Enfermero perfusionista: unas manos que trasplantan vida

Jueves, 10 de febrero de 2022

por Natalia Hernández Manjón

Tenemos que remontarnos a 1967 para conocer bien esta historia. Fue el 3 de diciembre de ese mismo año cuando tuvo lugar el primer trasplante de corazón, no solo fue una operación que enmudeció al mundo, sino también un hito que cambiaría la vida de muchas personas de ahí en adelante. Una donación que duró cerca de cinco horas con 20 cirujanos presentes y que permitió que el paciente saliera con un corazón latiendo. Aunque el receptor acabó falleciendo 18 días después como consecuencia de una neumonía, esta intervención fue todo un hito, algo que en la actualidad permite salvar la vida de miles de pacientes cardiovasculares en todo el mundo.

No fue hasta 1984 cuando tuvo lugar el primer trasplante de corazón con éxito en personas en España. Tuvo lugar en Barcelona, en el Hospital Santa Creu i San Pau. Los doctores Caralps y Josep Oriol lograron salvar la vida a un joven de 33 años que tenía una miocardiopatía dilatada no compatible con la vida. Aquella cirugía marcó un antes y un después y fue el comienzo de los trasplantes en el país. Lo complicado era mejorar la supervivencia, poco a poco se fue mejorando y después, surgieron otros pioneros en Madrid, Santander, Córdoba a Valencia que fueron sumando historias de éxito.

Casi 40 años después, el número de donantes de órganos ha ido en aumento en todo el mundo a pesar de que disminuyeran y variaran a causa de la pandemia hace unos años. Solo en España, en 2020 se registraron 1.777 donantes, situándose a la cabeza del ranking de países y es que, según los datos de la Organización Nacional de Trasplantes, en 2019 España se mantuvo, ya durante 28 años de manera consecutiva, como líder mundial en donación, con una tasa de 49,6 donantes por millón de población (p.m.p). Las técnicas siguen evolucionando y los datos de supervivencia, efectos y progresos cada vez son mejores, llegando a producirse en el 2021 el trasplante de corazón a un bebé con donante en asistolia y con incompatiblidad sanguínea con su donante, algo novedoso hasta ahora y que permitió salvar la vida de la pequeña de dos meses.

Trasplante en asistolia

Un trasplante de define como la sustitución de un órgano o tejido enfermo por otro que funcione adecuadamente. A simple vista, parece una técnica fácil, rápida y sencilla pero no lo es, necesita que muchos factores vayan de la mano, en primer lugar, que haya donantes, el segundo compatibilidad y que no haya rechazo. Por suerte, hoy en día es una técnica médica muy desarrollada que logra magníficos resultados.

En este caso fue una donación en asistolia, una donación de órganos y tejidos que proceden de una persona a la que se le diagnostica la muerte tras la confirmación del cese irreversible de las funciones cardiorrespiratorias. Se diferencia de una donación tras muerte encefálica -que es la más habitual en España- en que esta última es aquella en la que el donante ha fallecido por el cese completo de la actividad cerebral, como consecuencia de una hemorragia cerebral o un traumatismo. En este caso, la sangre sigue circulando a otros órganos durante un tiempo, lo que permite que la familia tenga un tiempo para tomar la decisión de donar o no.

Equipo del  Hospital Gregorio Marañón | Hospital Gregorio Marañón
Equipo del Hospital Gregorio Marañón | Hospital Gregorio Marañón

En cambio, en la donación en asistolia, el donante ha fallecido por una parada cardiorrespiratoria irreversible y el cese total del latido cardiaco y respiración espontánea durante más de cinco minutos. Por ello, el tiempo para realizar la donación y el trasplante es mucho más limitado y se necesita que la familia lo autorice cuanto antes ya que, si el corazón se ha parado y ha dejado de bombear sangre, el oxigeno ya no llega al resto de órganos y se reduce de forma mayúscula su capacidad de supervivencia y validez de los órganos trasplantados.

Este fue el caso de Naiara que le permitió volver a nacer y seguir con vida. Fue un hito, el primer trasplante en el mundo de corazón infantil de donante en asistolia en un bebé de unos pocos meses y con la incompatibilidad sanguínea con el donante.

Enfermería perfusionista

Detrás de una donación y un trasplante, hay muchos profesionales sanitarios detrás responsables de que todo vaya bien. En el ámbito de la enfermería, los encargados en este área son los enfermeros perfusionistas, encargados de sustituis la función del corazón y del pulmón. «En los trasplantes hay unos momentos en los que el paciente está sin su corazón mientras le ponen el donante, y nosotros lo que hacemos es derivar la sangre del peritorio venoso a la bomba de situación extracorpórea, la oxigenamos y la movemos supliendo el gasto cardíaco y el paciente supliendo los pulmones pasándola directamente a la aorta. De tal manera que nos saltamos la circulación menor. Y así puede estar el paciente sin ventilar y sin el corazón en ese momento. Una vez que lo cosen, ya lógicamente se le vuelve a dejar la autonomía», explica José Ángel Zamorano, enfermero perfusionista del Hospital Gregorio Marañón que fue partícipe del trasplante de la pequeña Naiara.

 José Ángel Zamorano, enfermero perfusionista del Hospital Gregorio Marañón
José Ángel Zamorano, enfermero perfusionista del Hospital Gregorio Marañón

El proceso de una donación no es sencillo. Desde que comienza hasta que el paciente sale de quirófano es complejo. En primer lugar, se les debe comunicar la noticia a los familiares de los pacientes, que son aquellos que están en las UCI, ya sean de adultos o pediátricas. «Se les comunica que el allegado tiene un pronóstico malo, una muerte cerebral o algo similar. Posteriormente son los coordinadores de trasplantes los que tienen que tramitar con la familia la posibilidad de donar los órganos. Es verdad que eso es un tiempo, un proceso, unos permisos, unas autenticaciones en las que el diagnóstico del paciente no tiene otra salida, que va a fallecer y de ahí la posibilidad de donar los órganos. Cuando todo esta ok se pasa el paciente a quirófano. Si es muerte cerebral hacer la tracción múltiple y si es donación en asistolia, la diferencia es que hay pacientes que no llegan a muerte cerebral, y otra posibilidad es la donación en asistolia para llegar a la muerte circulatoria», explica.

La historia de Naiara

El caso de Naiara es único en el mundo. Antes de nacer la niña, se le detectaron problemas en su corazón, fue una niña prematura que nació pesando menos de dos kilos, por lo que fue derivada al Área del Corazón Infantil del Hospital Gregorio Marañón, como centro de referencia para cardiopatías congénitas desde el feto. En el centro se le hizo todo tipo de seguimiento, pero la situación fue empeorando y hubo que adelantar el parto porque el corazón del bebé estaba mal. Los médicos consiguieron estabilizarla pese a la complejidad de su estado y consiguieron que evolucionara y que el resto de sus órganos maduraran lo suficiente como para poder incluirla en la lista de trasplantes.

Foto del equipo del trasplante | Hospital Gregorio Marañón
Foto del equipo del trasplante | Hospital Gregorio Marañón

Se trata de uno de los bebés más pequeños que ha recibido un trasplante de corazón en el hospital pero la singularidad no era solo eso, la donación fue en asistolia con un donante de incompatibilidad sanguínea. La donación tuvo lugar en un hospital de otra comunidad autónoma, lo que supuso el traslado del equipo cardiaco del Hospital Gregorio Marañón por vía aérea. En el procedimiento utilizado, el corazón del donante fallecido se recuperó antes de su extracción a través de un sistema de circulación extracorpórea, que permite mantener oxigenados los órganos susceptibles de trasplante y valorar el funcionamiento cardiaco. Tras comprobar una función adecuada con esta técnica, se procedió a la extracción cardiaca y al implante en el receptor.

La donación en asistolia de un donante en distinto centro para un bebé tan pequeño como Naiara, puede convertirse en la única posibilidad de sobrevivir, ya que para estos niños tan pequeños no hay posibilidad de máquinas de asistencia ventricular que puedan servir de soporte hasta la llegada del trasplante, como sí ocurre en niños más mayores y los adultos que, además, tienen mayor posibilidad de conseguir donantes. Asimismo, si se añade para estos bebés la posibilidad de un donante de cualquier grupo sanguíneo, se abre una gran ventana de oportunidad para estos niños tan pequeños que necesitan un corazón.

Donaciones y trasplantes

Tal y como explicaron desde el Hospital Gregorio Marañón, «el caso de la pequeña Naiara es único en el mundo por tres motivos. Por un lado, por tratarse donante y receptor de niños de muy pequeño tamaño; porque el injerto cardiaco, obtenido con el procedimiento descrito, se implantó tras varias horas de isquemia fría en un centro alejado del hospital donante, algo excepcionalmente descrito; y por tratarse de un trasplante AB0 incompatible, lo que aumenta aún más su complejidad».

Este tipo de trasplante fue puesto en marcha en 2018 por el Hospital Gregorio Marañón y, ahora, con la donación en asistolia para los niños tan pequeños se incrementa posibilidad de un trasplante por encima del 10 por ciento. Un hito que ha permitido que Naiara evolucionara y mejorara para tener una vida mejor.

El enfermero perfusionista, José Ángel Zamorano, asume que ha sido un trabajo difícil pero no imposible y tiene claro que no será el único. «Creo que vendrán otros, también pensábamos que el mayor reto era cuando hicimos el primer trasplante incompatible en 2018 y de repente ahora nos vemos reanimando un corazón de un donante en asistolia. Creo que la perfusión es muy joven, es una especialidad que lleva muy poquitos años, en 1953 se hizo la primera situación en asistolia, no tiene ni 70 años de evolución todo esto, está todo por hacer, se ha avanzado muchísimo, tenemos unos dispositivos súper seguros pero, ¿que si es mi mayor reto? No lo sé, sinceramente no lo creo, habrá otros muchos más complejos», explica.

Aún recuerda el momento en el que decidió ser enfermero perfusionista cuando era pequeño, su padre, enfermero de quirófano le llevó al hospital de visita y la primera cirugía que vio fue un trasplante de corazón con tan solo 14 años: «Ibas allí, veías que no había corazón… y el cirujano te pregunta: “¿Tienes alguna duda, José?” Y yo me quedaba pensando “todas”, ríe. Aquello me impactó y fui buscándolo, seguí la línea, la sangre y me encontré a un señor que era perfusionista y no entendía nada, pensaba que era magia. Yo preguntaba: “pero papá, ¿el paciente va a sobrevivir?”. Fue así como decidió convertirse en un profesional sanitario que hoy en día salva vidas, como la de Naiara.

Tiene claro que su profesión tiene momentos duros, pero también bonitos. «Lo más bonito es la magia que rodea el trasplante, cuando el corazón vuelve a latir definitivamente, es un alivio impresionante. ¿Lo duro? Los padres que donan. Nosotros nos vamos acostumbrando a verlos malitos y te vas haciendo, pero son niños. No me quiero imaginar a esos padres que, en el momento más duro de sus vidas, en el fallecimiento de un hijo, le están preguntando si quieren donar, son superhéroes», relata.

Por ello tiene claro que hay que seguir avanzando para poder seguir haciendo magia. Ser protagonista de esta historia fue muy importante, y tal vez no sea el trabajo que más le cueste en toda su carrera, porque habrá muchos más, muchas personas más salvadas, pero nunca olvidará que sus manos fueron, son y serán unas de las causantes de trasplantar vida.

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