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Metas de Enfermería

Metas de Enfermería

OCTUBRE 2014 N° 8 Volumen 17

Competencias profesionales. ¿Vamos por el buen camino?

Sección: Editorial

Autores

Joan De Pedro

Decano Facultad de Enfermería y Fisioterapia. Universitat de les Illes Balears

Para cuándo queremos posponer la ordenación del nivel competencial de los profesionales enfermeros en España?

En estos momentos se pueden encontrar en una misma unidad asistencial de nuestro sistema sanitario cuatro niveles académicos: ATS, DUES, enfermeras graduadas y enfermeras especialistas. La pregunta que nos deberíamos hacer como colectivo es clara, ese conglomerado de profesionales que en definitiva son enfermeras, que el tiempo y los acontecimientos han ido cambiando sus titulaciones académicas, ¿tienen el mismo nivel competencial? Porque no parecería lógico tanto esfuerzo por generar cambios que adapten el nivel académico de las enfermeras a las nuevas exigencias sociales y a los nuevos roles profesionales, y que el nivel competencial exigido por el sistema sanitario español sea el mismo con independencia de la titulación académica y de las competencias adquiridas.

Pero no vayamos a caer en el error, puede que interesado, de como decía Lampedusa “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”, esto a lo que tan acostumbrados estamos en España, puede ser un error fatal para el desarrollo de una profesión que arrastra lastres históricos de los que no conseguiremos desprendernos si no entendemos que cada día se hace más necesaria cerrar una organización profesional, que posibilite a nuestros profesionales el merecido reconocimiento de su nivel competencial. Pero todo esto no se puede realizar desde el corporativismo y la defensa de los intereses profesionales como si se tratase de defender un sentimiento patrimonial e irracional, hay que abordar el futuro con una mirada amplia y valiente, fijando nuestra atención en los sistemas y países donde la enfermera ha alcanzado las más altas cotas competenciales.

Parece lógico ponernos a regular una profesión donde las diferentes competencias respondan a las verdaderas necesidades de nuestros empleadores y donde no haya profesionales realizando labores muy por debajo de su nivel, ni existan profesionales desarrollando complejas labores sin ningún reconocimiento, cercanas a lo que podemos entender como práctica avanzada en Enfermería y relacionadas con intervenciones de mentoría de pacientes, consultoría a otros profesionales, juicio clínico experto frente a la cronicidad compleja, gestión de cuidados, etc. que de buen seguro enfermeras y enfermeros de España están desarrollando actualmente en diferentes contextos, independientemente de su titulación y capacitación oficial.

Obviamente “quererlo todo para todos” como parece que es la eterna quimera de algunos sectores profesionales hoy más que nunca es un auténtico disparate, obviamente una gestión por competencias nos llevará a rechazar esta política de “café con leche para todos”, que tan escasos resultados nos ha dado en los casi 40 años desde la incorporación de la Enfermería a la universidad. Las instituciones sanitarias deben de una vez por todas exigir el correcto nivel competencial para conseguir aquellos resultados que pretenden, hoy, que nadie cuestiona que las organizaciones deben ser costo-efectivas, se hace necesario introducir nuevos modelos de gestión que midan nuestra capacidad de influencia sobre la seguridad clínica y la calidad asistencial.

“Ya basta”, si no medimos en términos de resultados clínicos el papel de las enfermeras en los procesos asistenciales, hemos llegado a donde no hacía falta llegar. Pero todos sabemos que eso no es cierto y que la calidad (es decir, el nivel competencial) de las enfermeras influye claramente en la morbimortalidad de nuestros pacientes y la población que atendemos y que era necesaria una transformación que posibilitase que las enfermeras desarrollasen su capacidad competencial. Tan solo hace falta que esto se regule sin miedos por las dos partes.

El sistema sanitario y los representantes profesionales deben hacer un esfuerzo por llegar a pactos que regulen esta profesión. Tenemos un importante reto al que responder, así que pongámonos a ello y exijamos políticas sanitarias que contemplen una verdadera gestión por competencias, que garanticen la seguridad clínica de nuestros pacientes, la mejor calidad asistencial posible y que contemplen para ello el desarrollo profesional, de unos profesionales que al parecer hoy no son considerados por igual. Es decir, terminar con la falta de reconocimiento por los innumerables esfuerzos que realizan desde el convencimiento de que nuestra aportación es notoriamente influyente en los resultados finales de los procesos asistenciales.