Mi experiencia como enfermera a domicilio

Me gradué y desde ese momento inicié esta labor que tanto amo. A solicitud de personas con necesidades; en donde he visto la necesidad de fortalecer esa presencia de la profesión cercana.

Como he mencionado en otras publicaciones se ve mucho el desconocimiento de todo lo que hacemos los enfermero cuando alguien pide mis servicios; más es gratificante todo lo que se puede hacer en la casa de la persona, principalmente por la visualización de su realidad mediata y los factores que convergen en su salud. De satisfacción queda en mi persona, como puedes ir dando información y demostrando el campo de acción enfermero: el cuidado íntegro.

Mis inicios en cuidado domiciliar se dieron con una adulta mayor con enfermedad de Alzheimer, una mujer que me movió la vida desde los cimientos, haciéndome valorar el todo, el día a día de la vida, los recuerdos más que en la mente en el corazón. Con la que sufrí sus momentos de lucidez donde se percataba de su enfermedad y su pérdida de memoria que cada vez iba en aumento. Pero maravilloso el poder ser ese alguien que te ayuda a no perder valor ni dignidad como ser humano independientemente de sus capacidades físicas o cognitivas.

En esto se disfruta de todo, desde las mañanas de terapia de estimulación cognitiva hasta nuestras tardes de mariachi o tango que nos llevaban a sus recuerdos que hacían brotar lágrimas.

Recuerdo muchas noches en vela, mientras cuidaba en este turno, un hogar desconocido, espacios no propios, una habitación o silla que te acompaña, el deseo de no ser percibido, de hacer el menor ruido posible para que la familia del niño o niña o el adulto no despierte también.  Cuántos cafés muchas veces se necesitan y el sueño que empieza a invadir, lo peleó con libros, música y caminatas dentro de la sala. Y por la mañana ver rostros descansados cuando ya tu hora de salida llegó.

Pero hay tareas más breves como las visitas de administración de medicamentos, sea subcutáneos, intramuscular o intravenosos; donde percibo como el llegar es el momento oportuno para que los familiares aprovechen a liberar de sí dudas, consultas o situaciones que han experimentado en su día de cuidado y ser ese educador en casa es satisfactorio.

Las visitas para curar también tienen lo suyo, es muy positivo ir día a día y poder ir evidenciando la curación y ser parte de ese retorno  de una persona en sus actividades de la vida diaria. Toparla en el camino, o recibir mensajes de esta o su familia para contar sobre sus avances es hermoso.

Mas claro, no todo termina en alegría o regocijo; he evidenciado el deterioro de la persona hasta el fin de esta vida. Intentando ser bastón de apoyo firme en las necesidades físicas, emocionales y espirituales de la familia y de la persona cuidada. En donde claro no puedo negar el sentimiento que se vive y el duelo que uno mismo llega a vivir.

Y como voluntaria en hogares donde no pueden pagar mis servicios te hacen ver este llamado de la vocación y del conocimiento unido para el bienestar de todos. Lo cual es lo que más disfruto y mi búsqueda constante.

Sin más que decir, mi profesión ejercida a domicilio es una maravilla. Puedo expresar que la visita a domicilio es una tarea que deseo la seguridad social pueda fortalecer en sus servicios, ya que es imprescindible para la salud.

Erika Murillo – Una enfermera escribe

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