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Revista Matronas

Revista Matronas

DICIEMBRE 2020 N° 3 Volumen 8

¿Nos traerán los Reyes Magos la vacuna de la COVID-19 y algo más?

Sección: Editorial

Autores

Rosa Mª Plata Quintanilla

Directora de Matronas hoy

A pesar del extraño y triste año transcurrido me resulta asombroso que ya estemos nuevamente a punto de darlo por concluido. Mirando con la perspectiva del tiempo me sigue asombrando la celeridad de los días, incluso estos tan negros y llenos de lágrimas y miedo, pero si el prisma es el del sentimiento, no puedo por menos de maravillarme por la capacidad de resistencia de tantos en este año infausto. La llegada del 2020 para los sanitarios era esperada con la ilusión de un año que, justa y merecidamente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dedicaría a ensalzar el valor de la profesión de enfermeras y matronas. Nadie pudo imaginar que más que celebración sería la ratificación más potente y notoria de la imprescindibilidad de nuestro trabajo sociosanitario, en medio de la desolación por la enfermedad y la muerte. La COVID-19 nos ha obligado una actuación en directo, para una escenificación de urgencia en la que los sanitarios, actores principales, hemos trabajado sin guion ni dirección en la mayoría de los casos, casi todos con coraje y responsabilidad, en un escenario desvencijado y para un público que día a día pedía más... Nos hemos tragado los sentimientos de miedo y tristeza enterrando a más de 90 compañeros muertos en la batalla, la preocupación por casi 70.000 contagiados, que primero han luchado por aferrarse a la vida y después por pensar qué clase de vida inexorablemente intervenida por la COVID les quedará en adelante, algunos han asistido hasta la extenuación a los miles de enfermos de los que tantos miles perdieron la vida, y la mayoría, a pesar de todo, hemos seguido dando lo mejor de nosotros mismos. Nueve meses después de que empezara esta sangrienta contienda los sanitarios en general, y enfermeras/os y matronas/es en particular, o sea, los soldados de primera línea, estamos cansados, agotados y con pocas ilusiones, decepcionados porque seguimos luchando con espadas de madera frente a un virus que lo hace con fino y afilado acero. El reciente editorial que The Lancet dedicó al estudio de nuestro país, como uno de los más afectados por la pandemia, afirmaba que era una "tormenta predecible" lo sucedido con la COVID-19, que la enfermedad había "amplificado algunas de las debilidades del sistema de salud y revelado las complejidades políticas que conforman el país". Entre muchas deficiencias detectadas incidía "en la escasez de personal y equipamiento" y ahondaba "en que los servicios están infradotados de personal y de recursos además de tener unas plantillas sanitarias bajo presión: demasiado habitualmente sustentadas en contratos temporales que duran unos pocos días o semanas". Afirmaba con rotundidad para finalizar "que la precariedad laboral es uno de los factores de la falta de personal sanitario disponible". Sin embargo, parece que los análisis de propios y extraños no sirven de nada porque las cosas siguen igual o, precisando, peor, porque ya se sabe "que lo que no mejora, empeora”... Nuestros políticos no escuchan, no sacan de sus cajones nuestras peticiones depositadas durante años solicitando incrementos y mejor gestión de los recursos humanos, como inversión de presente y futuro; no miran la evidencia que tienen delante y en un ejercicio de decencia, alejado de sus propios intereses políticos partidistas, atajan esta situación insostenible para los sanitarios. ¡Pocas o ninguna lección han aprendido algunos de la COVID! Ahora solo se habla de la vacuna, la población está esperanzada en general, aunque somos muchos los que tenemos desconfianza y prevención ante una panacea necesaria, pero que no por eso de "facto" la convierte en LA SOLUCIÓN. Por ende, si finalmente funciona como se espera de una vacuna sin reportarnos además otros problemas a corto, medio y largo plazo, los sanitarios, los de primera fila, matizo, seguiremos siendo imprescindibles para que el trabajo ingente de administrársela a millones de españoles en las condiciones de seguridad necesarias se lleve a cabo. ¿Lo han pensado señoras y señores políticos, señoras y señores gestores?, o ¿mejor no pensar y seguir la inercia de descubrir esta plantilla ya de por sí mermada y ahora, por añadidura, extenuada, para cubrir la nueva necesidad? Esa no es la solución. El otro día de camino a mi trabajo iba escuchando la radio y comentaban la apertura del Belén Monumental de la localidad granadina de Huétor Tájar cuyos belenistas, haciendo un guiño a la pandemia, habían colocado mascarillas a las figuritas y habían trasladado a la navideña representación algunos otros elementos y disposiciones impuestas por la situación en señal de agradecimiento a los sanitarios. En un alarde de imaginación, a los Reyes Magos les sustituirán en sus cofres las preciadas ofrendas tradicionales por la esperada vacuna y yo pensé: si a Melchor le han cambiado el oro por la vacuna, bien podrían a Gaspar y Baltasar cambiarle el incienso y la mirra por enfermeras/os y matronas/es para que la cosa funcione… ¡Cosa de la Navidad, la de ilusionarse con que algunos sueños se hagan realidad! Ojalá que el 2021, que justamente prolonga la celebración del año de la Enfermería y Matronería hasta junio, nos traiga algo más y mejor que aplausos, palabras y gestos de los que, por cierto, solo valen los de las personas que sienten y reconocen en esas expresiones la entrega y el esfuerzo reales que les dedicamos los sanitarios. De los gestores/as, de los políticos/as, además de nobles intenciones que debieran ser imprescindibles para ostentar el cargo, esperamos más... Rosa Mª Plata Quintanilla Directora de Matronas hoy