21 ENERO
2017
Enfermeria21

Editorial
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Autores/as:Rosa Mª Plata QuintanillaCargo

Directora de Matronas Hoy

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Queridos colegas: observando el cielo plomizo y sintiendo la lluvia caer sobre mí, a mi paso por las calles casi vacías de mi ciudad, no he necesitado mirar las hojas del calendario para darme cuenta de que estamos llegando a ese invierno climatológico que trae de la mano una nueva Navidad, el cierre de un año en el que la incertidumbre ha sido el común denominador nacional y un nuevo número de esta revista que, gracias a tantos cuantos colaboramos en ella con ilusión, está desarrollándose fuerte y avanza con paso seguro.

Mientras deambulaba, iba repasando la clase que acababa de dar a las residentes de matrona que introduje con un pensamiento de Kierkegaard, que dice que “la vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante”. Imagino que el hecho de interesarme por la historia de la obstetricia, que ha caminado por siglos de la mano de las matronas, me proporciona una amplia perspectiva histórica de una profesión que, sin duda, integró el primer equipo de salud de la humanidad en el que la partera atendía a las mujeres con responsabilidades, destrezas y actitudes propias.

Los antropólogos hablan de que la actividad de la partería incluso se remontarían a antes de los 200.000 años en que apareció nuestra especie, y en todos esos siglos pasados la profesionalización de nuestros cuidados, con sus luces y sombras, han sido indispensables para la evolución humana.
Paradójicamente desde hace tiempo venimos asistiendo a interferencias y críticas tan crueles como injustas hacia nuestra profesión de parte de gente audaz en la mayoría de los casos e interesada siempre, que solo pretende hacerse un hueco en un área de cuidados para la que las matronas estamos totalmente capacitadas y exclusivamente autorizadas a prestar asistencia profesional integral.

Hasta puedo entender que estos “cantos de sirena” puedan engañar a ciertas/os usuarias/os, e incluso a profesionales matronas, que por la ingenuidad de los pocos años, el desconocimiento de la historia propia y la bonanza de la que disfrutamos en la asistencia materno infantil tras un largo camino de trabajo de los que nos han precedido en la práctica de la Obstetricia, den pábulo a ciertos, llamémosles, charlatanes/as con visos de preocupación, aunque esta sea más por lucrarse, de alguna manera, a cuenta de la asistencia al parto y nacimiento, que por la mejora posible y realista de la misma.

Por eso creo que mirando hacia adelante en nuestra profesión para no errar la dirección, hay que seguir a la vez ojeando por el “retrovisor” para conocer y juzgar el desarrollo de la profesión, comparando diferentes épocas y sociedades y analizando situaciones históricas para conocer las causas y sus consecuencias. Esa mirada hacia atrás significa sumergirse en la historia de la profesión para desarrollar la conciencia profesional y el espíritu crítico y algo tan importante como imprescindible: el sentido de identidad profesional en un marco de trabajo honesto y reflexivo, como vía cardinal para contribuir a la mejora de la calidad tanto del desempeño profesional de las ya matronas, como de la formación de los futuros profesionales.

Mi deseo para todo el colectivo para este año que comienza es que cada día defendamos con fortaleza, integridad, espíritu crítico y un ejercicio impecable, una profesión de la que podemos estar orgullosas y a la que cada uno debemos nuestro “empuje particular”.

Ilusión y confianza, trabajo y empeño aderezado con un buen chorro de la valentía para conseguir cuanto nos propongamos, creo que puede ser un buen cóctel con el que hacer el brindis por el año 2017 que estrenaremos.

¡Por todas las matronas del mundo!

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