“Tenemos una visión poco integral de la guerra en Ucrania, lo cierto es que no todo son edificaciones destruidas, militares y heridos, también son pérdidas, sentimientos rotos…”

Jueves, 25 de agosto de 2022

por Natalia Hernández Manjón

La guerra en Ucrania suma ya ocho millones de desplazados internos y más de seis millones de refugiados en otros países, según cifras de ACNUR y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Ante esta situación toda ayuda es poca y muchos voluntarios se acercan a la frontera para intentar aminorar el daño que esta guerra causa en la población civil. Las enfermeras Sara Sabaa Senhaji y Rosa Morat Abarca forman parte de este grupo de voluntarios que se han desplazado a la zona de conflicto.

Las enfermeras Sara Sabaa Senhaji y Rosa Morat Abarca
Las enfermeras Sara Sabaa Senhaji y Rosa Morat Abarca

Pregunta. ¿Cómo surgió la oportunidad de viajar a Ucrania para colaborar como enfermeras en esta misión humanitaria?

Sara Sbaa (SS). Rous y yo nos conocimos estudiando un experto HEMS (Helycopter emergency medical service) y a partir de ahí congeniamos bastante bien. Rosa siempre ha sido una persona muy inquieta, pertenece a una asociación de formación sanitaria y a través de esta conoció a la ONG Bombers pel món. Me propuso la oportunidad de realizar y formar parte de esta aventura y así fue. Rosa Morant (RM). Durante una temporada colaboré con una asociación de formación sanitaria y gracias a esta llegué a la ONG Bombers pel món. Desde bien joven, como estudiante de Enfermería, he tenido un lazo especial con el cuerpo de bomberos ya que mi meta como enfermera era obtener la mayor formación en la medicina de urgencias y emergencias.

P. Como enfermeras cuentan con formación en situaciones de rescate, pero ¿antes de viajar a Ucra nia tenían experiencia en este tipo de actuaciones de emergencia?

SS. Como misión humanitaria es la primera que realizamos. No obstante, tenemos experiencia en el ámbito humanitario como inclusión social, empoderamiento de la mujer en mi caso, y en el caso de Rous tiene un amplio abanico de carácter voluntario enfocado en el ámbito de socorros y emergencias, formación, etc.

RM: Me queda mucho camino por hacer, es un mundo que abarca mucha técnica, no solo la sanitaria. Las situaciones de rescate pueden ser en tierra pero también a grandes alturas. Es por ello que en cuanto dispongo de tiempo trato de asistir a simulacros o bien apuntarme a cursos de formación de esta materia. Actualmente estoy iniciándome en el mundo de la montaña, pero también existen tareas en medio acuático, las catástrofes naturales, incidentes de múltiples víctimas (accidentes, atentados…), los conflictos bélicos… ¡Esto es un sinfín de aprendizaje!

P. ¿En qué consistió su labor, cuáles fueron sus principales funciones?

SS. Nuestra labor era brindar apoyo sanitario, si fuese oportuno, y apoyo logístico. Intentamos resaltar las cualidades de cada uno del equipo y a nosotras se nos encargó la función de búsqueda de alojamiento durante todo el trayecto. Además, éramos las intérpretes, ya que, junto a Rous, abarcábamos idiomas como el alemán, el francés, el árabe y el inglés.

P. ¿Cuántas personas formaban su equipo? ¿Cómo era su rutina? ¿Dónde se quedaban alojadas?

RM: El equipo lo formaba un total de doce bomberos (cuatro de ellos forestales) y dos enfermeras, mi compañera Sara y yo. Nuestro día a día consistía en hacer un briefing sobre el día siguiente, establecer un plan horario y cumplirlo. Durante el camino nos encargábamos de buscar un alojamiento próximo a la ruta. Nos alojamos en hostales y de vuelta, en una de las noches, dormimos en una nave medio a la intemperie sobre camillas de campaña.

Sara y Rosa fueron de voluntarias a Ucrania
Sara y Rosa fueron de voluntarias a Ucrania

P. Es un acto totalmente altruista y humanitario y que requiere de un gran valor. ¿Había muchos compañeros de profesión de España? ¿Tuvieron miedo en algún momento?

SS. Compañeros de profesión la verdad es que no vimos, lo que más había eran personas voluntarias distribuidas en distintas carpas con la función de organizar todo ese caos. En uno de los centros de refugiados sí que vimos personal de la Cruz Roja. Siempre tienes ese interrogante por dentro de qué pasará o qué te encontrarás. Hemos sido un equipo que, en todo momento, nos hemos arropado los unos a los otros y gracias a eso te sentías con fuerzas y con capacidad de que, pasara lo que pasara, entre todos encontraríamos una solución.

RM: No coincidimos en frontera (Przemysl) con ningún compañero de profesión español. Había organizaciones españolas como “Juntos por la vida”, entre otras, que gestionaban desde allí nuestra vuelta. Quisiera destacar que gracias a otros compañeros que estaban en Polonia o previamente lo estuvieron nos facilitaron mucho la expedición. Por suerte, no tuve miedo en ningún momento, pues me sentí segura con cada uno de los compañeros, no éramos un grupo, éramos un EQUIPO.

P. ¿Cuál fue el perfil mayoritario de paciente que atendieron?

SS. Mayoritariamente el perfil de gente que ayudamos fueron niños/as y mujeres. Como ya sabemos, desgraciada mente a todo hombre adulto con nacionalidad ucraniana no le dejaban irse.

RM: Cierto, los niños mayoritariamente. En la estación de Varsovia, en una de las tantas paradas que hicimos, recogimos a una madre y sus dos hijos porque llevaban dos días haciendo noche allí en unas condiciones inadecuadas para un lactante y un niño de 3 años, por su estado requerían de una primera valoración. Del mismo modo a la vuelta dos niños y una mujer se pusieron malos por tantas horas de carretera, que junto la incertidumbre del momento y su propia situación basal propiciaron cuadros cinestésicos y gastrointestinales, probablemente este último de origen vírico, por lo que se decidió tomar medidas.

P. Lo vivido en un escenario de guerra excede todo lo visto en nuestro entorno más próximo, ¿qué fue lo más duro a lo que tuvo que enfrentarse?

SS. Por suerte no vi ningún escenario de conflicto como entendemos a través de los medios de comunicación. Lo que sí vi y sentí fue un vacío muy grande, ver en un par de bolsas toda su vida. No encontrar apenas hombres, ver tanta vulnerabilidad entre los niños y la gente mayor. Creo que tenemos una visión poco integral de la guerra, de hecho yo la concebía así, pero lo cierto es que no todo son edificaciones destruidas, militares y heridos, que también, pero no hay que olvidar que son pérdidas, sentimientos rotos, irreparables, soledad… un conjunto de componentes que crean la peor escena. Para mí aquello que no se ve, pero se siente, es mucho más fácil de valorar y reflexionar. En la vida, en la guerra, algunas veces se gana y otras se aprende. Fueron escasos seis días de viaje, pero los suficientes para darme cuenta de los problemas tan insignificantes que yo misma me construía. Desde entonces, cada día que me levanto es el mejor del año, y así siempre.

P. Se trata de una experiencia muy complicada emocional y físicamente que seguro han aprendido de ella. ¿Qué podrían destacar al respecto?

SS. Profesionalmente ha sido una oportunidad que ha abierto muchas puertas y nos ha ayudado a reconfirmar que la ayuda a los demás, y la satisfacción de ello, es lo que nos motiva a seguir realizando nuestro trabajo. La experiencia personal, sin duda es lo que más destacaría. El equipo de profesionales tan grande con el que íbamos, las personas que hemos conocido, el agradecimiento continuo de los refugiados a los que hemos ayudado, la experiencia, las risas, las lágrimas de alegría, afrontar la realidad de frente; con todo ello, cada pequeño momento nos ha servido para seguir construyendo en nuestro interior las personas que hoy en día somos.

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