Enfermería rural en la época estival

Jueves, 31 de julio de 2025

por diariodicen.es

Castilla y León, Aragón, Galicia o las zonas del interior y la sierra de Andalucía son algunas de las comunidades autónomas que mayor demanda de enfermeras alcanzan en zonas rurales. Factores como el envejecimiento poblacional y la dispersión geográfica son clave para dicho incremento.

Los consultorios rurales, a menudo sin médicos, dependen en gran medida de la enfermera encargada de la zona. Por su parte, los centros de salud en las zonas rurales dan cobertura a varios pueblos o aldeas, lo que implica desplazamientos continuos del personal. Un ejemplo de ello es la enfermera Marta Marrero Sánchez, perteneciente al Servicio Cántabro de Salud, concretamente en la zona básica de salud Liébana, con dos consultorios rurales a su cargo y una población aproximada de 815 pacientes.

“La figura de la enfermera rural tiene un enfoque muy amplio y humano, no solo atendemos pacientes, sino que conocemos a sus familias, sus historias, necesidades y realidades”, explica Marrero.

Si la demanda asistencial de enfermeras se agrava en época vacacional de forma general, esta cifra aumenta en aquellas zonas con una base estructural más debilitada, como son las rurales. Un ejemplo de ello son determinadas áreas de Zamora, que para reforzar su plantilla necesitan enfermeras de otras regiones o incluso de Portugal.

Marta Marrero, enfermera rural, trabajando con un paciente

La versatilidad de una enfermera rural

“En verano de 2019, mientras preparaba el examen EIR, hice una sustitución en un centro de salud y ahí me enamoré de la Atención Primaria. Sin embargo, fue cuando llegué al centro de salud de Covelo (Pontevedra), en mayo de 2023, cuando realmente comprendí lo que significa la enfermería rural”, relata Andrea García López, enfermera rural con 1.700 pacientes a su cargo.

“La flexibilidad es clave porque en el medio rural las necesidades suelen surgir de forma imprevista y requieren respuestas rápidas”, afirma Marrero. La población envejecida predominante en estos entornos requiere de un seguimiento continuo y unos cuidados constantes. “Uno de mis pacientes más longevos tiene 103 años, lo que refleja la importancia de una atención continua y personalizada”, apunta.

Gracias a esta atención personalizada se establece una relación más cercana con los pacientes, algo que cautivó a esta enfermera porque, además de tener un contacto más directo, podía “adoptar un enfoque más integral y preventivo de la salud. En estos entornos, la figura de la enfermera es fundamental por su papel educativo, de acompañamiento y coordinación con otros recursos sanitarios y sociales”.

Para Andrea García, por su parte, dicha cercanía es lo principal y le sigue sorprendiendo la confianza que depositan en ella: “a veces me preguntan si lo que les dijo el médico está bien o no. Aquí atiendes a personas de todas las edades, desde recién nacidos hasta bisabuelos de la misma familia, lo que crea un vínculo muy especial”.

Asimismo, la enfermera rural cuenta con equipos, tanto humanos como instrumentales, más reducidos, por lo que asume varios roles a la vez. La resiliencia es uno de los factores que caracteriza a este perfil profesional porque “es necesario adaptarse, ser resolutiva y gestionar desde controles crónicos hasta urgencias o acciones comunitarias, a menudo con recursos limitados”, enumera Marrero. Esta enfermera también apunta que uno de los puntos más importantes en este trabajo es saber adaptarse: “por supuesto, cuantos más recursos haya, más fácil será nuestro trabajo y mayor beneficio tendrá el paciente, sobre todo considerando la distancia al hospital más cercano”.

Recursos y condiciones de trabajo de la enfermería rural

Como ya se ha comentado, los centros rurales cuentan con un número más reducido de recursos que aquellos situados en grandes ciudades (edificios más pequeños, equipamiento más básico, menos personal). “En mi centro, en general, tenemos lo necesario”, explica Andrea García. “Puede que algún equipo sea un poco antiguo y podría renovarse. Suelen dar prioridad a centros urbanos con más pacientes y personal, y eso es algo por lo que llevamos luchando tiempo. Buscamos igualdad para todos los centros, incluso creo que deberían de dar prioridad a los más alejados y con más necesidades. Eso evitaría a los pacientes rurales tener que desplazarse en muchas ocasiones, con las dificultades que eso implica”, indica.

Andrea García destaca que hay que revisar los recursos de los centros rurales

Además, las dificultades en el transporte y la comunicación se agravan cuando las condiciones climáticas no son favorables o la geografía complica el traslado. “Hay poco transporte público y la señal de internet o teléfono muchas veces es débil, lo que complica el seguimiento de los pacientes, coordinar con otros profesionales y responder rápido a emergencias”, apunta García. “Esto -continúa explicando- puede retrasar la atención, hacer que abandonen tratamientos o que no acudan a controles médicos, aumentando las desigualdades en salud”.

Por ello, las enfermeras rurales han de planificar con cuidado toda salida: “La falta de cobertura telefónica en algunos pueblos dificulta la comunicación con el centro de salud, por lo que llevo registros en papel y coordino con vecinos y agentes locales para garantizar la atención”, explica Marrero.

Los retos de la enfermería rural en verano

El número de enfermeras en época vacacional, apuntan desde el Consejo General de Enfermería (CGE), disminuye, por lo que no se llega a cubrir toda la demanda. “En la época estival el problema se agudiza sobremanera. Las enfermeras, como cualquier otro trabajador, merecen disfrutar de unas vacaciones y la incorporación de las recién egresadas -que, además, obviamente no tienen la experiencia acumulada de las que sustituyen- no da para cubrir toda la demanda”, resalta el presidente del CGE, Florentino Pérez Raya.

Esto es especialmente acusado en las zonas rurales de España, ya que la población aumenta considerablemente, pero no los recursos. “Aunque se hacen esfuerzos por cubrir las ausencias por vacaciones, es fundamental reforzar las plantillas para poder atender este incremento de manera adecuada. Por ejemplo -continúa Marrero- en otras estaciones la carga asistencial puede ser más estable, pero en verano se incrementan las urgencias y las consultas relacionadas con actividades propias de esta época”.

Marta Marrero apunta, además, que las dificultades del entorno rural hacen que no siempre se cubran todos los contratos ofertados, por ello, “es clave ofrecer condiciones atractivas y estabilidad para asegurar la continuidad del personal y una atención de calidad”. Es precisamente el caso de Andrea García, ella es la única enfermera de su centro y siempre necesita que alguien la sustituya cuando se va de vacaciones. “Es muy complicado conseguir sustitutos, por eso casi no puedo pedir días libres o me los dan solo en casos excepcionales”, indica.

Cambios deseados en la enfermería rural

Me gustaría que la atención rural siga fortaleciéndose, con un apoyo constante en recursos humanos y materiales que permitan responder mejor a las necesidades de la comunidad. Es fundamental que la labor de la enfermera rural sea reconocida y valorada para garantizar su permanencia y desarrollo”, este es el deseo de Marta Marrero, pero también el de muchas enfermeras que trabajan en zonas rurales.

Es necesaria una mayor inversión para la mejora de las infraestructuras, ya que estas profesionales han de recorrer varios kilómetros al día por carretera y no siempre cuentan con las condiciones más propicias.

La formación continuada es un pilar esencial para el desarrollo profesional y la mejora de los cuidados; sin embargo, y pese a que las enfermeras españolas se mantienen en constante actualización, “el acceso a una estabilidad laboral duradera no siempre es sencillo, lo que puede afectar la permanencia de profesionales en estas zonas”. Por ello, Marta Marrero considera fundamental “facilitar condiciones que favorezcan la continuidad y estabilidad. De esta manera, se puede lograr un equilibrio entre la excelencia profesional, el compromiso personal y el respaldo institucional que requiere la atención rural”.

Pese a todas las dificultades derivadas de las, en ocasiones, precarias situaciones en las que las enfermeras rurales trabajan, ambas profesionales coinciden en que desarrollar su labor asistencial en el entorno rural es, en palabras de Andrea García, “un trabajo lleno de autenticidad, humanidad y mucho aprendizaje”.

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