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Metas de Enfermería

Metas de Enfermería

JULIO 2016 N° 6 Volumen 19

La figura del inmigrante como individuo en riesgo de enfermedad mental

Sección: Editorial

Autores

Dra. Marta Bravo Sánchez

Médico psiquiatra. Hospital General Universitario Gregorio Marañón (Madrid)

Nos encontramos en una época donde la desigualdad económica y social se convierte en tema primordial de debate a nivel universal. Ello unido al alto componente de conflictividad interpersonal, hace que multitud de seres humanos huyan de sus lugares de origen, de sus raíces culturales, con expectativas idealizadas de mejora.

Desde principios del siglo XX se posiciona a la inmigración como un factor de riesgo para la génesis de las enfermedades mentales por el potencial estrés emocional que conlleva.

Alejándonos de un reduccionismo simplista, predominante en los inicios de la psiquiatría transcultural, donde trazaban hipótesis sobre la selección negativa como causa fundamental de la mayor vulnerabilidad biológica observada en los inmigrantes, actualmente se estipula que no solo el estrés depende en gran medida de cómo se posicione el inmigrante frente al grupo de acogida y a su cultura, sino que también es un factor determinante la reacción que el grupo de acogida tenga frente al mismo.

La adaptación a un entorno sociocultural novedoso es un proceso arduo que requiere un aprendizaje durante el cual el inmigrante deberá adquirir las competencias y habilidades necesarias para manejarse en el entorno de forma efectiva. Es una situación altamente demandante y estresante a nivel emocional para el inmigrante o refugiado, que puede o no afrontar con éxito dependiendo de una serie de variables tales como el grado de similitud cultural, el conocimiento previo de la cultura receptora, el tiempo de elaboración decisional de emigración, la barrera idiomática, las características sociodemógraficas y los recursos psicológicos del sujeto. Se torna especialmente complejo cuando se lleva a cabo de forma involuntaria, tras haber sufrido experiencias nocivas previas de mayor o menor intensidad y si la cultura receptora en parte lo rechaza.

Los modelos de aculturación de Berry se distinguen en:

  • Asimilación: rechazo de su identidad cultural y adopción de los valores de la sociedad de acogida.
  • Integración: mantenimiento de la propia identidad cultural, y deseo de participar activamente en la nueva sociedad (siendo este el de mayor efectividad funcional).
  • Segregación: rechazo de la cultura de la sociedad de acogida.
  • Desculturación: rechazo de ambas culturas, el que genera más nosología, conllevando un estado de marginación y de alienación, asociado, según estudios, a la aparición de alteraciones psicológicas tales como conductas adictivas, delincuencia y trastornos psiquiátricos.

Los síndromes psiquiátricos son fenomenológicamente universales, pero todos ellos modulados por factores culturales que determinan en última instancia su expresión clínica.

El “duelo migratorio”, si bien puede ser la base sobre la que se desarrollen enfermedades mentales graves, como la depresión, los trastornos psicóticos o las conductas adictivas, se trata de una reacción vivencial normal frente a una pérdida identitaria parcial que no debe ser medicalizada.

Podemos afirmar que la inmigración es un factor de riesgo significativo para el desarrollo de trastornos psicóticos, mediado en parte por factores culturales e idiomáticos, pero principalmente derivado de factores sociales y económicos.

Cabe cuestionarse que la creación de recursos específicos sanitarios (en especial en el ámbito de Atención Primaria y salud mental) sea una solución al auge de las enfermedades mentales en población inmigrante, centrándonos en una prevención meramente secundaria y terciaria. Si nos sumergimos en nuestra propia sabiduría popular existe un dicho: “Mas vale prevenir que curar” que prima la prevención primaria, por lo tanto las medidas a adoptar exceden de políticas sanitarias, recayendo en medidas de intervención social, especialmente en necesidades de primer orden y secundariamente en la creación de programas de información, orientación, asesoramiento e integración.

Por último, al inicio del editorial se hacía referencia a la bidireccionalidad del proceso de adaptación, por lo tanto no solo los inmigrantes deben encomendarse a un aprendizaje, también la sociedad receptora ha de instruirse en una convivencia intercultural, donde se minimicen las defensas proyectivas que generan paranoia en los inmigrantes y la identificación proyectiva en la población receptora que aboca a la marginación y discriminación. Para ello se deben fomentar espacios de convivencia que propicien la interacción. La participación de los inmigrantes en la comunidad, a través de su integración en las actividades existentes, posibilitará este mutuo acercamiento que va a enriquecer no solo a las personas en interacción sino a la sociedad en general.

Por ello, el papel de los equipos mustidisciplinares sanitarios traspasa sus funciones habituales, siendo muchos de nosotros una primera toma de contacto con nuestra sociedad, debiendo realizar una adecuada labor psicoeducativa e interacción comunicacional, dinamitando los prejuicios negativos y estereotipos existentes a nivel social.