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Aladefe

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ENERO 2013 N° 1 Volumen 3

El trabajo en equipo como modalidad de enseñanza-aprendizaje

Sección: Originales

Autores

1Gloria Ángel Jiménez, 2Ana María Pareja Cadavid, 3Kelly Vanessa Puerta Lasprilla

1Investigador Principal. Magister en Desarrollo. Docente Titular. Facultad de Enfermería. Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín

Contacto:

Email: gloria.angel@upb.edu.com

Resumen

Objetivo: identificar las características del trabajo en grupo desarrollado por los estudiantes de Enfermería de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín (Colombia).
Metodología: mediante un estudio descriptivo se estudiaron las características del grupo, el trabajo realizado, el proceso y su dinámica, y el carácter de las sesiones. Se aplicó una encuesta a una muestra de 270 estudiantes. La información se procesó en Epi Info (versión 3.5.1) y tuvo un análisis estadístico-descriptivo.
Resultados: el 85,9% realizó actividades de planeación; el 86,7% acordó normas de trabajo; el 74,8% tuvo un líder; el 65,6% tomó las decisiones en conjunto; el 74,8% valoró positivamente el ambiente de trabajo; el 94,1% tuvo sentimiento de logro de las metas y el 91,1% manifestó satisfacción con las actividades realizadas.
Conclusión: los estudiantes desarrollan un trabajo en grupo que puede valorarse de forma positiva; sin embargo, es necesario reforzar aspectos puntuales de éstos y fortalecer su componente cooperativo.

Palabras clave:

trabajo en equipo; educación en enfermería dinámica de grupo

Title:

Teamwork as a modality of teaching and learning

Abstract:

Objective: To identify characteristics of teamwork developed by students of nurse from the Universidad Pontificia Bolivariana Medellín, Colombia.
Methodology: The general characteristics of the group, work done; process and the dynamic of it and the character of the group sessions were examined through a descriptive study. A survey had a sample of 270 students. The information was processed using Epi Info version 3.5.1 and had a descriptive statistical analysis.
Results: 85.9% of the teams developed planning activities; 86.7% made agreements for initial norms; 74.8% had a leader; 65.6% took groupal decisions; the work environment was good in 74.8% of the cases; 94.1% had a feeling of achievement of the goals and 91.1% expressed satisfaction with undertaken activities.
Conclusion: students who developed teamwork could be valued in a positive way. However, it is necessary to reinforce specific aspects of this work and strengthen the cooperative component.

Keywords:

nursing education; Group structure in nursing educationTeamwork

Portugues

Título:

O trabalho de equipe como modalidade de ensino e aprendizagem

Resumo:

Objetivo: identificar as características do trabalho de equipe desenvolvido pelos estudantes de Enfermagem da Universidade Pontifica Bolivariana de Medellin (Colombia).
Metodologia: mediante um estudo descritivo foram estudas as características do grupo, trabalho realizado, processo e dinâmica do mesmo e caráter das sessões. Foi realizado um inquérito com uma amostra de 270 estudantes. A informação foi processada através de EPI Info (versão 3.5.1) tendo por base uma analise estatística descritiva. 
Resultado: 85.9% realizaram as atividades de planejamento; 86.7% acordaram as normas de trabalho: 74.8% encontraram um líder: 65.6% tomou as decisões em conjunto; 74.8% valorizou positivamente o ambiente de trabalho; 94.1% manifestou um sentimento de realização das metas; e 91.1% manifestou satisfação na realização das atividades. 
Conclusão: os estudantes desenvolveram as atividades em grupo de forma positiva, no entanto, é necessário reforçar alguns aspectos pontuais e fortalecer a componente cooperativa. 

 

Palavras-chave:

educação em enfermagem; estrutura de grupo em ensino de enfermagemprocessos de grupo

INTRODUCCIÓN

El trabajo en grupo, en el contexto educativo, es una modalidad de enseñanza-aprendizaje que busca que los estudiantes desarrollen actividades concretas en grupo y de forma cooperativa.

Su importancia radica en el impacto que esta modalidad tiene en términos de aprendizaje, pues es una estrategia que aporta al desarrollo de diversas competencias de orden intelectual y social importantes para la vida y el trabajo (1); de manera especial, favorece la formación de actitudes y valores, como la actitud de escucha, la tolerancia y la apertura, entre otras (2).

Por otro lado, se sabe que actualmente el mundo necesita profesionales que tengan la competencia para trabajar en equipo, dado que esta modalidad de trabajo crea sinergia, compromiso y desarrollo de los empleados. Además, aumenta la comunicación entre los niveles de la organización, la eficiencia en la toma de decisiones, la flexibilidad ante los cambios y la creatividad (3-6). En el campo de la enfermería este tipo de trabajo es esencial, pues el cuidado es una labor de grupo y de la coordinación entre sus miembros depende la calidad del mismo. Es por esto que los profesionales deben comprender el real significado de un equipo, saber actuar en ellos y ser capaz de dirigirlos (7).

Pese a la importancia que tiene esta modalidad de aprendizaje, se ha observado que esta actividad no reúne siempre los criterios que debe cumplir para constituirse en un verdadero trabajo en equipo y, a la vez, para alcanzar los objetivos de aprendizaje establecidos o la competencia como tal. En el contexto académico el término «trabajo en equipo» se ha utilizado, con frecuencia, para describir metodologías de enseñanza-aprendizaje diversas y en algunas de ellas el énfasis ha estado en la sola existencia del grupo de personas y no en lo que estas hacen y cómo lo hacen (1).

Es necesario implementar estrategias que permitan fortalecer el trabajo en equipo en el ámbito educativo y orientarlo hacia un verdadero trabajo cooperativo. Esta es una modalidad de enseñanza-aprendizaje grupal que privilegia los siguientes aspectos: la interacción con otras personas y la ayuda continua y permanente entre ellas; el aporte de los conocimientos, capacidades, habilidades y destrezas propias a favor del enriquecimiento del otro para el logro de un objetivo común; la expresión de ideas y el debate sobre las mismas entre las personas; la resolución conjunta de los problemas que se presenten; la coordinación de tareas que conlleven responsabilidades; y la consolidación de un resultado final; todo esto, en un clima de confianza y respeto (8-10).

Para que el aprendizaje cooperativo sea efectivo es necesario que haya interdependencia positiva entre sus miembros, responsabilidad individual, interacción cara a cara, habilidades y destrezas de cooperación y evaluación de los resultados y del proceso del grupo. Estos constituyen los componentes esenciales del trabajo cooperativo, los que permitirán alcanzar los objetivos de aprendizaje establecidos (1).

Para fortalecer el trabajo en equipo en el ámbito educativo se requiere desarrollar investigaciones que contribuyan a identificar las fortalezas y debilidades del mismo en contextos específicos de aprendizaje. Por este motivo se propuso la presente investigación, que tuvo como objetivo identificar las características del trabajo en equipo que desarrollan los estudiantes vinculados a la Facultad de Enfermería de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín (Colombia).
 
MATERIAL Y MÉTODO

Tipo de estudio: se desarrolló un estudio cuantitativo de tipo descriptivo.

Variables: se midieron variables relacionadas con el perfil del grupo y del trabajo realizado; las características relacionadas con el proceso y la dinámica de trabajo; y la forma en que se desarrollaron las sesiones grupales.

Población y muestra: la población estuvo constituida por la totalidad de los estudiantes matriculados a la fecha del estudio en la Facultad de Enfermería de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. De estos se estudió una muestra de 270 estudiantes, los que aceptaron participar voluntariamente. La muestra correspondió a un 85,7% de la población.

Técnica e instrumentos: se aplicó una encuesta que contenía las variables de interés, la cual se sometió previamente a una prueba piloto.

Recolección de la información: se solicitó la autorización de la Facultad de Enfermería y del Comité de Ética. Luego se procedió a concertar con los coordinadores académicos el espacio para recolectar la información. Previo a la recolección de la información, se les explicó a los estudiantes el objetivo del estudio y se solicitó su consentimiento. Las encuestas fueron diligenciadas por los mismos estudiantes, los investigadores estuvieron presentes para orientar la actividad.

Análisis: la información recolectada se procesó mediante el programa Epi Info versión 3.5.1. Una vez digitados los datos, se realizó una verificación y una depuración de los mismos. Posteriormente, se procedió a la tabulación y al análisis estadístico respectivo. A las variables cualitativas se les tomó la frecuencia absoluta y relativa y a las cuantitativas, el promedio y la desviación estándar.

Aspectos éticos: se consideró lo siguiente: solicitud de los permisos; consentimiento informado; participación voluntaria; información obtenida solo para los fines del estudio; y protección del derecho a la confidencialidad, mediante el diligenciamiento anónimo del formulario.

RESULTADOS
Características de los participantes
La distribución porcentual de los estudiantes, según características sociodemográficas, mostró que el 96,3% eran mujeres; el 87,8% eran solteros; y tenían una edad promedio de 22 ± 3,7 años. El 30,0% tenía algún tipo de actividad extracurricular, principalmente de tipo laboral (56,8%).

Características generales del trabajo en equipo
El sondeo por el tipo de trabajo realizado mostró que el 41,9% tenía que ver con talleres grupales, el 23,7%, con proyectos de investigación y el 17,0%, con revisiones bibliográficas. Un 16,7% referenció trabajos de diferente índole, entre ellos: la preparación de procesos educativos, la presentación de casos clínicos y el desarrollo de las prácticas como tal.

Los trabajos en equipo contemplados fueron desarrollados en todos los semestres académicos, principalmente en los siguientes cursos: investigación (14,8%), salud pública (14,1%) y gestión (10,4%).

Proceso inicial del trabajo en equipo
La conformación inicial de los equipos se realizó de manera voluntaria en el 65,2% de los casos y dirigida en el 34,4%. Los equipos contaban con dos miembros como mínimo y diez como máximo. El mayor porcentaje lo obtuvieron los equipos de cuatro personas, con un 36,3%. El 80,0% de los grupos estuvieron integrados por tres a cinco miembros. El 62,6% de los estudiantes consultados ya habían llevado a cabo otros trabajos anteriores con los mismos miembros.

El primer paso del trabajo grupal fue planear las actividades (85,9%); ponerse de acuerdo sobre las normas (86,7%), dividir el tema entre sus miembros (59,3%) y repartirse las funciones (71,9%).

Dinámica del equipo
Liderazgo: en el 74,8% de los grupos hubo existencia de un líder (Gráfico 1). Esta persona surgió de manera espontánea en el 86,1% de los casos y, de forma dirigida, en el 11,9% de ellos. El estilo de liderazgo que se dio con mayor frecuencia fue el democrático, con un 49,5%, seguido del liderazgo liberal, con un 28,2%, y luego el autocrático, con un 9,9%. Algunas de las características positivas que tuvo este líder fueron: comunicación efectiva (51,5%), relaciones respetuosas (50,0%), credibilidad (32,6%) y capacidad de convocatoria (27,8%). Se reportaron las siguientes características negativas: querer hacer todo el trabajo, perfeccionismo, toma de decisiones sin consultar, no tener en cuenta los aportes de los otros, ser impositivo.

Toma de decisiones: este proceso se desarrolló de la siguiente forma: autocrática (4,4%), conjunta por consenso (27,8%), conjunta por mayoría (37,8%), consultiva (23,7%) y delegada (1,9%).

Comunicación: esta variable fue catalogada así: participativa (87,8%), clara (87,4%), efectiva (87,4%) y asertiva (84,1%).

Relaciones: se caracterizaron por ser cooperativas (95,2%), respetuosas (94,1%), confiables (81,1%), armónicas (74,1%), cálidas (71,1%) y transparentes (69,6%).

Ambiente de trabajo: fue valorado como positivo en el 74,8% de los casos, medio en el 23,0% y negativo en el 1,9%.
Solución de problemas: un 24,1% de los estudiantes admitió que en el equipo se presentaron situaciones problemáticas, relacionadas con el compromiso (10,4%), la toma de decisiones (9,6%), la comunicación (6,3%) y las relaciones (4,4%). El 73,8% de los equipos que tuvo algún problema recurrió a la comunicación grupal para solucionarlos.

Características de las sesiones
El 81,9% celebró reuniones presenciales (Gráfico 2), las cuales se desarrollaron por motivos diversos: planeación (66,3%), desarrollo conjunto del trabajo (58,1%), puesta en común de tareas (50,0%), discusión sobre el tema (45,2%) y toma de decisiones académicas (48,5%).

En el 55,2% de los equipos hubo encuentros virtuales con fines académicos. Estos se desarrollaron para poner en común las tareas (32,2%), planear el trabajo (24,4%), tomar decisiones académicas (18,9%) y discutir sobre el tema (15,2%). Esta modalidad se empleó por las siguientes razones: falta de tiempo para reunirse e incompatibilidad horaria entre los miembros. Los medios más utilizados fueron: el correo electrónico (48,3%) y el chat (30,2%).

Los encuentros con los docentes se realizaron de forma presencial (54,8%), virtual (8,9%) o de ambas maneras (12,2%). Un 24,1% refirió no haber tenido ningún encuentro. Estos se realizaron con fines de consulta y orientación, principalmente, (57,6%) y en algunos casos para presentar los avances del trabajo (8,3%) o para presentar los resultados finales del mismo (3,9%).

Proceso final del trabajo de equipo
En el 52,2% de los equipos se llevó a cabo una evaluación durante el proceso de trabajo y en el 68,5% de ellos se hizo evaluación final. El cumplimiento de las metas trazadas fue positivo en el 94,1% de los casos. El 91,1% de los estudiantes consultados se sintió satisfecho con el trabajo realizado. En el 88,5% de los equipos todos los autores referenciados fueron partícipes del trabajo; en un 9,6% no ocurrió así.
 
DISCUSIÓN
La valoración de resultados presentados muestra que los trabajos en equipo son actividades frecuentes dentro de la formación del pregrado estudiado, dado que estos fueron desarrollados en los distintos semestres y asignaturas de la carrera. No obstante, se considera importante fortalecer su aplicación en las prácticas clínicas y de la salud pública; que en estos contextos de aprendizaje se contemplen objetivos que deban lograrse de manera individual y grupal; y se favorezca no solamente el desarrollo de competencias académicas sino también sociales, entre ellas, el trabajo en equipo.

Acerca de la organización de los grupos es importante mencionar que tanto la conformación voluntaria como la dirigida pueden ofrecer ventajas. La primera favorece el proceso inicial y el desarrollo de la actividad grupal, en especial, cuando existe conocimiento previo de los miembros del equipo; a su vez, la conformación dirigida fomenta el conocimiento de otras personas y el desarrollo de competencias, como la flexibilidad y la tolerancia. Por los beneficios que se perciben de estas modalidades se precisa que durante el proceso formativo se incluyan las dos; además, porque en la vida real del trabajo también se presentan ambas. De igual manera, se considera necesario realizar investigaciones que permitan evidenciar los efectos reales que tiene la conformación de los equipos bajo una u otra modalidad o ahondar en variables que pudieran tener efectos significativos sobre su desempeño, entre ellos, los vínculos personales previos (11).

El número de miembros de los equipos contemplados tuvo un rango amplio, ya que su conformación mínima fue de dos miembros y la máxima de diez. Este último dato ha de resaltarse debido a la dificultad que presenta la coordinación y el proceso de un grupo numeroso. En relación con esta variable, otros autores consideran que deben conformarse grupos pequeños para que los miembros tengan mayor posibilidad de tener una participación activa o para minimizar comportamientos oportunistas; aunque también admiten que debe haber un número suficiente de miembros para garantizar la diversidad y riqueza en la interacción (8,11). La cifra óptima para los equipos de trabajo en el ámbito académico oscila entre tres y cuatro miembros; Apodaca (1), por ejemplo, recomienda un número igual o superior a tres, pero inferior a ocho, y señala que probablemente el número ideal está entre cuatro y cinco.

Sobre el tema de actividades iniciales de los grupos tiene que revisarse la división del trabajo que se da entre los miembros, la cual es válida de acuerdo con los referentes conceptuales del trabajo cooperativo relacionados con el tema de la responsabilidad individual (9,10); esto significa que para el logro de los objetivos del grupo puede haber una distribución inicial de tareas. No obstante, en este trabajo deben participar posteriormente todos los miembros para que pueda haber un verdadero aprendizaje cooperativo. Esta anotación es importante, dado que en la actualidad se da la división del trabajo en muchas actividades grupales y, al final, solo uno de sus miembros o algunos pocos hacen la integración del mismo.

Los resultados relacionados con la existencia de un líder mostraron que la mayoría de los equipos contó con una persona que tuvo la función de involucrar a los miembros hacia el logro de la meta común. Si bien el surgimiento de estos líderes se dio espontáneamente con mayor frecuencia, los equipos no deben descartar la posibilidad de acordar de manera consensuada quién asume este rol en determinado momento, lo cual puede variar según las características situacionales. Esta función también debe rotarse entre los miembros del equipo para fomentar esta competencia en todos; así lo sugiere Apodaca (1) al plantear que una parte importante del aprendizaje descansa en que cada estudiante practique diversos roles y que estos sean rotatorios.

Los resultados sobre los estilos de liderazgo identificados con mayor frecuencia resaltan el estilo democrático, el cual puede ser el indicado en muchos de los casos, dado que fomenta la participación. Aun así, no queda claro por qué un gran porcentaje de los participantes admitió que en su grupo se impuso el estilo liberal, puesto que en este tipo de liderazgo está indicado, según la literatura, en grupos muy autónomos (12); el “dejar hacer”, propio de este tipo de liderazgo, puede verse también como ausencia de líder y un riesgo para el buen funcionamiento del trabajo en equipo.

El proceso de toma de decisiones se desarrolló en la mayoría de los casos de forma conjunta, ya sea por consenso o por mayoría y esto denota participación activa de sus miembros. Debe advertirse, de otro lado, que en menores porcentajes se presenta la toma de decisiones desde posturas autocráticas, lo cual puede entorpecer el buen proceso del grupo. Hambrick, citado por Iborra (4), señala que la toma de decisiones conjunta es un proceso esencial del equipo, pues fomenta el comportamiento integrador del mismo, que favorece el logro de los resultados. Este tipo de comportamiento se da cuando los miembros del grupo intercambian información, recursos y decisiones en una dinámica de interacción mutua colaborativa.

El estudio de los problemas que se presentaron y la forma cómo se resolvieron mostró que, si bien hubo problemas, estos se solucionaron por la vía de la comunicación. Los problemas de compromiso referidos deben atenderse de manera especial, porque este tipo de situaciones afecta de manera significativa el ambiente y proceso colaborativo del trabajo. Este tipo de problema también se ha documentado en otros estudios, como por ejemplo, en el realizado por Molano (8); donde un 64% de los participantes admitió que no hubo una adecuada distribución de roles al trabajar en grupo, es decir, mientras unos realizan el trabajo, otros no aportan nada.

Lo anterior orienta la discusión hacia la interdependencia positiva, elemento esencial del trabajo cooperativo. Para que esta característica se dé son necesarios los esfuerzos de todos los miembros del grupo; estos deben ser conscientes de la importancia de la contribución individual y responsable para el logro de los objetivos planteados. La interdependencia positiva se da y está correctamente estructurada cuando los miembros del grupo saben que todos tienen que alcanzar los objetivos de aprendizaje, no unos pocos; por lo cual la contribución de cada uno de los miembros es fundamental (9,10).

Los resultados relacionados con la dinámica de los grupos remiten la discusión a otro elemento básico del trabajo cooperativo: destrezas para el trabajo en equipo, el cual hace alusión a las habilidades sociales necesarias para hacer efectivo el trabajo, tales como: liderazgo, toma de decisiones, comunicación, resolución de conflictos, construcción de la confianza, entre otras. Expertos en este tema consideran que al trabajar en grupo, los estudiantes tienen un compromiso con la tarea y, a la vez, el deber de funcionar efectivamente como un grupo y para esto es necesario prepararse. Esto sugiere la necesidad de incorporar las habilidades sociales que se requieren para trabajar bajo esta modalidad como objetivos de aprendizaje en sí mismos (9,10).

La forma en la que se desarrollaron las sesiones grupales en los grupos muestra una tendencia hacia los encuentros virtuales, aunque sin dejar de lado los presenciales. Actualmente, la virtualidad es una opción importante para el desarrollo del trabajo en equipo debido a las ventajas que ofrecen las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC). Su importancia se resalta, aún más, cuando los miembros tienen poca disponibilidad de tiempo para las reuniones presenciales por motivos laborales, lo cual se presenta en un buen número de estudiantes en la facultad en cuestión.

El trabajo presencial también ofrece ventajas que deben considerarse a la hora de trabajar en equipo; la principal es que refuerza la interacción cara a cara, elemento central del trabajo cooperativo. Este hace referencia a la necesidad de promover la interacción entre los integrantes del grupo porque el desa­rrollo de la tarea implica un intercambio continuo y directo entre los miembros. La dinámica interpersonal cara a cara se da mediante actividades diversas, entre ellas: dar explicaciones orales con relación a cómo resolver problemas; explicar un determinado concepto a los demás o discutir sobre el tema que se está trabajando. Esta dinámica favorece la formación de competencias cognoscitivas y sociales (9,10).

Además de resaltar las ventajas que pueden tener las TIC para desarrollar actividades grupales, debe advertirse que con frecuencia se hace un mal uso de estas al emplear el correo electrónico como medio para enviar el trabajo asignado a la persona responsable de consolidarlo sin cooperación alguna. Para que haya un verdadero trabajo en equipo a través de la red es necesario considerar actividades virtuales sincrónicas, como la comunicación a través de un chat, acompañadas de actividades asincrónicas, como lo son los foros de discusión.

El papel que cumple el docente cuando se ha optado por una modalidad de aprendizaje grupal cooperativo es fundamental. La presente investigación no ahondó en la función de los docentes, sin embargo, permitió conocer los motivos por los cuales hubo encuentros con ellos, entre los que figuran las actividades de consulta u orientación. El despliegue de esta modalidad de trabajo exige del docente la asunción de diversos roles, entre ellos, el de facilitador, modelo, monitor y observador; este debe orientar la actividad al inicio, estar disponible para asesorar al grupo durante el desarrollo del trabajo, hacer seguimiento; intervenir en conflictos y evaluar con el grupo los resultados obtenidos (1). Todo ello implica que el docente tenga disponibilidad y cumpla un papel activo en estos casos.

Los resultados permitieron evidenciar la evaluación como otro de los aspectos que amerita un análisis más detallado, puesto que en un buen porcentaje de los grupos fue limitada. Expertos en el trabajo grupal cooperativo muestran la importancia que tiene la reflexión grupal con fines evaluativos para retroalimentar el proceso. Esta actividad debe realizarse de principio a fin; al inicio, para valorar las competencias cooperativas básicas del grupo y determinar si es necesario introducir actividades de entrenamiento previas; durante la ejecución, para evaluar los aspectos procedimentales del trabajo, cómo han respondido los miembros a las responsabilidades y cómo va el cumplimiento de las metas, todo esto para decidir si es necesario plantear acciones de mejoramiento; al final, para valorar los resultados o productos del trabajo; los procesos que se llevaron a cabo y las competencias de interacción alcanzadas (1).

En concordancia con lo anterior, la evaluación ha de considerar además del producto o los resultados, el proceso; de igual manera, debe valorarse no solo lo conceptual sino también lo actitudinal. Este último componente merece atención especial dada la importancia de la colaboración, la responsabilidad, el diálogo, el respeto y la tolerancia en el trabajo en grupo (4,9,10,13). La actividad de autoevaluación y la evaluación por pares es también importante. Molano (8) recomienda que el grupo tenga un espacio donde cada integrante evalúe su trabajo, el desempeño de su función y su aporte al grupo, así como que todos sean evaluados por los demás compañeros.

El tema de la autoría de los trabajos es el otro aspecto del proceso final que muestra la necesidad de ser discutido en la medida que los resultados mostraron un porcentaje bajo, aunque significativo, de equipos que referencian autores que no participaron en el trabajo.

Esta situación demanda una reflexión ética amplia con los estudiantes ya que no es adecuado considerar en un trabajo una persona que no participó, como tampoco está bien que un miembro se deje incluir sin haber participado. En este último caso, la persona incurre en dos faltas, el incumplimiento de las responsabilidades que tenía como miembro y aceptar pasivamente la autoría correspondiente.

Del estudio se concluye que los estudiantes desarrollan un trabajo en equipo que puede valorarse de forma positiva, dado que muchas de las variables mostraron dicho comportamiento. Se hace necesario, sin embargo, fortalecer algunos tópicos del trabajo grupal y orientarlo según la teoría del aprendizaje cooperativo. Para alcanzar este objetivo será importante desarrollar una labor conjunta con toda la comunidad académica, pues se requiere de un trabajo intencionado a nivel curricular que promueva el desarrollo de actividades de este tipo que tengan como fin no solo favorecer aprendizajes específicos, sino también la competencia de trabajo en equipo como tal.

 

Bibliografía

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