Revista Matronas

Revista Matronas

ABRIL 2018 N° 1 Volumen 6

Editorial

Sección: Editorial

Autores

Rosa Mª Plata Quintanilla

Directora de Matronas Hoy

¡Ay, humilde estetóscopo! Hace tiempo que vengo observando cómo, seducidos y acomodados a las nuevas tecnologías, este discreto instrumento distintivo de la matrona (y del obstetra) está pasando a ocupar un lugar en los anaqueles, recibiendo miradas de nostalgia, las de aquellos para los que ha sido un instrumento imprescindible en nuestra tarea, y miradas curiosas, las de aquellos que observándolo piensan que es solo un elemento del pasado.

Que el estetóscopo (o estetoscopio de Pinard) está pasando al olvido, creo que es una realidad al hilo de la que hago mi propia reflexión de si algún día las matronas (y obstetras) lo tuvieran que abandonar definitivamente.

El inmortal descubrimiento de Laennec, aquel sencillo tubo de madera con el que auscultar los ruidos cardiacos, fue recibido con una especie de entusiasmo por todos aquellos que se interesaban por el progreso de la medicina; sin embargo, este descubrimiento aplicado a la obstetricia por Kergaredec (posteriormente Pinard se haría célebre por su adaptación) no tuvo la misma acogida y aplicación al arte de los partos fue largamente descuidado, rechazado incluso por hombres cuyos nombres eran autoridad en “el arte”. Pasados aquellos controvertidos comienzos, cualquiera que tenga mínimos conocimientos de obstetricia puede hacerse una idea de lo que este sencillo invento supuso para el avance de la asistencia al parto y nacimiento: de un lado se proveía a los asistentes de maternidad de una herramienta útil y práctica que aportaba información fisiológica del feto, y de otro, se creaba conciencia del feto como ser humano necesitado de atención en todo el proceso de embarazo y parto.

No sería inteligente poner en cuestión los recursos que actualmente tenemos a disposición las matronas (y obstetras) para la asistencia al embarazo y parto, pero del mismo modo que no rechazo estos, cabe preguntarse: ¿por qué desechar una habilidad que caracterizaba a las matronas (y obstetras)? ¿Por qué rechazar un instrumento que cuesta poco y funciona siempre?
Hoy entramos en un hospital y vemos cada vez con menos asombro que desde una comida, pasando por la dispensación de la medicación o un simple arreglo de mantenimiento, depende de un dispositivo electrónico, de su software y una red de datos, pero si algo de esto falla, se produce el caos. Lo mismo pasa con ese aparato eléctrico (doppler) que utilizamos para escuchar los latidos fetales, si no hay pilas o falla la corriente eléctrica o no tenemos un monitor, no tenemos nada. Además, utilizar con éxito el estetóscopo significaba que también se dominaba la técnica manual para determinar la estática fetal, habilidad manual que también creo “ha vivido tiempos mejores”.

La realidad es que actualmente se le sigue considerando un dispositivo útil, ya que proporciona una alternativa eficaz a la tecnología más costosa (y para algunos no disponible), como el ultrasonido doppler, ¡y si no pregunten a las matronas y obstetras de países en vías de desarrollo, si hay conocimientos básicos como este que salvan vidas! Sin embargo, donde se nada en la abundancia parece que se está olvidando enseñar a las nuevas generaciones de matronas (y obstetras) habilidades tan básicas y distintivas como prácticas. El estetóscopo de Pinard, de uso cada día más obsoleto, lo estamos convirtiendo a marchas forzadas en testigo de un pasado no tan lejano, que solo sirve desde su estante para dar constancia del velocísimo avance de la tecnología.

 ¡Ya sería triste que a partir de ahora las matronas solo pudieran aprender a usar el estetóscopo en una misión internacional en el Amazonas o en el Magreb o en cualquier parte del mundo donde los recursos son mínimos, en proporción inversa a la necesidad de ingenio, operatividad y habilidades básicas profesionales!

No creo que debamos dejarnos “sobornar” absolutamente por la inteligencia artificial porque el precio a pagar es alto: a medida que las máquinas  “inteligentes” nos van conquistando, crece nuestra dependencia de ellas hasta convertirnos en sus esclavos, mientras, nuestro cerebro y nuestros órganos en general entran en una espiral de atrofia, porque ya se sabe ¡a máquinas “más inteligentes” humanos más tontos!

Perder ni una sola habilidad, ganar ¡todas las que podamos!