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Metas de Enfermería

Metas de Enfermería

MAYO 2017 N° 4 Volumen 20

Interlínea enfermera. Las enfermeras de la Brigada Lincoln, una historia de la profesión en guerra

Sección: Enfermería al Día

Autores

Guillermo García Gómez

Resumen

La primera fuerza militar no segregada racialmente de la Historia de Estados Unidos, la famosa Brigada Lincoln, combatió en España durante la Guerra Civil. Brigadistas voluntarios, en total, 2.800 americanos, de los que murieron más de un tercio, acudieron al conflicto para luchar a favor de la República. Pero con esta sección viajaban también enfermeras idealistas que perseguían combatir el fascismo golpista ejerciendo su profesión en los hospitales de campaña, conduciendo ambulancias o retirando heridos del frente.

La Guerra Civil (1936-39) atrajo a España las miradas internacionales como ningún otro acontecimiento en la Historia. Como preludio de la Segunda Guerra Mundial, los futuros combatientes se pusieron a prueba en territorio español, y cada bando, el republicano y el nacional, recibió la ayuda de los países que concordaban ideológicamente con cada uno o con el que mejor representaba sus intereses.

Uno de los apoyos que recibieron los republicanos fue el de la Brigada Lincoln, proveniente de Estados Unidos. Estos milicianos voluntarios combatieron en diferentes batallas y frentes, como la del Jarama, Belchite, Teruel o Valencia. Estos brigadistas fueron una de las secciones más famosas del ejército republicano, y con ellos viajaban también enfermeras.

España en el punto de mira

Ernest Hemingway, uno de los más famosos cronistas de esta guerra, que llegó incluso a rodar un documental sobre el conflicto, escribía en el final de su libro Por quién doblan las campanas (1940) que “el mundo es un buen lugar por el que merece la pena luchar”. Muchos concordaron con él, desde John Dos Passos a George Orwell pasando por Orson Welles y Robert Capa, y su estancia en España está debidamente documentada en innumerables obras.

En este sentido, el paso de mujeres, como la escritora y periodista Martha Gerlhorn o la fotógrafa Gerda Taro, e incluso Mika Feldman, que consiguió ser capitana de una milicia del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), está igualmente registrado y reconocida su importancia en la difusión internacional del conflicto.

Asimismo, los homenajes a la Brigada Lincoln son frecuentes. La Universidad de Washington les dedicó un monumento, que fue inaugurado en 1998 cuando se cumplían 61 años de la partida de los primeros brigadistas; además en el cuadragésimo aniversario, ocho de aquellos voluntarios recorrieron los escenarios en los que combatieron, como el frente de Aragón o el de Andalucía.

Entre esos ocho supervivientes se encontraba una enfermera.

Fredericka Cohen y Salaria Kea

Fredericka Imogen Martin Cohen partió a España el 16 de enero de 1937 como parte integrante de la primera unidad de apoyo médico voluntario estadounidense. Cohen estuvo a cargo, durante el año en que prestó servicio en la Guerra Civil, de 54 enfermeras en seis hospitales americanos del frente. Su labor no se limitó a la profesión sanitaria. Cohen también impartió clases a las milicianas españolas para erradicar el analfabetismo mientras duraran los combates.

A su vuelta a Estados Unidos, en febrero de 1938, esta enfermera se dedicó a impartir congresos con el fin de recaudar fondos para poder seguir enviando voluntarias a España.

Por su parte, Salaria Kea, enfermera afroamericana, activista contra la invasión italiana de Kenia en 1935, se subía a bordo del barco SS París, en marzo de 1937 que la traería a España.

Esta profesional, junto con otros doce voluntarios sanitarios encabezados por el cirujano Edward K. Barsky, uno de los fundadores de la Oficina Médica Estadounidense para Ayudar a la Democracia Española (AMB), se instaló en el hospital de campaña Villa Paz, situado a las afueras de Madrid. Esta enfermera, a su regreso a su país natal en 1938 después de escapar al cautiverio al que el bando nacional la sometía, se dedicó, siguiendo el ejemplo de su compañera, a ofrecer conferencias sobre la necesidad de seguir enviando voluntarios sanitarios a España. Kea, cuyas experiencias se recogen en el libro Mississippi to Madrid. Memoirs of a black american in the Spanish Civil War (1990) de James Yates, también sirvió en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

Linni de Vries y Anne Shuldiner

Linni De Vries, miembro del Partido Comunista estadounidense, hecho que la obligó a exiliarse a México durante los años de histeria del maccarthismo, fue una de las enfermeras más activas de la AMB.

De Vries partió a España en enero de 1937, igualmente a las órdenes de Barsky y, meses después, a su vuelta a Estados Unidos, siguió el ejemplo de sus compañeras de profesión y sus charlas sobre lo necesario de la ayuda sanitaria en el conflicto español fueron habituales.

La Guerra Civil y su experiencia de la misma dejaron profundamente marcada a esta enfermera, que destacaba el idealismo de los combatientes republicanos y la mentalidad del pueblo español frente a la tesitura en que se encontraba. Robert Coale, de la Universidad de París, en su artículo Voluntarias estadounidenses en la Guerra Civil: testigos de transformaciones sociales (2005), citando la carta del 15 de marzo de 1937 de esta enfermera, recogida en el libro Letters of the Lincoln Brigade from the Spanish Civil War (1996), de Cary Nelson y Jefferson Hendricks, reproduce las palabras de De Viries describiendo al pueblo español: “Viven en una sociedad semifeudal y aún están en un nivel de pensamiento político mucho más elevado que el proletariado estadounidense. Son vivos, sensibles e inteligentes (…). Mi enfermera, Modesta, llegó ayer por la tarde con una ambulancia. Ninguna labor es demasiado para ella, hace cuatro semanas era una campesina y hoy en día pone inyecciones”.

Esta enfermera, según cuenta Coale (2005) en la misma monografía, fue una activista por los derechos de la mujer. Así, en el texto se relatan anécdotas de reuniones de integrantes de los diferentes grupos políticos que conformaban el bando republicano en las que se discutía el papel que los hombres debían tener en el frente con respecto a tareas domésticas. Citando de nuevo la obra de Nelson y Hendricks (1996), Coale recoge las impresiones que De Vries tuvo sobre las opiniones que tenían de cometidos como lavar la ropa o cocinar: “Parecía el frente del Jarama: las palabras surgían quemantes y duras como tableteo de ametralladora. La cuestión era, para los combatientes, que habían venido a pelear y no a ocuparse de un ‘quehacer de mujeres’”, denunciado así las situaciones a las que tenía que hacer frente.

Anne Shuldiner embarcó hacia España a cargo también de la AMB. Shuldiner trabajó en cuidados médicos y en formar a civiles tanto en hospitales en las primeras líneas del frente como en la retaguardia. Según recoge el portal web Abraham Lincoln Brigade Archives (ALBA, por sus siglas en inglés), esta enfermera describió así, en una entrevista realizada en 1990, su labor en la Guerra Civil: “Dormíamos en tiendas de campaña. Teníamos servicio ininterrumpido con los pacientes después de la cirugía. Los pacientes estaban en un pabellón medio hundido en la tierra y cubierto con una lona de camuflaje. Entonces pensaba que la parte del trabajo más difícil era para las personas que tenían que seleccionar quién iba a ser el siguiente paciente. Nos correspondía a nosotras evaluar su estado para determinar cuál sería el más apropiado para ser intervenido quirúrgicamente. El proceso de selección de los pacientes fue muy duro para mí”,”trabajábamos día y noche, hicimos lo que era apropiado para 1937, y muchos de nuestros pacientes no sufrieron”. Después de ejercer su profesión en los frentes de Albacete y Córdoba, Shuldiner volvió a Estados Unidos, en noviembre de 1937, para continuar con la tradición de estas enfermeras voluntarias de dar a conocer en su país la situación del conflicto.

Una labor fundamental

Como hemos visto, el trabajo de las enfermeras voluntarias que se alistaron en la Brigada Lincoln no se limitó a aspectos sanitarios. También realizaron una labor de difusión de la guerra y ayuda a los que aún combatían; de cualquier forma, hicieron una función en el mismo sentido tan importante como la que llevaron a cabo otros nombres más conocidos y reconocidos como Hemingway, Dos Passos, Taro o Gelhorn. Gracias a las experiencias, los relatos, las conferencias y los libros de estas enfermeras podemos encontrar un testimonio de primera mano prácticamente desconocido, pero igualmente imprescindible, de la Guerra Civil.

Sin embargo, a pesar de todo lo que Cohen, Kea, De Vries, Shuldiner, Clara Leight, Fanny Golub, Sana Rose Goldblat, Rose Freed hicieron… y tantas otras profesionales de Enfermería, no solo de esta brigada, sino de la Cruz Roja o incluso el personal no cualificado, cuyo trabajo dio a conocer la doctora Isabel Antón Solanas en su tesis Evolución de le Enfermería española durante la Guerra Civil que asoló España entre 1936 y 1939 (2010), su labor ha pasado prácticamente desapercibida.