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Revista Matronas

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DICIEMBRE 2022 N° 3 Volumen 10

Políticos y Ministerio de Sanidad pero ¡que funcionen!

Sección: Editorial

Autores

Rosa Mª Plata Quintanilla

Rosa Mª Plata Quintanilla

No hace mucho tiempo tuve la suerte de cruzarme en el camino de un esforzado y reconocido pediatra, D. Miguel Labay Matías, que me puso en la pista de los más grandes en esta rama en España: Gerónimo Soriano (1575?) y D. Andrés Martínez Vargas. Del primero nos separan más de cuatro siglos y los registros escritos, nada comparables a los coetáneos, nos han privado de un mayor conocimiento de su vida y su obra, desde luego grandes.

Sin embargo, de D. Andrés García Vargas hay una prolífica biblioteca de obras y artículos que con toda justicia le han otorgado el título de instaurador de la especialidad de Pediatría en nuestro país.

A medida que te adentras en su obra, te das cuenta del talento científico y humano que este hombre poseía. Ha dejado reflexiones que 100 años después están tan vigentes como en el momento en que las dictó en el primer cuartomitad del siglo XX.

Él, que se rebelaba contra el círculo de la pobreza de la España de la época, se rebelaba también contra la ausencia de interés de los políticos por mejorar la situación legislando y aplicando las leyes. Decía “si el orden y el plan son la base indispensable del éxito como la disolución del fracaso, no hay duda de que España, con el fragmentado sistema actual de competencias sanitarias, no puede mejorar lo existente. La organización secular de la sanidad revela una dispersión de factores iniciales, en la que intervienen los Ministerios de la Gobernación, el de la Guerra, el de Gracia y Justicia, el de Fomento, el de Instrucción Pública y otros… Esta dispersión de atribuciones y de responsabilidades lleva consigo aparejada la pérdida de la energía, la ineficacia, la irresponsabilidad, la recíproca excusa, los desaciertos, la desorientación en las censuras y la imposibilidad en los remedios... añadiendo el escaso interés que muestran Diputados y Senadores sobe el tema… Por ello, urge crear un Ministerio de Sanidad en España como en fragancia e Inglaterra”.  

La crítica hacia los políticos es agria y contundente: “Un ex ministro de la Corona ha censurado una vez más el menosprecio, el desdén con que muchos ministros y parlamentarios han tratado las cuestiones sanitarias y ha puesto de relieve la supina ignorancia que les ponía a nivel de un mal estudiante de Medicina. Cuando de problemas sanitarios se trata, proceden mal por incomprensión del problema… los mandatarios del país se interesan más de otros negocios más lucrativos, pero no perdamos la esperanza…”.

Finalmente, España ganó en prosperidad con el trabajo esforzado de los españoles, y la actuación de algunos políticos sesudos que también los ha habido, erradicamos el círculo de la pobreza y hasta conseguimos tener un Ministerio de SANIDAD duradero a partir de la transición democrática, en 1977.

Sin embargo, la COVID19, que abrió la caja de los truenos en una España fragmentada con las autonomías y sus propios intereses, junto a un Ministerio de Sanidad que no aglutina, no dirige, ha dejado al descubierto muchos y graves problemas de la sanidad española y no solo los de Atención Primaria, aunque sean los que se lleven las portadas. En los hospitales se sufre y mucho, las profesiones sanitarias están mal pagadas, explotadas y no reconocidas; solo cuando políticos y ciudadanos vieron gravemente peligrar sus vidas ante el asesino COVID, aplaudieron a los sanitarios y se congratularon de tenerlos, tanto más con la calidad profesional (y humana) mayoritariamente que nos avala.  

Pero el miedo ya pasó y los políticos siguen viviendo alegremente sin querer recordar que una sociedad en la que no se protege la enseñanza y la sanidad está abocada al fracaso.

Desgraciadamente, en este país la enseñanza se iguala por abajo desde hace muchos años y de la sanidad los mandatarios del país tampoco se ocupan, porque además de su "supina ignorancia", como decía Martínez Vargas, se siguen interesando más, salvo muy escasas y honrosas excepciones que igual hay, de otros negocios más lucrativos.

Corren malos tiempos en todo y lo que tantos años costó levantar y aupar hasta hace nada al séptimo puesto del ranking mundial sanitario, la ejemplar sanidad española, ahora ha cambiado. No puede ser un buen sistema sanitario cuando hay un abuso sistemático y mantenido de los profesionales que lo defendemos con más vocación y entrega que reconocimiento e inversión.

En el caso de las matronas que, por corporativismo he de reclamar, ¿de qué sirve una formación integral para que no se vea compensada con un desarrollo profesional ajustado a la formación, con retribuciones y competencias justas, y solo grabada por la responsabilidad de sus importantes actuaciones profesionales?  

Nunca se entendería intentar comprar un Ferrari al monto del de un humilde Seat 600. ¿No es cierto? Pero tampoco, sacar a una carrera de lujo el utilitario barato cuando se dispone de un lujoso vehículo de alta gama. 

¡Ay, D. Andrés!, casi cien años después de sus advertencias y habiendo alcanzado "la gloria" con tanto esfuerzo, nos deslizamos por una pendiente muy inclinada y, acaso más pronto que tarde, de tanta grandeza nos quede la ruina más lastimosa.