Revista Matronas

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DICIEMBRE 2018 N° 3 Volumen 6

La campaña del gorrito

Sección: Echando la vista atrás

Autores

Redacción

La acción de la Asociación Española de Matronas (AEM) que hoy rememoramos es necesario enmarcarla dentro de la asistencia al parto plenamente hospitalaria para entonces (1996).

Esta circunstancia llevó consigo el impulso para el desarrollo de las subespecialidades pediátricas como la neonatología, iniciada en España prácticamente en los años 70 de forma paralela al desarrollo de la Pediatría Hospitalaria de la Seguridad Social que hasta entonces se centraban en la atención y el cuidado globalizado de la infancia, requiriendo la colaboración de los especialistas hospitalarios de otras ramas para resolver problemas específicos. De hecho, y a pesar de haberse dado avances en el cuidado de los neonatos en EE.UU. desde hacía un siglo (como por ejemplo el invento de la primera incubadora para combinar calor y oxígeno además de humedad, del Dr. A. Robert Bauer en 1931, o la tabla de valoración fetal de la Dra. Virginia Apgar en 1952, por citar algunos) no fue hasta 1965 que se inauguró la primera Unidad de Cuidados Intensivos para recién nacidos en EE.UU. y hasta 1975 la Junta Americana de Pediatría no estableció la certificación de subespecialidad para neonatología.

Con estos antecedentes nos situamos en el año 1996, cuando aún no era habitual ver a los recién nacidos de nuestras maternidades salir del paritorio con un gorrito en sus cabezas para protegerles del cambio de temperatura, algo que a los neófitos padres les producía cierto recelo e invariablemente preguntaban con temor más o menos contenido, si al niño le sucedía algo que obligara a tal medida.

De forma científica ya había habido grupos de investigadores que desde dos décadas anteriores, centrados en la asistencia neonatológica, venían estudiando el tema de la pérdida de calor por la cabeza de los recién nacidos. Stothers, uno de los que más estudiaron el balance térmico y metabólico del recién nacido (RN), partiendo de la constatación de que el cerebro de este utiliza una gran proporción del consumo total de oxígeno, también generaba gran parte del calor total y debido a que el flujo sanguíneo cerebral era bastante alto, la mayor parte de este calor se transportara al cuerpo, pero como el área de superficie de la cabeza representa el 20,8% del área de superficie corporal total, las pérdidas de calor de esta representaban una proporción sustancial del conjunto. En conclusión, era de esperar que si la cabeza estaba aislada por la provisión de un gorro adecuado (gorro de lana forrado de algodón), la pérdida de calor se reduciría, al igual que los peligros de la hipotermia.*

Cabe pensar que para los asistentes al parto la implementación de esta medida sería bienvenida, ya que de forma empírica más de una vez habrían pensado que el RN experimentaba un cambio brusco de la temperatura intrauterina a la del paritorio, no siempre adecuada para el nacimiento. A esto había que añadir una serie de maniobras a realizar al neonato tras su nacimiento que contribuían a incrementar el enfriamiento, más las pérdidas ocasionadas por su desplazamiento hasta las plantas de neonatología para observación en las primeras horas, sin llevar a cabo previamente un contacto piel con piel correcto con la madre que le hubiera estabilizado rápidamente. Y, por supuesto, también les resultaría obvio que la proporción de la cabeza respecto al cuerpo del RN era muy grande y, por tanto, al quedar expuesta, el neonato sufriría una pérdida de calor nada conveniente.

La AEM juzgó que colocar un gorro en el paritorio al RN en el momento del nacimiento era una medida preventiva importante en la asistencia del neonato y como educadoras en salud asumía que las matronas debían inculcar a las madres la importancia de esta medida alejando de ellas cualquier temor y simultáneamente aprovechar la acción para hacer una campaña de imagen de la matronas. Así, durante 15 días coincidiendo con la Navidad, del 23 de diciembre al 6 de enero de 1996, todos los niños que nacieran recibirían en la sala de partos el regalo de un gorrito con el eslogan "El regalo de tu matrona", acompañado de una cartilla del RN en la que, además de disponer de espacio para los datos del bebé y de su nacimiento, se incluían consejos a las madres para el cuidado de sus hijos.

Para que la campaña se extendiera en el ámbito nacional, desde la AEM se facilitaron a todas las matronas que se quisieron sumar a esta iniciativa, los gorros necesarios para la cobertura de sus respectivos servicios de partos.

* Stothers JK. Head insulation and heat loss in the newborn The Neonatal Research Group, Physiology Department, London Hospital Medical College. Archives of Disease in Childhood. 1981; 56:530-4.