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Revista Matronas

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DICIEMBRE 2025 N° 3 Volumen 13

ESPERANZA AGRAZ PATIÑO
Una matrona innovadora, atrevida y pionera en programas de educación para los hombres y violencia machista

Sección: Entrevista a…

Autores

ATENEA

Redactora AEM

Titulo:

ESPERANZA AGRAZ PATIÑO
Una matrona innovadora, atrevida y pionera en programas de educación para los hombres y violencia machista

Antes de empezar con la entrevista, hay que mencionar que Esperanza fue coautora de uno de los lemas de la Asociación Española de Matronas (AEM), podríamos decir que fue una “maternidad compartida” entre Esperanza y la AEM, “Tu salud es lo nuestro”. Fue en septiembre de 2009 cuando participábamos en la IV Edición del Salón Vivir 50 Plus en Madrid, organizado por la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA) y la editorial BAYARD. Entre los 80 stands que conformaban la feria, estuvo ubicado el de la Asociación de Matronas, donde se mostraron, mediante un tríptico informativo creado para la ocasión, las actividades y los servicios dedicados a la menopausia prestados por las matronas. Por cierto, las mujeres que visitaban el stand de la AEM se sorprendían mucho por esas actividades “fuera del paritorio”.

Pregunta: Esperanza, ¿cómo llegaste a nuestra profesión?
Respuesta: De una forma nada romántica, por eso me hace sonreír cuando las mujeres me dicen que se nota que lo mío es vocacional. Mi vocación era la independencia y seguridad económica, y hacer esta especialidad me daba cuatro puntos en un año para tener plaza fija de enfermera en el sistema público de salud; como te decía, una inmersión en la profesión nada romántica. Hice esta especialidad, como antes de ella hice la especialidad de enfermera en psiquiatría, la de empresa, incluso la de medicina tropical.

En 1984 no había mucho trabajo en enfermería y mi primer contrato interino no llegó hasta dos años después, con la especialidad ya comenzada, y fue una difícil decisión continuarla, ya que salir de trabajar a las 22 h en el Hospital 12 Octubre y entrar en el Hospital Santa Cristina a las 21 h era algo que requería hacer muchos malabarismos. Solo la deferencia de mi supervisor y mis compañeras de la planta 12, Monse y Cristina, lo hicieron posible.

P. Sorprende más que desde ahí, ese camino tan indirecto, hayas mostrado tanto entusiasmo y lucha en nuestra profesión.
R. Sí, pero ciertamente, como se dice “son muchos los caminos para llegar a Roma”. Una vez conseguida la plaza de enfermera en el Hospital de Toledo, pasaban los meses y no encontraba la plenitud que esperaba después de tanto esfuerzo. Ese vacío me llevó a la Atención Primaria, allá en 1989, cuando todo estaba por hacer. Para mí fue muy importante trabajar de enfermera en un centro de salud que se abría con profesionales sanitarios procedentes del medio hospitalario y del medio rural; una mezcla con muchas aristas que pulir para trabajar juntos.

P. Pero la figura de la Matrona en los centros de salud, tal y como la conocemos ahora, no se contempló hasta 1991.
R. Esa fue una de mis suertes, tras dos años de mucha formación en Atención Primaria, me ofrecieron pasar a trabajar de matrona, y no lo dudé. Veía muy claro la amplitud e independencia de nuestra figura junto a médicos y enfermeras en la atención a la mujer en su barrio, en su terreno, allí donde ella es la dueña y señora, a diferencia del hospital, donde las mujeres llegan empequeñecidas e indefensas, para que hagamos con ellas y por ellas, pero sin ellas.

P. ¿Siempre has trabajado en Atención Primaria?
R. Sí, tras mi primera experiencia con una comisión de servicios en Toledo, me trasladé a Madrid con la plaza fija que conseguí en el primer concurso-oposición en 1996. Como matrona en hospital solo trabajé los meses de verano de dos años, como una forma de afianzar conocimientos. Llegué al Centro de Salud Ciudad San Pablo, en Coslada (Madrid), en el que llevo 29 años, y a cuyo personal siempre he considerado mi familia, algo que no es tan común y que yo he disfrutado desde el primer día.

Las personas han ido cambiando, pero el espíritu del centro se ha mantenido, por lo que ir al centro de salud era mucho más que ir a trabajar.

Otra de las cosas que he tenido la suerte de tener fue que su coordinador, Francisco Sáez, quería una matrona no compartida con otros centros. Gracias a tener todo el tiempo para esta población pude desarrollar todas las competencias de mi profesión sin tener que priorizar, como les ha pasado a muchas compañeras que no han tenido más remedio que limitar su atención a la Preparación para el Parto y la Atención a Embarazadas y Puérperas. Yo tuve la suerte de poder atender a muchas mujeres con demandas ginecológicas y hacer Grupos de Mujeres en edad climatérica. Con estas mujeres tuve una gran enseñanza de superación en la cotidianidad de sus vidas.

Una de las técnicas de exploración en aula, la fotopalabra, fue tan enriquecedora que se convirtió en una exposición en el centro de salud en el año 2001, con la colaboración del Ayuntamiento de Coslada. En 2003 recibió el reconocimiento a la mejor comunicación en el Congreso Nacional de Matronas que se celebró en Santander.

P. El Ayuntamiento de Coslada, en 2023, te dio el galardón “El Árbol de la Igualdad” por tu labor en beneficio de este municipio. ¿Cómo fue?
R. Sí, fue muy emocionante verme allí rodeada de otras mujeres y entidades relevantes de la comunidad igualmente homenajeadas. Y algo mucho más halagador fue que en este reconocimiento, según me dijeron después, había tenido mucho peso el trabajo con la paternidad. Fueron muchos los hombres que desde 1997 han asistidos a las clases de “solo para hombres”.

P. En que las matronas trabajemos con los hombres has sido pionera y no siempre bien comprendida. ¿Te apoyaron?
R. Sí, así es, muchas compañeras nunca se han planteado que la falta de corresponsabilidad en los cuidados sea un riesgo para la salud de las mujeres; sí, es una pena que este trabajo se revista de ideología porque eso ciega a muchas compañeras, no viendo las repercusiones en la salud de las mujeres no se puede entender esta actividad. El programa está en la plataforma de Educación para la Salud desde que esta existe en Intranet en 2012 como “… ante su inminente paternidad”. Se puede encontrar en la Biblioteca del Centro de Salud Ciudad San Pablo.

Sin embargo, han sido muchas las matronas que les ha gustado la idea y han impulsado la asistencia, sin ellas esta actividad no tiene recorrido. Mi mayor reconocimiento es Mª Paz Gómez Ruiz, gracias a ella la actividad tuvo un gran éxito mientras ella trabajaba en Coslada. Después, el éxito pasó al C.S Legazpi gracias a Adela Izquierdo González y Lola Noceco Paredes.

En la actualidad es Adela quien ofrece estas sesiones en el C.S Aquitania para toda la Comunidad de Madrid.

P. Es un gran reconocimiento a tu trabajo que otras compañeras sigan impulsándolo. ¿Te sientes orgullosa por esto?
R. Es una de mis mayores satisfacciones profesionales. Nunca llegaré a poder trasmitir suficientemente mi gratitud a Raquel Ortega Pineda y a Santiago Moreno Larriba, que han continuado formando a matronas para que la salud de las mujeres sea protegida también desde este ámbito de la corresponsabilidad en la crianza. También es para mí muy grato saber que son muchas las compañeras que trabajan la corresponsabilidad de la pareja, en las clases mixtas, y de forma trasversal en todas las sesiones.

P. ¿Has sido formadora de personal sanitario, sobre todo matronas en la Atención a la Mujer que sufre Violencia de Género, durante más de 10 años?

R. También fue esa una de las facetas de mi trabajo a la que llegué sin ninguna vocación. La primera vez que oí hablar de esto fue en 1998 en un curso que impartía Luis Bonino, en el Hospital Niño Jesús (Madrid), y que denominaron “La Violencia de los Hombres contra las Mujeres”.

Recuerdo decirle al coordinador de mi centro de salud: “me van a oír, como si no hubiera violencia de las mujeres hacia los hombres, voy a pagar las 5.000 pesetas que cuesta este curso para que me oigan”… Y ya lo creo que me oyeron, pero sobre todo me callaron con argumentos con los que vi con claridad lo equivocada que estaba; es muy difícil visibilizar sutilezas en el trato diario en las relaciones de pareja que dañan la salud de las mujeres, empezando por la sobrecarga de los cuidados, con eso de que cuidar es parte de la identidad de ser mujer.

Fue en 2006 cuando ofrecieron un curso de tres meses para formarse para formar. Ya llevaba varios años dando las sesiones con los hombres, y sentía que necesitaba estrategias para poder enfocar estas sesiones como una forma de prevención. El tiempo ha venido a decirnos que cuando los hombres son cuidadores es mucho más difícil que tengan actitudes de abuso, y la inminente paternidad pone a los hombres en una actitud de escucha que no se encuentra en otros momentos de su vida, así que no había que dejar pasar esta oportunidad para que los hombres renuncien a sus privilegios de ser cuidados.

P. Me resulta curioso esos orígenes, siempre me pareció que eras feminista “de cuna”.
R. No, que va, o sí, ahora que lo pienso. Cuando fui a este curso yo decía que “no era feminista, que era igualista”, así, haciendo gala de mi torpeza y mi ignorancia. Mis padres tenían un bar, un negocio familiar, y yo necesitaba que ellos vieran que yo era el mejor camarero, y que ser mujer no me obligaba a tener que estar en la cocina. El hecho de que esta profesión es temporal, que todos los veranos los camareros eran nuevos, y yo estaba todos los años, les convenció; ahora veo que fue esa mi primera lucha como feminista, aunque no hubiera oído hablar de este movimiento social.

P. ¿Crees que esos orígenes han influido en ser la matrona que eres?
R. Sobre todo la actitud de servicio. Servir, para mucha gente, ha tenido siempre una connotación peyorativa y eso nunca fue mi realidad. Estar al servicio del bienestar y disfrute de los clientes ha sido para mi familia una profesión muy dignificante. Un día me recordaste que en una jornada de climaterio lancé el eslogan, dirigido a las mujeres, que decía “Tu salud es lo nuestro”, quizás procedía de este bagaje familiar.

P. Te recuerdo en muchos foros con una defensa de la mujer, y de nuestra profesión, muy confrontativa, muy de frente, eso supongo que no te ha debido de abrir muchas puertas…
R. Sí, así es, es una parte de mi carácter que me ha cerrado muchas puertas, pero algunas de ellas la honestidad me las ha abierto, por eso me he sentido querida y apreciada por mucha gente que de entrada se asustaban ante mi vehemencia.

Recuerdo una jornada de ginecología en el Hospital de Toledo en la que solo había médicos del hospital y dos matronas de centros de salud, y de repente entendí que allí no se estaba hablando de las mujeres, sino de unas vaginas y unos úteros, que ellas les traían para que ellos se vanagloriaran de sus técnicas quirúrgicas. Fue la primera vez que tomé conciencia del daño que estábamos haciéndoles a las mujeres con esa cosificación, con despersonalizarlas. De eso hace más de 30 años, y no hace tantos años que “se consiente” hablar de violencia obstétrica, y con poco aplauso fuera de nuestro ámbito.

P. Resulta difícil hablar de violencia en un contexto de maternidad, casi que solo pronunciarla ya hace daño…
R. Sí, desde luego, en todos los ámbitos, pero más en un momento en el que socialmente existe la deseabilidad de felicidad. Sin embargo, las matronas sabemos que la alegría no viene sola con una criatura recién nacida a la que cuidar, que el miedo y la tristeza hacen entrada mucho más de lo que las mujeres esperan; y la rabia, esa emoción que nos da un extra de energía para quitar de en medio muchos obstáculos en nuestro camino, es una emoción poco consentida a una madre.

A las emociones, que vienen por ser mamíferos, mucho antes que ser racionales, no se les da la entidad de supervivencia que ofrecen, y no darles este aprecio lleva a muchas mujeres a no disfrutar de su maternidad, simple y llanamente, por falta de escucha del propio cuerpo. Las violencias que sufren las mujeres se suelen detectar por las consecuencias en su salud, no en las confidencias ni relatos que nos pueden traer a la consulta, y es nuestra labor que las mujeres sean capaces de hacer esa asociación para que pueda plantearse un cambio en su vida que mejore su salud y bienestar.

P. Sois muchas las matronas que os habéis sumergido en estudios para ver más allá, para profundizar en temas que, quizás en la formación de matronas, se quedan a penas pincelados.
R. Son muchas las ocasiones que la escucha de las mujeres te lleva a buscar respuestas que no encuentras en lo sanitario. Cuando entendí que nuestra profesión tenía mucho más campo de trabajo en lo psicosocial que en el biológico, empecé a estudiar Sociología, pero tras concluir el segundo año me faltaba concreción, así que lo dejé para hacer el Máster de Sexología en Incisex.

Allí tuve el privilegio de conocer a Efigenio Amezúa, y de todas sus enseñanzas me quedé fundamentalmente con dos premisas que no he dejado de tener presente en todo mi quehacer profesional. Una, “dejemos de atender lo urgente para atender lo importante”, y dos, “no respondemos a preguntas, atendemos a las personas”, lo que viene a decir, que la urgencia por dar respuestas nos impide ver lo importante, que la mujer nos haga esa pregunta y no otra. En definitiva, que favorecer la autonomía de la mujer para decidir qué es lo mejor para su vida es más importante que el que salga de la consulta con una “receta” para su vida.

También a nivel personal fue una gran suerte estar en estos estudios cuando me diagnosticaron un cáncer de mama que precisaba mastectomía. Aquí lo urgente era salvar mi vida, pero para mí lo importante era no perder calidad de vida, y para ello tuve que cambiarme dos veces de hospital para salir del quirófano con la reconstrucción mamaria.

En esta experiencia entendí cómo la sexualidad en la mujer no solo se ningunea, sino que se desprecia, que hablar de sentir placer es frivolidad. Este duelo lo mantuve desde esta lucha y cuando vi mi cuerpo en la pantalla del Congreso de Sexología de Valladolid en 2011, recibiendo el primer premio de fotografía erótica, pude descansar.

P. ¿Cuál es tu opinión sobre las unidades docentes?
R. Mi opinión no tiene valor. Hace tiempo que no tengo residentes de matrona. Tristemente el centro de salud donde tengo mi plaza sufrió un cambio poblacional, que llevó a no tener tanto trabajo como para asegurarles la formación. Se intentó que vinierAn una sola semana mientras estaban en otro centro para ver mi enfoque de trabajo, pero no se pudo mantener. Fue una gran pérdida, las nuevas generaciones siempre han sido para mí un gran aliciente laboral.

Lo que de entonces recuerdo es que estaban poco tiempo en primaria y que eran pocas las que apostaban por este puesto de trabajo por delante del hospitalario. Quizás eso ha cambiado desde entonces, pero llegar a la Atención Primaria después de haberse quemado en la hospitalaria no me parece la mejor forma. Cuando he visto a compañeras jóvenes en las reuniones de matronas de Atención Primaria, me da mucha tranquilidad.

P. ¿Cómo sientes el futuro de nuestra profesión?
R. Me va a costar ser optimista, y nada desearía más que equivocarme. Las matronas trabajamos desde la salud, casi siempre, y no desde la enfermedad, y la prevención y promoción de la salud no ha encontrado indicadores objetivables con los que defenderla en cortos periodos políticos en los que se buscan resultados visibles a bajo coste.

Es muy triste que lo económico esté por encima de las necesidades humanas; sabemos que los recursos son finitos y los deseos infinitos, sabemos no confundir deseos con necesidades, eso supone un gran ejercicio de decodificación de la demanda, para lo cual nuestra única herramienta es la entrevista clínica y no los datos analíticos ni ecográficos.

P. ¿Cuál sería tu propuesta?
R. La reflexión, trabajar en presencia y en conciencia, lo mismo que cuando tienes que cuidar a una recién nacida o a una anciana, sin olvidar que el vínculo es lo que lleva a sanar; y en caso de un ser humano recién nacido a poder desarrollar todas sus potencialidades. La evolución humana apostó por que la gestación fuera más allá del útero, dándole a lo social y lo relacional tanta relevancia como a lo biológico.

Por ejemplo, hablar en los grupos de Preparación para el Nacimiento y la Crianza de Lactancia Materna y Puerperio, antes de los Cuidados de Recién Nacido, no va en esta línea porque ¿a quién vas a dar el pecho? ¿En función de qué vas a vivir los próximos meses? Yo no tengo ninguna duda de que es en función de “lo que tengo entre manos”, es decir, a mi hija, a mi hijo, un ser humano recién nacido, que no es un extraterrestre, que va a tener las mismas necesidades que todo ser humano, o sea, las mismas necesidades que tienes tú, y si eso no lo tienes claro, la lactancia materna tiene muchos visos de ser un suplicio… Y las emociones, y tus relaciones familiares, un caldo de cultivo donde crecerán encuentros y desencuentros que harán tus primeras vivencias con la maternidad algo a recordar o a querer olvidar.

Algo tan simple como el orden que se traten los temas no es algo baladí. Tras el parto, o mejor incluso antes del embarazo, las madres, los padres, tendrían que saber qué van a tener entre manos, algo que no es un juguete con el que divertirse y aparcarlo en la estantería cuando me canso o tengo otras cosas que hacer; porque no es un algo, es un alguien.

Pretender que en seis sesiones de hora y media se hable de todo esto no es dar valor a los conocimientos de Educación para la Salud; las sesiones que damos las matronas en un curso no pueden ser clases magistrales, tienen que ir a las creencias y no a los conocimientos, y las creencias no se cambian con ideas.

P. ¿Crees que el hecho de que nuestra formación fuera una carrera independiente de enfermería facilitaría este enfoque profesional?
R. Siempre he dicho que yo soy la matrona que soy por la enfermera que fui. Mi experiencia es que siendo enfermera aprendí toda la Educación para la Salud, tanto en grupo como en consulta, pero eso fue en aquellos entonces que estaba todo por hacer. Después he visto que la enfermería no ha seguido esta línea, son muy pocas las actividades de Educación para la Salud en grupos en los centros de salud. Quizás si nuestra carrera fuera independiente, al ser la Preparación para el Nacimiento y la Crianza una actividad que no puede hacerse de otra forma que en grupos, las matronas tendríamos formación más específica en Promoción para la Salud, en Prevención Primaria, en técnicas grupales, en entrevistas motivacionales.

Lo psicosocial parece muy abstracto, pero la Teoría de Apego le da mucha concreción, y su trascendencia es tan demoledora en la salud mental que las matronas no podemos no estar con las mujeres en sus dificultades de relación con su bebé, con sus parejas, con sus familiares, con su comunidad, viendo tantas decepciones con la maternidad fruto del cansancio y la crianza en soledad.

Que las matronas tomemos más conciencia del valor del acompañamiento, de que la escucha activa es en sí misma una actividad terapéutica, es algo que quizás tenga más posibilidades de desarrollo en la carrera independiente, junto a los conocimientos propios de nuestra profesión, que siendo tratadas estas técnicas años antes de llegar a estos conocimientos.

P. ¿Tu balance de todos estos años de profesión es positivo?
R. Sí, claro, muy positivo, me resulta muy difícil imaginar mi jubilación sin tantas satisfacciones personales como me ha dado mi profesión. Es mi principal reto personal en la actualidad: soltar las riendas para que las nuevas generaciones de matronas hagan su futuro y encontrar nuevos alicientes vitales que me permitan disfrutar de mi tiempo a plena disposición para otras actividades a las que le tengo ganas, pero obvio que echaré mucho de menos tantos buenos ratos en la consulta, en los grupos y con mis compañeras de trabajo.

Querida Esperanza, ha sido un placer compartir este tiempo contigo y te lo agradecemos muy sinceramente.

A lo largo de tu carrera, como dices, haces un balance positivo. Motivos no te faltan, y hay algo muy interesante en la relación que has tenido con las mujeres que han pasado por tu consulta y recibido tu atención. Una de ellas te dedica unos versos que te retratan bastante bien y que inevitablemente reproducimos aquí:

Esperanza de cristal
transparente y opaca
dura y frágil a la vez.

Esperanza de cristal
de bordes cortantes y afilados
si se te rompe.

Esperanza de cristal
verde, azul, amarilla
la vida es del color que tú la tiñas.

Esperanza de cristal,
que me abrigas del frío
y me haces hervir
cuando me cobijo a tu sombra