La asistencia de las comadronas en el Renacimiento: las enseñanzas de Damián Carbón Sección: Originales Cómo citar este artículo Sánchez Sánchez T. La asistencia de las comadronas en el Renacimiento: las enseñanzas de Damián Carbón. Matronas Hoy 2025; 13(3):6-15. Autores Teresa Sánchez Sánchez Doctora en Psicología. Profesora titular de Psicología. Facultad de Psicología. Universidad Pontificia de Salamanca. España.Contacto:Email: tsanchezsa@upsa.es y tsanchezsa1960@gmail.com Titulo: La asistencia de las comadronas en el Renacimiento: las enseñanzas de Damián Carbón Resumen Introducción: se toma de referencia el texto del siglo XVI de Damián Carbón, Libro del arte de las comadres, acerca del oficio de la matrona durante la gestación, el parto y el puerperio en el Renacimiento y, consecuentemente, del conocimiento obstétrico de la época.Objetivos: datar y contextualizar un antecedente de la tocoginecología en España. Poner de relieve el perfil profesionalizado de las comadronas de la época. Destacar las funciones empíricas que se atribuían a las comadres (matronas).Método: exégesis del texto original con el método hermenéutico. Interpretación de la intención pedagógica del autor y la perspectiva psicohistórica desde el punto de vista de la autora de este trabajo.Discusión y conclusiones: la importancia de esta obra radica en ser la primera tocoginecológica conocida en España con el texto más temprano de toda la literatura monográfica española renacentista de tema pediátrico. Damián Carbón fue un clínico, vanguardista y su saber, empírico y pragmático. Carbón fue pionero en pautar una norma humanista en el abordaje de las afecciones humanas. Se constata el oficio de la partería como necesario socialmente y desempeñado en exclusiva por mujeres (comadres, parteras, madrinas, comadronas), cuyo nivel de instrucción debía elevarse, a pesar de su perfil profesionalizado. La corriente por divulgar conocimientos obstétricos y ginecológicos del siglo XVI fue comandada por médicos con escasos y arcaicos conocimientos en la materia, aún así afirmaron el poder de su conocimiento y género sobre las comadres (matronas). Palabras clave: comadres; comadronas; matronas; parto; puerperio; Renacimiento Damián Carbón. Title: Assistance by midwives in the Renaissance: the lessons of Damián Carbón Abstract: Introduction: the 16th century text by Damián Carbón, “Libro del arte de las comadres” (“The Book of the Art of Midwives”), is taken as a reference about the task of the midwife during pregnancy, childbirth and the postpartum period in the Renaissance and, consequently, about the obstetric knowledge at that time. Objectives: to date and contextualize a precursor of Obstetrics and Gynaecology in Spain. To highlight the professionalised profile of midwives at the time. To emphasize the empirical functions attributed to midwives. Method: an exegesis of the original text using the hermeneutic method. Interpretation of the educational purpose by the author, and the psycho-historical perspective from the point of view of the authoress of this article. Discussion and Conclusions: this book is important because it is the first text on Obstetrics and Gynaecology known in Spain, with the earliest text of all Spanish monographic literature on a Pediatric matter during the Renaissance. Damián Carbón was an avant-garde clinician, and his knowledge was empirical and pragmatic. Carbón was a pioneer in terms of establishing a humanist standard for approaching medical conditions in humans. The profession of midwifery was confirmed as socially necessary, and exclusively performed by women (“comadres”, midwives, godmothers, “comadronas”), who needed a higher level of training regardless of their professionalised profile. The trend for disseminating obstetric and gynaecological knowledge in the 16th century was led by physicians with limited and archaic knowledge of the matter; even so, they asserted the power of their knowledge and gender over midwives. Keywords: pregnancy; “comadres”; “comadronas”; midwives; childbirth; postpartum; RenaissanceDamián Carbón. IntroducciónEl texto del siglo XVI Libro del arte de las comadres o madrinas y del regimiento de preñadas o paridas y de los niños, del médico balear Damián Carbón, acerca al oficio de la matrona durante la gestación, el parto y el puerperio.El libro constituye una radiografía de la partería en el Renacimiento, anterior a la moderna anatomía introducida poco después por Vesalio y a la fisiología y la genética ulteriores. La obra de Carbón compendia y termina una extensa etapa marcada por la medicina galénica e hipocrática y la influencia árabe, al tiempo que anticipa la investigación y el tratamiento idiográfico de la enfermedad característicos del humanismo.Contexto histórico-cultural de la obraSe conocen pocas cosas ciertas de Damián Carbón Malferit, salvo la publicación en Mallorca, en 1541, de una obra titulada Libro del arte de las comadres, o madrinas, y del regimiento de las preñadas y paridas, y de los niños, a través de la revisión y el cotejo de dos ediciones facsimilares disponibles [1, 2]. La obra es una monografía compuesta antes de 1528, aunque fuera publicada 13 años más tarde.Se trata de una obra, la primera tocoginecológica conocida en España y una de las primeras en Europa, tras la de Eucharius Roesslin (1513), que además incluye el texto más temprano de toda la literatura monográfica española renacentista de tema pediátrico. Esta obra alcanzó difusión, aunque no sería entre las comadres y mujeres a quienes parecía iba destinado, ya que, como el resto de población y sobre todo las mujeres, eran mayormente analfabetas; más bien se difundiría entre hombres cultos, médicos, cirujanos, integrantes del escaso porcentaje de españoles alfabetizados en la época.Se desconoce si la obra originalmente fue manuscrita en castellano antiguo o en catalán, pero la supuesta edición prínceps se encuentra en Zaragoza [3].Si entre 1480 y 1541 se publicaron en Salamanca, sede de una de las emblemáticas y primeras facultades de Medicina de España, tan solo 10 libros de Medicina, ¿cuántos podrían publicarse en Mallorca? Cada obra constituía un hito cultural, un trabajo pionero y compendiador que jalonaba un paso en la secularización y recopilación del conocimiento [4].El reguero de obras de temática y estilo similares que se produjo a lo largo del Quinientos (siglo XVI -1500-1599-), época crucial del apogeo imperial, apunta que:Constituye uno de los resultados indirectos del interés suscitado por los temas embriológicos, entre los maestros de la Universidad de Bolonia, durante los siglos XIII y XIV. Fueron estimados como uno de los terrenos más adecuados para profundizar en la conciliación de las discrepancias entre la tradición aristotélica y la galénica [5].Objetivos Datar y contextualizar un antecedente de la tocoginecología en España, como es la obra de Damián Carbón.Poner de relieve el perfil profesionalizado de las comadronas que tenía ya en el Renacimiento un valor virtuoso y sanitario.Destacar las funciones empíricas que se atribuían a las matronas, cercanas a las pacientes, interlocutoras confidentes de las mujeres.Observar de cerca la idiosincrasia de un trabajo híbrido de las matronas: empapado del saber científico médico de la época, pero penetrando y aplicando a las necesidades cotidianas de salud y bienestar de las mujeres.MetodologíaExégesis del texto original (a través de un facsímil no corregido ni actualizado [1] y cotejado con un segundo [2]), aplicando como herramienta el método hermenéutico: yendo del todo a las partes y viceversa.A la vez se interpreta la intención pedagógica del autor y la perspectiva psicohistórica del intérprete, la autora de este trabajo (Imagen 1).Damián Carbón: orígenes, formación y su obraDamiá Carbó y Malferit, firma su obra como Damián Carbón, lo que refleja la situación sociolingüística de la época: catalán, lengua corriente de uso, frente a la implantación del castellano en los ámbitos cultos y oficiales. Esta misma circunstancia apoya la duda apuntada con anterioridad de si la obra en su inicio fue escrita en catalán o en castellano como se conoce, aunque presumiblemente lo fuera en castellano por lo expuesto, y además, para favorecer que su difusión fuera más allá del exiguo terreno mallorquín, extendiéndose por todo el territorio nacional.Algunos autores hacen a Carbón, nacido en fecha sin determinar a finales del siglo XV, natural de Palma de Mallorca, mientras que otros opinan que es oriundo de Campos (municipio y localidad rural del sur de Mallorca en la comarca de Migjorn) como su padre, nativo de esa localidad. Esto último parece más plausible, ya que Mallorca, su apellido, durante la Edad Media y Renacimiento, está localizado principalmente en dicha localidad. Se cree que fue hijo del cirujano Andreu Carbón, cirujano, y de Arcenda Malferit [5].En su vida Carbón fue conocido también como poeta, especialmente por el poema que dedicó a Carlos V, en honor a su visita a Mallorca [7].Su carrera profesional constituye un ejemplo de ascenso intelectual y social. Mientras que en 1509 es calificado de cirujano, en 1519 había obtenido ya el grado de batxiller en medicina y aunque en 1520 aún ejercía la cirugía, como mestre de botiga, la más alta cualificación del gremio quirúrgico, no fue hasta 1524 cuando obtuvo el título de licenciat en arts i medicina. El 20 de noviembre de 1528 finalizó la primera parte de su obra Libro del arte de las comadres y madrinas… y el 28 de ese mismo mes y año efectuó su examen para el grado de doctor en Medicina en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia. Su “promotor” o padrino fue otro médico mallorquín, Pere d’Olesa, por entonces docente en dicha facultad. Carbón ejerció tareas de prevención sanitaria desde 1522, pero hasta 1530 no fue nombrado médico de la Morberia de Mallorca, Junta de Sanidad, cargo que ostentó hasta 1541 [5], y desde la que hizo una gran campaña sanitaria en favor de la mujer abandonada y de los niños expósitos. [8]Su designación como médico de esta prestigiosa e importante institución representa el reconocimiento de su capacidad personal y de su cualificación profesional, constituyendo la culminación de su carrera médica [5].Su saber está fuertemente impregnado de la formación y atavismos astrológicos, propios de la mentalidad mágica reinante durante el Renacimiento, que atribuía a las estrellas la virtud de revelar los designios del cuerpo humano. La implantación de la anatomía como asignatura del currículum médico no se hizo realidad hasta 1550:"... para que los médicos pudiesen entender mejor las enfermedades de cada enfermo, el médico debía elucubrar y deducir en relación con las peculiaridades propias de su particular estrella. Tomar el pulso, examinar lengua y orina y administrar purgas y sangrías, empleando algún latinajo, parecía toda su ciencia" [9].Sorprende que Carbón se autotitule expertísimo doctor, como figura en la portada, cuando es casi un neófito en la medicina: es preciso recordar que no obtuvo el grado de batxiller en medicina hasta 1519 y continuó ejerciendo la cirugía. Cuatro años antes de la edición de la obra, en 1524, obtuvo el título de licenciat en arts i medicina. Además, hay que tener en cuenta que los conocimientos obstétricos y ginecológicos no se incluyeron en la carrera médica hasta la cédula de 21 de julio de Fernando VI en 1750 [10]; la que, por ende, determinó el inicio legal del ejercicio de los parteros, siguiendo la tendencia que se instauró en Europa, empezando por Francia, de introducir varones (cirujanos menores) en el ámbito de la atención tocológica, desde tiempos inmemoriales, práctica exclusivamente femenina.Por tanto, es comprensible que la mayor parte de los conocimientos sobre los procesos de gestación y parto contenidos en este libro no son propios, como refleja la cantidad de referencias que incluye de otros autores antiguos. Tampoco estos últimos practicaron el arte del parto, pues solo eran llamados por las parteras (a los cirujanos, nunca a los médicos), para practicar una obstetricia destructiva, cuando ellas estimaban la imposibilidad de que el parto se produjera de forma natural. Sin embargo, a partir del Renacimiento, y con la introducción de la imprenta, estos médicos y cirujanos no versados en el arte del parto osaron dogmatizar sobre las enseñanzas del Arte de Partear; a la vez, intentaron "moralizar" a las mujeres practicantes, que, aunque de forma no reglada, sí atesoraban conocimientos sobre los procesos fisiológicos de gestación, parto y puerperio. Prueba de esto es la misoginia y la infravaloración femenina y la hegemonía patriarcal.Por otra parte, el texto de Damián Carbón es previo a la difusión y fecundidad de las ideas iatroquímicas de Paracelso, todavía pertenece a la órbita de la teoría humoral del cuerpo y del espíritu. Hipócrates, Galeno y Avicena eran las fuentes documentales, los referentes dogmatizados e indiscutibles pilares de la autoridad médica. Carbón fue un marginal respecto a las brillantes aportaciones de los humanistas médicos de la época, como por ejemplo Vesalio, Servet y Cardano, y no pudo ser testigo de esa revolución copernicana hacia dentro en el conocimiento de las propias entrañas que supuso el advenimiento de la Anatomía y la Fisiología [11]. De ahí que la ciencia de los médicos tuviera tan escaso valor científico para la posteridad, como fue sobresaliente su eficacia curativa y práctica. A su manera, Damián Carbón fue un experimentalista, pues siendo su observación sistemática y su intuición los únicos instrumentos de conocimiento de los que podía valerse, osaba proponer fármacos nuevos y combinaciones naturales de productos no probados con anterioridad. Una llamativa particularidad de la medicina renacentista es su deseo de hacerse entender por el pueblo y la relación dialógica que se establece entre consultante y médico, afín a la que se produce entre discípulo y maestro. Esta horizontalidad, sensata como criterio pedagógico, tiene algo de mayéutica, pero sobre todo reporta beneficios y agiliza el acto médico, pues convierte al enfermo en cómplice y colaborador de la propia tarea curativa.La dieta, el drenaje de los humores corporales malignos, los temperamentos naturales y la complexión corporal eran los elementos del ars combinatoria que todo médico debía saber manejar, no sin aderezar su docta ignorancia con el auxilio que le prestaran disciplinas vecinas e indispensables como la magia alquímica y la astrología (Imagen 2):"El médico es alguien a quien no todos pueden ni quieren recurrir, dado que el curanderismo es práctica tan general que no escapan a ella ni los eclesiásticos, ni los nobles, ni la propia Corona. Quizá por ello, al médico suele llamársele en última instancia, y no solo tiene fama de curar poco, sino de cobrar mucho. Su función en la corte de los grandes no es solo la de médico, sino la de astrólogo, condición esta última, por la que son en ocasiones más consultados que por la propia práctica de la Medicina..." [12].Parteras asistiendo un parto mientras los astrólogos consultan cartas celestes; grabado en relieve de la obra De conceptu et generatione hominis (1554; La partera experta) de Jakob Rueff. En el grabado se observa la influencia de la astrología en la época.Damián Carbón se sitúa en la encrucijada de la tradición y de la modernidad. En su obra se observa la curiosa coincidencia de atavismos a punto de extinguirse en la revolución renacentista y de vanguardismos experimentales que preconizan la muy ilustrada idea de que no existen enfermedades sino enfermos y, por tanto, cada remedio debe ajustarse a la causa singular de la enfermedad como la llave a la cerradura. Damián Carbón es un buen exponente del cambio introducido en las ciencias a lo largo del siglo XVI: el quehacer de cada profesional es resolver el problema planteado ante él con todos los recursos que la tradición le brinde, pero si esta resultara insuficiente o falsa, será el audaz investigador que abandone las fórmulas inservibles y proponga fórmulas innovadoras que, empíricamente, tejerán el nuevo entramado de hipótesis. La sed de utilidad práctica es el estandarte de la medicina renacentista, de ahí que resulte más valorada la orfebrería intuitiva e idiográfica del médico general que la radicalidad artesana y extirpadora del cirujano:"La revolución científica constituye precisamente un proceso histórico del que emerge la ciencia experimental, es decir, una nueva forma de saber distinta del saber religioso, del metafísico, del astrológico y mágico, y también del técnico y artesanal... Se trata de un saber nuevo que, uniendo teoría y práctica, sirve por una parte para poner en contacto las teorías con la realidad, volviéndolas públicas, controlables, progresivas y participativas" [13].Funciones de las comadres o matronasEl estatuto profesional de las matronas ha evolucionado parejo a lo que hoy se definiría como sororidad, pero hasta hace poco no gozó de una condición autónoma, aunque se les reconociera un lugar de ayuda y asistencia doméstica imprescindible en el cuidado de la salud femenina. En algunas épocas de la historia se exigía que la comadrona fuera libre (no sometida a esclavitud), para que pudieran requerirse sus servicios sin pagar arancel a otro amo, así como debía ser madre para aportar su propia experiencia en el proceso del parto de otras mujeres [14]. Se admitía tácitamente que también instruyeran a otras mujeres sobre la sexualidad, el goce femenino y las partes de su anatomía para poder hacer uso de ellas en su adultez. El nexo de estas mujeres con los médicos, por una parte, varones todos ellos, y con los moralistas y sacerdotes, por otra, sitúa a las comadronas como ejecutoras prácticas del cuidado cercano a las mujeres en sus trances de salud, garantizando el respeto a la vigilante inspección de la ordenación matrimonial y su fin reproductivo natural [15].Bien es cierto que, después del Renacimiento, las parteras o mujeres sabias consumaron la dualidad de la mujer sabia-honesta y la mujer sabia-bruja. La limitación progresiva del acceso de la mujer al saber contribuye igualmente a constituir esa figura de una comadrona bruja de conocimientos limitados y mágico-empíricos: 30.000 perecieron en tres siglos, perseguidas por diabólicas.La figura de la partera fue denominada obstetrix en latín y derivó en otros nombres en castellano como partera, comadre, comadrona o matrona. Carbón en este libro explica al respecto: "Y esta comúnmente (refiriéndose a la comadre) en lengua castellana es llamada comadre o partera, en lengua catalana se dize madrina, en latin es llamada obstetrix" [1, 2, 6].La polifonía de términos trajo consigo la diversidad de connotaciones, unas más benignas que otras: a la obstetrix o partera se le suponían conocimientos médicos, mientras que a las comadronas o madrinas no se les suponía más que un arte práctico y artesanal para ayudar en circunstancias de embarazo, parto y puerperio. La dualidad de funciones (atención global a las necesidades femeninas para las primeras y atención exclusivamente funcional para las segundas) poseía connotaciones morales. Las obstetrices también entendían de la sexualidad y el placer de las mujeres, mientras que las comadres tan solo facilitaban la función reproductora. Dichas parteras purgaron su mayor sabiduría con fama de deshonestas y rijosas, las matronas en cambio conservaron reputación de decentes e íntegras.El término matrona fue el resultado de acentuar las cualidades morales de esas mujeres en detrimento de sus competencias médicas, y esas voces reflejaron al tiempo cómo las estereotiparon [16].Durante la Edad Media, las matronas habían tenido además otro papel: certificar la integridad del cuerpo femenino y la capacidad o no para la consumación del matrimonio. Para evitar que el peritaje aparentara un libertinaje libidinoso, las matronas debían ser sabias y cuidadosas, ya que auditaban el trabajo de las obstetrices. Fue la Iglesia la que dignificó el oficio de comadrona y se convirtieron en las principales aliadas de los médicos en las funciones de la vida femenina y de los canonistas en la determinación de las enfermedades que obstaculizaran la consumación del vínculo matrimonial [16]."Después (el Papa Honorio II) recordó las sospechas de los errores diagnósticos de las obstetrices y, aunque las calificó con un término claramente ligado a la medicina, también dudó del juicio de estas mujeres. Finalmente, aclaró que quienes debían realizar el examen era un grupo de matronas que debían ser decentes, inteligentes y cuidadosas, unas cualidades que la versión castellana tradujo como honestas y sabias. Esto es, el término matrona solo apareció cuando los atributos morales de las mujeres que inspeccionaban el cuerpo femenino eran determinantes, porque la sentencia eclesiástica se basaba en su palabra" [17].Las respetuosas enseñanzas a las comadres o madrinas del Dr. CarbónEl propósito que guía el libro es instruir a las madres y comadronas sobre los cuidados necesarios para la prosperidad de la gestación y del parto, aunque como ya se ha apuntado al inicio, difícilmente ellas fueran las receptoras de esta obra, dado el nivel de analfabetismo generalizado de la población y masivamente entre el género femenino.La obstetricia se consideraba un arte mecánica por requerir el uso de las manos.Resulta curioso que los médicos se atribuyeran la potestad de determinar al "ministro" encargado del parto, (la mujer) como dice Carbón: "por honestidad dexar estas cosas en poder de la mujer", jamás menciona esta atribución por sus conocimientos prácticos justificando exclusivamente la asistencia en manos de mujeres para salvaguardar la honestidad de las parturientas. Contradicción aparente de la idea de que los médicos practicaran e instruyeran en el arte del parto, la expone a renglón seguido Carbón al explicar la necesidad del médico: “cuando natura enferma para entender las causas y la cura dellas" descartando que estos practicaran operaciones manuales porque "el médico o doctor no lo puede hacer por ser cosas feas" y el parto se incluía en esta consideración [1, 2, 6].El autor, desde su estatus androcéntrico, socialmente concebido y naturalizado como dominante, plasma en la determinación de las cualidades de la partera la subordinación social, moral, conceptual de la mujer (comadre) cuyo oficio debiera ser complementario, pero autónomo del suyo, en la asistencia médica. Afirma que la comadre o matrona precisa tener tres cualidades: la experiencia, el ingenio y la moderación (prudencia). Lo primero para afrontar la gran diversidad de situaciones difíciles, lo segundo para encontrar remedio a las necesidades y lo tercero para que la buena cara refleje las buenas costumbres.La descripción de las cualidades requeridas a las parteras ya se difundió desde la antigüedad. Sorano de Éfeso en el siglo II d.C. (más tarde Moschion), a través de sus escritos obstétricos y ginecológicos, trabajos que se convirtieron en una referencia importante para el desarrollo de la Obstetricia a lo largo de los siglos, fueron fuente para todos los autores posteriores. Sorano en su libro Mulieribus affectionibus dedica dos capítulos, probablemente es el autor que lo hace en mayor extensión, a las condiciones requeridas a las parteras haciendo hincapié en la formación intelectual de estas, una verdadera entelequia para el conjunto femenino:"Quae optima sit obstetrix ¿Quién es apta para ser partera?: este es un comentario útil, para no malgastar aceite y esfuerzo enseñando constantemente incluso a las menos aptas. Es apta quien sabe leer, es hábil, tiene buena memoria, ama el trabajo, es modesta y no tiene impedimentos en la percepción de los sentidos, tiene extremidades sanas, es fuerte o, como dicen algunos, tiene dedos y uñas largos y delgados con las puntas de los dedos hacia atrás. Debe saber leer, para que también pueda adquirir arte de la teoría; debe ser hábil, para que pueda seguir fácilmente lo que se dice y se hace; tiene una memoria grande, para que también pueda aferrarse firmemente a los preceptos que se le dan, pues el entrenamiento se produce a través de la memoria y el entendimiento; ama el trabajo, para que persevere en las cosas que suceden, pues necesita una resistencia varonil en el trabajo si quiere aprender tal disciplina; debe ser modesta, porque es probable que los asuntos íntimos de su hogar y su vida le sean confiados y porque una mujer de moral corrupta prepara el camino para que las malas artes parezcan estar imbuidas de entrenamiento médico, pero no impedidas en sus sentidos, porque debe ver algunas cosas, oír otras por las respuestas, percibir otras por el tacto; con miembros sanos, de modo que no se vea impedida en el manejo de sus obras; fuerte, porque a causa de la fatiga asume una doble carga al andar, pero debe tener dedos largos y delgados, y uñas retraídas, de modo que puede tocar ligeramente una inflamación profunda sin causar ofensa; lo que, sin embargo, también tiene éxito en ella por el mismo hecho de que está más diligentemente ocupada y ejercitada en sus obras."El segundo capítulo, Quae optima sit obstetrix, quien es la partera excelente, detalla."Es necesario describir las cualidades que definen a la mejor partera, tanto para que las más excelentes se conozcan a sí mismas, como para que las novatas las consideren como ejemplos, y la gente común, cuando necesite ayuda, sepa a quién recurrir. En resumen, por lo tanto, consideramos perfecta solo a quien ha alcanzado la plenitud del arte médico; pero la mejor es aquella que, además de la excelencia en los teoremas, ha adquirido diversos tipos de práctica en las obras mismas. Más específicamente, consideramos mejor a la partera que está capacitada en todos los aspectos de la terapia (pues algunos deben tratarse con dieta, otros con las manos, otros con medicamentos), y que, siendo así, sabe dar los preceptos necesarios, discernir lo general y lo especial, y extrae de ellos lo útil, sin desviarse de las causas ni de la observación frecuente de lo general, sino que las sigue continuamente con un intelecto que las distingue claramente. Que no se vea particularmente afectada por la angustia mental en los cambios de síntomas, sino que los alivie según se presenten según la causa de la afección; que no se perturbe ante los peligros; que pueda dar razones adecuadas para la ayuda; que ofrezca consuelo a quienes están de parto; que se apiade de ellos; ni tampoco exijo absolutamente que, como algunos desean, haya dado a luz previamente, para que la experiencia de los dolores pueda conmover a quienes están de parto; pues tendrá más compasión que quien ha experimentado el parto, a quien esto no le ha sucedido. Debe ser fuerte, sin duda, por la ayuda que debe soportar; y en absoluto una mujer joven, como dicen algunos, pues una mujer joven puede ser débil y dejar de ser fuerte. Debe ser templada y siempre sobria, porque es incierto cuándo será llamada a ayudar a quienes están en peligro. Debe estar libre del afán de lucro, no sea que, por la recompensa, proporcione un remedio perverso al retrasar el parto. Que no sea supersticiosa, no sea que por un sueño, palabras ominosas, un misterio habitual o una ceremonia supersticiosa, relacionadas con la obstetricia, descuide lo útil. También debe cuidar que sus manos estén suaves, evitando hilar, que suele endurecerlas, y además, procurando el uso de ungüentos suaves, a menos que la naturaleza se lo haya dado. Así debería ser una excelente partera. Pero cuando nos dispongamos a abordar las cuestiones de salud que afectan a las mujeres, será necesario primero explicar la naturaleza de las partes femeninas, que en parte se comprende de inmediato y en parte se obtiene de la anatomía; lo cual, aunque inútil, dado que se recibe para el estudio de las cosas buenas, también enseñaremos lo que se ha aprendido de esta disciplina pues será más fácil que nos crean cuando afirmamos que la anatomía es superflua si primero nos convence su conocimiento. Tampoco despertaremos sospechas despreciando algo que se considera útil debido a nuestra ignorancia" [17].Conocimientos sobre el embarazo, parto y puerperioEn el Libro I, dedicado a desarrollar la "forma de la empreñación, el embarazo mismo y el regimiento de preñadas y paridas” y tras meticulosas recomendaciones para proceder en el parto, se atreve a introducir sus avisos para amas de cría. Aporta algunos consejos para que los padres seleccionen a las buenas comadres según sus dones y sabiduría. Advierte que una buena comadre:"no sea fantastiga: no sea riñosa: sea gozosa: sea alegre porque con sus palabras alegre la que pare. Sea honrada: sea casta para dar buenos consejos y exemplos/mire que tiene honestissima arte. Sea secreta que es la parte más esencial. Quantas cosas les vienen en manos que no se han de comunicar por la verguença y daño que se siguiria. Tenga las manos delgadas y mire las carnes que tiene que tratar. Sea ligera en el tacto. Mire que no haga lision en las partes delicadas" (fol. XIII).A lo largo de 30 capítulos alecciona a las matronas sobre su tarea, definida como “Adjutorio artificial por (para suplir y ayudar en lo que la natura falta como cosas casuales y fortuitas que acaescen en el tiempo de la preñez: y en el tiempo del parir” (Prefacio, 4).Para ejercer bien su oficio deben conocer las incidencias de la concepción (ayuntamiento carnal), de la generación (unión de las simientes) y de la preñez, tanto de las cuestiones anatómicas como de las funcionales y de las posibles patologías que se den de partida o que sobrevengan en su desarrollo. Las comadronas poseen un papel de confidentes de las señoras y, por ello, deben asesorar sobre la manera correcta de la cópula, la conducta idónea con el esposo y los sucesos que transcurren en el interior de sus cuerpos durante el embarazo.Se intercalan todas las supersticiones y creencias pseudocientíficas de la época, pero se atisba un esfuerzo por determinar los tiempos en que ocurren los procesos. Así, por ejemplo, Carbón desarrolla su teoría de la formación inicial de tres vejigas en las que se instalan los espíritus esenciales: el espíritu vital (corazón), el espíritu animal (cerebro) y la virtud natural (hígado). En los seis primeros días está formado el ser y durante los siguientes treinta días, si es breve, o cuarenta y cinco, si es largo, se hinchan los miembros, concluyendo antes si es niño y después si es niña. Solo al terminar este periodo comienza la verdadera preñez, pues se forma el panículo (placenta), del que la criatura recibirá el alimento, determinando que sea un buen o un mal embarazo.Algunos de los supuestos bizarros de Carbón son creer que el feto micciona a través del sudor o que es posible que se produzca embarazo sin participación de varón, lo que siempre acarreará monstruosidades.Carbón alecciona a las comadres sobre las señales que distinguen la preñez, dando por hecho que incluso la experiencia del varón es distinta cuando deposita su simiente si va a ser varón o hembra el resultado (vide cap. 7). Todas las eventualidades de la mujer embarazada son estudiadas con cierto detalle, aportando a la comadre signos empíricos para que pueda prevenirlas, reconocerlas y paliarlas mediante remedios medicinales.Dedica gran atención médica a los abortos, algo que se entiende más aun por la dedicatoria del libro al caballero por cuyo encargo escribe esta obra y cuya esposa “bien complisionada, templada en su exercicio, alegre, honesta en su vivir, tres o quatro vezes al tiempo de los seis meses ha malparido un hijo muerto"; describe sus causas, así como a las emociones que pueden acarrearlos, encomendando a las comadres diligencia para avisar a las preñadas que eviten la ira o la tristeza:"... la muger colerica, riñosa, dispone la matrix a la relaxacion y a no concebir: y a la que concebio a mal parir. La tristeza y malenconia a athenuacion y flaqueza de todo el cuerpo (fol. XCIII v)."Las normas de conducta doméstica y pública que deben regir a las preñadas quedan fuera del alcance de las matronas, pero han de conocer las recomendaciones y prohibiciones para que hagan uso del consejo a las mujeres gestantes.Luján (1550), apenas nueve años después, a través de sus Colloquios matrimoniales, ofreció parecidos consejos a la casta preñada para evitar un mal parto [18]:"... la mujer preñada se guarde de saltar, bailar, correr, ni hacer ningún acto de fuerza, pues vemos que a los hombres les quita la habla, y a las mujeres preñadas la vida (Luján, 1550, 185)."El capítulo XVIII es importante para el oficio de matrona (que está repetido, errata natural del texto). En él, Carbón explica a las comadres los diversos tipos de parto y sus causas. La más interesante digresión consiste en cuánto es el tiempo natural en el que se produce, dando por hecho que puede ser a los siete, ocho, nueve, diez, once y hasta catorce meses (sic). Las anomalías y los destiempos del parto pueden deberse a la falta de nutrición y de aire, pero también a la necesidad de expulsar las superfluidades retenidas en el vientre de la madre. Siendo un médico renacentista y naturalista, considera posible que el tiempo de parir de la mujer no obedezca al mismo reloj biológico que en otras hembras animales. Por ello, si el embrión se forma rápidamente, el parto será más pronto que si tarda en formarse."Descrivese el parto natural desta manera. En el tiempo que la criatura después de su tiempo natural determinado desea salir por buscar conveniente nutrimiento y ayre proporcionado sale la cabeça primero y los braços juntos a los lados y las manos tendidas sobre los muslos de las piernas y esto en el mes seteno o noveno: y si la criatura a la lumbre viniere: el tal parto se dize natural. Y al contrario desto se dize parto no natural que seria por defecto del tiempo o por la diformidad del salir. Y assi se dize parto difficultoso: porque antes del tiempo ni la criatura ni la madre se han naturalmente a tal efecto: ni ygualmente concorren a tal operación (fol. XXXVI)."Menciona seguidamente la dificultad del parto y lanza a las comadres una serie de exhortaciones. Se trata de suaves requerimientos sobre las condiciones generales que deben acopiar para cumplir diligentemente su oficio y que habrán de manifestarse en el cuidado físico del infante. Además de sus habilidades mecánicas, reunirán un cierto número de actitudes caracteriales y costumbres, a tenor de su notable influencia sobre la parturienta:"La comadre ha de ser esforçada e ingeniosa, que dé buen esfuerço a la preñada con palabras amorosas, y si por ventura la criatura por el grande trabajo muriese es necesario con la mano muy delicadamente poner la criatura por derecho camino: y si pudiere el dedo ponerle en la boca, tire afuera la criatura suavemente y con ingenio (fol. XXXVII)."Especialmente delicado es el capítulo en el que, recurriendo a Avicena, como es habitual en Carbón, instruye a la comadrona a sacar la criatura muerta. Tal circunstancia puede darse cuando el parto dura cuatro días. Las señales tienen que ver con la sensación de cuerpo muerto, pétreo, que cae sobre un lado del vientre, donde se nota un tacto helado. La siguiente descripción es, sin duda, la más truculenta y grotesca de todo el manual de Carbón:"... la teta se deshincha, y mas que por su natura salen humidades fétidas y con virulencia. Y mas los ojos de la preñada son alterados y profundos: y el vientre es como de ytropica. Siente dolor en la región del ombligo: muchas veces tiene cámaras y voluntad de mear. Puede ser conocer por la oposición de la mano sobre el vientre: porque con el calor de la mano, si bivo fuere, terná movimiento. Puedese mas conocer la muerte de la criatura por las precedencias. Si por mucha flaqueza o debilidad. Por defecto del nodrimiento. Si por alguna fuerte enfermedad. Si por alguna percucion. Si por algún accessivo trabajo. Si por alguna demasiada cólera: las quales causas inflaman los espiritus de la criatura. De forma que desproporcionadas sofogan y matanla. O también por demasiado sangre o malo (fol. XXXX)." Una vez completado el parto, la comadrona ha de aprestarse a regir la conducta de la parida. El cuidado corporal, la atención a sus ropas, su alimentación, sus heridas, su sueño y descanso, así como su estado de ánimo constituyen el culmen del trabajo perinatal de la parturienta. Desde el capítulo XXIII hasta la conclusión de la primera parte, las atenciones que se han de prodigar pasan desde el caldo de gallina, la tela de carnero sobre los riñones, evitar el frío y la luz intensa, así como las fajas. Aporta a las comadres bebedizos y remedios manuales para ayudar a purgar la sangre de la matriz y que no quede retenida o se corrompa.Aunque las infecciones puerperales y los agentes bacterianos fueron descubiertos en el siglo XIX por Semmelweis, la manera en que Carbón se refiere a la cuarentena hace intuir que atisba que los riesgos de una mala cuarentena pueden acarrear la muerte de la mujer recién parida:"Regla y conclusión es de todos los doctores que la maior parte de los accidentes que vienen a la mujer parida son por poca purgación despues de haver parido: Porque concluyen que el sangre detenido en todo el tiempo de su preñez, se debe purgar como cosa superflua: de otra manera toma grado de putrefaction lo que no ha hecho antes del parto…. Porque por esso da natura termino de treinta o quarenta días para su mundificación (fol. XLVI)."La novedosa visión de Carbón sobre la lactanciaRecomienda la lactancia materna como mejor forma de criar al infante y solo en caso de imposibilidad materna, es admisible recurrir a amas de lactancia.Encomienda al ama que sea hábil y suficiente, inteligente para interpretar los signos de la conducta del niño; benigna, alegre, diligente, limpia, casta, ni triste, ni tímida, ni iracunda. Desaconseja la atención a la nodriza tonta, disipada, frívola o perezosa, pues en ninguno de estos casos estaría suficientemente atenta a las necesidades del niño, antes bien a las propias inclinaciones y caprichos. Observa, con gran sentido común, que el niño aprende de con quien está, no de quien lo engendró. Carbón se desmarca, asombrosamente, en una época dominada por las teorías naturalistas de los humores en cuanto trasmisores de todo tipo de predisposiciones hereditarias, de la interpretación innatista (genética, diríamos hoy) y se catapulta tres siglos por adelantado a una visión ambientalista e interpersonal de la labor educativa y del aprendizaje. Son el contacto humano, la atención práctica a la necesidad concreta, la imitación e identificación con los modelos de vida cercanos, los agentes educativos más potentes; en este sentido, sobre las amas de cría, repetimos, si la madre es incapaz de lactar por imposibilidad física:"Fue prohibida la estolida [estúpida, poco inteligente] no diesse a mamar y [a que] mas dize que trae las costumbres el niño de la ama que del padre ni de la madre, y por esso es de mucho mirar que sea bien morigerada y discreta (fol. LVI)."¡Cuántos debates espurios sobre la conveniencia de amamantar a horas regladas o de forma libre y permisiva! ¡Cuántas teorías inútiles sobre la necesidad de adiestrar al neonato en fórmulas alimenticias de un tipo u otro, según que el objetivo perseguido fuera entrenar al niño en la frustración o la gratificación!Damián Carbón hace gala de sentido común. Postula una lactancia según demanda pues, según supuso, antes de que el infante sea pervertido por descarriados hábitos hedonistas, si pide será porque necesita. La terquedad y rigidez en la creación de hábitos alimenticios, y de otro tipo, contribuyen a la socialización y a la civilización del niño, pero deben atemperarse para no devenir actitudes puramente sádicas e intransigentes que causen innecesarias frustraciones y desabrimientos de carácter. Dicho de forma llana: el niño debe estar, ante todo, contento.Discusión y conclusiones Se destaca la importancia de esta obra por ser la primera tocoginecológica conocida en España, y una de las primeras en Europa, tras la obra de Eucharius Roesslin (1513). Además, incluye el texto más temprano de toda la literatura monográfica española renacentista de tema pediátrico.A diferencia de lo que ocurre con otros tratadistas tocoginecológicos del Renacimiento, como indica Sánchez Granjel en sus investigaciones al respecto [19, 20], Damián Carbón es un clínico, no un erudito que recoja el saber admitido. Por ello, es un autor de transición entre las concepciones galénicas y las modernas procedentes de la anatomía de Vesalio. Su saber es, por ello, empírico y pragmático: dos de las consignas que rigen la medicina humanista posterior.Es, además, vanguardista por cuanto va desde la exposición de creencias generales no sometidas a comprobación a investigaciones etiológicas particulares.Ante la enferma ginecológica, como ante la paciente obstétrica, trata de averiguar la confluencia idiosincrásica de todos los factores considerados importantes durante este periodo histórico: su alimentación, su temperamento, su complexión corporal y el comportamiento de sus humores, contexto medioambiental, etc., para deducir de dicha interacción el consejo médico oportuno. Comienza por ello a tratar al enfermo, no a la enfermedad. Por ese motivo, probablemente orienta su texto no a los médicos, sino a las matronas, por ser ellas las realmente necesitadas de asesoramiento técnico y práctico en el trance de los abortos, partos, etc.Se constata el oficio de la partería como necesario socialmente y desempeñado en exclusiva por mujeres (comadres, parteras, madrinas, comadronas) cuyo nivel de instrucción debía elevarse, a pesar de su perfil ya profesionalizado.En el siglo XVI se produjo una corriente por divulgar conocimientos obstétricos y ginecológicos, fue comandada por médicos con escasa y arcaica formación en la materia, afirmando el poder de su instrucción y género, sobre las mujeres que atesoraban realmente el conocimiento práctico.Conflicto de interesesNinguno.FinanciaciónNinguna. Bibliografía Carbón D. Libro del arte de las comadres, o madrinas, y del regimiento de las preñadas y paridas y de los niños. Facsímil del original. Londres: lnstituto Wellcome de Historia de la Medicina; 1541.Carbón D. 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