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Metas de Enfermería

Metas de Enfermería

FEBRERO 2011 N° 1 Volumen 14

¿Enfermeras invisibles?

Sección: Editorial

Cómo citar este artículo

Serrano Gallardo P. ¿Enfermeras invisibles? Metas de Enferm feb 2011; 14(1): 3

Autores

Pilar Serrano Gallardo

Subdirectora de Metas de Enfermería

Ya son muchos los trabajos, especialmente en la última década, que han puesto de manifiesto el impacto diferenciado, específico y relevante que tienen las enfermeras sobre la salud de la población. Véanse a modo de ejemplo los trabajos de Aiken o Kane, los cuales señalan de manera contundente cómo el aumento de una enfermera a tiempo completo en una UCI reduciría la mortalidad en un 9% o en un 16% si se tratara de un área quirúrgica. Recientemente, un trabajo realizado en Holanda por Voogdt y cols, y publicado en la revista British Journal of General Practice, ha demostrado que las enfermeras alcanzaban resultados iguales o mejores que los médicos en el manejo de los factores de riesgo cardiovascular y en nuestro entorno, Martín Martínez y cols han publicado en Atención Primaria un estudio que entre otros resultados señala cómo el realizar un mayor número de consultas por parte de la enfermera en el medio de la Atención Primaria (AP) de Salud disminuía los reingresos hospitalarios en personas de edad avanzada.

Por otra parte, y en lo que a la gestión de recursos humanos se refiere, es alarmante la evolución que van tomando las cifras en los últimos años en los que prácticamente muchas enfermeras de AP han duplicado el número de personas asignadas, encontrándose ratios de hasta 3.583 usuarios por enfermera en algunos equipos de la Comunidad de Madrid (Portal de Estadística del Sistema Nacional de Salud –SNS–). Es también asombroso que España sea el país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con más número de médicos por habitante (en 2008, 3,6 médicos por cada 1.000 habitantes en España; y 3,2 en los países de la OCDE) y con el menor número de enfermeras por habitante (en 2008, 4,8 enfermeras por cada 1.000 habitantes en España y 9 en los países de la OCDE); en la AP, el SNS español declara una media de 0,8 enfermeras por cada médico/pediatra.

¿Y cómo puede ser que ante una evidencia tan sólida y sostenida del impacto sobre la salud de este recurso humano, haya una precarización cada vez mayor, al menos en nuestro entorno? ¿Qué intereses hay detrás para que no se realice una gestión de los recursos humanos basada en la evidencia?

En estos tiempos que corren en los que los políticos se hacen eco de lo que pide la ciudadanía y aunque sólo sea por una cuestión de marketing, ¿qué está pasando?, ¿será que la gente no pide enfermeras? Como decía Pilar Arroyo en el editorial de diciembre de 2010, es doloroso sentir la “no presencia” de la profesión enfermera en el contexto social, cultural e intelectual, pero parece que por ahí van los tiros. Si la población no pide enfermeras (me atrevería a decir que ni las propias enfermeras piden más compañeras), aquellos que mandan no van a aumentar el número de estos recursos, porque además hay otros profesionales que sí son demandados y no sólo por la población sino, y de una manera poderosa, porque ellos mismos son los primeros que creen en su valor.
Me alegró mucho leer un artículo de Pauline W. Chen, publicado el pasado 18 de noviembre en el prestigioso periódico New York Times, en el que se comentaba un informe: El futuro de la Enfermería. Liderando el cambio, avanzando en la salud, del Instituto de Medicina de EE.UU y la Fundación Robert Wood Johnson. Dicho informe recorría la sólida evidencia científica existente (mediante ensayos clínicos) sobre la eficacia de los cuidados enfermeros en los últimos 50 años. También el panel de expertos que elaboró dicho informe recomendaba que era preciso aumentar la formación superior de las enfermeras, por ejemplo, doblar el número de doctoras en los próximos 10 años, dado que es un camino demostrado para garantizar la eficacia y la eficiencia en la prestación de cuidados. A la Asociación Médica Americana no le gustó mucho este informe porque interpretó que resta el protagonismo que deben tener los médicos en la salud de la población. Creo que esto suena familiar en nuestro entorno, pero va siendo hora de que pensemos que la salud de la población no es, ni mucho menos, cosa de un único profesional. Y esto ha de ser vivido fundamentalmente por la propia población, porque de esa manera va a reivindicar el servicio de todos aquellos profesionales que contribuyan de modo decisivo a mejorar su salud y entre los que indiscutiblemente nos encontramos las enfermeras.

Ahora bien, es seguro que la ciudadanía no va a demandar enfermeras si las propias enfermeras no ponen “en valor” su aportación específica, única e imprescindible a la salud de las personas. Es hora, pues, de hacernos visibles y pelear por todo eso que tan bien sabemos hacer y que sólo nosotras hacemos, porque si no estamos en grave peligro de no poder seguir haciéndolo en el futuro.