han empleado los gobernantes del país vecino en el tratamiento del gremio de matronas y explotación de sus competencias en beneficio de las mujeres y el sistema de salud en general, me enorgullece recordar que las matronas en Francia tenían ya un papel muy amplio dentro del sistema sanitario, que incluye el diagnóstico y seguimiento del embarazo, preparación a la maternidad, asistencia al parto y periodo postnatal, también pueden proporcionar seguimiento ginecológico de prevención, prescripción de anticonceptivos en mujeres sanas, garantizar consultas de deshabituación tabáquica o prescripción de vacunas.

Sin duda, todas estas últimas incorporaciones representan un paso importante para la historia de la profesión, que de esta manera contribuye a la expansión de las competencias de las matronas, proporciona un mayor reconocimiento de su labor profesional y, a la vez, demuestran un mayor grado de sintonía con la realidad de la profesión.

En España pasa justamente lo contrario: si nuestros políticos tuvieran conocimiento, vergüenza y decencia no habrían creado este problema, y en el peor de los casos lo habrían resuelto tan rápidos y callados como avergonzados, pero no, siguen “erre que erre” dando largas porque en realidad andan engolfados en sus propias batallas de poder y en vez de servir a España y a los intereses de los españoles, hay demasiados mediocres pseudopolíticos que se sirven de España para satisfacer los intereses propios. ¿A dónde llegará la situación? ¿Hasta cuándo durará? Me temo que quedan demasiadas "entregas" de este folletín que si no fuera por el grave trasfondo, no llegaría a más que a guion repetido y cansino de enredos políticos y ambición de poder.

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