Equipo START: acción humanitaria en desastres naturales

Lunes, 23 de diciembre de 2019

“Mi experiencia empieza el día que recibo el SMS que activa al equipo START por vez primera. A partir de ahí comienza la aventura que me unirá a 70 personas durante 24 horas y a lo largo de tres semanas. Después de un dilatado viaje hasta llegar a Mozambique, desde el avión nuestros ojos ya empiezan a avistar las dimensiones de la catástrofe”, cuenta Montse Mont, enfermera de quirófano de Menorca, en referencia al paso del ciclón Idai por el país africano el pasado mes de marzo. El fenómeno entró por la población costera de Beira, a unos 30 kilómetros de la localidad de Dondo, “que cuenta con un centro rural que quedó muy dañado tras su avance, y a su lado fue donde nos ubicamos, montando una zona de vida con tiendas de campaña detrás de la maternidad. Armamos el hospital delante de la puerta principal, junto con la planta potabilizadora de agua, cocina, letrinas, duchas y crematorio para gestión de residuos”, completa Juan María Tarín, enfermero de hospitalización de Barcelona.

© Miguel Lizana/AECID

“Nuestra llegada fue casi de noche. Montamos unas cuantas tiendas para dormir y cenamos raciones de campaña bajo la luz de los frontales. A partir del día siguiente lo primero que hicimos fue preparar el terreno en el que iba a situarse el hospital arando, cavando y allanando, montar el resto de nuestra zona de vida, descargar los tres camiones con toneladas de material… Poco a poco todo tomó forma”, puntualiza Laura Andújar, enfermera de urgencias del 112 de Madrid.

Estos tres profesionales forman parte del equipo START (Spanish technical aid response team), un proyecto puesto en marcha en 2016 por la Oficina de Acción Humanitaria de la Agencia Española de Cooperación (AECID). “Su objetivo es desplegarse en menos de 72 horas ante cualquier emergencia humanitaria en la que la cooperación española decida intervenir”, explica Mont.

El funcionamiento del equipo START

Los miembros del equipo intervienen en catástrofes naturales, en cualquier parte del mundo donde se produzca una emergencia humanitaria y en la que se haya solicitado su participación. “Podemos prestar ayuda en inundaciones, terremotos, maremotos, ciclones…”, afirma Andújar. La primera circunstancia que se tiene que dar para la activación es que el país afectado se declare en estado de emergencia y pida ayuda internacional; en ese momento, la Organización Mundial de la Salud realiza la petición, explica Mont. “Cuando hay una solicitud de ayuda desde un país que ha sufrido un desastre natural y España es requerida por los mecanismos europeos para acudir con el equipo START, el primer paso, en cuanto a los profesionales, es recibir la activación en tu móvil vía SMS”, expone la enfermera madrileña. Cuando sucede se puede aceptar o denegar; “si la aceptas debes esperar un segundo mensaje de confirmación, que llega una vez se componen los grupos de salida”. Existen acuerdos con los centros de trabajo y autorizaciones ya firmadas desde la dirección para poder partir en menos de un día. “Una vez hecho esto tienes que organizarte la mochila porque es posible que tengas que partir al día siguiente”.

AECID coordina el operativo, que está conformado por diversos perfiles sanitarios y no sanitarios, continua Tarín. “Contamos con un equipo de logistas y expertos en agua y saneamiento y el grupo de coordinación técnica. Una vez en el terreno, hay un coordinador de cada área, un jefe de misión y personal de la Oficina de Respuesta Humanitaria”, completa Andújar. Para el día a día se realizan reuniones todas las mañanas antes de empezar la jornada en las que se expone la dinámica diaria y las novedades y se resuelven dudas. “En el terreno todos somos un equipo muy unido y multidisciplinar”, concluye. El trabajo se organiza a través de la jefatura de misión, “es nuestro enlace con las autoridades del país afectado y con el resto de equipos médicos de la zona. Gestiona el hospital una vez empieza el funcionamiento en el terreno”, relata Mont, que destaca que cuentan también con cocineros, personal especializado en asistencia psicosocial y de género, administrativos, profesionales de la comunicación, ingenieros, bomberos o técnicos de emergencias.

La experiencia en Mozambique

“Salí en el primer rotatorio de la primera misión del equipo START, por lo que los nervios ante el desconocimiento y la expectación estaban a flor de piel. Nunca habíamos montado el hospital en terreno dentro de una salida real. Recuerdo el día de la partida: salimos desde la base aérea de Torrejón, mi padre me llevó hasta allí y me dejó en la entrada, el último punto al que permitían acceso a familiares”, señala la enfermera madrileña. Cuando entró, recibió una charla para contextualizar la zona a la que iban, se repartieron sacos, esterillas, los chalecos rojos y “conocimos a la gente con la que conviviríamos durante 18 días, sin saber que iban a ser tus confesores, tus amigos y tu apoyo, aparte de tus compañeros de trabajo”. Una vez en Mozambique, montaron el hospital en 48 horas, y a los tres días ya estaba completamente operativo.

“Al descargar nuestras mochilas nos apremia montar nuestra zona de vida, principalmente las tiendas de campaña en las que vamos a pernoctar durante los próximos días; en Dondo, la noche cae sin avisar a las 18 h, allí no existe el ocaso. Al día siguiente empieza nuestro primer día de montaje”. La zona del hospital se ubicaba en un terreno desnivelado y lleno de escombros, por lo que comienzan las labores logísticas para ponerlo en marcha, hasta que finalmente entra en funcionamiento. “Primero ofrecemos servicio de triaje, urgencias y consultas externas, mientras que los sanitarios no situados en estas especialidades continúan, junto con los logistas, con la labor de montaje del resto de estancias, como la potabilizadora de agua. Llega el día en que el centro ofrece todos sus servicios a pleno rendimiento: estrenamos el quirófano con una cesárea a las 7 h, cuando aún estábamos con la reunión matutina”. “Pasados los días reparo en que el hospital tiene la misma dinámica que cualquiera en España”, comenta la enfermera menorquina, subrayando que la sala de triaje está completa, el área de urgencias tiene todas las camillas repletas de pacientes (“demasiados niños ocupan esos lugares; la patología infantil y obstétrico-ginecológica abundan por las características de estos países en desarrollo”), las camas de hospitalización comienzan a llenarse, el laboratorio trabaja “a pleno rendimiento, incluso se realizan donaciones de sangre”, ya hay pacientes en espera en el quirófano… “El vaivén del personal, los llantos de los recién nacidos y el ruido incesante de los generadores que nos proporcionan electricidad no tienen fin”.

“Es una experiencia muy gratificante poder ayudar a personas que, además de tener un día a día muy duro, se encuentran enfermas o accidentadas”, afirma Tarín, que reconoce que son conscientes que una vez se marchan estos problemas perduran, “pero hemos cooperado para aliviar los peores momentos y llevar esperanza”.

La labor enfermera

© Miguel Lizana/AECID

“La rutina es muy similar a la que se realizaría en España, pero sin disponer de días libres”, comienza Andújar. Los profesionales enfermeros desplazados fueron personal para las áreas de urgencias, de hospitalización y de quirófano. Dentro del primer bloque se efectúa el triaje y se atiende la zona de consultas externas, apoyando al área de traumatología, pediatría y ginecología y el espacio de boxes, y se está al cargo de los dos puestos de reanimación. “En cuanto a hospitalización se llevan a cabo labores propias de planta”, continúa; “se trata de mantener la misma calidad de asistencia que en nuestro entorno habitual: asistencia integral, control de constantes, administración de medicación, curas, drenajes…”, especifica el enfermero barcelonés. Por otro lado, “el quirófano tiene una peculiaridad, es uno ‘limpio’, no estéril. Eso significa que no puede realizarse cualquier tipo de intervención porque no cumple todos los requisitos necesarios para asegurar las condiciones óptimas”; sin embargo, “no significa que ni todas sus técnicas ni todo el material no cumplan con las condiciones de esterilidad. Disponemos de un autoclave de 80 litros y de dos más pequeños, con lo que la tenemos cubierta. Se llevan a cabo las operaciones que podemos asumir”, comenta Mont.

Aparte de las labores propiamente asistenciales se desempeñan tareas de salud pública, como control de enfermedades y vectores, detección de casos sospechosos, educación… Además está la figura de la directora de operaciones, que en Mozambique era enfermera. “Realiza labores de supervisión tanto del personal como de los diversos problemas que puedan surgir, tomando las decisiones conjuntamente con el director asistencial y el equipo de coordinación”, completa Andújar.

“En este caso, al tratarse del sexto país más pobre del mundo y estando una de cada seis personas adultas infectadas del VIH, las necesidades pueden ser de todo tipo”, afirma Tarín. A esto hay que sumar el paso de una catástrofe natural, por lo que la población requiere alojamiento, agua potable, apoyo psicosocial, asistencia sanitaria, alimentos, kits de higiene básicos, mosquiteras o vacunas y otros medicamentos. Tras el ciclón “se esperaban brotes de cólera malaria y tifoidea por la escasa potabilización del agua y su tratamiento y por la transmisión de mosquitos, que proliferan en zonas de aguas estancadas”, subraya la enfermera madrileña. “Los principios humanitarios constituyen la base fundamental para la acciones de este tipo: humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia operativa. A partir de esta premisa construimos todo nuestro trabajo”, concluye Mont.

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