Relato enfermero: Primer día en el quirófano

Martes, 17 de agosto de 2021

Mañana del día 17 de noviembre, a las 7:20 de la madrugada. Todo es niebla y frío en Valladolid. Las calles están vacías. A lo lejos, se puede observar a un repartidor vaciando su camión frente a un bar de la plaza San Miguel. Me encuentro cruzando el puente de Poniente rumbo al hospital, donde voy a comenzar un nuevo rotatorio de mis prácticas. Voy a empezar en el quirófano. La verdad es que me encuentro relativamente nervioso, ya que nunca he estado en este mundo y me siento bastante intrigado.

Son las 7:50, acabo de llegar al hospital. Según entro, me encuentro con un mostrador, a mano derecha, lleno de personas muy atareadas con el papeleo típico de todas las mañanas. Entre el alboroto de gente, una mujer sentada en una de las sillas deja un momento de contar papeles, levanta un instante la mirada, me mira de arriba abajo y me pregunta si quiero algo. Le explico que soy un alumno en prácticas y que vengo al quirófano. Mientras explico esto, aparece otra mujer de mediana edad, rubia y bastante alta. Va vestida con ropa de calle, lo que me dio a entender que no era una administrativa, sino que podía ser una gerente o algo por el estilo. Me mira y me dice que me ha oído y que la acompañe, que ella me va a llevar al quirófano. Voy con ella hasta la primera planta subiendo unas escaleras. En el rellano de esta planta me encuentro con dos puertas, en ambas hay un cartel de no pasar en letras mayúsculas y en rojo. Pasamos a través de la primera puerta, las dos dan al mismo pasillo. Según entramos, está todo oscuro, no hay nadie. Al final del pasillo, vislumbro una figura de lo que puede ser un hombre bastante alto, aproximadamente de metro ochenta y cinco. Se acerca a nosotros y mi acompañante le comenta que soy un alumno en prácticas, que es mi primer día y que se va ya, que tiene que seguir con sus papeles. Este caballero muy amablemente me recibe, se presenta, me indica donde está el vestuario de hombres y me explica que no tengo que ponerme el uniforme de las prácticas, ya que lo que tengo que llevar es un pijama azul acorde con el código de vestimenta del quirófano.

Las 8:05, después de este tranquilo comienzo de día ya empieza a haber más movimiento de personal. Según salgo del vestuario, este chico me acompaña a un despacho donde se encuentra la supervisora, una mujer rubia con el pelo rizado, bajita, de mediana edad y muy agradable. Esta mujer me presenta al equipo con el que voy a estar esta mañana y muy probablemente el resto de los días. Antes de nada, me comenta que la primera operación es a las 9:30 y que íbamos a tener una mañana bastante tranquila, ya que tenemos solo un par de operaciones. Tras esto, me asigna un enfermero, un chico no mucho más mayor que yo, moreno y con muchas ganas de trabajar. La verdad es que al verlo intuyo que voy a tener muy buen feeling con él por la alegría y las ganas de enseñar que trasmite, tengo ganas de ver todo lo que puedo aprender de él.

Después de la ronda de presentaciones, el enfermero y yo vamos a preparar el quirófano en el que vamos a tener la primera operación, una extirpación de vesícula biliar. Antes de nada, según entramos, lo primero que hay que comprobar son las luces, las enciendes y observas si funcionan o no. Tras esto es turno del respirador, un armatoste con ruedas donde se monitoriza completamente al paciente cuando lo duermes o sedas; puede salvar una vida y a la vez ayudar al anestesista. Una vez comprobado y preparado, pasamos al oxígeno y al aspirador. Como dice mi enfermero: tener a mano un aspirador y el oxígeno también podría salvarte una vida. La extirpación de la vesícula biliar se hace a través de una laparoscopia, por lo que el material que se utilice va a ser una caja básica, un bisturí eléctrico y pinzas, tijeras y gancho de laparoscopia. Después de comprobar que el material y todo lo relacionado a la cirugía son correctos, esperamos a que empiece a las 9:30.

A las 9:15 ya tenemos al paciente. El celador sube a planta a por él y lo baja al quirófano a petición del anestesista. El anestesista es un señor de mediana edad, moreno y bastante más alto que yo. También trabaja en la pública, por lo que aparenta tener un poco de prisa ya que tendrá que estar en el otro hospital a lo largo de la mañana. La verdad es que también es agradable. Me explica un poco por encima el mundillo de los medicamentos para la anestesia, dependiendo del tipo de operación se va a querer que el paciente esté más dormido o menos, lo cual va a gusto del doctor que vaya a operar. Mientras el anestesista va explicando al paciente el tipo de anestesia que le va a realizar, aparece el médico, un señor de media altura que según entra por la puerta empieza a exigir cierto material que parece no ser utilizado en este hospital y sí en uno público. Él me suena de algo, podría haber trabajado con mi madre (también médica). El cirujano entra, habla con el paciente, le explica cómo debe salir la operación y da luz verde a comenzar con la anestesia. Una vez comenzado los enfermeros debemos proceder a la monitorización del paciente. Mi enfermero me comenta que va a ser el instrumentista en esta operación, por lo que me explica todo lo que va a hacer. Prepara el campo quirúrgico y procede a lavarse las manos.

Una vez que el paciente está sedado, y el médico y el enfermero instrumentista lavados, comienza la operación. Es relativamente sencilla, pero al ser la primera me impresiona bastante, ya que nunca había observado el cuerpo humano por dentro, exceptuando las imágenes que había visto durante la carrera. A las 10:30 se da por finalizada la operación. El médico cierra las diferentes incisiones de la laparoscopia y se sube al paciente a la habitación.

El resto de la mañana transcurre bastante tranquila así que mi enfermero aprovecha a enseñarme a suturar. De pronto, a eso de las 12:30, llaman al teléfono y comentan que tenemos una urgencia de otorrino. Todo se prepara deprisa y mientras yo me aparto, ya que no quiero entorpecer la urgencia. En 10 minutos el paciente ya está dormido y todo ya preparado para empezar la operación. Dicho paciente, un niño de unos 3-4 años, presenta un cuerpo extraño al fondo de las fosas nasales. Tras un buen trabajo del equipo y unos momentos de mucha tensión, la piedra es retirada con bastante facilidad. El niño, tras este breve susto y tras haber pasado un tiempo en observación, se va del hospital riendo y jugando con su padre.

Ya son las 15 y termina mi primer día de quirófano, me voy muy contento con todo lo aprendido y con muchas ganas de que llegue mañana para poder ver y conocer más cosas.

Autor: César Calleja Zurro

Noticias relacionadas

quirófano, Relato enfermero

¿Quieres comentar la noticia?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*