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OCTUBRE 2018 N° 4 Volumen 8

Práctica reflexiva en Enfermería y humanización del cuidado

Sección: Editorial

Autores

Dra. Olivia Sanhueza Alvarado

Enfermera. Dra. en Enfermería de la Universidad de Sao Paulo, Brasil. Especialista en Cuidados Intensivos, Magister en Enfermería de la Universidad de Concepción. Profesora Titular, Directora Departamento del Adulto y Adulto Mayor, de la Facultad de Enfermería, Universidad de Concepción, Chile. Vocal de Investigación de la Asociación Latinoamericana de Escuelas y Facultades de Enfermería (ALADEFE).

Así como el mundo actual es atravesado periódicamente por diversas crisis, económicas, políticas, sociales, ambientales, etc., así mismo pareciera que la praxis de Enfermería está atravesando una nueva crisis, que deriva tanto de la formación como del modelo asistencial actualmente en aplicación. No se trata de la emergente propuesta de la OPS (1) sobre ocupar otros espacios, que es de lo que trata la Enfermería de práctica avanzada, que ha desencadenado debate y reflexión en el conglomerado de Enfermería de la Región de las Américas respecto a: la incorporación de nuevos perfiles, la evaluación de la formación profesional, la ponderación de los aspectos legales de la praxis, entre otros elementos de discusión, que han permitido visualizar un futuro rol donde este profesional de practica avanzada podría tener cabida. Tampoco es la crisis relativa al bajo número de enfermeras/os profesionales por habitante, tema álgido en que los ministerios e instituciones de salud han propuesto diversas estrategias, ninguna de las cuales ha logrado dar solución concreta a este importante y transcendental problema de salud relacionado a la falta de recursos humanos de Enfermería para la población. No es la pérdida de espacios y de autonomía en el ámbito hospitalario y comunitario, originado en parte en “deficientes condiciones laborales y políticas de contención de gastos –que coartan la autonomía profesional” (2); o en el ámbito hospitalario donde “la aparente seguridad tecnológica y la estructura del hospital limitan su autonomía profesional” (3). Este fenómeno aparece cada cierto tiempo en el horizonte de la Enfermería, haciendo que se mire al pasado, hacia Florence Nigthingale, y se planteen argumentos de las razones del porqué, si quedaron asentados ambos principios hace casi un siglo y medio atrás -el ejercicio del rol en espacios propios y autónomos, inserto en la sociedad y con independencia de otros profesionales-, el tema reaparezca una y otra vez, haciendo aún más complejos los escenarios de salud para Enfermería. La crisis actual se refiere al desempeño laboral, que viene evidenciándose en forma cada vez más creciente y que ha sido expuesto en varios estudios, referido al impacto de la rutina en la praxis de Enfermería, y que puede traer repercusiones para la esencia misma de la praxis profesional, constatado a través del alejamiento de las/os enfermeras/os de la interacción con el paciente, comprometiéndose solo con el cumplimiento de acciones médico-delegadas, lo que contribuye a su invisibilización (4); llevando a una práctica en la cual predominan las acciones rutinarias guiadas por protocolos (5), hallazgos coherentes con Lopera et al. (4), en el cual las/os enfermeras expresan que un trabajo solo guiados por protocolos se puede convertir en una rutina, acomodándose a exigencias basadas en pautas de desempeño y no a su criterio profesional. Lo anterior se potencia con el no uso del proceso de Enfermería como una herramienta de trabajo que permite el pensamiento reflexivo, el que representa un escudo frente a la mecanización de los procesos. Como factores determinantes para la escasa aplicación del proceso se ha expuesto: la falta de tiempo, la dedicación a la administración de medicamentos, el menor tiempo para el ejercicio profesional y el conocimiento deficiente sobre el proceso y, en el caso de los estudiantes, su dificultad para entablar un juicio crítico sobre el proceso de salud-enfermedad de los sujetos de cuidado, asociado desafortunadamente al uso exiguo en las instituciones prestadoras de salud (5). El alejamiento de la interacción enfermera-paciente va unido a la baja capacidad de empatizar con el que sufre, lo cual en conjunto se podría convertir en una amenaza a la cualidad que distingue a la Enfermería, la humanización del cuidado; impidiendo la comprensión del rol de este profesional en la sociedad y, de paso también, la consolidación de la praxis enfermera en el ejercicio humanizado y reflexivo del cuidado de Enfermería. Lo anterior obedece a variadas razones, una de las cuales tiene que ver con la hegemonía del modelo biomédico asentado en las instituciones de salud, que sigue imperando a pesar de los importantes avances y cambios producidos en los modelos de salud hacia la promoción y prevención de la salud en muchos países de la región Iberoamericana, originando una práctica desarticulada, inconexa, deshumanizada, modelo que al conglomerado de la Enfermería le ha sido difícil penetrar, para imprimir su sello humanizador y reflexivo en el ejercicio del cuidado. Otra razón es la alta carga laboral que ha obligado a las enfermeras/os a dedicar menor tiempo al cuidado, provocando sentimientos de culpa, agotamiento y estrés (4). La necesidad de mejorar este desempeño rutinario, mecanizado, irreflexivo, ha de plantearse y originarse en el ámbito formador para que pueda expandirse hacia la práctica asistencial. Algunos autores han propuesto que la gestión de la práctica en salud, y especialmente en Enfermería, debe orientarse en la perspectiva del pensamiento complejo, puesto que esta exige la discusión sobre la diversidad humana, el diálogo en el equipo de salud y los actores sociales, reconociéndose las igualdades y diferencias biológicas, sociales, culturales y políticas (6), lo que permitiría rescatar la complejidad y diversidad del ser humano durante la interrelación que se produce al proporcionar cuidado de Enfermería. Como ciencia joven, la Enfermería lucha día a día por expandir y consolidar un conocimiento propio, que ha desarrollado por medio de la aplicación de teorías y modelos. Las teorías más recientes han valorizado lo social, lo psíquico y lo político en el cuidado de la salud (7). Las escuelas de Enfermería entregan una formación altamente calificada y al mismo tiempo innovadora, exigente, adecuada a los tiempos. Sin embargo, considerando la multidimensionalidad de la práctica enfermera, es necesario fortalecer esta formación, a través de la aplicación del pensamiento reflexivo-critico. Este se enmarca en un tipo de pensamiento complejo, que no separa, que surge cuando el “pensamiento simplificador mutila y produce ceguera de la realidad y de los fenómenos” (6) de salud, en este caso. La práctica de Enfermería como práctica reflexiva tiene que ser contextualizada y considerar los antecedentes pasados y futuros, que revelen las características y necesidades de la persona que está a su cuidado. La praxis reflexiva de la Enfermería es aquella que permite utilizar su criterio profesional, así como sus herramientas de valoración, lo que deriva en un cuidado individualizado y humanizado, que toma en cuenta la integralidad de la persona. El humanismo, por su parte, no es algo que se dé de manera espontánea en los profesionales, sino que ha de ser enseñado y practicado. Muchas universidades han incluido el pensamiento crítico-reflexivo entre las competencias generales que un/a estudiante de Enfermería debe incorporar, el cual le permitiría comprender y ejercer este tipo de práctica. La dificultad está en justamente cómo en la formación de pregrado de Enfermería se logra “dotar” o formar a un estudiante en este tipo de pensamiento. Gordon de Isaacs (8) creó un modelo basado en el constructivismo como teoría del aprendizaje, que probó dar resultados en los estudiantes de Enfermería, resaltando la participación docente en la enseñanza como facilitadora y como modelo humano. El docente como facilitador interactúa con los estudiantes a través de clases dialogadas, cuestiona y permite que se le cuestione, retroalimenta para aclarar los conceptos y puede dirigir el debate que surge del trabajo del grupo. Como modelo humano es fundamental una entrega sensible, llevar ejemplos y problemas de la vida real de Enfermería al aula, introduciendo y discutiendo situaciones clínicas que lleven al estudiante a la reflexión sobre la realidad que vive, al análisis y al cuestionamiento. Utilizando un pensamiento crítico-reflexivo y basado en teorías de Enfermería que consideren la complejidad e integralidad del ser humano, el estudiante podrá encontrar, individual y grupalmente alternativas integrales de solución a los problemas identificados. Es necesario que se incorpore transversalmente en los planes curriculares, teorías de Enfermería que permitan al estudiante comprenderse y sensibilizarse como ser humano integral, desde el primer nivel de formación, de forma que lo habilite para ejercer un cuidado no fracturado en normal/patológico; o en lo físico por un lado y lo psicológico-espiritual-sociocultural por otro. Entregando, por fin, un cuidado integrador y humanizado.

Bibliografía

  1. Organización Panamericana de la Salud. Ampliación del rol de las enfermeras y enfermeros en la atención primaria de salud. Washington: OPS; 2018.
  2. Tapp D, Stansfield K, Stewart J. La autonomía en la práctica de enfermería. Aquichán [internet]. 2005 Oct [citado 8 sep 2018]; 5(1):114-27. Disponible en: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1657-59972005000100012&lng=en
  3. Stein-Backes D, Lorenzini-Erdmann A, Büscher A. Evidenciando o cuidado de enfermagem como prática social. Revista Latino-Americana de Enfermagem [internet]. 2009 [citado 8 sep 2018]; 17(6). Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=281421912010
  4. Lopera Betancur MA, Forero C, Paiva LE, Cuartas VM. El quehacer cotidiano de la enfermera significa soportar la carga. Rev Cuid. [internet] 2016 [citado 8 sep 2018]; 7(2):1262-70. Disponible en: https://www.revistacuidarte.org/index.php/cuidarte/article/view/320%3B
  5. Gutiérrez Lesmes. Factores que determinan la aplicación del proceso de enfermería en instituciones hospitalarias de Villavicencio Colombia, 2008. Revista Avances de Enfermería 2009; 27(1):60-8.
  6. Copelli FHS, Oliveira RJT, Oliveira CMS, Meirelles BHS, Mello ALSF, Magalhaes ALP. O pensamento complexo e suas repercussões na gestão em enfermagem e saúde. Aquichan. 2016; 16(4):501-12.
  7. Nascimento LC, Oliveira FCS, Santos TFM, Pan R, Flória-Santos M, Alvarenga WA. Atenção às necessidades espirituais na prática clínica de enfermeiros. Aquichan. 2016; 16(2):179-92.
  8. Gordon de Isaacs L. Patrones de pensamiento crítico en alumnos post exposición a un modelo de enseñanza integrado a enfermería. Invest. Educ. Enferm [internet] 2010 [citado 8 sep 2018]; 28(3):363-9. Disponible en: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-53072010000300007&lng=es&nrm=iso