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Metas de Enfermería

Metas de Enfermería

JUNIO 2011 N° 5 Volumen 14

Filosofía de los cuidados paliativos

Sección: Editorial

Cómo citar este artículo

Antón Onrubia M. Filosofía de los cuidados paliativos. Metas de Enferm jun 2011; 14(5): 3

Autores

Manuela Antón Onrubia

Supervisora general de noche del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid. Profesora de Cuidados Paliativos.

Como sabemos, el campo de acción de los profesionales enfermeros se extiende a todas las edades, desde el nacimiento hasta la muerte, y debe adecuarse constantemente a las necesidades de cada uno de esos grupos de edad. Aunque su papel tradicional ha sido y es el del cuidado del enfermo recuperable, en los últimos años se ha adquirido un protagonismo especial en lo referente a los cuidados al final de la vida, a través de los cuidados paliativos, que procuran una mayor calidad de vida para los enfermos con padecimientos graves, progresivos e incurables y que están dirigidos a ayudarles a conseguir una muerte digna.
En el siglo XX se produjeron importantes cambios en la sociedad, tanto en los ámbitos culturales, tecnológicos y socioeconómicos, como en la manera de vivir y de enfermar, por lo que en una sociedad occidental, como la nuestra, donde la esperanza de vida aumenta gracias al progreso sanitario y los avances en tecnología, parece coherente hacer caso al reto del informe Hastings sobre los fines de la medicina del siglo XXI: “Aceptar el sufrimiento y la muerte y ayudar a los demás a morir en paz”.
Los profesionales de la salud no podemos conformarnos con realizar unos buenos cuidados, sino que debemos buscar la excelencia en los mismos, y esto se consigue conociendo la filosofía de unos cuidados que son necesarios para lograr que la calidad de vida del final de los días del paciente le lleve a una muerte serena y sin sufrimientos, permitiendo a la familia transitar por el duelo con el consuelo de haber ayudado a su ser querido a pasar por la última fase de la vida con dignidad.
La muerte es algo difícil de plantearse, ya que a todos nos resulta incomprensible pensar que un día dejaremos de existir. Siempre se piensa que la muerte es algo lejano, que ocurre cuando pasan los años y cuando se envejece, pero lo cierto es que no es así. Se puede presentar en cualquier momento de la vida: desde el nacimiento y pasar por las más tiernas infancias, recorre las maravillosas juventudes, transita por las vitales “madureces” y termina con las sabias longevidades. A veces la vida se extingue súbitamente por multitud de causa, sin aviso, con el gran sufrimiento que esto provoca en la familia; o es el resultado de una enfermedad larga y degenerativa que nos obliga a vivir con ella el resto de nuestros días, desencadenando un gran padecimiento para todos.
Que cada paciente vive esta experiencia de diferente manera debido a la interacción de múltiples factores vivenciales es algo que ya sabemos e, incluso, conocemos perfectamente los métodos y procedimientos terapéuticos más oportunos y eficaces para abordar los signos y síntomas derivados del dolor, el sufrimiento y la angustia. Sin embargo, los cuidados paliativos, en su perspectiva filosófica, ayudan a los profesionales a tomar conciencia de los difíciles momentos por los que pasa el paciente y su familia, permitiéndonos detenernos ante ellos, ponernos en su lugar y buscar cuáles son los “otros cuidados” que han de estar presentes antes que los protocolos establecidos en las unidades asistenciales, donde priman las actividades encaminadas a alargar la vida en vez de dar calidad a la misma, con un coste de gran sufrimiento para el paciente, sin resultados visibles.
Para terminar, invito a llevar a cabo nuestro gran reto: conjugar lo técnico con lo humano, porque la Enfermería es un arte que no se plasma en lienzos, ni en ningún monumento en cualquier plaza, sino que se plasma en las personas y nuestros monumentos están en el corazón de cada uno de nuestros pacientes y sus familias. Seamos capaces de dejar nuestra impronta humana en todos los pacientes que cuidemos y encontraremos el cariño y reconocimiento de todos los que vivieron con nosotros en algún momento de su vida. No fallemos nunca a nuestros pacientes y no nos habremos fallado a nosotros, en el colofón de nuestra vida. Y como decía Kübler-Ross, “si te atreves a implicarte, si te atreves a sentarte a su lado, ellos te ayudarán también a aceptar un día ineludible tu propia muerte. Éste es, quizás, su regalo de despedida”.