Hospital de IFEMA. De cómo la profesión enfermera dio un paso al frente

Martes, 16 de junio de 2020

Durante los más de 40 días que el recinto ferial de IFEMA fue adaptado como macrohospital de campaña en Madrid, y sus más de 1.400 profesionales lograron atender a casi 4.000 pacientes, se ha podido comprobar la labor, no solo asistencial, sino gestora y organizativa que la profesión enfermera ha demostrado durante esta compleja situación de alerta sanitaria. La Enfermería ha dado un paso al frente, no solo en este recinto madrileño, sino en todo el territorio español, y ha puesto de manifiesto el imprescindible papel que tiene dentro del sistema sanitario y lo necesaria que es una evaluación y valoración de sus funciones, otorgándole el lugar que ha evidenciado tener.

Ifema
Ifema

“Las enfermeras, una vez más, han demostrado que son el pilar de los hospitales, hemos tenido profesionales enfermeras en todos y cada uno de los controles y en UCI, apoyadas por auxiliares de Enfermería, técnicos de emergencias sanitarias (TES), celadores. Enfermeras con función de coordinación de Atención Primaria (AP); enfermeras en el cargo de directoras asistenciales de AP, que organizaban previamente las planillas de sus trabajadores; enfermeras en dirección y supervisión provenientes de hospitales, AP y SUMMA112; enfermeras de SAMUR-PC en admisión de hospital y hasta recursos humanos del hospital era llevado por dos enfermeras de un hospital”, afirma Verónica Real, directora de Enfermería del Hospital de IFEMA, y actualmente supervisora de Enfermería del SUMA 112.

El engranaje que ha posibilitado que este hospital “improvisado”, todo lo improvisado que puede ser trabajar a contrarreloj con una alta precisión, pueda haber conseguido su principal objetivo, descongestionar los centros hospitalarios madrileños y ofrecer cuidados de calidad, ha sido posible por el trabajo conjunto de un nutrido grupo multidisciplinar. “En el hospital ha trabajado personal de SUMMA 112, hospitalización, Atención Primaria y SAMUR protección civil, además de los Cuerpos de Seguridad del Estado, bomberos y personal no asistencial… Somos una gran familia que ha trabajado para el paciente y su bienestar como único objetivo. Es impresionante observar cómo hemos formado un equipo multidisciplinar tan grande”, explica Pablo Cazallo, supervisor de Enfermería del Hospital COVID-19 IFEMA y habitualmente supervisor de Calidad y Seguridad del Paciente en el Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda, de Madrid.

De una nave diáfana a un hospital de campaña

Los primeros días fueron complicados para todos, como sanitarios no habían estado en ninguna situación similar, carecían de la experiencia e incluso en determinados casos de la formación necesaria. Poco a poco las rutinas y el funcionamiento de un hospital al uso se fueron imponiendo. “Se pasó de una nave diáfana, oscura, con las camas en fila alrededor de un control de Enfermería improvisado, a un hospital al uso, con controles, cuartos de limpio, cuartos de sucio, zona de limpieza, farmacia y almacén —apunta Cazallo—. Pero con los procedimientos escritos, el apoyo audiovisual y la formación in situ todo comenzó a fluir poco a poco hasta consolidarse”.

Si las instalaciones y la formación a los profesionales sanitarios fueron evolucionado con el paso del tiempo, desde el comienzo “el hospital arrancó con un protocolo de actuación con criterios de ingreso, manejo de paciente, terapéutica, cuidados e incluso criterios de alta de hospital —explica Verónica Real—. En los primeros días se ingresaron pacientes que nosotros teníamos catalogados como nivel 3-4, o lo que es lo mismo pacientes con menos necesidad de recursos, sin criterios de mal pronóstico, pero a medida que pasaron los días se activaron ingresos de todos los niveles, ya que teníamos UCI abierta, material, recursos humanos y espacios físicos para tratar cualquier nivel de complejidad; además de este procedimiento de inicio, desde el equipo de Enfermería se trabajaron más procedimientos, consiguiendo tener desde plan de cuidados hasta recomendaciones al alta”.
El día comenzaba, según narra la directora de Enfermería de IFEMA, con el paso de los profesionales por lencería a recoger su uniforme, y posteriormente por Coordinación de Enfermería donde enfermeras de AP, por el día, y supervisoras de guardia y TES de SUMMA112, por la noche, se hacían cargo del registro de entrada de profesionales y la entrega del EPI de uso diario. “Era ahí donde además se resolvían las incidencias de personal que pudieran surgir, con el fin de tener todos los controles dotados con personal suficiente para asegurar la asistencia”, apunta.

Entre ruido de respiradores y cuidados enfermeros

Desde hace unos años el empeño de numerosos sanitarios ha hecho poner el foco en la humanización de los cuidados, algo intrínseco de la profesión enfermera. Durante esta pandemia los cuidados que los profesionales enfermeros han dispensado han reforzado, más si cabe, el carácter holístico de los mismos, tomando al ser humano como un todo, sin menoscabar el plano emocional.

“Los enfermeros realizaban las labores habituales destacando la humanización y un carisma especial. Los pacientes, al ingresar en un centro tan grande, se ven intimidados, pero la labor enfermera en este sentido ha sido estoica”, indica Cazallo. Estoica porque en esta hospitalización, debido a las circunstancias especiales, no era posible recibir visitas de familiares, y fueron los profesionales que allí desarrollaban su labor los encargados de sofocar, además de la disnea, la ansiedad y el miedo que los pacientes experimentaban. Las alternativas, destacando la conocida biblioteca “Resistiré” ideada por las enfermeras del SUMMA 112, Ana Ruiz y Alba Justicia, llegaban de la mano de tablets, donadas por diferentes entidades, para el contacto a través de videoconferencias. También les han hecho llegar cartas de ánimo para los pacientes, que escribían niños de forma altruista y a través de asociaciones.

Verónica Real
Verónica Real

“Solo había una excepción —explica Real— en la situación de final de la vida, que se habilitó un espacio controlado donde la familia tuvo la oportunidad de despedirse de su ser querido, acompañado de una enfermera y ofreciéndole apoyo psicológico si era requerido por el familiar”. Pero entre el ruido de los respiradores y los cuidados enfermeros que los pacientes recibían de forma incansable, las enfermeras que han estado a pie de cama también han sido golpeadas desde el punto de vista emocional. Pese al miedo, la incertidumbre y el riesgo al que se estaban exponiendo, todas ellas destacan la gran labor que como equipo han conseguido, algo en lo que se soportaban para no desfallecer. “Cada uno tiene su vivencia y su experiencia personal —explica Verónica Real—, hemos estado en un ritmo frenético en la organización y gestión del hospital, personalmente he cuidado mucho mi salud mental, en general soy bastante positiva, siempre buscas tus apoyos y los míos aquí en IFEMA han sido los grandes profesionales de los que he estado rodeada y en especial las supervisoras de Enfermería, mi centro de apoyo en estos días, unos grandísimos profesionales y ahora amigos que han hecho que la sonrisa no se borre de mi cara”.

Para Pablo Cazallo es normal que en estas circunstancias el miedo se generalizara, “pero ya no solo al contagio, sino también al enfrentase a algo nunca vivido en un lugar desconocido, algo insólito. De hecho, los profesionales sanitarios no querían marcharse de IFEMA”.

Cierre del Hospital de IFEMA

Aunque sin desmantelar aún las instalaciones, como medida preventiva ante un posible rebrote, el hospital de campaña de IFEMA cerró su actividad el pasado 1 de mayo. Daba así por concluida una etapa de seis semanas intensas, con una despedida llena de emoción y no exenta de polémica. “La despedida ha sido una explosión de sentimientos, todos y cada uno de los que hemos participado desde los primeros días han querido estar ahí, había mucha tensión acumulada, muchos sentimientos a flor de piel y aunque se han tenido algunas conductas inadecuadas que no dan buen ejemplo a la población, creo que ha sido el fiel reflejo de poner el corazón por encima de la razón. Por la parte que me corresponda —indica Verónica Real— pido disculpas por no haber desarrollado herramientas de control, pero de veras que la situación se convirtió en incontrolable”.

Pablo Cazallo
Pablo Cazallo

La experiencia de haber formado parte de lo que sin duda ha hecho historia en España ha dejado a todos los profesionales de IFEMA un fuerte sentimiento de unión y de aprendizaje. “De esta situación hemos aprendido innumerables cosas: que la vida que entendemos como normal pueda cambiar de la noche a la mañana —continúa la supervisora Real—, que tenemos un sistema sanitario excelente que se adapta a dar respuesta a las necesidades que puedan surgir y que en ese sistema hay unos profesionales y personas excelentes que dan lo mejor de sí cuando más se les necesita, y cómo no, que en todos los equipos gestores en los que hay presencia de las enfermeras en primera línea, de verdad, funcionan”.

“No todos los días puedes formar parte del nacimiento de un hospital creado de la nada en una situación de alerta sanitaria. Me he dado cuenta de lo importante que es tener una buena estructura como institución, es decir, un organigrama bien definido, con un liderazgo marcado, un objetivo que gire en torno a un eje estratégico, etc.”, señala Cazallo. Una organización que, planificada a contrarreloj, ha sabido adaptarse y funcionar con un alto grado de eficiencia que podría servir de ejemplo para “una reestructuración organizativa en los hospitales, las Consejerías y el Sistema Nacional de Sanidad —continúa—. De todos los problemas y/o dificultades siempre surgen oportunidades de mejora, así que no debemos dejar escapar esta coyuntura para mejorar nuestro sistema sanitario, y que se dé el valor que la Enfermería merece y no vuelva a caer en el olvido”.
Quizás no sabremos hasta dentro de un tiempo la verdadera repercusión social, sanitaria y económica de esta pandemia, no tendremos respuestas a todas las cuestiones que están encima de la mesa, pero lo que la Enfermería ha demostrado es que su papel en el sistema sanitario es incuestionable y como tal debería ser reconocido. Mientras tanto, las enfermeras, con la escasez de recursos materiales y humanos que se las proporciona, continuarán demostrando que su vocación está por encima de toda situación por trágica que sea.

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