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Revista Matronas

Revista Matronas

DICIEMBRE 2018 N° 3 Volumen 6

Hay cosas que los años no cambian...

Sección: Editorial

Autores

Rosa Mª Plata Quintanilla

Directora de Matronas Hoy

Hay muchas señales en el ambiente que nos anuncian el final del año 2018 y eso, en esta redacción, supone cerrar el último número del año y hacer balance de las cosas que en la profesión nos inquietan y están por resolver.

Desgraciadamente, las circunstancias, a tenor de la modificación del decreto de prescripción enfermera, me pondrían una vez más en la tesitura de hablar de este tema de hondo calado para el desempeño de las matronas en particular y de la enfermería en general, del que a lo largo de más de una década de proceso, exactamente desde 2005 que se inició con los debates para la elaboración de una nueva ley del medicamento, venimos sufriendo y no precisamente en silencio. Han sido años para las matronas de expectativas, de desilusiones, de engaños y traiciones, de incomprensión, de vivir con la pesadumbre de no sentirnos representadas; mientras, año tras año, aceptando la responsabilidad de representar a la profesión en la Asociación Española de Matronas (AEM), enviando informes para pedir modificaciones que, a las claras, dentro del marco de nuestras competencias reconocidas en el espacio UE, eran de derecho.

No quiero hoy centrarme en este tema porque ya lo hemos tratado en tres ocasiones en esta revista, y como he dicho, la AEM lleva sobre sus hombros la fatiga de trece años aportando lo que en justicia y por derecho entiende que se debe considerar para que la prescripción de las matronas sea una realidad. Tampoco quiero incidir porque creo personalmente que a este decreto le queda "cuerda para rato" porque como siempre que las cosas no se hacen de forma desinteresada, justa y poniendo el interés general por encima del particular, salen mal. Opino que lo único que se ha hecho con esta modificación es lo que coloquialmente decimos "salvar los muebles", esa expresión cuyo sentido figurado tiene su origen en el intento de salvar los enseres del hogar o de una embarcación cuando se cernía una inundación o naufragio. Esto trasladado al decreto de prescripción se ha concretado en solventar el trastorno de proporciones colosales que al Sistema de Salud le suponían las vacunas, más las campañas vacunales y pare usted de contar, el resto… tendremos que esperar a ver cómo discurren las cosas.

Sinceramente dudo de que la prescripción colaborativa sea la solución y menos que sea justa y respete la competencia y autonomía de las matronas en materia de prescripción. Eso sí, seguimos las matronas en un "puesto de destacado" al ser protagonistas de una Disposición adicional (la primera) que, "al menos de boquilla", reconoce la particularidad relativa al personal especialista en enfermería obstétrico-ginecológica. Pero sigo preguntándome: ¿podemos o no podemos prescribir los medicamentos necesarios para la ejecución de nuestro trabajo de forma autónoma en la asistencia hospitalaria y en Atención Primaria? ¿o esto dependerá del grado de colaboración o supeditación al estamento médico local y al proceder de las muchas y variadas CC.AA. que tenemos?

El decreto ha entrado en vigor y al menos yo no he visto ningún cambio en mi entorno: no hay nuevos protocolos o guías de práctica clínica y asistencia (bueno, tampoco hay que apurarse que tenemos dos años de plazo por delante) y ¿mientras tanto? Tampoco se han expedido acreditaciones, no se han facilitado el acceso a las órdenes de dispensación a las matronas de Atención Primaria, etc.; está claro que no todo estaba pensado y preparado para el cambio con la entrada en vigor del decreto, algo que no ha sido precisamente por falta de tiempo, por lo que me reitero en que esta modificación ha sido un intento de "salvar los muebles" (los suyos claro está), pero respecto al resto solo el tiempo lo dirá.

Sin querer me he extendido, paso al tema que hoy quería tratar. Y este no es precisamente festivo como sería propio de la época, pero tiene un toque, podría decir en tono jocoso, "folklórico", en alusión al acervo que se atribuyen los médicos, en este caso los obstetras-ginecólogos principalmente; y también a la tradición inveterada de muchos de ellos (afortunadamente no todos) de sentirse investidos del poder de juzgar al equipo de salud, principalmente a las matronas, a su conveniencia y antojo, desde la distancia que se autoarrogan de un conocimiento excelso y su sentida ascendencia cuasi divina. Todo ello de rebote les lleva a verse como la estrella del árbol de Navidad: siempre por encima del resto de los ornamentos.

Esto viene a colación de que llevamos también unos años con el tema de la ecografía realizada por matronas, e invariablemente no podemos despedir el año cerrando la carpeta del asunto con el sello de "finalizado". No, estamos muy lejos de que esta actividad se incorpore plenamente a las competencias de matronas. Y cierto es que no nos sorprende la actitud que en estos años, aproximadamente desde el 2010 que la C.A. de Extremadura decidió "mover ficha" con este asunto, se viene manteniendo por parte de obstetras (y algunos médicos). Entre estos aludidos (sin generalizar, repito, pero aún existe un grupo numeroso de este proceder) es tradición imponer su voluntad, su pretendida superioridad, evidenciando el menosprecio hacia las matronas a las que este grupo de médicos y obstetras recalcitrantes, sigue considerando meras subalternas a su servicio.

Mirad por donde, revisando los archivos de la AEM, que no en vano y sí con muchas cargas a su espalda, este año cumple 40 años defendiendo a las matronas, me encuentro un hecho singular, anecdótico y aunque nos separan más de 30 años del suceso vale de base en que apoyar la crítica que me permito hacer, porque la historia se repite una y otra vez. En mi opinión, estas actitudes son en el fondo defensivas y tras ellas además subyace el desasosiego que siente este pertinaz reducto de obstetras de que las matronas avancemos para dar más y mejores servicios a las mujeres y, por otra parte, el miedo a perder el control y el poder en el que siempre se han sentido felizmente instalados.

El hecho al que aludo se produjo en pleno apogeo de la implementación de la monitorización fetal en nuestros centros hospitalarios, algo que actualmente está incorporado con toda normalidad a la práctica de la matrona y que a muchas matronas sin largo recorrido profesional sorprenderá conocer los problemas que supuso su puesta en marcha. De hecho, a partir de finales de la década de los 70 y la de los 80, esta nueva práctica fue motivo de encuentros científicos como el III Seminario Internacional de monitorización Perinatal celebrado Madrid en 1983. En el debate, que se estableció en el encuentro para determinar la función o competencia de las matronas en los servicios de fisiopatología fetal o alto riesgo, el entonces director de la Clínica y Escuela de Matronas Santa Cristina sostuvo que "en su hospital solo se enseñaba a las matronas monitorización externa debido a los graves riesgos que presentaba la interna" y ahondando más aún afirmaba "que la realización de estas funciones por parte de las matronas supondría la inmediata denuncia y su ingreso en la cárcel".

Parecido debate lleno de descalificaciones e imposiciones hacia las matronas ha sucedido 33 años después como se ha leído en prensa a raíz del proyecto del Servicio Gallego de Salud (Sergas) para que las matronas hicieran ecografías complementarias durante el embarazo en primaria. Así, la Sociedad Gallega de Ginecología en el arranque "del problema" consideraba que esas exploraciones básicas no eran necesarias y podían provocar inseguridad en las mujeres. La propia SEGO mantenía que no se ajustaba a ley que las matronas pudieran realizar estas pruebas, aunque fuera para cumplir con la función que les correspondía, además rechazaban el proyecto alegando que no está contemplado en su programa docente. ¿Y qué formación específica en ecografía obstétrica tienen los R1 de obstetricia y ginecología a su salida de la facultad?, me pregunto yo.

Siguiendo con la ronda de desautorizaciones, la coalición de sindicatos médicos CESM-Omega afirmó "que pretender que personal no suficientemente cualificado para este cometido, reconocido por el propio colectivo de matronas, tenga que realizar exploraciones ecográficas en los centros de Atención Primaria es un atentado contra la salud” y por ello recurrió a la Fiscalía, al Colegio de Médicos de Pontevedra y al Valedor do Pobo planteando una doble denuncia por "intrusismo profesional" y por "un incremento del riesgo contra la salud". Desde el Colegio de Médicos de Pontevedra el propio vicepresidente primero, ginecólogo, calificó el proyecto, a título personal, de “disparate" porque a su juicio, “la ecografía es una prueba dinámica que puede conducir a un diagnóstico equivocado a personas que no están suficientemente preparadas, concluyendo que el diagnóstico lo hace el médico, no el ATS ni el técnico", etc.

Ríos de tinta han corrido y aún queda "negro caudal" por desembocar en el lecho al que van a morir los ríos que no es otro que el mar. En ambas ocasiones ha habido cordura y medida por otros sectores: en aquel lejano 1983 médicos de renombre asistentes al foro, con toda lógica y ética, opinaron que las matronas al pertenecer el equipo obstétrico en que los medios de trabajo eran los monitores, debían conocer y manejar estos aparatos, tanto en monitorizaciones internas como externas, al igual que los componentes cualificados de aquellos equipos, máxime teniendo en cuenta que los riesgos eran los mismos si la monitorización la realizaba un médico o una matrona.

En el reciente caso de las ecografías, por citar una entidad reconida, la OMC ya en 2012 emitió un comunicado en el que taxativamente decían que "no puede cuestionarse la competencia profesional de las matronas en lo que se refiere a la realización e interpretación de las ecografías como prueba diagnóstica de los embarazos”. Parece que estos sí entendieron la ley que nos ampara.

En fin, espero que frente al obstruccionismo pertinaz y sin sentido siga habiendo profesionales cuerdos y honestos que trabajen por mejorar la salud, lejos de intereses partidistas y políticos; que entiendan que es necesario atender en forma efectiva y con gran velocidad los desafíos y demandas que genera el propio sistema de salud lo que implica la necesidad de disponer de personal altamente capacitado y con capacidad de resolución ante las demandas nuevas y crecientes en salud; que la base para conseguir este logro está en la formación y en asegurar que los profesionales desarrollemos las competencias necesarias a fin de lograr un buen desempeño personal y profesional, lo que redundará en beneficio de la sociedad que demanda nuestro conocimiento y competencia.

Utilizar de forma eficaz y productiva los recursos no solo es un signo de inteligencia, sino de responsabilidad profesional y política respectivamente, además de una acción necesaria… ¡para que las cosas cambien!

Solo me resta desearos, matronas, un feliz año 2019 en el que podamos vivir como colectivo profesional bonanza y paz en nuestros cometidos y proyectos profesionales, y seguir demostrando con hechos que las matronas "lo valemos".

¡Feliz año 2019!