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JULIO 2020 N° 3 Volumen 10

Seguridad de la atención en tiempos de pandemia, una mirada desde enfermería

Sección: Editorial

Autores

Naldy Febré

Magíster en Enfermedades Infecciosa y Parasitarias. Doctora en Ciencias de la Salud. Profesora Titular.
Integrante del Claustro del Doctorado en Ciencia de Enfermería. Facultad de Enfermería.
Universidad Andrés Bello. Santiago Chile.

Contacto:

Email: naldy.febre@unab.cl

El SARS-CoV-2, en meses, ha superado las expectativas de todos los sistemas de salud, produciendo un gran impacto sanitario y socioeconómico en el mundo (1). Lo anterior desafió a las instituciones sanitarias mundiales a desarrollar estrategias de mitigación y reorganización de las atenciones, tales como, capacitar a trabajadores de salud, mejorar sistemas de vigilancia, reconvertir camas para ampliar cuidados críticos, aumentar el número de ventiladores mecánicos, proveer equipos de protección personal (EPP) a los funcionarios de salud, traslado de pacientes, entre otros; todo con miras a reducir el profundo impacto de la pandemia y brindar atención segura y de calidad a los pacientes infectados (2).

La COVID-19 es una enfermedad altamente contagiosa, la transmisión del virus relacionada a establecimientos sanitarios sigue siendo una gran amenaza para los trabajadores de la salud (3), en especial para los profesionales de enfermería, quienes representan el grupo ocupacional más grande de la fuerza de trabajo de salud (59% del total), entregando el mayor porcentaje de atenciones en todos los niveles del cuidado en salud (4). Este mayor involucramiento en los procesos de asistencia sanitaria de los enfermeros/as permite que estos profesionales, por su mayor cercanía con los pacientes, se encuentren en la primera línea de atención y, por lo tanto, son más susceptibles de infectarse por COVID-19 (3).

Dada la elevada vulnerabilidad a COVID-19 de los profesionales de enfermería se hace necesario contar con protocolos específicos para reducir el riesgo de infección en este grupo, durante las interacciones con pacientes con COVID-19 positivos. Los principales protocolos de acción debieran estar orientados a: 1) Proporcionar educación y capacitación intensa para enfermeras/os; 2) Definir la relación enfermera/o-paciente adecuada; 3) Establecer un horario de turnos razonables y seguros; 4) Entregar elementos de protección personal adecuados; y 5) Proporcionar asesoramiento psicológico (3).

Uno de los tópicos centrales a incluir en contextos de educación y capacitación dirigida a enfermeras/os y personal de enfermería en tiempos de pandemia debe incluir aspectos esenciales como:

  • Aspectos de supervivencia y estabilidad del virus: SARS-CoV-2 puede permanecer en el ambiente por horas o días (promedio de siete días con capacidad de ser infectante) dependiendo de la superficie y de las condiciones ambientales.
  • Limpieza y uso de desinfectantes: el nuevo coronavirus se inactiva con facilidad con el uso de desinfectantes de bajo nivel, entre los cuales se encuentran el hipoclorito de sodio a concentraciones de 1.000 ppm y amonio cuaternario de IV y V generación; sin embargo, es importante recordar la máxima en aseo y desinfección en salud, que indica que antes de la utilización sobre superficies inertes de desinfectantes de bajo nivel, la limpieza de superficies con agua y jabón es perentoria y fundamental, pues en caso contrario el desinfectante no tendrá efecto sobre el SARS-CoV-2.
  • Higiene de manos (HM): es una estrategia clave para evitar la propagación del virus SARS-CoV-2 (1). Dos son los tipos de HM: lavado clínico de manos e higienización alcohólica, esta última es considerada una variable crítica para limitar la transmisión de SARS-CoV-2, dada la eficacia de soluciones de base alcohólica en la inactivación del virus (5). En época de pandemia, el personal de salud debe realizar higiene de las manos antes y después de todo contacto con el paciente, contacto con material potencialmente infeccioso y antes de ponerse y después de quitarse el EPP, incluidos los guantes. La higiene de las manos, después de quitarse el EPP, es particularmente importante para eliminar cualquier patógeno que pueda haberse transferido a las manos desnudas durante el proceso de retiro. Si las manos están visiblemente sucias, siempre se ha de realizar la técnica de lavado de manos clínico. Los establecimientos de atención médica deben garantizar que los suministros de higiene de manos estén disponibles para todo el personal en cada lugar de atención.
  • Durabilidad y condiciones de uso de EPP: según modelos de estimación de insumos calculados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) se necesitan 89 millones de mascarillas médicas al mes para responder al COVID-19. En el caso de los guantes de procedimiento, esa cifra asciende a 76 millones, mientras que la demanda internacional de gafas de seguridad o protectores faciales se sitúa en 1,6 millones al mes. En este contexto de alta demanda, la OMS sugiere emplear los EPP de forma racional y apropiada en los entornos sanitarios, y gestionar de modo eficaz la cadena de suministros (6). Es así entonces, que se requiere compromiso de los empleadores para seleccionar y proporcionar adecuadamente EPP al personal de salud, decisiones que estarán basadas en evidencia científica. El personal de salud tiene que recibir capacitación y demostrar su comprensión, devolviendo la técnica, para enfatizar en “el uso seguro de EPP”. El equipo de EPP considera uso de mascarilla quirúrgica, antiparras o protectores faciales, delantal impermeable de mangas largas y guantes de procedimiento. Se ha de utilizar respirador N-95 o similar en lugar de una mascarilla quirúrgica, cuando se realizan procedimientos que generen aerosoles (intubación endotraqueal, inducción de esputo, succión abierta de las vías respiratorias, administración de medicamentos nebulizados, kinesioterapia respiratoria, fibrobroncoscopía, médicos que realizan necropsias, entre otras) (7).

La OMS insiste en la importancia de destinar las mascarillas médicas y los respiradores tipo N95 o similares de manera prioritaria a los trabajadores sanitarios (8). Dada los escases en el mundo de EPP, la OMS y varios Misterios de Salud han recomendado aplicar el uso extendido de EPP, además de reprocesamiento de respiradores tipo N959 o similares, solo en casos en que el sistema sanitario local no pueda asegurar el abastecimiento de suministros para 30 días y esta recomendación es solo aplicable para esta pandemia.

En relación a la dotación de enfermería en tiempos de pandemia es relevante destacar la importancia de la experiencia que se requiere para el manejo de cuidado de personas críticamente enfermas, factor que no solo asegura calidad en la atención brindada, sino también impacta directamente en la mortalidad de los pacientes y la ocurrencia de eventos adversos. En Chile, la División de Enfermería de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva (DESCHMI) (10) recomienda para unidades críticas en esta emergencia sanitaria, un ratio de un enfermero/a por tres pacientes (1:3) como máximo. En esta línea se enfatiza fuertemente que la anterior relación debe considerar la gravedad y el nivel de soporte requerido por los pacientes, considerando que el ratio de profesional/paciente ha de ser de 1:1 en casos como soporte extracorpóreo (ECMO), terapia de sustitución renal, entre otras situaciones especiales. Actualmente los hospitales en el ámbito mundial se han visto obligados a reconvertir unidades de menor complejidad para la atención de pacientes críticos COVID-19, lo que ha aumentado la necesidad de enfermeras/os especialistas en cuidados críticos, sugiriendo asignación de un profesional especialista o con experiencia en UCI, con el objetivo de reforzar al equipo de enfermería en estas áreas; recomendando que uno de cada tres enfermeros/as cuente con la expertiz en cuidados críticos. Además, se enfatiza la necesidad de asignar a un enfermero/a senior, en el rol de jefatura técnica asistencial, que asegure la calidad del cuidado de pacientes críticos (10).

Otro de los aspectos relevantes que enfrentan los profesionales de enfermería en contextos de pandemia es el agotamiento físico y mental, dificultades en la toma de decisiones y ansiedad por el dolor de perder pacientes, colegas; además del riesgo de infección y la posibilidad de trasmisión a sus familiares (7), es por lo anterior, que la obligación de los empleadores es brindar a sus trabajadores cuidados físicos y mentales, respetando sus derechos fundamentales (11).

El Consejo Internacional de Enfermeras (CIE), el 6 de mayo del presente año, puso de manifiesto que, en el ámbito local y mundial, no existe un registro sistemático de datos que permita la obtención de tasas de infección y letalidad en trabajadores de salud, especialmente en enfermeros/as. En la ausencia de estos datos es imposible estructurar programas de prevención y control de salud laboral, lo que aumenta fuertemente el peligro de los profesionales enfermeros, pacientes y equipo de salud de contraer la infección. De acuerdo a información reunida por el CIE se sugiere que hasta el 3 de junio de 2020 al menos 90.000 trabajadores de la salud han sido infectados y más de 600 enfermeras han muerto a causa del COVID-19 (12).

Es por lo anteriormente señalado, que en el mundo se debe invertir en investigaciones que permitan conocer la epidemiología de COVID-19 como enfermedad laboral, en el equipo de salud y especialmente en enfermería, para establecer si las medidas aplicadas durante esta pandemia lograron el objetivo de prevenir y controlar la letalidad de este virus, definiendo la credibilidad y preocupación de los tomadores de decisiones en el ámbito mundial, por los enfermeros que sacrifican su propia seguridad al brindar un cuidado de calidad a la población infectada por SARS-CoV-2.

Finalmente es importante destacar que, a lo largo de la historia, el personal de enfermería siempre ha estado en primera línea en la lucha contra las epidemias y pandemias que amenazan la salud mundial, igual que sucede hoy. En este año 2020, donde se celebra el bicentenario del nacimiento de Florence Nightingale, enfermeras de todos los lugares del mundo están demostrando su compasión, valentía y coraje en la respuesta a la pandemia de COVID-19; nunca antes se había puesto más claramente de relieve el valor social de este gremio. Es necesario entonces estar atentos a las necesidades y desafíos planteados en este artículo, para asegurar no solo una atención de calidad de los pacientes sino también el propio bienestar del equipo de enfermería.

La autora agradece a los investigadores Macarena Chepo, enfermera, Magíster en Salud Pública, Doctora en Salud Pública, Académica integrante del claustro del Doctorado en Ciencia de Enfermería; y a la doctora en Enfermería Katherine Mondaca, ambas académicas de la Facultad de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, por su valiosa colaboración en la estructuración del presente artículo.