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Revista Matronas

Revista Matronas

ABRIL 2019 N° 1 Volumen 7

Editorial

Sección: Editorial

Autores

Rosa Mª Plata Quintanilla

Directora de Matronas Hoy

Ya hace muchos años, allá por el año 1990, con una ilusión desbordante por crecer profesionalmente pensé que sería determinante para ello "asomarme" a la profesión que se ejercía fuera de nuestras fronteras y acudí a mi primer Con­greso Internacional, en Kobe (Japón), en busca de novedades, mejoras supuestamente desconocidas en el entorno profe­sional de nuestra "madre patria".

Siempre se dice "que las primeras veces" dejan una huella más profunda y posiblemente sea así porque tengo aún re­cuerdos muy vívidos de muchas de las cosas que allí acon­tecieron, empezando por el discurso de la presidenta de aquel congreso. Nos mencionó que una reconocida matrona, con motivo de un encuentro en el congreso trienal anterior, le había dicho que otra matrona necesitaba poseer las tres Hs (en inglés) Head (cabeza), Hands (manos) y Heart (cora­zón), lo que tiempo después sirvió para acuñar el lema de aquel congreso de Kobe: "Un regalo de matrona: amor, ha­bilidad y conocimiento".

Sin duda ese comentario dejó una huella profunda en mí y a medida que mi carrera profesional ha avanzado lo re­cuerdo, si cabe, con más intensidad, convencida de que sin estas condiciones la labor de cualquier matrona no será excelente.

Por aquello de la traducción las tres Hs del inglés las he convertido en las siglas C, M, C en español y sí, primero hablo de la Cabeza, el centro de control, porque es el lugar donde se aloja nuestra parte reflexiva y ética y en la que atesoramos todo el conocimiento necesario para ejercer nuestra profesión con competencia y seguridad. Ese cono­cimiento que empieza en las unidades docentes con un sus­trato teórico importante, que no se completa nunca porque es la práctica de cada día la que aporta nuevos conocimientos que no están en los libros y nos afianza en el trabajo pro­fesional y es la experiencia, principalmente de quienes nos preceden, la fuente de enriquecimiento profesional que nuestros compañeros nos regalan. Nunca están completos nuestros conocimientos, también porque la especialidad se desarrolla paralelamente al desarrollo de ciencia y técnica y surgen nuevas evidencias científicas que nos empujan a cambiar las formas de asistencia... Y aceptar los cambios es importante, no podemos vivir en el inmovilismo de ningún tipo, pero hay mucho que reflexionar antes de dar un paso para no abrazar ciegamente cuanta novedad o incluso el criterio de personas que se autoarrogan sin pudor el título de expertos, cada vez con más frecuencia, buscando más su beneficio personal que el de las propias mujeres y el de la profesión. Nuestra profesión no es un juego y requiere conocimientos técnicos y científicos tanto para saber hacer, como para saber cuándo nada hay que hacer más que acom­pañar.

De otro lado, nuestra cabeza puede custodiar si uno los tiene, los principios básicos de la ética profesional —bene­ficencia, autonomía y justicia— que no solo no han perdido su vigencia, sino que son más necesarios que nunca en una sociedad en la que muchas de las prácticas profesionales han tomado un rumbo cuestionable, orientadas a la bús­queda de eficiencia y la competitividad por encima de todo y con el afán del provecho individual como leitmotiv. Las matronas debiéramos abrazarlos libre y voluntariamente aceptando el compromiso ético de orientar nuestro ejercicio profesional hacia el logro del bien común.

Y seguimos con las Manos depositarias del sentido del tacto, las que transmiten emociones como seguridad, fir­meza, confianza, tranquilidad o cuidado, respeto, com­prensión; manos que deben poseer habilidad para reconocer el crecimiento del feto, su postura, descubrir el punto en que su latido nos confirma la vida que se está gestando, para valorar el discurrir del parto y acompañarlo o si es anormal intervenir; manos sensibles y delicadas para ser las receptoras cálidas que reciben al niño que nace. Manos que necesitan ser no solo afectivas para dar un inconfun­dible toque terapéutico a nuestras acciones, sino hábiles y diestras en técnica (obstétrica-ginecológica) para conducir adecuadamente a la mujer lo largo de su vida sexual y re-productiva.

Por último, y no menos importante, el Corazón, ese motor que imprime pasión y compromiso en lo que hacemos y cómo lo hacemos; las matronas debemos seguir siendo per­sonas vocacionales que creamos, amemos y disfrutemos con nuestra profesión porque además de ganarnos la vida de una forma lícita, entendamos que servir y contribuir con nuestro trabajo profesional a mejorar la vida de las mujeres y las familias, es un privilegio, una gratificación sobre nuestro quehacer.

El corazón nos permite interpretar emociones y responder con sensibilidad frente a los problemas de las mujeres que son el centro de nuestra actividad profesional. Nos permite mostrar esa compasión no lástima, que indica que enten­demos las emociones que sufre la mujer a quien ofrecemos nuestra ayuda, o lo que se puede llamar “empatía en acción”: conectar con la mujer y responder a sus necesidades con auténtica, sincera y desinteresada relación de ayuda pro­fesional, algo muy diferente a desplegar un abanico de se­ducción falsa y superficial en un ritual artificioso en el que hay un exceso de cortesía, de sonrisas y expresiones pseudocariñosas, incluso ñoñas que buscan más obtener los pa­rabienes de mujeres y familias o lo que se dice "caer sim­páticas". Trabajo competente y simpatía, no son excluyentes sino muy al contrario, juntos son la base para generar con­fianza y respeto a esa mujer a la que trataremos como adul­ta, individual y éticamente, respetando sus derechos y elec­ciones.

Estimados colegas tened siempre presentes y repetid en vuestro interior a modo de mantra: Cabeza, Manos, Corazón, condiciones indispensables de la matrona.