Dos temas tabúes en la medicina del Renacimiento según Damián Carbón: concepción y esterilidad humanas

Sección: Originales

Autores

Teresa Sánchez Sánchez

Doctora en Psicología. Profesora titular de Psicología. Facultad de Psicología. Universidad Pontificia de Salamanca. España.

Titulo:

Dos temas tabúes en la medicina del Renacimiento según Damián Carbón: concepción y esterilidad humanas

Resumen

Introducción: en un artículo anterior [1] y sobre la base del texto Libro del arte de las comadres y madrinas y del Regimiento de las Preñadas y Paridas y de Los Niños, de Damián Carbón [2], médico balear del siglo XVI, se expuso el oficio de la matrona en la gestación, el parto y el puerperio, así como un tratado de pediatría. Sin embargo, el libro, además, desarrolla otros dos temas ciertamente tabúes, sobre todo en el Medievo: la concepción y la esterilidad, rozando someramente las posibles causas de la infertilidad o inadecuación sexual en la pareja.

Objetivos: destacar en la obra de Carbón el interés del autor por estudiar el abordaje de los problemas derivados de la esfera sexual, concepción y esterilidad. Denunciar la misoginia, incluso en el tratamiento de estos temas.

Método: exégesis del texto original con el método hermenéutico. Interpretación de la intención pedagógica del autor y la perspectiva psicohistórica desde el punto de vista de la autora. Conclusiones: la importancia de esta obra radica en ser la primera tocoginecológica conocida en España, con el texto más temprano de toda la literatura monográfica española renacentista en el que el inusual tratamiento de temas en la época, concepción y esterilidad, enmarcados entre el tabú religioso/social y un incipiente interés científico, los incluya el autor en su obra.

Introducción

El libro constituye, como quedó reflejado en el artículo anterior, una radiografía de la ciencia matrona en el Renacimiento, anterior a la moderna anatomía introducida poco después por Vesalio y a la fisiología y la genética ulteriores. La obra de Carbón compendia y termina una extensa etapa marcada por la medicina galénica e hipocrática y la influencia árabe, al tiempo que anticipa la investigación y el tratamiento idiográfico de la enfermedad característicos del humanismo (Imagen 1).

La medicina del Renacimiento inicia la discusión contra las ideas medievales sobre la fecundación y reproducción, aunque aún quedaban siglos de descubrimiento a través de la investigación científica, para obtener el conocimiento verdadero de estos procesos indispensables para la supervivencia y perpetuación de la especie humana.

No sería absurdo afirmar que, desde el inicio de la creación, haya existido preocupación por la fertilidad en función del propio deseo y necesidad humanas de garantizar la supervivencia y perpetuación de la especie. Por ello, no es de extrañar que el tema de la fertilidad se haya convertido en un asunto importante en medicina, aunque sobrepasando el conocimiento del proceso fisiológico y las posibles patologías que puedan alterarlo, se haya convertido en tópico de estudio desde la esfera social, ética, política y religiosa, por las fuertes implicaciones y puntos de vista que tiene desde estas áreas no médicas.

Desde la medicina egipcia, hay evidencias de estudio sobre la infertilidad, a través de explicaciones mágico-religiosas propias de una medicina arcaica, aunque esta ya con rudimentos de experimentación científica. A través de los siguientes periodos y dominaciones, la necesidad de comprender y erradicar la esterilidad sigue existiendo, pero el matiz de culpabilización de la mujer se hace más patente, probablemente al hilo de la consideración aristotélica sobre la desigualdad de sexos y la supremacía del varón sobre la mujer y la idea religiosa del castigo divino.

Para la masculinidad “incuestionable” (hegemónica), la infertilidad masculina representa una crisis profunda en la construcción de su virilidad, ya que altera reglas sociales, políticas y éticas tradicionales que la equiparan con la capacidad reproductiva, la fuerza y el poder (dominancia). Por ello, hasta prácticamente el siglo XX, se ha perpetuado uno de los mitos más habituales, el que ha asegurado por siglos que la infertilidad era “cosa de mujeres”, lo que ha generado una presión social inmensa sobre la mujer infértil al vincular el valor de ella con su capacidad de ser madre y convertirla, por su incapacidad o dificultad, en objeto de estigma social. Desde el punto de vista cultural, social, religioso, incluso ético, se le ha imputado a la mujer, por esta causa, un fracaso personal o una carencia de feminidad, cuando el problema era médico y no siempre exclusivamente femenino, como la ciencia ha demostrado.

A la vista del desarrollo científico actual, este mito ha sido desbancado, aunque persisten reminiscencias machistas que dificultan la asunción y el tratamiento por parte de varones.

Objetivos

  • Resaltar en la obra de Carbón el interés del autor por estudiar el abordaje de los problemas derivados de la esfera sexual, como la infertilidad y la inadecuación de la pareja, aludiendo superficialmente, acorde con los conocimientos médicos de la época, a las posibles causas de la infertilidad o desajuste, incompatilidad sexual en la pareja.
  • Denunciar la misoginia, incluso en el tratamiento de estos temas, culpabilizando a las mujeres del fracaso en la concepción, casi de forma exclusiva y durante siglos, a la vez que se le atribuye una escasa participación en el proceso reproductor.
  • Subrayar, en la misma línea antifeminista, la negación del derecho de la mujer al placer y el relegamiento a un papel pasivo de recipiente-contenedor, ligado a su obligación de reproducirse y su condición de instrumento para la concupiscencia masculina.
  • Valorar la consideración del autor como causas de esterilidad, algunas patologías de signo psicológico o, cuando menos psicosomático, disfunciones sexuales (vaginismo, frigidez, etc.), hoy bien estudiado su origen multifactorial como combinación de factores físicos, psicológicos y relacionales.

Método

Exégesis del texto original con el método hermenéutico. Interpretación de la intención pedagógica del autor y la perspectiva psicohistórica desde el punto de vista de la autora.

Concepción sobre las simientes

La concepción dominante en torno a la mitad del siglo XVI, no habiendo sido ni siquiera soñada la trasmisión genética de los caracteres paternos al hijo, es bastante alquímica en sí misma. El semen es el producto de la quarta digestion, siendo las tres anteriores las encargadas de hacer llegar a los órganos corporales las sustancias nutrientes derivadas de la depuración de la comida y bebida ingeridas. Las depuraciones sucesivas segregan un néctar concentrado, portador de la semilla reproductora:

Y si demandan que cosa es este humor espermatico: dizen los doctores que es superfluydad de la quarta digestion, que se haze quando por los miembros del cuerpo mas principales se diffunde lo que a procedido del mantenimiento causado del comer y bever por su prima, segunda, y tercia digestion. La qual humidad esta hecha y dispuesta a curarse, y della se hinchen y toman mantenimiento las venas y arterias: recibiendo en si muchas vezes gran quantidad della. Y de alli van a los mienbros humanos (fol. XCVI).

El cuerpo, como Vesalio afirmaría dos años más tarde, es una fábrica, un gran alambique; y, en lo que al elemento responsable de la fecundidad se refiere, destila del cerebro y de los restantes órganos corporales importantes las virtudes informativas del nuevo hijo en algo semejante a una savia que fuera transportada por la sangre hasta la matriz en la mujer y hasta el pene en el hombre. En palabras de Damián Carbón:

Es empero otra opinión que tiene que la mayor parte del humor expermático baxa del cerebro por dos venas que son detrás de las orejas. Las quales si por caso se cortaren hazen el hombre infecundo y muger esteril. Pero esto no parece bien al Galeno que tiene el dicho humor expermatico no solo abaxar del celebro: pero de los otros miembros principales y de todo el cuerpo. Y esto affirma por la semejanza que trae la criatura del padre, o de la madre y endemas por alguna particular señal de sus personas (fol. XCVIv).

Desde la perspectiva brindada por la Genética actual, resultan ingenuas las opiniones galénicas y derivadas sobre la naturaleza de la trasmisión hereditaria, pero destaca la concepción de semilla portadora de los rasgos formativos de la semejanza entre familiares. De cada una de las partes corporales de las que el torrente sanguíneo arrastra información, va desprendiéndose un sello o impronta de similaridad. Así, al finalizar el trayecto, la simiente está completa y encierra las virtudes de la ascendencia, como la arcilla copia el molde al que se ha pegado. No obstante, de forma previsible es el hombre el encargado de la formación y la mujer de la recepción y conservación:

... assi en el hombre como en la muger el dicho humor ygualmente y univoce tiene virtud y fuerza de tomar i informar juntamente. Es verdad que en el varon es mas fuerte y rezia la virtud y comienzo de la formacion y esto por gracia especial al varon concedida. En la muger empero: es ella mas fuerte, por ser esta la causa de la conservacion de la materia. Y mas digo que la simiente del varon se echa mas cerca de la madre: y es tragada por aquella con fuerte atraccion: mas el de la muger se echa dentro en el vaso y venas del lugar de la concepcion. Y esto dizen los fisicos. Que en la simiente del varon, es el principio de la formación, mas en lo de la muger es el principio de la informacion: y es cosa propia: porque la virtud de la formacion entiende introducir la semejanza del varon, sino fuere impedida: mas la virtud de la informacion en la muger entiende recebir la semejanza del varon (fol. XCVI).

Una vez más no sorprende la conocida misoginia que impregna el Renacimiento, que abarca a sus aspectos más sutiles y variados, llegando a penetrar la misma concepción acerca de la textura de la simiente:

... quel dicho humor o simiente es caliente y digesto y espesso: mas el de la muger es manera de sangre espumoso y poco digesto: y es fundamento de particularizar y formar el cuerpo de la criatura (fol. XCVI v).

Sobre las causas de la esterilidad

La materia que aborda este artículo se encuentra tratada en el Libro segundo, titulado De la difficultad de la empreñacion. Apunta D. Carbón a una medicina etiológica: conocer las causas del problema y removerlas. La esterilidad es un misterio que puede obedecer a causas ocultas (factores psicológicos y funcionales), pero también a causas extrínsecas o intrínsecas a uno o a ambos miembros de la pareja generativa. Conocer el abanico de posibles causas es el único modo de prevenirlas o de evitarlas, porque siendo la procreación un mandato divino, a la par que un afán humano, resulta la esterilidad muy perturbadora y hasta entristecedora para el matrimonio que no puede ver cumplidas sus ansias de descendencia:

Pues tiene el hombre tanta capacidad que quando no puede complir este precepto se tiene por menguado y no perfecto: y endemás porque se tiene por menguado y no perfecto: y endemás porque cada qual dessea su propia conservacion: y si no puede en individuo conosce que se puede hazer en su especie: engendrando su semejante. Y por esso tiene un apetito natural de conjunction con la hembra... Entristezese pues el hombre y la muger quando no pueden tal effecto aconseguir: y muy mas quando mancebos dispuestos, y bien organizados en sus cuerpos, bien morigerados, honestos en su bivir: y no pueden tal fin alcanÁar (fol. XCII).

Divide las causas en extrínsecas e intrínsecas, las primeras son concordantes con el pensamiento naturalista y ecológico de la época: “el hombre es lo que come", trasformado y depurado por la digestión y repartido por la sangre. Los humores corporales y el grado de calor o frialdad, de humedad o sequedad deciden la cantidad y calidad de la simiente [3]. Puesto que aún no se ha descubierto el papel de los espermatozoides o del óvulo en la fecundación, la simiente no alude sino a un fluido de misteriosa composición animado por los espíritus y de muy sutil y delicada naturaleza que cualquier variable ambiental o propia puede alterar y arruinar. Enumero algunas de las señaladas por Carbón:

  • El excesivo calor o el excesivo frío porque disuelve o congela la simiente.
  • El mal comer o beber porque la hacen gorda o flaca y predisponen los malos humores.
  • El agua fría porque destempla el cuerpo.
  • El vino “que haze los ebrios no prolificos".
  • La delgadez o la obesidad.
  • Dormir o velar con exceso porque hacen perezosa al crecimiento de la simiente o demasiado inquieta.
  • El mucho o poco ejercicio físico:
    • El exercicio se deve mirar no sea demasiado: porque mucho daña y endemas despues del coytu: ansi es proybido a la muger el exercicio. Y muy mas alÁar algun pesso, baxar escalera, saltar hazia tras, que haze abortir la preñada. El poco exercicio tambien proybido y dañoso: porque prepara el cuerpo a muchas enfermedades y daña a la digestion y es causa de mollificacion de los miembros (fol. XCIII).

Causas de la esterilidad masculina

Damián Carbón expone dos causas fundamentales para la infertilidad por parte del varón: una manifiesta, la deformidad de su miembro viril; otra oculta: la mala calidad de la simiente.

La variedad de defectos del pene es múltiple: ser tuerto, ser ancho, impidiendo la penetración, ser pequeño o demasiado largo. Así expone el autor:

... el hombre que terna el miembro pequeño en su creacion, o hecho breve por causa de mucha gordura no sera generativo (fol. XCV).

O en otro pasaje:

... su miembro es necessario que sea proporcionado segun la proporcion; largueza, o brevedad del cuello de la matrix no sea muy largo: porque dos cosas se siguen dañosas para la generacion. La primera es que passa los terminos y viene ygual a la boca de la matrix y no puede hechar el simiente como se deve en su lugar. De forma que la matrix no se puede transglutir por su prepinquidad como seria menester: y mas que el simiente se enfria en el camino... Y mas adelante si fuere corto o breve en su creacion: porque no puede echar el simiente por ser alongado de la matrix y no se yguala con ella por poder echar el simiente (fol. XCIIII).

La mala calidad de la simiente viril puede venir determinada por debilidad o flaqueza de los vasos espermáticos, por indisposición de los testículos, por incisión de las vías o meatos, por mala conformación de la textura, y por los inevitables temperamentos:

Muchas cosas podemos dezir de las causas y difficultad de la preñez por parte del varon: como agora por su natural complexion: si es demasiado flegmatico, frio, crepuloso: que pueden ser cosas para destemperar la simiente y hazerlo estéril i impotente como diremos mas adelante por sus señales (fol. XCV).

Causas de la esterilidad femenina

Como era previsible por el antifeminismo y la misoginia imperante en el Quinientos, los inconvenientes para fecundar que se le suponen a la mujer son mayores que los del varón. Por otra parte, la mujer es el recipiente de la simiente y, además de cuidar la calidad y buena disposición de su propia simiente, debe acondicionar la matriz para que acoja y retenga la simiente del varón. Las causas o defectos que impiden la fertilidad femenina son igualmente extrínsecas e intrínsecas, siendo estas distribuidas en los siguientes apartados:

  • Defectos en la complexión, siendo contraproducentes el exceso de humedad o sequedad, la delgadez o la gordura.
  • Por indisposición de la matriz.
  • Por defecto en la conformación de la matriz (estrechamiento del cuello uterino o tortuosidad en la forma de la vagina).
  • Por llagas o ulceraciones, infecciones (apostemacion) o cáncer de la matriz.
  • Por predominio de los temperamentos flemático o colérico.
  • Por falta o abundancia de menstruación.
  • Por problemas en la textura de la simiente.
  • “Por muchas humidades, blancas, corruptas: las quales suelen mucho enojar las mugeres y hazenlas esteriles" (ibidem).
  • Por exceso de lubricación (y orgasmo femenino) durante la cópula.
  • Por no guardar el debido reposo tras el coito; véase una observación paralela: “el ponerse luego en pie la mujer, pasado el acto de la generación, es muy peligroso" [2].

Sobresalen de esta enumeración las dos últimas causas porque, en una de ellas, el autor está aludiendo a enfermedades venéreas sin saberlo y, en su ignorancia, atribuye la presencia de hongos y cultivos infecciosos a la supuesta conexión del útero con el hígado, los riñones o el estómago, asignándole la función de cloaca de las impurezas generadas por las restantes vísceras. En otro apartado hace referencia a la conocida divisa moralizante (se es más fértil siendo frígida que libertina), que priva a las mujeres honestas de su derecho al placer durante el acto generativo y las confina a un papel pasivo de recipiente estoico dada su obligación de reproducirse y su condición de instrumento para la concupiscencia masculina.

Se constata alguna de las razones supersticiosas respecto a la mujer menstruante, pues siendo la matriz el órgano evacuatorio de las impurezas y gérmenes de enfermedades, la periódica purgación femenina convierte a la mujer en un elemento tabú al contacto, so pena de contaminarse de las inmundicias y enfermedades expulsadas.

De igual forma emergen como causas de esterilidad algunas patologías de signo psicológico o cuando menos psicosomático. Así se deduce de la existencia de un panniculo o túnica que cierra la boca de la matriz e impide la penetración del pene, que alude a lo que hoy conocemos como vaginismo. Igualmente, no es improcedente interpretar que se refiere a los problemas histéricos cuando habla de profocacion de la matrix (cap. IX) en las mujeres largamente continentes o vírgenes, y al furor uterino o fiebre de la matriz como responsable en las casadas frígidas de los síncopes, colapsos y cefaleas característicos de la semiología histérica (similar en su apariencia a la epilepsia), atribuida, no obstante, durante el Renacimiento a causas diabólicas o mágicas:

“Vienen otras a mal de cabeza tan fuerte que pierden los sentidos y passan peligro de caer en morbo caduco (epilepsia): y todo por comunicación de la matrix. Traelas muchas vezes ha un spasmo el qual se llama no proporcionado a materia. Esto dezimos porque les vemos grande apretacion de las manos, los ojos cerrados, mucha tremor por el cuerpo..." (fol. CVI).

De la erección y formación del semen

En tanto que la lubricidad femenina es injuriosa e incluso contraproducente para la fecundación, pues amén de impúdica y deshonesta la torna estéril, la lubricidad masculina es en cambio imprescindible vehículo para la emisión de la simiente. Damián Carbón acepta de mala gana el ingrato cometido de tratar de la erección masculina, sabedor no obstante de que esta circunstancia es la única capaz de consumar la generación. Sin embargo, trata la erección taimadamente, receloso de ser acusado de delectación en el planteamiento del tema. Bien se cuida en todo momento de no abandonar el punto de vista puramente funcional de la erección y de su ausencia (la impotencia), y omite por completo abordar el asunto de las relaciones sexuales desde su vertiente más lúdica o erótica, por ser algo deshonesto.

El capítulo V aparece intitulado: “De la erection del miembro del varon, y del humor expermatico", y de manera técnica, explica la fisiología de la erección:

Es pues la primera disposicion en el varon, que tenga el suyo en debita proporcion: y que en el tiempo de la conjunction que se alza sea nerboso, sea carnoso: y poroso, porque tenga abilidad para rescebir la ventosidad: porque concorren en ello muchas arterias: las quales se dilatan segun conviene a la calidad de tal miembro: y muchos nervios que abaxan y tienen nacimiento de los espondiles y espinazo. Los quales tienen movimiento como dize Galeno: que ay algunos que son molificativos (fol. XCVI v).

Damián Carbón especifica la existencia de tres conductos en el interior del pene: uno para la emisión de la orina, otro es el canal de la simiente y el último a través del que se expulsa el algadi (posiblemente el líquido prostático). Compendiando la tradición galénica, aristotélica y la de Avicena, el autor hace intervenir a todos los órganos corporales y a procesos fisiológicos diversos, como la digestión, el sueño y la circulación sanguínea en la erección:

La virtud empero de su erection procede de ventosidad movida en el corazon por la virtud concupiscible, y vienele mas del cerebro el sentimiento y movimiento por virtud motiva y sensitiva: y del higado viene la sangre natural por su propia determinada virtud. Y participan mas en esto los riñones como dize Avicena. Dilatanse todas las vias en dicho miembro por el espiritu desiderativo: y de aqui se sigue por el calor que abaxa por las arterias de los miembros spermaticos: y por la atraction de la dicha ventosidad: concorriendo los espíritus y la sangre arterial (fol. XCV v - XCVI).

Aporta también una explicación sobre las poluciones espontáneas que se producen durante la noche, duramente reprensibles para los moralistas por ser inútiles per se para la reproducción:

Y la erection y (di)solucion suele tambien venir en los sueños nocturnos: y suelen el desseo y meditacion ser causa de tal erection. Y tambien suele ser causa de dicha erection la multitud de ventosidad elevada de la sangre arterial: del qual viene el humor espermatico por donde se o(b)serva y engorda el miembro (fol. XCVv- XCVI).

El esperma procedente de la sangre se concentra en los testículos, aquí situados en lugar colindante a la vejiga, donde se mueve presionando dolorosamente por salir (la mortificación de la que habla Carbón), y manteniendo la erección hasta que es expulsado. Sobresale una vez más la concepción de drenaje del semen sobre la innombrable sensación orgásmica:

La razon desto es que de la erection se sigue sentimiento y mordificacion, o titillacion, y de ay se acoge el dicho humor en los miembros generativos: y se multiplica la inquisicion de la separacion della: y es movida la materia en los vasos. Siguese mas la erection por causa de la titillacion de la materia questa puesta en los dos lados enpar de la vexiga: la qual esta continua con el miembro. Y de una sotil materia que proviene de los riñones a causa del movimiento del humor espermatico (fol. XCVI).

Conclusiones

  • A diferencia de lo que ocurre con otros tratadistas toco-ginecológicos del Renacimiento, como recoge Sánchez Granjel en sus investigaciones al respecto [4, 5], Damián Carbón es un clínico, no un erudito que recoja el saber admitido. Por ello, es un autor de transición entre las concepciones galénicas y las modernas procedentes de la Anatomía de Vesalio. Su saber es, por ello, empírico y pragmático: dos de las consignas que rigen la medicina humanista posterior. Es, además, vanguardista por cuanto va desde la exposición de creencias generales no sometidas a comprobación a investigaciones etiológicas particulares.
  • Ante la enferma ginecológica, como ante la paciente obstétrica, trata de averiguar la confluencia idiosincrásica de todos los factores considerados importantes durante este periodo histórico: su alimentación, su temperamento, su complexión corporal y el comportamiento de sus humores, contexto medioambiental, etc., para deducir de dicha interacción el consejo médico oportuno. Comienza por ello a pautar una norma humanista en el abordaje de las afecciones humanas: tratar al enfermo, no a la enfermedad. Por ese motivo probablemente orienta su texto no a los médicos, sino a las matronas, por ser ellas las realmente necesitadas de asesoramiento técnico y práctico en el trance de los abortos, partos, etc.
  • Con la verecundia propia de una España dominada por el tabú de lo sexual, Damián Carbón, junto con Luis Lobera [6] y Francisco Núñez de Coria [7], osa acercarse a la fecundación humana, al proceso de gestación embrionario, al parto y a las anomalías del orden natural producidas en el caso de la esterilidad o impotencia. A estas últimas dedica Damián Carbón los 14 capítulos de la segunda parte de su obra, componiendo una sinopsis de los factores extrínsecos o intrínsecos a la pareja matrimonial que dificulten la relación conyugal o la generación embrionaria. Repasa para ello los diversos signos diagnósticos, así como los probables antecedentes causales: dietéticos, higiénicos, fisiológicos, patológicos y temperamentales, concluyendo, sin embargo, la improbabilidad de remediar en la mayoría de los casos ni la infertilidad ni la impotencia.
  • Finalmente, en esta obra minuciosa y divulgativa, aparecen en germen insinuaciones de cariz psicológico y psicosomático relacionadas con la histeria femenina de origen sexual, el vaginismo, la impotencia de erección de causa funcional, etc., que suponen ya un anticipo de la psicopatología sexual del siglo XIX.

Conflicto de intereses

Ninguno.

Financiación

Ninguna.