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Revista Matronas

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DICIEMBRE 2022 N° 3 Volumen 10

Experiencias de mujeres gestantes durante la pandemia por COVID-19, sus acompañantes y sus matronas. Una revisión crítica de la literatura

Sección: Revisiones

Cómo citar este artículo

Morales del Pozo MC, Moreno Rodríguez P. Experiencias de mujeres gestantes durante la pandemia por COVID-19, sus acompañantes y sus matronas. Una revisión crítica de la literatura. Matronas Hoy 2022; 10(3):31-8.

Autores

1 María del Carmen Morales del Pozo, 1 Pablo Moreno Rodríguez

1 Enfermera/o especialista en Obstetricia y Ginecología (Matronas). Hospital Universitario Virgen de la Victoria. Málaga (España).

Contacto:

Email: mamenmp96@hotmail.com

Resumen

Introducción: la pandemia por COVID19 ha generado numerosos cambios en todos los ámbitos de la sociedad. Así mismo, en la atención a las mujeres gestantes ha dado lugar a innumerables consecuencias, especialmente en el plano psicológico y emocional, no solo para ellas, sino también para sus acompañantes y matronas.
Objetivos: el objetivo de este estudio es conocer las experiencias de las mujeres gestantes, sus acompañantes y matronas durante la atención sanitaria modificada debido a la pandemia por COVID19.
Método: se lleva a cabo una revisión crítica de la literatura, incluyendo los artículos publicados desde marzo de 2020 hasta febrero de 2022.
Resultados y conclusiones: las mujeres gestantes se sienten desinformadas y abandonadas, refiriendo gran miedo y estrés, entre otros. Por otro lado, los acompañantes de estas se sienten aislados del proceso, con gran estrés e impotencia, dado que se les excluye de las visitas de embarazo y de poder acompañar a sus parejas durante el ingreso hospitalario; y las matronas que atienden a estas mujeres gestantes, sienten miedo ante el posible contagio de ellas mismas o de sus familias, y refieren tristeza e impotencia ante la dificultad para brindar cuidados de calidad debido a los cambios de protocolos, desconocimiento y otras situaciones.

 

Palabras clave:

embarazo ; COVID-19 ; Experiencias ; matrona.

Title:

Experiences of pregnant women, their companions and midwives, during the covid-19 pandemic. a critical review of literature.

Abstract:

Introduction: he COVID-19 pandemic has generated many changes in all areas of society. Likewise, it has resulted in countless consequences in care for pregnant women, particularly in the psychological and emotional levels, not only for them but also for their companions and midwives. 

Objectives: the objective of this study is to understand the experiences of pregnant women, their companions and midwives, during the healthcare modified due to the COVIDpandemic. 

Method: a critical review of literature was conducted, including those articles published from March 2020 until February 2022. 

Results and conclusions: pregnant women felt misinformed and abandoned, and reported great fear and stress among other feelings. On the other hand, their companions felt isolated from the process, with great stress and impotence, because they were excluded from pregnancy consultations and from accompanying their partners during the hospital stay. And the midwives caring for these pregnant women were afraid of any potential contagion for themselves or their families, and referred sadness and powerlessness when faced with difficulties to offer quality care due to changes in protocol, lack of knowledge, and other situations.  

Keywords:

pregnant; COVID-19; experiences; midwife.

Introducción

La COVID-19 es una enfermedad causada por una nueva variante de coronavirus conocida como SARS CoV-2. El virus pertenecía a la familia Coronaviridae, causante principalmente de un resfriado común, aunque esta cepa demostró ser mucho más infecciosa que otros virus de la familia1,2. La Organización Mundial de la Salud (OMS) tuvo conocimiento de este nuevo virus en diciembre de 2019, cuando se declararon en Wuhan (China) un grupo de casos de una neumonía vírica1.

Su alta tasa de infectividad y la falta de tratamiento eficaz dieron lugar a que se extendiese en pocas semanas al resto de China, llegando a traspasar sus fronteras en un corto periodo de tiempo3,4. Esto, junto con su elevada mortalidad y morbilidad, obligó a la OMS a declararla como emergencia de salud pública en enero de 2020 y como pandemia el 11 de marzo de 20201,5,6.

El embarazo lleva consigo una serie de cambios fisiológicos en los sistemas inmunológico y respiratorio, dando lugar a que las mujeres gestantes tengan un mayor riesgo de padecer infecciones pulmonares graves, entre ellas la infección por el virus COVID-191,7.

Si al embarazo se le suma además alguna patología, como preeclampsia, enfermedades metabólicas, problemas cardiovasculares crónicos, asma o un índice de masa corporal (IMC) elevado (>30), habría que tener mayor precaución, ya que su contagio durante este puede dar lugar a la aparición de complicaciones como preeclampsia, náuseas y vómitos, parto prematuro, bajo peso al nacer y APGAR bajo debido a la ansiedad y el estrés en las mujeres gestantes1,8.

En los países afectados (la mayoría), debido a la alta tasa de contagios, se adoptaron algunas medidas de seguridad para intentar evitar o reducir su transmisión, como el confinamiento, la cuarentena, la higiene adecuada, el distanciamiento social e incluso el cierre de fronteras5,9,10. 

En los hospitales, al igual que en el resto de lugares, se implantó una serie de medidas para intentar reducir el número de contagios y frenar la incidencia del virus. Estos cambios fueron precipitados e iban cambiando continuamente y de forma rápida según iban saliendo a la luz nuevos avances y estudios sobre la enfermedad. Las áreas de maternidad no podían detenerse, por lo que tuvieron que hacer frente a la pandemia con una continua actualización y adaptación de protocolos para garantizar una adecuada atención obstétrica, ofreciendo además una atención segura al binomio madrehijo y promoviendo la seguridad de los profesionales de la salud4,6,11,12.

Estas medidas fueron principalmente la potenciación de la asistencia virtual frente a la presencial, la imposibilidad de acudir acompañadas a las visitas de embarazo, el cese y la cancelación de muchas actividades presenciales, las altas prematuras y el aislamiento de las mujeres gestantes positivas, que en algunas ocasiones no se permitía ni siquiera un acompañante con ellas en el proceso de dilatación e incluso el parto4,6,13,14.

A todo ello, se suma que las mujeres embarazadas se encontraron más distanciadas también en el ámbito social debido al confinamiento y a las limitaciones en la movilidad, y complicando el acceso a sus redes de apoyo8.

Estas modificaciones afectaron a todas las partes implicadas de una forma cercana en el proceso de embarazo, parto y puerperio, y no solo las mujeres gestantes que estaban infectadas por el virus y que recibieron la atención sanitaria oportuna. Los acompañantes, en muchos casos, tuvieron que dejar a estas mujeres entrar solas al complejo hospitalario en muy mal estado de salud, con la impotencia de no saber qué estaba pasando o qué iba a pasar, o en el caso de las visitas de seguimiento de embarazo, si se tenían que tomar decisiones importantes con respecto al curso del embarazo, era únicamente la mujer gestante la que tenía toda la responsabilidad, sin contar con un apoyo6,1517.

De un modo similar, las matronas también tuvieron que adaptarse a las continuas modificaciones en cuanto a la prestación de servicios de salud. Este colectivo se encontraba día tras día con la enorme responsabilidad de tratar con mujeres gestantes infectadas por un virus de reciente aparición, con gran capacidad de contagio, y del cual se tenía poco conocimiento. Esto supuso una gran carga diaria a los profesionales física y psicológicamente, ya que buscaban el equilibrio entre poder ofrecer una atención de calidad y estar protegidos, conviviendo con el miedo a poder contagiarse y transmitir el virus a sus familiares y amigos12,1820.

Por todo esto, se hace imprescindible comprender cómo se han sentido las mujeres gestantes al vivir las distintas etapas del embarazo y maternidad durante la pandemia por COVID-19, y también conocer las experiencias de las matronas, y así comprender cómo se han sentido a la hora de prestar atención sanitaria a estas mujeres en este tiempo. Del mismo modo, incluyendo el punto de vista de los acompañantes de estas, se obtiene una visión más completa.

Objetivos

Objetivo general

Conocer las experiencias de las mujeres gestantes, sus acompañantes y matronas durante la atención sanitaria modificada debido a la pandemia por COVID-19.

Objetivos específicos

  • Comprender el impacto psicológico y emocional de las mujeres gestantes durante la pandemia por COVID-19.
  • Identificar las consecuencias de la falta de acompañamiento durante el ingreso hospitalario de las mujeres gestantes.
  • Comprender el impacto psicológico y emocional de los acompañantes de las mujeres gestantes durante la atención sanitaria.
  • Describir la repercusión profesional en la matrona.
  • Metodología

    Se ha llevado a cabo una revisión no sistemática crítica de la literatura, abarcando artículos publicados desde marzo de 2020 hasta febrero de 2022. Para ello se han empleado distintas bases de datos bibliográficas, metabuscadores, guías de práctica clínica y bases de datos de revisiones sistemáticas, que se citan a continuación:

    • Bases de datos bibliográficas: Pubmed, Medes, Cuiden, Scielo.
    • Metabuscadores: Epistemonikos, Trip Database.
    • Guías de práctica clínica: Guía Salud, Nice.
    • Bases de datos de revisiones sistemáticas: Cochrane, Health Evidence Canada.

    Se han utilizado las siguientes palabras clave para hacer la búsqueda bibliográfica en las distintas fuentes consultadas, usando el operador lógico “AND” para su combinación, teniendo en cuenta el idioma a la hora de realizar las búsquedas, usándolas en inglés o español según las necesidades del buscador. Estas son: Pregnant, COVID-19, Experiences y Midwife.

    Criterios de inclusión

    • Mujeres gestantes, primigestas o multigestas, ingresadas o que acuden a consulta o urgencias.
    • Acompañantes de las mujeres gestantes.
    • Matronas que atienden a las mujeres gestantes durante su proceso.
    • Artículos escritos en español, inglés, francés y portugués.

    Criterios de exclusión 

    • Título y resumen no ajustable al objetivo.
    • Artículos duplicados.
    • Artículos anteriores a marzo de 2020.

    Resultados 

    Una de las grandes repercusiones acusadas por las mujeres gestantes ha sido la disminución en número e incluso la pérdida de numerosas visitas presenciales de seguimiento de embarazo, que en la mayoría de los casos fueron sustituidas por visitas virtuales, llamadas telefónicas e incluso mensajería electrónica14. Todo ello tuvo una mayor repercusión en los casos de madres primigestas9. 

    En un estudio cualitativo de 2021, las mujeres gestantes declararon que “la provisión de atención virtual no equivalía a la atención en persona que esperaban”4, y es que numerosos estudios coinciden en que las visitas telemáticas no satisfacen las necesidades de estas familias.

    En otro estudio cualitativo de 2021, vuelven a referirse a estas visitas virtuales como “despersonalizadas”6, mientras que en otro estudio cualitativo realizado en Inglaterra en ese mismo año añaden que en caso de recibir asistencia presencial, esta fue corta y con prisa a la hora de su desarrollo10. En otro trabajo se menciona cómo muchas familias reclamaban ecografías que no estaban médicamente indicadas, y preguntaban ante qué supuestos sí estaría indicada dicha prueba, de manera que en los días sucesivos aparecían en la clínica refiriendo dichas situaciones para obtener estas revisiones16.  

    Algunas de las mujeres gestantes, por miedo al contagio, rechazaban acudir a las visitas presenciales de seguimiento de embarazo, como cuenta una madre en un estudio realizado en Turquía3, e incluso no acudían para dar a luz como relata un estudio iraní, en el que una madre tercigesta decidió parir en casa y solo fue a la clínica con el recién nacido para revisión una vez que esta estuvo vacía sin ningún otro paciente13.   

    El COVID-19, en algunos casos, ha sido un incentivo para que muchas mujeres gestantes se decidieran por el parto en casa, como afirmaba una madre en un estudio realizado en Australia: “Es posible que lo hubiera hecho de todos modos, pero la COVID ciertamente nos dio un gran impulso”8. Idéntica respuesta se encuentra en otro estudio de 2022, en el que muchas madres optaron por un parto domiciliario que no hubieran elegido en otras circunstancias, opción que según la opinión de algunas mujeres recogida en otra investigación tuvo un alto grado de satisfacción porque se sintieron mucho mejor informadas21, aunque también hubo quienes encontraron barreras para acceder a este tipo de nacimiento, lo que les obligó a desplazarse largas distancias para lograr la asistencia cualificada para el nacimiento domiciliario22.  

    Además, a raíz de esta pandemia se fomentó mucho la obstetricia privada: “He decidido acogerme a un seguimiento privado a las 30 semanas porque siento que el sistema público me ha defraudado”, refiere una madre en este estudio llevado a cabo en Australia. Las clínicas privadas ofrecían habitaciones individuales, reduciendo así otra fuente de ansiedad que tenían las madres: el miedo al contagio por parte de otros pacientes8. 

    Con respecto a los modos de obtener información debido a la dificultad encontrada para acceder a los sistemas sanitarios, las mujeres  gestantes se vieron obligadas a cambiar estas fuentes. En un estudio de 2021, se muestra cómo a pesar de todo las matronas fueron la fuente más consultada (n= 56; 90,3%). En segundo lugar se situaban las enfermeras (n= 22; 35,5%), seguidas de los médicos (n= 14; 22,6%), y solo una mujer tuvo a internet como única fuente de información (1,6%) (23). Por otro lado, las redes sociales cobraron un papel importante a la hora de divulgar información y obtener un apoyo no solo de otras mujeres en la misma situación, sino que además contaban con matronas tituladas que aportaban información y calma. En un estudio publicado en 2021 muchas mujeres que habían sido usuarias de estas redes expresaban que les había aportado mucha calma y tranquilidad, siendo un apoyo muy importante que ayudaba a llenar esa falta generalizada de información veraz24.

    De cara al parto, con la llegada de la pandemia, en muchos hospitales se aumentó el intervencionismo obstétrico. En un estudio australiano de 2021 se muestra cómo este intervencionismo fue resultado de la negociación entre el obstetra y la mujer gestante ante una situación incierta y estresante25. Aunque en otro trabajo varias mujeres gestantes refirieron haber tenido una experiencia horrible cuando estas decisiones fueron tomadas de forma unilateral por parte del obstetra22. Otra investigación refleja cómo la tasa de cesáreas se elevó en mujeres gestantes infectadas por el virus, con el consecuente impacto que podía tener para muchas madres26.

    A esto se le suma que en la mujer gestante que diera positivo en una prueba diagnóstica de COVID-19 sin esperarlo, el impacto emocional fue aún mayor. En un estudio publicado en España en 2021, distintas matronas contaron cómo vivieron las madres ese momento en el que se le comunicó el resultado positivo. La reacción generalizada fue de sorpresa, seguida de miedo y ansiedad, ya que la mayoría coincidía en que no sabía cómo se habían contagiado, aunque su principal preocupación no era por ellas, sino sobre todo por saber si contagiarían a su hijo y cómo le podría afectar, se comenta otro estudio realizado en Italia5. Una matrona narra: “Alguien de fuera entra en la sala de partos y dice COVID positivo y, en consecuencia, todos se quedan mirando y desaparecen. Yo fui el único que se quedó a su lado”19. En otro trabajo publicado en 2020, en el que se muestra la respuesta emocional ante un resultado negativo, se encuentra que el 27,6% sintió alivio o tranquilidad, mientras que el 72,4% dijo que eso no modificaba su nivel de miedo o ansiedad20.

    En los sistemas sanitarios se produjeron una serie de cambios que trajeron consigo una gran repercusión en la atención maternoinfantil. En un estudio publicado en Estados Unidos una madre cuenta cómo los protocolos cambiaban continuamente y añadía: “Cada restricción me hizo temer más cómo sería mi parto. Sentí que me estaban quitando todas las opciones”22.

    Otra de las etapas que quedaron en un segundo plano durante la pandemia fue el puerperio. En un estudio se explica la experiencia de estas madres durante su proceso: “No me he sentido apoyada en absoluto por ninguno de los cuidados posnatales; todo mi apoyo provino de familiares y amigos (...)”, “(...) el sistema me ha fallado por completo”27. En otra investigación publicada en Canadá, una madre añade: “Recuerdo mis temores, la primera vez en torno a la lactancia materna y la cantidad de sangre que estaba perdiendo”28, y es que la lactancia materna era una de sus principales preocupaciones, ya que no sabían si lo hacían correctamente y si el recién nacido se estaba alimentando, aunque, en algunas situaciones, lo único que querían, como refirió una madre en un estudio realizado en Inglaterra: “simplemente hacerme saber que está bien”. En este mismo trabajo otra madre refirió: “Nunca me han examinado desde que salí del hospital y mi chequeo de seis semanas se realizó nuevamente por teléfono, cuando me preguntaron si creía que mi útero había vuelto a la posición correcta. Honestamente, me sentí bastante abandonada”10.

    Con respecto a los acompañantes, fueron excluidos de la mayoría de visitas de embarazo, por lo que muchos se sintieron apartados del proceso6. Una mujer gestante en otro estudio refiere: “Es solitario y triste no tener conmigo mi único sistema de apoyo”8. Y es que si antes de la pandemia se excluían a las parejas, tras ella fue todo mucho más marcado, como cuenta un padre, que se perdió gran parte del embarazo, de la misma manera que le sucedió a la mayoría, generando un sentimiento grupal de tristeza y exclusión en dichas parejas, a lo que se sumaba un sentimiento de frustración, ya que pensaban que si acudían con ellas a las consultas podrían tener mayor conocimiento para apoyarlas durante el embarazo y eso no sucedió. A veces, solo solicitaban que se les incluyese como parte del proceso, pero ellos mismos eran conscientes de la situación: “Hubiera sido bueno que me preguntaran cómo estoy, pero como dije, obviamente me doy cuenta de que no soy el punto focal del embarazo, no se trata de mí”15.

    Otro padre cuenta su experiencia tras el nacimiento de su hijo: “Estar separado inmediatamente de mi esposa e hijo después del nacimiento fue traumatizante y creo que un evento innecesario”, ya que en muchos hospitales solo se les permitía pasar para el momento del expulsivo, luego tenían que abandonar el hospital, y añade: “Fue perjudicial tanto para mi salud mental como para la de mi esposa e impactó mi capacidad de vincularme con mi hijo”15.

    Esto además significó que en los casos en los que se tuvieron que comunicar malas noticias, muchas de estas madres se encontraron solas y tuvieron que afrontar el dolor sin un apoyo a su lado, como muestran en otro estudio: “Hizo que una situación ya difícil fuera mucho más desafiante”27.

    A la hora del parto, en los hospitales se establecieron distintos protocolos sin consenso. Por ejemplo, en el mismo trabajo mencionado anteriormente, una mujer gestante relata que en su hospital de referencia no permitían el paso de la pareja al paritorio hasta los 7 cm, a lo que añade: “Como este es mi primer bebé, mi ansiedad durante el embarazo ha sido terrible”27. En otra investigación, en cambio, se muestra cómo las restricciones se fueron suavizando poco a poco con la utilización de los test de antígenos en los acompañantes o el uso de mascarillas14.

    Durante la hospitalización, muchas mujeres echaron en falta la presencia de otro acompañamiento además de la pareja, como por ejemplo, comenta una madre en otro estudio publicado tras la pandemia, la presencia de su madre, e incluso tuvo que estar sola ya que el hermano no podía acudir al hospital y su pareja tenía que hacerse cargo de él8,15.

    En otro artículo se muestra cómo las restricciones y el distanciamiento social fueron vividos como angustiantes y entristecedores para algunas madres debido a la falta de apoyo y cercanía de familiares y amigos: “Fue muy duro durante las primeras semanas: mis padres viven a unas pocas horas de distancia, por lo que no lo conocieron al recién nacido hasta que cumplió las 6 semanas, y el plan original era que mamá viniera y nos apoyara; obviamente eso no pasó”29.

    En contraposición, muchas familias encontraron esa política de restricción de visitas como un punto a favor, ya que ofrecía la posibilidad de descansar y pasar un rato de intimidad con el recién nacido y la pareja, fomentando el vínculo y la lactancia sin interrupciones8,15.

    Otro de los colectivos muy afectados fueron las matronas, que tuvieron que adaptar su forma de trabajar a la situación que se estaba viviendo. En un estudio se muestra cómo las matronas vivieron la atención a mujeres gestantes infectadas por COVID-19, en el que referían la barrera que suponía el uso del EPI para comunicarse o moverse. Otra matrona en este mismo estudio también refiere el miedo que las madres tenían ante la posibilidad de contagiar a los profesionales: “Apenas entras por la puerta, ella grita 'no entres, no quiero a nadie'. 'Yo no quiero contagiar a nadie', dice”. Algunas matronas expresaban la intención de dejar la profesión durante el periodo de la pandemia: “Estoy pensando en jubilarme. La pandemia me impactó y me ha cansado mucho”. A raíz de todo esto, estuvo mucho más presente en estos profesionales el síndrome de burnout18.

    En otro trabajo publicado tras la pandemia, las matronas referían que tenían miedo y ansiedad ante la posibilidad de contagiarse, pero sobre todo por poder contagiar a sus familiares y amigos. Además, se enfrentaron al estigma público, la desconfianza y el temor que la población tenía de estos profesionales ante la posibilidad de transmitir el virus fuera del hospital12.

    Discusión

    Todos los cambios ocurridos a raíz de la pandemia por COVID-19 han tenido consecuencias negativas para todas las partes implicadas en el proceso de embarazo, parto y puerperio, afectando no solo a las mujeres gestantes, ya que existen otros grupos que viven el proceso de cerca y sufren también similares consecuencias: los acompañantes de estas gestantes y las matronas que las atienden. 

    Con respecto a las mujeres gestantes, las consecuencias observadas se centran especialmente en el plano emocional, como angustia, trauma y tristeza en las embarazadas, así como pérdidas de atención clínica esencial durante el embarazo y el posparto, confusión en los consejos que recibían, falta de información, falta de comunicación sobre los distintos cambios que el sistema sanitario iba sufriendo y cómo esto afectaría a su atención médica e incluso falta de personal que las atendiera. Además, en estas mujeres existía una preocupación doble: sobre cómo podría afectar la infección a su propia salud y, de forma simultánea, miedo a la trasmisión e infección del virus al feto/recién nacido, a lo que se vio añadido un profundo sentimiento de soledad debido a la falta de visitas de seguimiento de embarazo y dificultad de acceso a los servicios hospitalarios, como se ha comentado anteriormente. 

    Toda esta situación que han vivido las mujeres gestantes sin precedentes a corto plazo y la enorme falta de información que han sufrido, ha dado lugar a una gran incertidumbre sobre ellas mismas, el estado de su hijo, del curso del embarazo, o sobre lo que pasaría en el parto, siendo esta una de las grandes preocupaciones que más angustiaba a las madres9,27,28. 

    Se ha de tener en cuenta que existen pocos estudios aún que hablen acerca de cómo esta situación ha llegado a afectar a la salud mental de las mujeres gestantes, siendo en sí mismo un tema que anteriormente a la pandemia no se le ha mostrado

    iban destinados en su gran mayoría a patologías físicas más tangibles, frente a la salud mental, un tema un tanto olvidado y menospreciado. Por fortuna, la salud mental es un tema cuyo estudio y comprensión va poniéndose en auge hoy en día.

    El embarazo en sí es una situación vulnerable que puede llevar consigo un enorme aumento de estrés materno debido al miedo a que el feto/recién nacido pueda sufrir alguna consecuencia nociva debido a cualquier afección, por lo que si además se añade la situación que estás madres han estado y están viviendo durante la pandemia, los resultados con respecto a la salud mental pueden ser devastadores. Algunos estudios publicados en Canadá, China, Turquía e Italia ya muestran cómo las tasas de depresión y ansiedad en mujeres embarazadas se han multiplicado con creces en comparación con estudios realizados antes de la pandemia por COVID-1930.

    No se ha de olvidar que todos estos cambios que ha supuesto la pandemia en la atención perinatal también han afectado de forma paralela a un colectivo que ha convivido con las mujeres gestantes durante estos tiempos de desconcierto: las matronas. Y es que muchas de estas profesionales al principio sintieron que estaban viviendo una situación totalmente descontrolada, donde nadie sabía qué hacer, ni se sabía cómo manejar de forma segura los residuos procedentes de pacientes COVID-19 positivos ni siquiera cómo colocarse/retirarse correctamente un EPI19.

    Además de esta situación de completa desinformación, las matronas también se encontraron con algunas barreras que dificultaron aún más su asistencia profesional:

    • Falta de información y coordinación. Decepción con respecto al cambio constante de protocolos y normalmente poco actualizados con respecto a la evidencia disponible.
    • Sintieron que no brindaban el apoyo necesario a las mujeres gestantes por las restricciones, puesto que se recomendaba pasar el mínimo tiempo posible con las mujeres gestantes. “La preocupación de dar a luz sola es algo que las matronas se toman muy en serio”. Se produjo una deshumanización del parto.
    • Aumento de las cargas de trabajo debido en algunos casos al cierre de algunas maternidades. Falta de apoyo.
    • Falta de EPI.
    • Miedo al contagio, no solo de ellas mismas, sino de sus familias también.
    • Miedo y ansiedad para afrontar el trabajo durante la pandemia12,19,20.

    A pesar de esto, las matronas mostraron un gran sentimiento de empatía y lucharon por prestar los mejores cuidados posibles a estas mujeres gestantes, siempre con el objetivo de mejorar la atención prestada a estas usuarias. A pesar de esto, muchas profesionales sintieron una profunda insatisfacción con su labor, ya que en muchas ocasiones no podían brindarles la experiencia que hubieran querido16,19. 

    Otro de los grandes pilares que no se ha olvidar, puesto que también se vieron afectados en el proceso de maternidad, parto y puerperio durante la pandemia, fueron las parejas los acompañantes de las mujeres gestantes.

    Cuando llegaron las restricciones fue uno de los colectivos más sacrificados, ya que fue excluido de numerosas visitas de seguimiento de embarazo, ecografías, el proceso de dilatación e incluso en algunas circunstancias el parto, debido a que los riesgos de contagio por COVID-19 se volvieron una preocupación superior incluso frente a las consecuencias psicológicas que esto podría tener tanto en las mujeres gestantes como en los mismos acompañantes6,15. En algunos casos, incluso las mujeres gestantes se vieron solas con la responsabilidad de tomar decisiones importantes con res pecto al transcurso y la evolución del embarazo y no contaron con el apoyo que sus parejas o acompañantes, generando una situación de miedo, estrés y ansiedad16.

    El impacto de excluir a las parejas y acompañantes de la etapa de la maternidad es potencialmente grave, tanto para las mujeres gestantes como para el propio acompañante. Ya anteriormente a la pandemia por COVID-19, muchas parejas se sentían excluidas por algunos profesionales de salud que se centraban exclusivamente en la diada madrehijo, puesto que, por un lado, la mujer es la que gesta y por ende a la que hay que seguir más de cerca porque su salud va a repercutir en la salud del feto y, por otro lado, y de manera inconsciente, en el caso de parejas masculinas debido a los roles de género comúnmente asignados, los sentimientos como el miedo o la ansiedad, así como la propia sensibilidad o las múltiples dudas que surgen durante el embarazo eran atributos que se han asociado tradicionalmente a las mujeres, dejando un poco de lado a la figura de la pareja. Este sentimiento de exclusión se ha visto incrementado a raíz de la COVID-19 y las restricciones impuestas no solo por algunos profesionales sino por el propio sistema de salud. Esto dio lugar a que estas personas se sintieran aisladas durante el embarazo, el parto y el periodo posnatal15,17.

    Esto, en muchas ocasiones, fue el detonante para que muchas de las mujeres gestantes optaran por un cambio en su plan de parto, dejando la asistencia pública y optando por la atención privada, donde uno de los mayores reclamos era el poder tener un acompañante durante todo el proceso de la maternidad e incluso la disponibilidad de habitaciones individuales, reduciendo otra de las grandes preocupaciones que tenían: el contagio en las áreas hospitalarias8,16.

    Conclusiones

    La pandemia por COVID-19 ha traído consigo numerosos cambios en la atención recibida por parte de las mujeres gestantes que necesitaron ingreso hospitalario con una infección por COVID-19 confirmada, produciendo estas modificaciones de los distintos servicios de obstetricia y ginecología una serie de efectos y repercusiones en las experiencias vividas por los tres grupos en los que se centra esta revisión.

    Los principales cambios fueron vividos por las propias usuarias de estos servicios, las mujeres gestantes, las cuales se sintieron desinformadas, con un elevado grado de miedo y estrés ante la posibilidad de que la enfermedad le afectase a ella o a su hijo, y en algunos casos, abandonadas ante la pérdida de visitas de embarazo o dificultad de acceso a los sistemas sanitarios.

    Con respecto a los acompañantes y parejas de estas mujeres gestantes, si ya antes de la pandemia se sentían en un segundo plano, con la llegada de la misma este sentimiento se multiplicó con creces, ya que debido a las medidas de aforamiento y distanciamiento social, se vieron excluidos de numerosas visitas de seguimiento de embarazo, e incluso en los ingresos hospitalarios o el propio parto, generando en ellos una sensación de impotencia y estrés ante el no poder saber qué le estaba pasando a su acompañante o al bebé, lo que en muchos casos terminó por dar lugar en un sentimiento de aislamiento del proceso de la maternidad. 

    Por último, el grupo de las matronas, además de la falta de información generalizada a los tres grupos y que no fue distinto en este, reflejó principalmente sentimientos de miedo frente al contagio, y no solo al propio contagio sino también ante la posibilidad de llevar la infección a sus familias, puesto que, sobre todo al comienzo de la pandemia, no contaban con las medidas de protección adecuadas. También reflejaron sentimientos de gran impotencia y tristeza, ya que sentían que no estaban brindando una asistencia de calidad a las mujeres gestantes que estaban a su cuidado.

    Futuras líneas de investigación

    Tras la realización de esta revisión se ha comprobado cómo la falta de información y estudios acerca de esta temática es bastante evidente y con limitadas referencias de suficiente calidad científica y metodológica, por ello se hace necesario profundizar en su investigación antes de dar recomendaciones con un alto grado de evidencia científica. Además, la gran mayoría de investigaciones efectuadas sobre la COVID-19 y el embarazo se centran en estudios de metodología cuantitativa, quedando solo una bibliografía muy reducida de estudios cualitativos, los cuales son de gran importancia en el campo de la enfermería para poder conocer las respuestas humanas, sentimientos y emociones, pilar fundamental en nuestro trabajo diario.

    Conflicto de intereses

    Ninguno.

    Financiación

    Ninguna.

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