Sonreír por dentro

Lunes, 11 de marzo de 2019

Sonreír por dentro cuando vives algo así y lo recuerdas, es como sonreír a la muerte estando triste. Sigues triste por fuera, pero tú ya no eres lo mismo en el lado de la piel que realmente importa.

Cuando cuidas de estrellas a veces el cielo se cae a cachos, a veces la tierra abre grietas que tragan personas, a veces solo tragan almas, a veces te dejan estar sin ya nunca más volver a estar.

Cuando la ambulancia vuela y los segundos se tornan en minutos para el que espera, cuando tras un vistazo lo ves negro y decides que hay que cambiar oscuridad por la ilusión del “se puede, lo vamos a conseguir”, ciencia, fuerza, sudor que resbala a los pies de hierro retorcido y sale vivo de aquel amasijo.

Cuando el accidente ya pasó, la adrenalina se diluye en tu mar de hematíes. Las vías, la medicación, el “corre que se nos va”… Todo eso ya pasó. Cuando agarrasteis a la estrella por los pelos y la trajisteis a este lado de la vida.

Cuando el traslado se hace silencio manchado de rojo y trocitos de cristal que adornan sábana blanca, justo ahí recuerdas aquel otro accidente que un día relaté aquí.

Cuando lo amargo es recordar que aquella noche hacía calor y por la ventanilla entreabierta se colaban luces de neón, bares y coches pasaban y hoy vuelven a tu retina paseantes, de fiesta, ignorantes de la vida que se debatía a este lado.

Cuando recuerdas el sonido del respirador que mete aire en un pecho roto, de monitor a ritmo de corazón fatigado que quiere parar, llega el final de una vida. Millones de latidos y el último se acerca. Cuando cierras los ojos y el olor a sangre y metal impregna la memoria, la sangre impregna guantes azules y los torna en granate que cubre los dedos, impregna memoria. Cuando recuerdas tus palabras en silencio como latigazos en piel fría, “¡aguanta, tío!”, “¡no te vayas, coño, que ya llegamos!”, “¡solo un poco más!”.

Cuando la camilla vuela por aquel pasillo y tus explicaciones a la compañera quedan atrás como hojas de otoño que van sembrando el camino de quirófano. Cuando salimos exhaustos y la mirada de una madre te pide no escuchar lo que ella ya sabe. Cuando piensas: “¡joder, que no soy de piedra, que ni lo soy ni lo quiero ser!”, “¡puta vida injusta!”.

Y cuando, tras horas, pasaron y la historia clínica llegó a su fin, cuando la vida dejó paso otra cosa indefinida, quizá no entendida por corazones que aún laten, entonces recuerdas aquella sonrisa. Cuando la madre decidió que el fin no sería el fin de su hijo.

Y cuando hoy lo pienso, aquí, a pie de boli y papel, recuerdo su cara, sonrío; hoy él es muchas personas, muchas caras son él, su fin fue el comienzo de muchas esperanzas, su vida rota ayudó a remendar muchas otras y hoy sonrío, por dentro hoy sonrío de alegría, sonrío y es sonrisa color esperanza, esperanza en el ser humano.

Y cuando hoy vuelvan las estrellas a la vida miraré al cielo, allí donde habita este chico, y daré por bueno este arañazo del alma, uno más y ya van mil. Arañazos que forjaron lo que hoy soy y por los que doy gracias a las estrellas que un día agarré por los pelos y hoy en mí habitan.

Alberto Luque – Blog Alberto Luque

Para consultar la publicación original, puede seguir este enlace.

accidente, emergencias

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