Pilar Jáuregui de Lasbennes y la Escuela Libre de Matronas Sección: Revisiones Autores 1 Rosa María Plata Quintanilla, 2 Rosa María Cancelo Lama 1 Matrona. Hospital Universitario “Marqués de Valdecilla”. Cantabria (España).2 Matrona Jubilada. Hospital Universitario “Marqués de Valdecilla”. Cantabria (España). Licenciada en Geografía e Historia. Titulo: Pilar Jáuregui de Lasbennes y la Escuela Libre de Matronas Resumen Introducción: se sabe muy poco sobre el origen de Pilar Jáuregui, salvo que nació en 1835 y murió en Madrid en 1888, donde se formó y ejerció como matrona y profesora de la Escuela Libre de Matronas, acogiéndose al derecho de supuso la Enseñanza Libre en el Sexenio Revolucionario. Tuvo una corta vida, pero prolífica y destacada en su misión de formar más y mejores matronas a final del siglo XIX en España. Objetivos: dar visibilidad historiográfica a una mujer profesional (matrona), además como emprendedora de una escuela libre de matronas. Apuntar que la ignorancia obligada de las mujeres era no solo una forma de sometimiento, sino un medio para justificarla. Resaltar la formación como un instrumento fundamental en la transformación de la profesión de matrona. Denunciar la discriminación de género que las mujeres, y entre ellas las matronas, sufrieron, condicionante que determinó su estatus formativo, profesional y laboral. Material y método: investigación histórica, a partir de fuentes documentales primarias de hemerotecas y bibliotecas nacionales, plataformas internacionales Haititrust, etc., así como una búsqueda bibliográfica en torno a la figura de Pilar Jáuregui de Lasbennes. Discusión: los varones médicos que pretendían ejercer la obstetricia en España a partir del siglo XVIII se vieron desafiados por las propuestas de matronas como Pilar Jáuregui, y de ahí, y de su consideración hacia las mujeres como sujetos carentes de derechos y su convencimiento de que el estatus profesional solo les pertenecía a ellos, su respuesta desfavorable a cualquier movimiento en favor de mejorar la academización de las matronas. Conclusiones: matronas como Pilar Jáuregui acreditaron que ser profesional se demuestra con hechos constatados de su buen hacer y hacer profesión es, además, entregarse a la formación de las nuevas generaciones profesionales. El aperturismo para el acceso a la formación de las mujeres que aportó la Ley Moyano, y posteriormente la Ley de Libertad de Enseñanza, benefició a la figura de la matrona con una formación mejor que incluyó la posibilidad de ejercer la docencia, aunque limitadas al marco de enseñanza privada, todo ello se tradujo en mayor reconocimiento socioprofesional. El deseo de consolidar una sociedad más justa e igualitaria en la que la educación, y su extensión a la mayor parte de la población, no obtuvo los resultados esperados: las clases populares se mantuvieron al margen de las escuelas y la educación femenina estuvo infravalorada. Palabras clave: Pilar Jáuregui de Lasbennes ; matronas ; obstetricia ; formación ; escuela libre ; género. Introducción¿Quién fue Pilar Jáuregui?Se sabe muy poco del origen de esta mujer que llegó a ser matrona, salvo que nació en 1835 y, por el origen de su primer apellido (vasco-navarro) y una noticia encontrada, pudiera ser oriunda de Navarra, concretamente de Betelú en el valle de Araiz [1].Es más, su segundo apellido ha tenido que investigarse porque en la mayoría de las escasas referencias escritas en torno a su persona, en las que figura su apellido de soltera, aparece como Luccu. En la inscripción de acceso al examen de matrona se lee manuscrito en la lista Luco [2]. Finalmente, y a través de la esquela de su madre, Cecilia Lucu [3], la papeleta de su enterramiento [4] y la esquela de su hermana, Carolina Jáuregui y Lucu [5], se constata que el apellido por vía materna era Lucu.Pilar Jáuregui de Lucu murió en Madrid el 23 de enero de 1888, como atestigua su tumba, la papeleta de su enterramiento [4], así como las esquelas de su fallecimiento [6, 7] y del primer aniversario de su deceso [8], publicadas en Madrid donde residió, se formó y ejerció como matrona y profesora de matronas (Imagen 1).Su esquela aporta algunas pistas sobre su entorno familiar, su condición social y de las costumbres de la época relacionadas con los decesos. Desde principios del siglo XIX hasta bien avanzado el XX, los funerales y enterramientos eran actos de gran repercusión social, familia, amigos y vecinos participaban en las ceremonias de despedida y el duelo, fuertemente cargados del peso de la tradición; cambios sociales y religiosos que han transformado actualmente costumbres muy arraigadas, en beneficio de la comodidad y salubridad.A simple vista es bien evidente en la esquela la confusión del apellido del marido, Lasbennes por Lasbennis, errata tipográfica que se repite con frecuencia en periódicos antiguos.La inserción de la esquela en el periódico, al menos durante dos días, es significativa porque este uso parece haber estado limitado a personas de cierto estatus económico y social [6].También indica que “no se reparten esquelas", aludiendo a la costumbre de avisar del fallecimiento y sepelio y como recuerdo posterior, a amigos y familiares, con una esquela impresa que más tarde se convirtió en los tradicionales recordatorios.De igual forma, puntualiza, el sepelio se despide en el cementerio, un cambio en los ritos funerarios que se consolidó alrededor del siglo XIX, donde el acto de despedida final ocurría en el cementerio y no con el regreso del cortejo a la casa después del entierro, como sucedía en épocas anteriores.Otro dato curioso es la expresión “se solicita coche", una costumbre social en un país y época en que el medio de divulgar un fallecimiento mediante esquelas no parecía ser la forma más eficaz para extender una noticia de esta naturaleza, ya que hasta la reciente difusión y popularización de la prensa diaria solo era adquirida y leída por un porcentaje restringido de la población. El añadido “se suplica coche" no significaba que se solicitara un coche en sí, sino que el coche era el medio para difundir la noticia de un fallecimiento de manera local y tradicional, donde un vehículo conocido como “coche de los muertos" o “coche radio" recorría las calles para anunciar las defunciones, sustituyendo o complementando a las esquelas impresas, costumbre que aún hoy perdura en algunos lugares de la geografía española.Se consultó sobre el enterramiento del matrimonio en la secretaría del Cementerio de la Fundación Sacramental de S. Justo (Madrid), donde facilitaron dos papeletas de enterramiento en la que figura su inhumación y la posterior, poco más de un año después del marido, D. Luis (del que se ha obtenido dato alguno) en “sepultura privilegiada del Patio de Santa Catalina N∫00085", compartida por el matrimonio Lasbennes-Jáuregui [4, 9]. Este cementerio de la Sacramental de San Justo es un cementerio romántico que alberga innumerables personalidades de todos los sectores sociales y era bastante reciente en la época (1847); concretamente el patio de Santa Catalina donde fue sepultado el matrimonio había sido una ampliación posterior de 1884 [10].Orígenes familiares y entorno socialRespecto a su entorno familiar, a su muerte, ambos progenitores habían fallecido. Su madre Dña. Cecilia Lucu, ya viuda, falleció el 2 de noviembre de 1875 [3]; de su padre no se ha conseguido información alguna. Tuvo una hermana menor, Carolina, también en estado de viudedad desde 1872, de su matrimonio con D. Juan Blanco Solana, abogado [11], Doctor en Administración, natural de Ogarrio (Santander) [12, 13].Cierto es que cuando el esposo fallecía, la mujer quedaba desprovista de todo y abandonada a su suerte si el caudal familiar resultaba insuficiente, con lo cual un segundo matrimonio era una vía adecuada para resolver sus limitaciones sociales y educativas, y también legales. La viuda era entre las de su sexo, la mujer más vulnerable y desprotegida de la sociedad decimonónica [14].Quizá por eso, años después, contrajo nuevas nupcias con el eminente D. Ramón Torres Muñoz de Luna (Madrid, 8 de noviembre de 1822 - Málaga, 10 de noviembre de 1890), químico y farmacéutico español. Este nuevo matrimonio sin duda la reportó un estatus social importante, acaso mayor que el anterior, pues su nuevo cónyuge, doctor en Farmacia, catedrático de Química en la Facultad de Ciencias, fue consejero de Sanidad y de Agricultura, Industria y Comercio, gentilhombre de cámara, maestro de Alfonso XII condecorado con la gran cruz de Isabel la Católica [15]. …l también era viudo, de M™ Josefa Iglesias y Caudete desde 1876 y con tres hijas de ese matrimonio (su único hijo varón, alumno de 5∫ año de Medicina, falleció en 1870) [5, 16, 17], era pues un segundo matrimonio para ambos contrayentes. De este enlace no se han detectado noticias, bien por discreción, a pesar de la resonancia social sobre todo del contrayente varón, ya que las segundas nupcias, aunque sí aparecían en periódicos como reflejo de la vida social, eran un tema delicado y no tan frecuente en la prensa, o simplemente porque falten periódicos de la época, lo que ha impedido la localización de la noticia.La posición socioeconómica y el prestigio social que se supone tuvo Pilar Jáuregui, además de sus relaciones familiares, también se ven refrendados por la ubicación de su vivienda: Calle del Pez 32, pues era una de las calles más aristocráticas del siglo XIX, hasta convertirse en el epicentro de la movida madrileña actualmente; esta histórica calle del barrio de Universidad formaba parte de lo que antiguamente se conocía como Barrio de las Maravillas. Lo que parece un guiño del destino, a los esfuerzos de Pilar Jáuregui por la formación de las mujeres en general y matronas en particular, la escultura Tras Julia, de Antonio Santin, que, apoyada en la fachada del Palacio Bauer, uno de los edificios de esta emblemática calle, representa a una estudiante que porta libros en el brazo, homenajeando a aquellas mujeres que en el siglo XIX tuvieron que disfrazarse de hombres para acceder a la Universidad Central. Las matronas no sufrieron hasta este extremo, pero también padecieron, por el mero hecho de ser mujeres, discriminación educativa y profesional.Inicios públicos de Pilar JáureguiPilar Jáuregui tuvo una corta vida, solo vivió 53 años, pero prolífica y destacada en su misión de formar más y mejores matronas a final del siglo XIX en España; y de resultas, elevar el prestigio y reconocimiento social propio y del colectivo, ayudados por su lucha con razonamientos fundados y su trabajo en pro de la mejor preparación y cualificación de las matronas del siglo XIX en España, por lo que detractores no le faltaron.A partir de la lista de alumnas matriculadas para el examen de acceso a la carrera de matrona en la Escuela Normal de Maestras de Madrid [2], se deduce que aprobó a sus 35 años dicho examen para cursar la carrera en 1870 (un año después que lo hiciera Francisca Iracheta Arguiñarena, matrona española creadora de una Escuela Especial de Matronas).Jáuregui se examinó de los cuatro semestres correspondientes de la carrera de matrona en la Facultad de Medicina de la Universidad Central, el 25 de febrero de 1871 y fue aprobada [18].Cabe la posibilidad de que fuera alumna de Morelle, por un comentario en uno de los periódicos consultados, que la nombra como “La doctora española Pilar Jáuregui, discípula del renombrado Dr. Mirelle". Como en tantas ocasiones se puede inferir otro error de impresión, se entiende que se refiere a José López de Morelle, marido de Francisca Iracheta y Arquiñarena, quien junto a este, su marido, y bajo su dirección, abrieron la Escuela de Matronas Libre, anteriormente mencionada [19]. En 1868, previo a la apertura de dicha escuela junto con su esposa Iracheta, el doctor José López de Morelle, obstetra reputado en la época, empezó a dar clases de forma particular a mujeres que querían obtener el título de matronas. Un anuncio encontrado [20] fecha la apertura de su Escuela Libre para Matronas en 1869 (Imagen 2). Por tanto, es posible que Pilar Jáuregui asistiera a esta reputada escuela de la mano de Morelle y una recién terminada Iracheta que, sin duda, transmitiría a las alumnas la necesidad de una formación sólida y amplia para matronas en la que las propias matronas se involucraran para el éxito de la formación del colectivo, tanto más, en un momento en que la lucha iniciada por los cirujanos varones que habían sido autorizados para la asistencia obstétrica en España estaba en auge.Pilar, previamente a obtener su título como matrona, contrajo matrimonio (estado civil este o el de viuda, indispensable para cursar estos estudios). En su matrícula para solicitud de examen de acceso a la carrera constan sus apellidos de soltera, Jáuregui de Luco, posteriormente adopta el de su marido, pasando a ser nombrada como Pilar Jáuregui de Lasbennes, como fue conocida.Fue madre a los 25 años de su hijo Luis Lasbennes Jáuregui, nacido 13 de agosto de 1860 [21], que llegó a ser médico. Luis fue un renombrado higienista que prestó servicios en el Negociado de Estadística del Ayuntamiento de Madrid, tuvo también importantes puestos como director de Sanidad Marítima, director general de Sanidad, participante activo en diferentes sociedades médicas y con una extensa bibliografía sobre cuestiones sanitarias.En el ínterin hasta que su nombre salta potentemente a los medios escritos, en 1873, desarrolla su labor como matrona. En 1873 [22], anunciaba en prensa sus servicios, pero significativa y distintivamente a los escasos de su gremio: no en la sección de anuncios por palabras, sino como un inserto confeccionado con bastante mensaje y ocupando mayor espacio (Imagen 3). Sorprendentemente, incluye el símil profesional en francés (sage-femme) en un domicilio de la calle del Jesús del Valle, que al año siguiente cambiaría por el definitivo de la calle del Pez, donde ya anuncia academia [23] (Imagen 4).Cabe mencionar que durante el siglo XIX, la principal publicidad fueron los anuncios que se insertaban en los periódicos, un recurso de comunicación de masas que se convirtió en imprescindible para rentabilizar muchos negocios, aunque los lectores eran aún escasos y se correspondían con las clases altas y más adineradas. Un signo de modernidad y cambio social, el de la publicidad, que dejaba atrás el reclamo del mercado o la difusión boca a boca de productos y servicios, convirtiéndose el desarrollo de la publicidad en algo decisivo para la consolidación de la prensa [24].Una mujer ilustrada, decidida, valiente y con un estatus social considerable, como Pilar Jáuregui, debió tener en cuenta estas circunstancias, lo que, añadido a sus posibilidades económicas, le permitían hacer uso de la prensa para ofertar sus servicios profesionales como profesora y matrona asistencial con consulta privada y ofreciéndose como ayudante de tocólogos [25] en prensa profesional. En el año 1877, también se convierte en prescriptora y depositaria de un remedio moderno en la época para el tratamiento de afecciones gineco-obstétricas a través de sus propios anuncios: el Licor Tónico De Beral [26, 27].Llama la atención el número de insertos de este remedio y en tan diferentes publicaciones a lo largo del año 1877. Se ha localizado en seis diferentes, lo que prácticamente copaba el panorama informativo de prensa generalista de la capital [28-31].Los medicamentos y remedios de la época eran escasos y había gran interés por el desarrollo de formulaciones al hilo de los avances médicos. En concreto, este remedio procede de los estudios de 1831 del farmacéutico francés Pierre Joseph Béral sobre el hierro, quien presentó a la Sociedad Farmacéutica de París varios compuestos ferruginosos que, considerando tanto sus propiedades químicas como su utilidad médica, merecieron la aprobación de los miembros de dicha sociedad. Desde entonces, las fórmulas de estos compuestos ferruginosos fueron incluidas en diversas farmacopeas y revistas científicas, también en España. Su indicación para afecciones ginecológicas era la siguiente: íLas preparaciones ferruginosas ocupan un lugar importante en la clase de medicamentos tónicos. Los medicamentos que contienen hierro son adecuados para pacientes debilitados por evacuaciones excesivas, agotados por enfermedades prolongadas, para cloróticos, para todos aquellos que tienen sangre empobrecida o deteriorada. La acción tónica de los ferruginosos los hace adecuados a su vez para restablecer o retrasar la menstruación. Estos medicamentos estimulan la menstruación cuando la supresión de este flujo se debe a una debilidad general; detienen la sangre que la inercia del útero permite escapar, aumentando el tono y la vitalidad de este órgano" [32].Se desconoce si la casa comercializadora financiaba estos encartes en prensa, que incluían la publicidad y prescripción autorizada de su producto. Presumiblemente en aquella época, en que los avances científicos en el ámbito farmacéutico fueron dejando atrás los remedios preparados en boticas y dando paso a laboratorios especializados y fábricas, no era frecuente el pago por tales servicios, a lo sumo, alguna entrega de producto para darlo a conocer entre la clientela y así recabar y propagar los beneficios del mismo (Imagen 5).Pronto daría el gran salto como comunicadora a través de sus escritos reivindicativos en favor de la profesión, tanto en prensa social como profesional, faceta esta que, por razón de su extensión, se analizará en otro artículo.Objetivos Dar visibilidad historiográfica a una mujer profesional (matrona) que despuntó en la España del siglo XIX por su formación intelectual, reivindicaciones por la profesión y su emprendimiento en una Escuela Libre de Matronas. Demostrar que la ignorancia obligada de las mujeres, aun en el siglo XIX, era no solo una forma de sometimiento, sino un medio para justificarlo, como en el caso de las parteras-matronas.Resaltar la formación como un instrumento fundamental en la transformación de la profesión de matrona.Denunciar el problema de la discriminación de género de las mujeres que, en el caso de las matronas, primeras profesionales sanitarias de un sistema sanitario en desarrollo, fue en su detrimento y beneficio de los cirujanos, condicionante que determinó su estatus formativo, profesional y laboral para el futuro.Material y métodoInvestigación histórica, a partir de fuentes documentales primarias de hemerotecas nacionales, fundamentalmente la Hemeroteca Nacional de España, Hemeroteca Virtual de la Prensa Histórica, Biblioteca Digital de la Comunidad de Madrid; además, las plataformas digitales Google Books y las internacionales Hathi Trust y Biblioteca Natcional de Francia (BNF). Se ha realizado una búsqueda intensiva, incluso considerando los errores tipográficos propios de la época en sus apellidos como Jaureguy, Zauregui y Lasbennis. Por otra parte, se han buscado también anuncios relacionados con el Dr. Velasco y su Museo Antropológico, Ángel Pulido, José López de Morelle y Francisca Iracheta Arguiñarena, estos últimos también coetáneos y emprendedores de la otra más conocida escuela libre de matronas de Madrid, con quienes Jáuregui, presumiblemente, tuvo relación a través de su formación con ellos. No se han incluido todos los anuncios encontrados por su similitud, salvo en el caso de los últimos años de la escuela 1979-1981, para confirmar la desvinculación de Pilar Jáuregui de esta antes de su cierre. En total, en este trabajo de han utilizado 75 anuncios de los más de 100 encontrados en prensa general y profesional.Con la certidumbre de que las colecciones de las hemerotecas no están completas, primero porque no había la obligación legal de depositar ejemplares de publicaciones periódicas para el depósito legal en la Biblioteca Nacional de España (BNE), hasta la Ley 23/2011, modificada por la Ley 8/2022; y segundo, por la destrucción y pérdida de documentos que pudo ocasionarse durante la Guerra Civil, se estima que la elección de las noticias en prensa como una fuente primaria de la historia ha sido muy fructífera y ha permitido trazar una semblanza cierta y amplia del personaje de estudio.Finalmente, se ha llevado a cabo una revisión bibliográfica en torno a la figura de Pilar Jáuregui de Lasbennes, de la que no se ha encontrado ningún artículo completo dedicado a su persona, aunque sí referencias en artículos y libros, la mayoría sin citar la fuente primaria de la información reflejada. Igualmente se ha efectuado una revisión de las Ordenanzas y Reglamentos de la época relacionados con la formación reglada de matronas, y bibliografía en torno a la posición social, cultural y formación de las mujeres, contextualizada en la época en que vivió Pilar Jáuregui.La formación de la mujer en la historia A lo largo de los siglos, las mujeres de los estratos sociales más bajos no tuvieron acceso a la educación en familias que ni podían encargarse o ni siquiera preocuparse de ello: su función en el ámbito doméstico, reproductora y cuidadora, no requería de alfabetización. El acceso al conocimiento siempre estuvo ligado con el estatus familiar y su capacidad económica. Las clases más altas sí podían permitirse la educación de sus hijas, esta les era dada con vistas a un matrimonio lo más ventajosos posible, instruyéndolas en casa en lectura, escritura, trabajos propios de su sexo como la costura y el bordado; las familias más exquisitas añadirían un poco de geografía, historia, música, acaso dibujo y francés, conocimientos que les servirían para charlas sociales en el mejor de los casos, según las consideraciones paternas y sociales. Como se observa, igualmente en el caso de las élites sociales, la educación femenina también se adecúa al rol social que desempeñan. En definitiva, se trataba de darles “un barniz cultural", dominar algunas habilidades útiles para alternar en los salones era suficiente y se calificarán como material de “adorno".No será hasta finales del XIX cuando se tome conciencia en España del problema de la mujer: un problema existencial distinto del que emerge de las nuevas condiciones económicas y que, con ellas, adquiere nuevas dimensiones. La educación se presentará en ese momento como la condición previa más importante para la emancipación femenina, pues la ignorancia, se entiende, no solo mantiene sometida a la mujer, sino que sirve, a su vez, para justificar dicho sometimiento [33].La formación de la mujer en España en el siglo XIXAntes de entrar a analizar la labor de Jáuregui, es necesario mencionar que el nivel de analfabetismo español era uno de los mayores de Europa todavía en el inicio del siglo XX. El censo de 1887 arrojaba un nivel del 60%, una vez aplicada la Ley de Instrucción pública, más conocida como Ley Moyano de 1857, disminuyó el nivel en un 8%. Sin embargo, el analfabetismo medio nacional femenino se elevaba al 77,26%, teniendo en cuenta, además, que en no pocas las provincias (al menos en la mitad) que sobrepasaba el porcentaje del 80% [34].La famosa Ley Moyano [35] declaró obligatoria la enseñanza tanto para niños como para niñas (6-9 años) y posteriormente se amplió la obligatoriedad hasta los 12 años, aunque podría decirse por las cifras que su aplicación fue muy escasa. Sin embargo, esta ley ni siquiera era igualitaria, ya que hacía distinción de preparación entre niños y un currículo desigual que, a su vez, incrementaba el abismo que separaba a las mujeres de los hombres y, también, de las mujeres de las distintas clases sociales, lo que reproduce el marcado carácter doméstico de sus enseñanzas como la tradicional, labores propias de su sexo, dibujo aplicado a estas labores y la higiene doméstica. Esto se refleja en el artículo 5∫: En las enseñanzas elemental y superior de las niñas se omitirán los estudios de que tratan el párrafo sexto del art. 2 y los párrafos primero y tercero del art. 47, reemplazándose con: Primero, Labores propias del sexo. Segundo, Elementos de Dibujo aplicado a las mismas labores. Tercero. Ligeras nociones de Higiene doméstica. Por otra parte, la concepción de Moyano era la de una educación secundaria elitista, destinada a seleccionar y preparar a la minoría que llegaba a la universidad [36]. En esta época, las mujeres no podían presentarse a la universidad ni a las enseñanzas medias dado que no podían asistir a institutos masculinos y los femeninos en la práctica no existían. No obstante, en las disposiciones de esta ley (Capítulo I) se preveía un reglamento para la formación de matronas o parteras, lo que con el tiempo logró que los estudios de matrona fueran universitarios [35].Formación reglada de matronas en España a partir del siglo XVIIILa formación de matronas en España hasta el siglo XVIII no fue académica, esto es, reglada, enmarcada en el sistema educativo. Era, por tanto, una educación informal, exclusivamente a través de instrucción oral y sobre todo práctica, de partera (algunas con cartas de aprobación para su ejercicio, otras, las más, sin ellas) a alumna. Como la mayoría de las mujeres del país, y del mundo, eran iletradas y en su pensamiento no estaría mayoritariamente el acceso a ninguna formación universitaria, vetada para ellas en España hasta bien entrado el siglo XIX, y en condiciones duras y complejas por un sistema universitario, al igual que social, machista excluyente de las mujeres en la participación de la mayoría de los aspectos de la vida social, económica, política y cultural.El oficio de partera, exclusivamente femenino en España, en los que la vocación humanitaria, en muchos casos condicionada también por la subsistencia, se vio asaltado por los hombres a raíz de la cédula de 21 de julio de Fernando VI. En 1750, se determinaba el inicio legal del ejercicio de los parteros [37], siguiendo la tendencia que se instauró en Europa de intentar sustituir a las parteras por varones, cirujanos menores, empezando por Francia, hasta que coparon el mundo de la obstetricia, subyugando y relegando a las parteras a meros auxiliares de estos.En 1787, se estipula la formación reglada para matronas a través de los Colegios de Cirugía, empezando por el de Madrid, aunque su Cátedra de Partos no se inauguró hasta abril de 1790; previamente en los colegios de Cádiz y Barcelona se examinaban a las matronas sin que se les instruyese en estas instituciones. Sin embargo, esta instrucción conculcaba el derecho a la formación igualitaria entre hombres y mujeres marcando claramente las diferencias entre ambos géneros y profesiones [38].De los 11 artículos del capítulo II de estas ordenanzas, dedicado a la Cátedra de Partos y su Adjunta de Enfermedades venéreas, dedica cuatro a la formación de matronas en la que se evidencia que el interés por la formación de las mujeres es menor:ß VIComo la asistencia de las matronas al parto es tan conveniente, y precisa muchas veces: es justo que en este estudio público se las proporcione toda la instrucción necesaria para que procedan en todas las urgencias con acierto y utilidad; á cuyo fin deberá este mismo Profesor dedicarse, en el tiempo y horas que pueda, sin perjuicio de la enseñanza de los Alumnos del Colegio, á instruir en una de las piezas de este edificio, y á puertas cerradas, á las mugeres que quieran aprender y tomar estas lecciones.Por otro lado, se mantiene el imperativo de acceso de mujer casada y autorizada por el marido:ß VIIA ellas no será admitida muger alguna que no sea casada, cuya fe deberá presentar al Maestro de partos acompañada de la licencia de su marido.Se les imparte una instrucción teórica escasa sobre embarazo y parto y el bautismo fetal de urgencia:ß VIIILa instrucción que ha de darse á estas matronas consistirá en el conocimiento de aquellas partes duras y blandas que tienen relación con las funciones propias del sexo femenino, y de las que componen el feto y facilitan ó retardan el parto; las señales positivas de la preñez; todas las noticias necesarias para conocer el verdadero parto, y distinguir el natural del laborioso ó preternatural: el modo de asistir á las parturientes en estos casos, y de socorrer á las criaturas quando necesitan del auxilio del arte; y asímismo las impondrá tambien este Profesor en el modo y forma de administrar el agua de socorro á los párvulos quando peligra su vida. Una idea de evitar el intrusismo y un ataque velado a la generalidad del oficio de partera que empezaban a denigrar los varones, cirujanos menores, arribados a esta esfera del cuidado de la mujer al que jamás habían accedido salvo para practicar una obstétrica destructiva:ß VIIISiendo este Colegio la escuela en que es mi voluntad establecer la enseñanza baxo el método mas útil, y disponerla para que todas las partes de la Facultad chirúrgica reciban la posible perfeccion; evitando que la exerza quien no tenga el debido conocimiento, de cuyo abuso se han seguido tantos daños y perjuicios á la humanidad: mando que ninguna de las matronas avecindadas en Madrid pueda alcanzar en adelante la aprobacion del Protomedicato para asistir á las parturientes sin hacer constar en él, al tiempo de presentarse á examen, el que ha concurrido á esta enseñanza, y recibido su instruccion del Maestro de partos de este Colegio.Con estas disposiciones es difícil pensar que muchas mujeres pudieran acceder a esta formación centralizada en Madrid y que la propia instrucción ofertada fuera suficiente para formar un cuerpo profesional distinguido.Posteriormente, un cambio en la enseñanza de parteras o matronas fue el que propuso el Reglamento para la enseñanza de Practicantes y Matronas de 1861 [39]:Lugares de formación: íse autoriza únicamente en Madrid, Barcelona, Granada, Santiago, Sevilla, Valencia y Valladolid, las casas de Maternidad ó los hospitales donde hubiera sala de partos e indicando que los estudios hechos fuera de los establecimientos previamente señalados por los Rectores no tendrán validez".Duración y programa de estudios: la duración de los estudios de la carrera se elevaba a cuatro semestres con lecciones diarias de hora y media: el primer semestre, destinado a adquirir ideas y nociones preliminares; los dos siguientes en desarrollarlas por medio de oportunos estudios teórico-prácticos, y el cuarto, en compendiar y perfeccionar todos los conocimientos anteriores.Formación diferenciada: muy específico el Art. 44. "La enseñanza de Parteras ó Matronas se dará á puerta cerrada y en horas distintas de la de Practicantes". En un tiempo en el que aún no había calado la comprensión de que la formación era un derecho, no un privilegio disponible solo para una pequeña élite de varones, la formación de las matronas era una formación diferenciada, sobre el argumento de que la separación facilitaba mejores oportunidades para cada sexo, tratando específicamente a cada uno, aunque en la realidad era una educación discriminatoria y sexista que algunos han dado en llamar segregada.Materias de conocimiento: en cuanto a los estudios necesarios para aspirar al título de Partera o Matrona. Art. 47. Para aspirar al título de Partera o Matrona se necesita haber ganado y probado las materias teórico-prácticas siguientes:Nociones de obstetricia, especialmente de su parte anatómica y fisiológica. Fenómenos del parto y sobreparto naturales, y señales que los distinguen de los preternaturales y laboriosos. Preceptos y reglas para asistir e las parturientes y paridas, y a los niños recién nacidos, en todos los casos que no salgan del estado normal o fisiológico. Primeros y urgentes auxilios del arte a las criaturas cuando nacen asfícticas o apopléticas. Manera de administrar el agua de socorrer a los párvulos cuando peligra su vida. Al hilo de esta última inclusión en el programa teórico se hace un inciso porque dado que el bautismo de niños católicos era una práctica inmemorial de la Iglesia, las parteras tradicionalmente vendrían practicándola en ausencia de sacerdote en el parto. Sin embargo, a medida que lo siglos avanzaron, el influjo de la Iglesia convenció casi por unanimidad en considerar la cesárea como una última opción de intentar salvar, aunque fuera una de las dos vidas (madre-feto) en peligro, operación que no debía hacerse sino en los casos extremos.Un hombre que ejerció una gran influencia en los dominios castellanos sobre las condiciones e implicaciones médicas, jurídicas y teológicas referidas a la operación de cesárea fue el sacerdote napolitano Francisco Manuel Cangiamilla en 1745. Su obra más importante fue Embriología Sagrada [40], dirigida a todos aquellos que por vocación, amor o parentesco estaban obligados a realizar una operación de cesárea. La principal preocupación del autor estaba en la salvación espiritual de esos niños que no podían nacer por vía natural.El futuro Carlos III, siendo aún Virrey de Nápoles, emitió una pragmática en 1749 sobre la operación de cesárea y como medio de bautizar al nonato. Cuando Carlos VII aceptó ser Carlos III de España, encargó a uno de sus principales colaboradores italianos, el Marqués de Esquilache, que hiciera conocer en todos sus dominios la necesidad de practicarle la operación de cesárea a toda mujer que muriese grávida, a través de una Pragmática [41]. Así, en 1761, se remitió una versión latina de la obra de Cangiamilla a los obispos del reino para que la tuviesen presente de forma obligatoria en el ejercicio de su labor episcopal, haciendo conocer la misma a los párrocos y sacerdotes de su jurisdicción para que estos a su vez difundieran las prescripciones de la obra hasta en las más remotas aldeas. Para facilitar su lectura y difusión, la Embriología Sagrada [40] fue traducida al castellano por un mandato expreso del rey, de la que hoy se tienen dos versiones, aunque de fecha posterior [40, 43].Por todo ello, y a medida que los cirujanos varones empiezan a escribir más prolíficamente textos obstétricos, ayudados de su ascenso a esta área y del soporte de la imprenta, con el sempiterno peso de la Iglesia y obtenido el consentimiento por mandato real, esta obligación fue incluida en todos los manuales de partos de España como función específica de las parteras.Véase Babil de Gárate y Casabona en 1756 [44], Raulin en 1722 [45] o Juan de Navas en 1795 [46], costumbre que perduró en todos los manuales para matronas hasta bien entrado el siglo XX, momento a partir del cual una laicidad en aumento, relacionada con un notorio descenso de la influencia religiosa en la esfera pública y una afortunada y significativa bajada de la mortalidad fetal, lo excluyó de estos textos formativos para matronas. Años más tarde, en el marco de la emergente ilustración en Europa, y por sus efectos en la política y la religión en el contexto del reformismo borbónico, fue publicada una Real cédula por Carlos IV en 1804 para las colonias españolas en América y Filipinas, que establecía la operación de cesárea como práctica obligatoria una vez “muerta la madre", con el fin de practicar el bautismo y asegurar así la salvación de las almas de los nonatos [47]. Dirección de la enseñanza: en el Art. 48 se indica que íla práctica en estos estudios será simultánea con la enseñanza teórica, y bajo la dirección del mismo profesor", lo que dejaba fuera a las matronas de la enseñanza práctica.Requisitos de admisión: para ser admitida a la matrícula de Parteras o Matrona se exigía: haber cumplido 20 años de edad, ser casada, en cuyo caso presentarían licencia de sus maridos, autorizándolas para seguir este estudio, o viudas, unas y otras justificarán buena vida y costumbres por certificación de sus respectivos párrocos. Haber recibido con aprovechamiento la primera enseñanza elemental completa. Esto se comprobará por medio de un examen que se hará en la Escuela Normal de Maestras, componiendo el Tribunal la directora, la regente y uno de los profesores auxiliares.Competencias profesionales: en cuanto al título de partera o matrona, autorizaba para asistir a los partos y sobrepartos naturales, pero no a los preternaturales y laboriosos, indicando que tan pronto como el parto o sobreparto dejara de mostrarse natural, las matronas debían llamar sin pérdida de tiempo a un profesor que tuviera la autorización debida para ejercer este ramo de la ciencia. Sin embargo, como meros auxiliares de los facultativos, podrían continuar asistiendo a las mujeres embarazadas, parturientas o paridas.Este último párrafo, impositivo, ya dejaba clara la falta de autonomía de la que en adelante disfrutarían las matronas y su subordinación absoluta a los cirujanos. El asalto de los varones a la esfera de las matronas ya estaba completamente legalizado por el poder.En 1864, se emite una Real orden [48] que, de nuevo, afectará negativamente a la formación de las matronas por poner en tela de juicio la capacidad de la mujer no solo para respetar el deber moral y deontológico de la confidencialidad, sino además el deber jurídico del secreto profesional que, incuestionablemente, sí otorgaban a los varones en formación obstétrica:íLa vista del expediente promovido por esa Junta Provincial de Beneficencia para que la enseñanza de Matronas no se verifique en la Casa de Maternidad de esa capital: considerando que la índole de las Casas da Maternidad exige la reserva y el secreto como condición esencial para impedir que la publicidad de la deshonra de las acogidas sea causa de criminales atentados, que ocurrirían con lamentable frecuencia á no existir esta clase de asilos: considerando que el establecimiento en los mismos de la enseñanza de Matronas quebrantaría esta indispensable y rigorosa reserva prescrita por todos los reglamentos de las expresadas casas, y desnaturalizando este servicio, impediría los benéficos resultados que la moral y el interés público reportan de su institución: considerando que la reducción del local de las Casas de Maternidad, que sería consiguiente al planteamiento en las mismas de la referida enseñanza, perjudicaría asimismo notablemente el servicio á que dichas Casas están destinadas; y estimando, por último, en virtud de las anteriores consideraciones, que en el caso presente no son conciliables, como fuera de desear, los intereses de la Instrucción pública y los de la Beneficencia; la Reina (Q. D. G.), de conformidad con el dictamen de la Junta general de Beneficencia, ha tenido á bien prohibir que la Casa de Maternidad de esa provincia sirva de escuela práctica para la enseñanza de Matronas; siendo asimismo la voluntad de S. M. que esta disposición se observe como regla general para todas las Casas de Maternidad del reino. De este modo, y junto a otra disposición de menor calado como el examen de reválida para las matronas [49], se llega a la Constitución de 1869, llamada la Gloriosa [50], durante el periodo que se denominó el Sexenio Democrático (1868 y 1874), en que se reconocerá la libertad de enseñanza en su Art. 24:Todo español podrá fundar y mantener establecimientos de instrucción o de educación sin previa licencia, salvo la inspección de la autoridad competente por razones de higiene y de moralidad. En relación con la formación de matrona, esto supuso, además de tener más establecimientos para formación (escuelas privadas), que la gestión de la instrucción fue compartida por matronas y médicos, con el consiguiente beneficio para las alumnas.La Escuela Libre de Matronas En este contexto sociopolítico, y con una reforma universitaria en ciernes, arranca la historia de la matrona M™ Pilar Jáuregui de Lucu, conocida como Pilar Jáuregui de Lasbennes. No cabe duda de que los escritos tan difundidos y comentados de Jáuregui movilizaron conciencias y dieron pie a un debate social que tuvo algunos frutos para las matronas. Estas eran mujeres profesionales en una sociedad machista y en medio de una lucha desigual por el control de la asistencia al parto frente a los recién introducidos varones como medio de ascender estos en el mundo médico. A caballo de todas las actividades de asistencia profesional y actividades docentes, Jáuregui emprende su campaña en prensa [51] para el acceso a la carrera de matronas a las mujeres solteras, petición que oficializa ante la instancia preceptiva de la que se hace eco la noticia: íDoña Pilar Jáuregui de Lasbennes ha presentado al ministro de Fomento una instancia solicitando se permita a las jóvenes solteras mayores de veinte años obtener el título de profesoras en partos; reforma de la que se viene ocupando en diferentes artículos publicados en la prensa científica de esta capital y que se cree le será concedida, colocando la clase de matronas a la altura de los demás países" [52].La razonable aspiración de Jáuregui de ampliar el acceso a la carrera de mujeres solteras se vio cumplido tras las peticiones públicas y la instancia que dirigió al ministro de Fomento, que fue contestada por su Majestad el Rey, concediendo el primer permiso a una joven soltera [53]; finalmente, como había propuesto Jáuregui, aunque muchos años después (1904) [54], se hizo extensiva para todas las aspirantes.Su afán por instruir matronas le llevó a dirigir una Instancia a la Comisión de Beneficencia de Madrid, ofreciéndose a enseñar la profesión de matronas a las acogidas, que fue desestimada entre otras razones porque, según las disposiciones vigentes, no podían ejercer dicha profesión las mujeres solteras, como lo eran las acogidas, y sometidas además a reglamentos especiales [55].No cejó en el empeño de captar nuevas alumnas y se ofreció a la Sociedad La Paz, desinteresadamente, para enseñarles la profesión a las alumnas de dicha sociedad, de cuyo ofrecimiento no se tienen resultados [56].Incluso se ha encontrado un anuncio en el que Jáuregui hace de intermediaria para el contrato de una ama de cría: “Ama de cría para casa de los padres: Leche de un mes. Dará razón, la profesora de la Escuela de Matronas. Pez 32, pral" [57].Sin embargo, el logro más especial de Pilar Jáuregui lo confirma la noticia de julio de 1875 publicada en el Diario de Avisos de Madrid. En ella, el Dr. Pedro González de Velasco informaba de su proyecto de Escuela de Medicina y Cirugía, fundada por él en su Museo Antropológico y la apertura para el siguiente curso académico de una Escuela Libre de Matronas, bajo la dirección de doña Pilar Jáuregui de Lasbennes [58]. Esta noticia también se ha encontrado en diarios de provincias como León [59] o Murcia [60]. Por fin, se hacía realidad el deseo de Pilar Jáuregui de la creación de una escuela especial de matronas y así lo anunciaba uno de los diarios en que se publicó esta inauguración:La distinguida profesora en partos, D™ Pilar Jáuregui de Lasbennes, que, se viene ocupando hace tiempo en ampliar el ejercicio de profesión en beneficio de los destinos de la mujer, como lo ha demostrado en los artículos que ha escrito, ha obtenido del doctor D. Pedro González de Velasco la fundación en su museo Antropológico de una escuela de matronas, bajo la dirección del secretario del mismo, doctor D. Ángel Pulido y Fernández, quien les explicará la parte teórica, quedando el repaso y práctica a cargo de dicha señora. En esta escuela, que se abrirá cuando comience el próximo curso de la facultad de medicina en dicho museo, podrán seguir los estudios tanto las que satisfagan los derechos de matrícula, como las que escaseen de recursos.La noticia de esta apertura fue un auténtico despliegue de recursos, no en vano tenía el aval del prestigio de Velasco, hombre influyente y respetado, por lo que fue abundantemente publicitada en periódicos generales [61-63], profesionales [64, 65], de otras provincias como ya se ha mencionado [59,60], de colonias de ultramar [66] e incluso de otras temáticas como el Magisterio Español [67] o más sorprendente en la Gaceta de los caminos de hierro [68], que incluía un elogio a Pedro Velasco por su obra filantrópica:Aunque el asunto no es de la índole propia de nuestra revista, no hay periódico donde no quepan honrosamente algunas líneas consagradas a difundir el conocimiento de instituciones como las citadas, y a las que el reputado profesor ha consagrado su gran inteligencia, su poderosa actividad y su fortuna. Su Museo, construido de nueva planta a sus expensas, encierra tesoros para la enseñanza científica y es uno de los establecimientos que honran a Madrid y a España entera. Lo menos que puede hacer el país es honrar a hombres que con tal desinterés le sirven, como el doctor Velasco; y lo menos que debe hacer todo periódico, cualquiera que sea su especialidad, es constituirse en órgano de la gratitud nacional.En el preámbulo de la reglamentación de esta institución, el propio director (a la vez secretario de la Facultad de Medicina y Profesor de Partos de esta, el Dr. Pulido) desgrana cómo se gestó esta Escuela:El Semanario Farmacéutico concluía la presentación de la noticia con el siguiente comentario: “son incuestionables los ventajosos resultados que se obtendrán acudiendo á estas enseñanzas, dado el número y excelente material con que cuenta el Establecimiento para darlas; hacemos caso omiso del excelente cuadro de profesores encargados de las diferentes asignaturas, porque atendiendo á la amistad que con muchos nos unen, podrían creerse interesados nuestros elogios; pero en su mayor parte son ya conocidos por su competencia. No dudamos del lisonjero éxito que una y otra han de alcanzar cuando sea conocida su instalación, que deseamos corresponda al fin para que se han fundado asuntos científicos" [69].Los otros protagonistas de la escuela de matronasDr. Pedro González de Velasco (1815-1882) fue un hombre inmensamente trabajador que alcanzó destacable altura social en el mundo médico, académico y en el de la Antropología, partiendo desde el más humilde estrato social desde el que alternó tareas serviles y profesiones sanitarias menores con los estudios de Medicina. Fue reputado anatomista, habilísimo cirujano, médico entregado a sus pacientes y un insigne profesor de Medicina.Quizás esa filantropía que permitió, entre otras, esta escuela de matronas con posibilidad de formarse mujeres pobres, se deba a un recuerdo imborrable de sus orígenes humildes y del esfuerzo encomiable que hizo a lo largo de vida, y que, gracias a la academización, pudo acceder a los más altos estratos sociales, profesionales y económicos de la época. Desarrolló su tarea científica en la base de tres ejes (museológico, de formación médica y de publicación científica). A medio camino entre la actividad comercial y la propia tarea docente, las preparaciones y disecciones anatómicas que realizó solo, y en sociedad con artistas y tallistas, fueron origen de un negocio [70].Su obra destacada fue su Museo Antropológico, “en el cual se ven los prodigiosos resultados de titánicos esfuerzos, investigaciones y estudios sorprendentes, afanes sin cuento, y dispendios sólo comparables a los que puede hacer el gobierno del Estado que más se proponga favorecer el estudio de la medicina. En este concepto el Museo del Sr. Velasco constituye un verdadero asombro, permítasenos la palabra, no solo en España, sino también con relación a las naciones más adelantadas en el estudio y desenvolvimiento de las ciencias médicas, pues ninguna puede presentar, que sepamos, un ejemplo tan patente y tan grande de lo que puede la iniciativa individual aislada cuando la impulsa la abnegación, la perseverancia, el talento y el amor a la ciencia" [71].Dr. Ángel Pulido Fernández (1852-1932), hombre también de origen muy humilde al igual que su mentor, Velasco, licenciado en Medicina en 1873 y doctorado años después. Fue una persona de carácter independiente y crítico que, para subsistir, en sus comienzos ingresó en la Sanidad Militar y en la de la Armada donde contactó con el Dr. Velasco; de ambos cuerpos se separó voluntariamente pocos meses después.Con posterioridad, y siguiendo su afición al periodismo profesional, formó parte del Consejo de Redacción de El Siglo Medico y de la Revista de Medicina y Cirugía Practicas. Consiguió el título de académico de la Academia de Medicina. Aficionado a la tocoginecología, fundó la Sociedad Española de Ginecología. Publicó trabajos interesantes de carácter filosófico y en el campo sanitario se manifestó como un verdadero apóstol en defensa de la salud pública. Destacó en la política de aquella época y ostentó diversos cargos de ese carácter [72, 73].Como mentor, el Dr. Velasco escogió a su pupilo Ángel Pulido para la dirección de la Escuela de Matronas, reflejo del machismo de la época que ensalzaba un modelo de masculinidad patriarcal y jerárquica imperante y de supremacía médica, como en el caso de Iracheta, que lo fue su marido el Dr. Morelle. Aun con todo, Pilar Jáuregui asumió todas estas circunstancias, no se puede afirmar si claramente resignada o en un cálculo inteligente de posibilidades en un medio hostil como el de enfrentamiento médico con la clase de matronas, o por contra, plenamente convencida, a juzgar por sus expresiones de sumisión y aceptación de ciertas condiciones de inferioridad de la mujer dentro de la Medicina. Aprovechó esta oportunidad, que le permitió su anhelo de intentar formar más y mejores matronas y elevar la consideración y el prestigio profesional del cuerpo de matronas, hostigado y fuertemente desprestigiado por los cirujanos arribistas en la esfera gineco-obstétrica.El fin de la Escuela Libre de MatronasEn un libro en recuerdo a su venerado profesor, Ángel Pulido, además de una semblanza profesional y personal de su mentor, apunta que el Dr. Velasco “alimentó durante gran parte de su vida la idea de fundar una Escuela Libre de Medicina de la cual fuese órgano el Museo". íHizo cuanto de él dependía, pero faltó todo lo demás. Más optimista de lo conveniente, creía factible lo que todos estimaban como una utopía; cuanto tenía, otro tanto sacrificó a esta idea y solo consiguió quedarse pobre y sin alumnos. Había reunido para explicar las asignaturas un plantel tan escogido de catedráticos (salvo el autor de estas líneas que rivalizaba, cuando menos, con el mejor claustro de España)".El autor continuaba relatando que finalmente solo se abrieron tres cátedras, la de Velasco, Muñoz y la suya propia de partos, con apenas un puñado de alumnos, durante algunos años [74].Sorprende que solo haga una mención Escuela Libre de Matronas: “Öal provecho suyo (se refiere a Velasco) destiné el producto de las matrículas durante ocho años de explicación en la Escuela Libre de Matronas que solo yo desempeñé, y el fruto de mis escasas ganancias profesionales en las suplencias suyas". Aun entendiendo que no era el proyecto estrella del Dr. Velasco, sorprende que ni siquiera incluya alguna referencia como obra filantrópica de este, por lo que se deduce que quizá corrió la misma suerte que la Escuela Libre de Medicina, a pesar de toda la publicidad que tuvo, las inmejorables condiciones docentes y las posibilidades de acceso incluso a mujeres sin recursos.No puede confirmarse, pero es probable que la labor de Jáuregui en esta escuela solo durara cuatro cursos (1875-1879), porque a partir de 1879 se empieza a anunciar de forma independiente, y continúa haciéndolo al margen de la escuela [75-78]. En 1882, introduce en sus insertos publicitarios su condición de exprofesora ("ilustrada profesora que fue...") de la Escuela del Museo Antropológico [79-85] (Imagen 6).Del otro lado, los anuncios de la Escuela, a partir de 1879 y hasta 1880, son más potentes y visibles que los de años anteriores y no hay ninguna referencia a Pilar Jáuregui [86-93]. A partir de 1880 con el anuncio del curso 1880-1881, no se vuelve a encontrar más publicidad de esta escuela, de lo que se podría inferir, no con toda certeza porque las colecciones periodísticas no están completas, que fuera clausurada un año antes que la de Medicina de Museo. El supuesto cierre ha generado cierta duda en 1881, porque A. Pulido en su libro homenaje al Dr. Velasco menciona "8 años de dedicación a la Escuela de Matronas"; no contradiciendo a Pulido, la explicación más plausible entre esta afirmación y la realidad es que el cómputo de años que hizo Pulido incluyera el tiempo de preparación y arranque de la escuela más los años en que se impartieron los cursos en ella. No parece lógico que hubiera superado su andadura a la de la Escuela de Medicina y a la propia muerte de Velasco (Imagen 7).Desgraciadamente, como ya se ha mencionado, no se han encontrado los archivos de esta escuela y no se sabe ni cuantas alumnas ni con qué aprovechamiento cursaron la carrera de matrona, pero lo cierto es que inaugurada el 2 de octubre 1875, cerró sus puertas en 1881, como la propia Facultad de Medicina que albergaba.A partir de esta última fecha (1880), no hay referencias a la entrada de nuevos objetos en el museo. También es el último año en que se anuncia un curso en la Escuela Práctica Libre de Medicina y el año de la desaparición de la revista El Anfiteatro Anatómico [70], en pleno declive del fundador del museo, Dr. Velasco, a quien le sobrevino la muerte el 21 de octubre de 1882.DiscusiónLos cirujanos que pretendían ejercer la gineco-obstetricia en España, a partir del siglo XVIII, se vieron amenazados y desafiados por las propuestas de matronas como Pilar Jáuregui. A partir de ahí, y de su consideración hacia las mujeres como sujetos carentes de derechos y su convencimiento de que el estatus profesional solo les pertenecía a ellos, su respuesta en gran parte desfavorable a cualquier movimiento en favor de mejorar la academización de las matronas. Los médicos, convencidos de su superioridad formativa e incluso moral, y a pesar de que eran notorias sus carencias en el conocimiento de la gineco-obstetricia, instruían a las alumnas de matronas en la dependencia, subordinación y supeditación a las órdenes médicas, sin importarles su formación.Las lícitas reclamaciones de las matronas por el avance de su profesión y la consideración y respeto institucional hacia su ejercicio, siempre han sido un camino lastrado por los intereses de otras profesiones, fundamentalmente la de los médicos (varones), amparados en la superioridad de género y el corporativismo, dilatando en el tiempo, cuando no impidiendo, la consecución de cualquier logro de mejora para las matronas.ConclusionesHistóricamente se fue generando una desconfianza hacia las parteras-matronas alimentada por la exclusividad de género de su práctica, que llegó al culmen cuando los cirujanos que quisieron acceder a esta parcela azuzaron este sentimiento, en perjuicio de las mujeres y a su favor.La cultura de la sospecha y la acusación contra las matronas fue el caldo de cultivo para justificar, con el apoyo del Estado, el asalto de los cirujanos a la asistencia obstétrico-ginecológica.Matronas como Pilar Jáuregui demostraron que ser profesional se muestra con hechos constatados de su buen hacer. Hacer profesión es, además, entregarse, muchas veces incluso de forma altruista, a la formación de las nuevas generaciones profesionales.El aperturismo para el acceso a la formación de las mujeres que aportó la Ley Moyano, y posteriormente la Ley de Libertad de Enseñanza, benefició a la figura de la matrona con una formación mejor, que incluyó la posibilidad de ejercer la docencia, aunque limitadas al marco de enseñanza privada, lo que se tradujo en mayor reconocimiento socioprofesional.El deseo de consolidar una sociedad más justa e igualitaria en la que la educación, tanto formal como informal, a partir de la segunda mitad del siglo XIX se extendiese a la mayor parte de la población no obtuvo los resultados esperados: las clases populares, en general, se mantuvieron al margen de las escuelas y la educación femenina estuvo infravalorada, aunque sí que se realizaron avances a este respecto como cambios formativos en la profesión de matrona.Pilar Jáuregui fue una mujer transformadora, decidida y valiente que, amparada por su sólida cultura y una posición social notable, no solo mostró la posibilidad de tener matronas bien preparadas para el cometido profesional que les era destinado, sino que además influyó decisivamente en que esta fuera una necesidad en un sistema sanitario que iniciaba su desarrollo.Conflicto de interesesNinguno.FinanciaciónNinguna. 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