“No debemos confundir ‘rural‘ con antiguo, pobre u osco. Aquí disponemos de todo el ‘aparataje‘ básico y necesario para realizar nuestros cuidados”

Lunes, 10 de abril de 2017

Un reflejo de vocación y dedicación es Carolina López Carillo, enfermera rural en Orcera (Jaén), la cual habla maravillas de su profesión. Su día empieza a las 8 de la mañana y finaliza cuando el último paciente es atendido, teniendo que recorrerse pueblos de hasta más de media hora de camino pero, como ella dice, todo esfuerzo es poco por el agradecimiento y cariño que de ellos recibe.

Pregunta. ¿Cuáles son las diferencias más notables entre la enfermera que ejerce su trabajo en la ciudad de la que lo ejerce en el mundo rural?

Respuesta. Principalmente, nuestros pacientes. Solemos tener una población más anciana, que en numerosas ocasiones viven solos, ya que como dicen: “mis hijos se fueron buscando trabajo y allí se quedaron”. Estas personas han trabajado duro desde muy jóvenes en el campo y esto influye en la prevalencia de determinados problemas de salud.

Otra gran diferencia es que gran parte de la actividad asistencial la realizamos en “la calle”. Atendemos urgencias fuera del centro, en domicilios, en la vía pública, accidentes de tráfico, y a esto añadimos las visitas domiciliarias programadas por nosotros (extracciones, inyectables, curas, revisiones del botiquín…), de todas aquellas personas que por un motivo u otro no pueden desplazarse al centro de salud.

P. ¿Qué funciones son las principales de la enfermera en el ámbito rural?

R. Hay que destacar una gran polivalencia profesional. No solo realizamos una función asistencial, también nos encargamos del fomento, promoción y protección de la salud dentro del medio rural en el que viven nuestros pacientes y en su núcleo social y familiar.

Además, en mi Zona Básica de Salud, en Orcera (Jaén), hay muchos consultorios en los que únicamente estamos el médico y la enfermera, por lo que tenemos que realizar también tareas administrativas (visados de recetas, solicitar ambulancia, llamadas telefónicas para citas, etc.) y hasta trasladar al paciente en la silla de ruedas con una mano y el suero con la otra mano alzada.

Hace unos años, también me picó el gusanillo de la investigación y junto con mis compañeros, Manuel Calvillo y Juan Andrés Ramos, formamos un equipo de investigación en el medio rural.

Las funciones son las mismas que para cualquier enfermera, lo que cambia es el escenario. Mi jornada comienza a las 8 de la mañana con las extracciones analíticas y el control de Sintrom®. Seguimos con la consulta de pacientes crónicos y prescripciones y después pasamos a la sala de curas donde realizamos todo tipo de técnicas de Enfermería, desde un simple inyectable, una espirometría o la limpieza de un catéter PICC. No debemos confundir “rural” con antiguo, pobre u osco. Aquí disponemos de todo el “aparataje” básico y necesario para realizar nuestros cuidados y contamos con desfibrilador, espirómetro, retinógrafo, etc. Además, los enfermeros nos ocupamos de formarnos y reciclarnos continuamente.

Las visitas domiciliarias programadas las vamos llevando a cabo a lo largo de la mañana. Si tenemos que realizar una cura de un paciente encamado, quedamos, por ejemplo, cuando ya esté aseado o cuando haya alguien que nos ayude a movilizarlo. Sin embargo, otras veces nos toca remangarnos la bata y asearlo porque no tiene a nadie.

En medio de toda esta vorágine nos pueden dar algún aviso urgente, como alguna abuelita que se haya caído y avisamos a la ambulancia y la trasladamos nosotros mismos al hospital. Algunos pueblos pueden estar a unos 35 minutos de distancia, lo que genera un importante retraso en la consulta.

P. ¿Qué puntos positivos tiene trabajar en el ámbito rural?

R. ¡Uff!, hay tantas cosas bonitas… Los amaneceres que yo veo camino al trabajo, la luna llena que me guía y me alumbra todo el trayecto, los campos de amapolas, el único sonido de un arroyo en alguna aldea, el trinar de los pájaros… También el trabajar codo a codo con tu compañero/a médico/ a, las situaciones estresantes y dolorosas que vives con ellos o el ver que la vida se esfuma en un segundo, eso hace que se establezca un vínculo mayor, donde no hay categorías y sí mucha confianza, complicidad y respeto.

Y por encima de todo están mis pacientes. Los que esperan su turno, no para tomarse la tensión sino para regalarte una caja de bombones. Los que te piden la llave del coche, no para llevárselo sino para cargarte el maletero con sacos de patatas recién sacadas de su tierra. Todo a pesar de decirles que no puedes aceptar, pero ellos juegan en otra liga, son únicos para dar y compartir. El trato con ellos es más cercano y familiar. Adoro los días en que me puedo sentar a charlar con ellos tranquilamente. Es tan buena práctica enfermera ser escuchados como la mejor inyección puesta. Cuando realmente tienes vocación, todo esto es muy fácil. Siempre pienso que la enfermedad ya está tratando demasiado mal a los pacientes como para que tú también lo hagas e intento dar todo el apoyo, cariño y consuelo.

P. ¿Dónde se encuentran las mayores dificultades del trabajo en este entorno?

R. Hay muchos ancianos solos, van unas horas las cuidadoras de Ayuda a Domicilio, pero el resto del día, nada. La teoría sobre alimentación, higiene, medicación, etc., está muy bien, pero cuando cierras la puerta del domicilio te preguntas qué te encontrarás al día siguiente. Implicamos a cuidadoras, vecinos, familia, trabajadora social y todos los recursos de los que disponemos, pero a veces no es suficiente. En algunas aldeas no hay tiendas de comestibles, suele ir un camión alguna vez a la semana. Todos estos inconvenientes interfieren, por ejemplo, en la cicatrización de las heridas o en los controles de cifras de diabetes por la poca variedad en alimentos, el no hacer las cinco comidas al día.

Otra gran dificultad es la gran dispersión geográfica con la que contamos. Nosotros atendemos once consultorios locales con sus correspondientes aldeas. Las distancias en ocasiones son largas, carreteras de montaña, nevadas en invierno y de 8 a 15 horas nos desplazamos con nuestro propio vehículo. Hay lugares donde el coche no tiene acceso y hay que hacerlos caminando.

P. ¿Qué experiencia destacaría como enfermera rural a lo largo de su trayectoria?

R. Hay muchas vivencias que te llenan, que en días caóticos o de recortes de personal o salariales te dan el aliento para seguir respirando.

El primer parto y gemelar que asistí en una ambulancia fue algo maravilloso. Cuando hoy los veo con 9 o 10 años por la calle, su madre siempre les recuerda “yo os di la vida, pero ella es la enfermera que os trajo al mundo” y eso se te graba a fuego en el corazón.

En otra ocasión venía de vuelta del trabajo, y el coche que iba delante de mí se salió de la vía, dando varias vueltas de campana. No dudé en parar mi vehículo, coger mi maletín y mientras avisaba al 061, auxiliar a las víctimas. Había tres ocupantes, los dos adultos presentaban varias fracturas pero sin compromiso vital, pero había una niña, de unos 7 años, en parada respiratoria. Sexto sentido, suerte, momento justo, rápidamente me di cuenta que un caramelo que la niña iba comiendo era el causante. Cuando llegó el equipo sanitario de urgencias me encontró con un caramelo en la mano, una niña respirando como si nada hubiera pasado y yo con una sonrisa de oreja a oreja. Les das la vida a ellos y sin querer, reseteas continuamente la tuya. Este día llegué tarde a la comida familiar, pero mereció la pena.

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Una respuesta a ““No debemos confundir ‘rural‘ con antiguo, pobre u osco. Aquí disponemos de todo el ‘aparataje‘ básico y necesario para realizar nuestros cuidados””

  1. Que te puedo decir! Que me consta que eres una excelente enfermera! Que tan solo con la tranquilidad que transmites a tus pacientes, con eso ya te ganas la confianza de cada uno de ellos! Que sigas así y no cambies nunca!
    Un saludo!

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