Revista Matronas

Revista Matronas

DICIEMBRE 2017 N° 3 Volumen 5

Editorial

Sección: Editorial

Autores

Rosa Mª Plata Quintanilla

Cargos

Directora de Matronas Hoy

A punto estamos de cerrar nuevamente otro año que, a mí, se me ha pasado tan rápido que me sorprende que ya esté llegando una nueva Navidad, y esto me ha inducido a cavilar sobre esa sensación de celeridad con la que percibo el paso del tiempo… algo que los científicos explican argumentando que la sensación de que la vida va ganando aceleración es un aspecto del proceso de ir ganando años. ¿La ventaja de los que tenemos más años? ¡Claro que la hay! Y es que, en general, podemos ver las cosas con otro prisma que nos permite colocar los deseos en un apartado y las rea­lidades en otro.

Esta reflexión me ha llevado a pensar en el recambio generacional que por las circunstancias demográficas se está produciendo en nuestra profesión, como en tantas otras, de una forma casi drástica, poco gradual y dirigida, en el que se observa frecuentemente el poco valor que las administraciones sanitarias, por un lado, y los propios nuevos profesionales, por otro, están dando a la tutoría y la transferencia de conocimientos, olvidando unos y otros que se debe aprovechar la riqueza de la experiencia de los profesionales veteranos para facilitar la transición intergeneracional.

Sería tan absurdo como presuntuoso descalificar el valor de los nuevos profesionales o sobrestimar sistemáticamente el de los veteranos, porque en el fondo los años por sí solos no nos hacen a nadie más sabios sino, de momento, más viejos, pero al fin y al cabo, con más posibilidades de haber adquirido experiencia y sabiduría en el desempeño del trabajo (y la vida), que convierte a los decanos en un valioso recurso profesional y humano.

Hace tiempo leí una leyenda que nunca he olvidado, es la del Treng-Treng y Kai-Kai de los mapuches, ese pueblo amerindio que habita principalmente en el Sur de Chile y Argentina. En este mito o leyenda se relata por generaciones que al principio de los tiempos había dos víboras enormes: una, Treng-Treng grande como una montaña que era muy buena y quería a la gente, y la otra, Kai-Kai también grandísima, similar a la anterior, pero por contra, no quería a las personas. Por este motivo hubo una gran disputa entre el bien y el mal. Un día Kai-Kai quiso destruirlo todo, para lo cual empezó a mover su corpachón haciendo crecer el agua de los lagos y del mar inundándolo todo. Pero Treng-Treng acudió rápidamente en rescate de los mapuches peleando con la otra víbora gigante y viendo cómo crecía y crecía el agua, arqueó el lomo hacia arriba, silbó fuerte y la gente, al escuchar el silbido, acudió corriendo y empezó a subir por su cuerpo para salvarse de la inundación.

Treng-Treng y Kai-Kai pelearon durante días, una seguía subiendo el lomo más y más para salvar a la personas del ahogamiento y la otra coleteaba sin parar para que el agua creciera y creciera. Finalmente el mal se dio por vencido y pudo retornar el agua a los lagos y al mar, pero solo quedaron cuatro mapuches que recorrieron la tierra ahora rejuvenecida y que por ello les gustaba más que antes: limpia y hermosa, con verdes árboles, pasto crecido y tierno y un aire más puro.

Entre la gente que sobrevivió ya no había más miedosos porque esos se habían convertido en piedras, ni furiosos porque ahora se habían transformado en fieras, solo dos parejas, una de ancianos (Kuse y Fücha) y otra de jóvenes (Ülcha y Weche), que se convirtieron en los iniciadores de la repoblación humana, y los ancianos, elegidos para apoyarles con su sabiduría (transmisión de idioma y tradiciones).

De esta vieja historia podemos deducir que el concepto de tiempo es cíclico no lineal, puesto que lo antiguo se renueva constantemente y la sabiduría no puede desecharse, sino que ha de renovarse e interpretarse, síntesis que apoya mi pensamiento.

Es preciso que las nuevas generaciones sigan empujando la profesión de matrona porque queda mucho que aportar como colectivo a esta sociedad en constante renovación. Sin embargo, para ello, se necesitan profesionales exigentes con nosotros mismos, muy versátiles, especialmente eficientes, comprometidos y con una amplitud de miras, que es justo lo contrario de "no ver más allá de la nariz", porque el mundo no finaliza en la propia realidad de cada uno.

No pequemos nunca de arrogancia y mantengamos los ojos bien abiertos para detectar cuánto de bueno nos puede transmitir la experiencia de otros y, fundamentalmente, de muchos profesionales íntegros, bien formados y probados que nos preceden y que sin duda tienen mucho que aportar, de hecho gracias a su trabajo se genera el "hoy" de nuestra profesión. Con su ayuda será más fácil aprender a distinguir lo necesario de lo superfluo, lo importante de lo intrascendente, lo bueno de lo malo y así seguir construyendo sobre una notable base, un futuro prometedor para la profesión y para la satisfacción personal de cada uno como individuo.

Estemos ojo avizor para descubrir a un sin fin de imaginarios maestros y gurús que más bien son "encantadores de serpientes" astutos e interesados, que buscan su oportunidad de negocio aprovechando circunstancias atípicas en este gran mercado persa en que se ha convertido el mundo en general, y la obstetricia no es una excepción.

Para cerrar este editorial, y al hilo de mi reflexión, me viene como anillo al dedo desempolvar la vieja cita del famoso cirujano y obstetra François Mauriceau con la que prologaba la obra magna y póstuma de M. Lachapelle, la matrona más famosa de Francia, primer país del mundo en organizar un considerable sistema nacional para la enseñanza y práctica de la obstetricia del que ella fue protagonista principal:

“Los ejemplos persuaden más que los simples
razonamientos y la experiencia proporciona la
perfección a todas las artes”.

Que este nuevo año que está a punto de iniciarse sea especialmente bueno para todas las matronas porque consigamos dejar de soñar nuestra vida, para vivir nuestros sueños personales y profesionales.

Feliz 2018