3
Metas de Enfermería

Metas de Enfermería

JUNIO 2016 N° 5 Volumen 19

Levantar la mirada

Sección: Relatos

Autores

José Salvador Moreno

Enfermero. Delongcare cuidados domiciliarios. Berlín.

Hoy es un día como otro cualquiera, como siempre. No voy a relatar mi rutina porque es aburrida y no tiene nada de interesante. Prefiero dejar explícitos otros actos que me conmueven y me alegran el día: ni más ni menos que leer y escribir.

Dar rienda suelta a la lectura y la escritura me evade de la monotonía. Ambas cosas me encantan y con ellas se me pasan las horas volando. Disfrutar de las líneas de Neruda, descubrir las aventuras de Alatriste, dejar volar la imaginación para componer poesía a un ser querido o anotar mensajes para mi mujer son actividades que hacen de mí la persona que soy, de alegrarme y de sentirme vivo. Actualmente, considero que mi cuerpo ya no lo está. Solamente mi mente y mi alma.

Debido a la enfermedad irreversible que padezco no voy a poder seguir viviendo con la normalidad con la que lo hacía antes. Esclerosis múltiple, dos palabras complejas y difíciles de asimilar.

No imaginaba ni por asomo lo que podía llegar a ser esta enfermedad que estoy padeciendo. Te va consumiendo poco a poco: movilidad inexistente, sentidos mermados, independencia impedida, contactos dejados, etc. De ahí que, con estas simples actividades, vi una salida a todos estos problemas.
Gracias a la voluntad de mi mujer y a la tecnología de hoy en día puedo realizar aún algunas cosas. Postrado en la cama, uso mis ojos para poder comunicarme, escribir y leer a través de un ordenador que está justo enfrente de mí, ya que no puedo moverme.

Supeditado todo el tiempo a cuidados continuos, me cura la sensación de poder seguir leyendo y escribiendo, no la medicación prescrita por el médico. Podría ver la televisión o escuchar la radio, pero no me llena tanto como ver a mi mujer sonreír y agradecerme lo que escribo solamente para ella.

Doy gracias a Dios por tener el privilegio de poder seguir disfrutando de lo único que me cura de verdad. Los médicos dirán que sin medicamentos y cuidados no podré seguir viviendo, pero a mi parecer lo que de verdad me cura es la satisfacción de que mi mujer me lea todos los días. De leerle en la mirada que se siente contenta de haberme elegido como esposo. Algo tan simple como dejarle en la pantalla del ordenador el amor con el que le agradezco el apoyo y la ayuda que me proporciona, provoca en mí una emoción reconfortante y placentera.

No seré nunca un famoso escritor, pero para ella y sobre todo para mí, líneas como: “Gracias, preciosa, por todo lo que haces por mí. Te quiero”, son como si hubiera escrito la mejor novela del mundo. Frases semejantes y nunca iguales son recitadas de forma cálida, diariamente, al atardecer, momento que solíamos disfrutar de la puesta de sol cuando podíamos.

Así paso mis días, emocionado, expectante por ver al anochecer la sonrisa que me conforta y me cura.