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Revista Matronas

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SEPTIEMBRE 2019 N° 2 Volumen 7

¡Bienvenidas, nuevas matronas!

Sección: Editorial

Cómo citar este artículo

Plata Quintanilla RM. ¡Bienvenidas, nuevas matronas! Matronas hoy 2019; 7(2): 4

Autores

Rosa Mª Plata Quintanilla

Directora de Matronas hoy

Este año me tocó despedir a mis residentes matronas de Cantabria y como es preceptivo tuve de leer el consabido discurso cuyo fondo no podía ser otro que describir la profesión desde la experiencia de los muchos años recorridos, sentimientos y vivencias a lo largo del tiempo de mi ejercicio; sin embargo, sí tuve que pensar en la forma de hacerles llegar mi mensaje de manera que lograra captar la atención de la sala, principalmente de las recién graduadas, y para ello me serví del símil del alpinista para avivar el atractivo del discurso que hoy repito aquí, a modo de bienvenida, dedicado a todas las residentes que han finalizado su formación en este 2019.

Les decía, y os digo que el recuerdo del día de mi graduación a pesar de haber transcurrido 35 años, lo conservo muy nítido, que para mí finalizar la especialidad que siempre quise hacer fue como coronar un ocho mil: esfuerzo, estudio, problemas. ¡Sentí que había coronado el Everest! ¡Mi primer ocho mil! Ese mismo día que había "coronado", sentada en la cima, absorta, contemplando la inmensidad de la belleza a mis pies, saboreando la satisfacción de haber superado incluso mis límites a base de esfuerzo y trabajo duro y saboreando el gusto de haber sobrevivido a una aventura apta únicamente para quienes están dispuestos a arriesgarlo todo, de inmediato caí en la cuenta de que para ser considerada escaladora consagrada quedaban en mi carrera otros 13 ocho mil más: las montañas más codiciadas de los alpinistas en su camino hacia la gloria, sin contar las otras muchas secundarias por las que tendría que seguir trepando cada día para preparar esos ascensos gloriosos del futuro. Simultáneamente me percaté de que el ascenso no lo había hecho sola y cierto era que me había preparado físicamente, había planeado esa escalada al milímetro, me había esforzado hasta la extenuación, pero además de mi energía, arrojo, valor, había necesitado el apoyo de muchas personas, como los sherpas, que me habían abierto el camino, colocado cuerdas para la escalada, transportado las tiendas de campaña, comida, bombas de oxígeno, etc.

De vuelta al campamento base la reflexión que empezó en la cumbre continuó y supe que quería ser alpinista de élite, así que si quería coronar las otras 13 restantes cimas del mundo, el entrenamiento constante y la experiencia eran imprescindibles para conseguirlo con más destreza, con menos riesgo y con mayor disfrute.

Ya pie en tierra, mi "escalada particular" ha sido la que empezó hace 35 años y continúa siendo: la de ser matrona, no montañero desde luego. He descubierto que en nuestra profesión, como en la vida de los alpinistas, hay que ser realistas con las posibilidades y expectativas de uno mismo, del equipo e incluso del público, en nuestro caso, de las mujeres a quienes atendemos, porque si no el fracaso puede ser total. Hay que querer lo que se hace con vehemencia porque la profesión no es un recurso, sino una forma de vivir la propia vida. Ahora bien, el camino no es fácil y la profesión de matrona, detrás de su halo romántico y enternecedor, que a quienes asistimos en su parto y nacimiento de su hijo nos pone en las manos dos vidas que dependen de una, exige hacer un acompañamiento profesional certero, ya que esa acción no se puede rebobinar y dar al "play" para volver a empezar si una no acierta. Nuestra atención requiere profesionales bien formados en conocimientos teóricos y habilidades técnicas, de comunicación, mucha psicología, mucho coraje, gran humanidad y cantidades ingentes de humildad para saber quiénes nos pueden ofrecer la experiencia que no está en los libros, y además poder desarrollar un espíritu crítico y autocrítico: críticas con lo que se hace, con la forma en que se hace y hacemos e incluso con la manera en que le mandan a uno que lo haga. A mi juicio esta es la única manera de evolucionar como profesional y como colectivo, y por añadidura defender la profesión, engrandecerla y poder sentir el orgullo legítimo de lo que hacemos, y con el mismo orgullo recibir el justo agradecimiento de las mujeres y las familias a las que ayudamos.

A todas las que llegáis os aseguro que no os han de faltar rasguños, moratones, quizá hasta algún que otro hueso roto "subiendo y bajando las particulares montañas de la profesión", pero que todo esto os sirva para haceros más fuertes, más experimentadas, más seguras y os sitúe lejos de perder la ilusión y afincadas en el convencimiento de que ser matrona ha sido una buena elección.

¿Sabéis cuándo vais a confirmar de forma inequívoca que acertasteis eligiendo ser matrona? Cuando tengáis delante una mujer (familia) satisfecha y recibáis de ella un "gracias" de corazón. ¡Ese es el momento más gratificante de nuestra profesión! ¡Bienvenidas y mucha suerte en vuestro nuevo camino!