“Cuidar desde una perspectiva sociocultural implica tener en cuenta el punto de vista del paciente”

Viernes, 7 de diciembre de 2018

¿Existe una relación entre la cultura y la sanidad? ¿Qué investigaciones se han hecho sobre los vínculos entre la enfermería y la antropología? ¿Cómo se puede aplicar el punto de vista sociocultural a los cuidados? Hemos hablado con Manuel Moreno, enfermero, antropólogo y profesor invitado de las universidades Camilo José Cela, en Madrid, y Católica de Murcia.

Moreno es el autor del libro Enfermería cultural, en el aporta una amplia visión sobre todos estos ámbitos de estudio y de atención profesional. Nos habla de su obra, de la importancia de la labor de los profesionales enfermeros en estas dos áreas y del estado actual de la investigación científica enfermera a este respecto.

Pregunta: ¿Cómo se relacionan la cultura y la antropología con la sanidad?

Respuesta: El sistema sanitario siempre ha minusvalorado la importancia de la cultura en el proceso de salud y enfermedad: todo aquello que no esté relacionado directamente con la biología  se considera un factor de orden secundario en el proceso técnico. Sin embargo, cada vez más se comprueba la importancia de lo sociocultural, tanto en la etiología de las enfermedades y de los problemas de salud, como en su prevención y tratamiento.

Pongamos como ejemplo los trastornos y problemas alimentarios. Tienen su origen en los estilos de vida y, por tanto, no es posible superarlos sin tener en cuenta el contexto, el entorno del paciente. Planteémoslo en forma de pregunta: ¿por qué una adolescente de clase media que tiene hambre y tiene el frigorífico lleno no come? Es una decisión cultural que no se puede resolver, como aún creen desde el paradigma biologicista, valorando los nutrientes que entran y salen en el cuerpo de esa persona.

P.: ¿Cómo se han influido estas ciencias entre sí?

R.: Las relaciones entre la antropología y la enfermería vienen de lejos, desde los trabajos de enfermeras americanas como Madelaine Leiniger y la creación de organizaciones motivadas por la importancia de la cultura.  Desde el contexto europeo cabe destacar la figura de Marie Françoise Collière como principal referente en el acercamiento entre ambas disciplinas. Los trabajos de estas pioneras significaron para muchas enfermeras un cambio en la mirada al paciente, distinta a la mirada clínica biomédica dominante.

En el ámbito español, hasta el año 2010 los profesionales enfermeros no podían acceder directamente al doctorado, y eso hizo que durante años muchos estudiasen Antropología. Por este motivo, la relación entre enfermería y antropología fue vista como un “matrimonio de conveniencia”. Sin embargo, con la perspectiva del tiempo, también puede verse desde un prisma más positivo: el creciente auge de las investigaciones de corte cualitativo y el aumento considerable de enfermeros doctores son hoy una realidad de la que no es ajena esa confluencia entre ambas disciplinas.

P.: Ha publicado el libro Enfermería cultural, háblenos de su obra.

R.: El libro es, ante todo, una invitación a que los profesionales amplíen su mirada hacia la tercera dimensión de la persona, definida como ser biopsicosocial. De esta “tercera pata”, la social, se habla con escasez y casi siempre desde perspectivas teóricas y generalistas, pero, en realidad, se profundiza poco. Casi siempre lo social es como la guinda del pastel, un adorno.

El lector no encontrará en este libro una descripción exhaustiva de los diferentes hábitos culturales, en diferentes países y áreas geográficas, según diferentes grupos humanos y étnicos. Utilizo aquí un concepto amplio de diversidad cultural, aquella que es inherente a nuestra sociedad: diversidad de edad, de género, de contexto social y económico, de orientación sexual, religiosa, ideológica, etc.

La diversidad cultural está aquí, entre nosotros, no hace falta buscarla fuera; por eso he querido centrarme, sobre todo, en aquellos aspectos socioculturales del campo de la salud que son característicos de las sociedades avanzadas o en vías de desarrollo. Se hace una reflexión sobre las posibilidades que ofrece a la enfermería el enfoque social y cultural del cuidado. Va dirigido a diferentes perfiles de lectores y, en general, a cuantas personas se interesen por el estudio de los factores socioculturales de la salud y su cuidado.

El libro consta de tres partes diferenciadas. En la primera parte titulada “Sociedad, cultura y salud” se hace una aproximación a conceptos teóricos básicos para comprender la perspectiva antropológica en relación al campo de la salud, por ejemplo, el concepto de cultura. En esta primera parte se plantean los riesgos producidos por los nuevos estilos de vida y los problemas de salud creados. Avanzo una de las preguntas planteadas: “¿Cómo adquirir estilos de vida saludables en una sociedad no saludable?”.

La segunda parte del libro se titula “Padeceres y cuidados. Perspectiva sociocultural” y constituye su cuerpo central. Los seis capítulos que la componen nos llevan a planteamientos específicos del proceso salud y enfermedad. Todos estos capítulos están estrechamente relacionados entre sí: adicciones, corporalidad, alimentación, migración, pobreza, vejez y muerte, están unidos por conceptos como la cultura, la edad, el género, el contexto, la salud, la enfermedad o el cuidado.

La tercera parte, “Cambiar el modelo para cambiar la práctica”, consta de dos capítulos en los que se concretan propuestas de cambio al hilo de las problemáticas planteadas a lo largo del libro: “¡Ante los cambios, cambiar!”. En ellos invito, por una parte, a indagar las nuevas problemáticas de salud desde perspectivas metodológicas que tengan en cuenta los saberes y la experiencia del “otro”.

P.: ¿Cómo ha abordado el proceso de investigación para conectar estas disciplinas?

R.: Potenciar la mirada antropológica del cuidado ha sido el centro de mi preocupación y mi interés académico desde hace más de 20 años. Tanto desde la investigación, como desde docencia, tanto de grado como de postgrado y doctorado, he intentado promover el sentido cultural de los cuidados.

Pero esto tiene que ser necesariamente una labor de equipo. Afortunadamente, cada día con más fuerza, la profesión se enriquece con las aportaciones, prácticas y teóricas de enfermeros que han  comprendido la importancia de los factores socioculturales del cuidado.

P.: ¿Qué importancia guardan los cuidados que tienen en cuenta las perspectivas  antropológica y cultural?

R.: La sociedad está cambiando, y los pacientes también. Para resolver las actuales problemáticas de salud es necesario, hoy más que nunca, dar al entorno social toda su importancia, porque ahí reside la etiología de dichos problemas. Cuidar desde una perspectiva sociocultural implica, sobre todo, tener en cuenta el punto de vista del paciente, sus conocimientos y sus demandas, muchas de ellas relacionadas con el respeto a la diversidad cultural. Supone cuidar desde la “mirada cercana”.

P.: ¿Qué formas de ofrecer y aplicar estos cuidados existen?

R.: Los cuidados desde la mirada antropológica se basan en el reconocimiento del “otro”. Para ello lo más importante es cambiar el modelo de la relación entre el profesional y el paciente. En el actual modelo biomédico esta relación tiene un carácter vertical, unidireccional, del experto al profano fundada en una representación pasiva y paternalista de los pacientes. Propongo establecer una relación enfermero-paciente basada en la horizontalidad: del modelo monológico al modelo dialógico.

P.: ¿Qué papel tienen los profesionales enfermeros en este ámbito?

R.: La enfermería tiene ante sí dos retos importantes. El primero es armonizar tecnología y humanización ante los riesgos de la biotecnología. Albert Jovell un médico español fallecido hace 4 años después de luchar heroicamente contra el cáncer, cuestionando el que ahora las enfermedades se vean más en reuniones y a través de ordenadores, dijo dirigiéndose a las enfermeras: “vosotras tenéis una virtud que los médicos estamos perdiendo, podéis tocar a los pacientes”. Así es, en efecto. Las enfermeras, aunque utilicen las más modernas tecnologías, no pueden olvidar que su más preciada herramienta son sus manos. Con ellas apoyan, reconfortan, dan seguridad y transmiten afecto. En definitiva, la tecnología debe ser subsidiaria al cuidado y no al revés.

El otro, y relacionado con el primero, pasa por garantizar la ética en el ejercicio profesional, promoviendo medidas que erradiquen la mala praxis: reconocimiento de los errores en el ejercicio profesional, ejercer con humildad, desmarcarse de la arrogancia biomédica, cuestionar prácticas alejadas de los valores del cuidado, como el mercantilismo o el encarnizamiento terapéutico

Se trata de potenciar la ética del cuidado.

P.: ¿En qué situación se encuentra la investigación científica enfermera en este ámbito? ¿Cómo ha evolucionado a lo largo de los años y con qué perspectivas de futuro cuenta?

R.: La investigación ha sido siempre la asignatura pendiente de la enfermería. La barrera más importante se debe a que la investigación dominante está promovida desde el paradigma biotecnológico, que se asienta, básicamente, en la estadística y en el estudio de objetos.

Este tipo de investigación es insuficiente para abordar los problemas de salud que afrontan los profesionales, que no trabajan con objetos, sino con sujetos; y aunque utilicen tecnologías, la esencia de su actividad está relacionada con los sentidos: observación, escucha, tacto…

Por tanto, los métodos de corte cualitativo son más acordes a la esencia del cuidado y se prestan mejor al estudio de nuevos problemas de salud asociados a los estilos de vida. Afortunadamente, en los últimos tiempos se han hecho grandes avances, como evidencian los numerosos estudios y tesis doctorales realizados por enfermeros: se emprende un giro hacia lo cualitativo.

Antropología, cultura, enfermería, Enfermería cultural

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