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Metas de Enfermería

Metas de Enfermería

JUNIO 2018 N° 5 Volumen 21

El paciente crítico en situación terminal

Sección: Editorial

Autores

Juan Francisco Velarde García

Profesor de la Escuela Universitaria de Enfermería Cruz Roja. Madrid.

Contacto:

Email: JVG@cruzroja.es

Diversos estudios internacionales destacan que entre el 16-19% de los fallecimientos dentro del hospital ocurren en las Unidades de Cuidados Críticos (UCC) (1). Se estima que más del 50% de las muertes van precedidas por algún tipo de limitación del esfuerzo terapéutico (2,3).

Cada vez es más frecuente la necesidad de prestar cuidados a pacientes en situaciones clínicas no reversibles, relacionadas con la edad avanzada, la presencia de enfermedades crónicas subyacentes y el cambio de procesos amenazantes. No hay que olvidar que las UCC se crearon con el único fin de garantizar la curación del paciente y representan el buque insignia de la tecnificación sanitaria. Sin embargo, el número de pacientes críticos en situación terminal aumenta progresivamente y, con asiduidad, nos escudamos en la tecnología no solo para salvaguardar la vida del paciente, sino también para afrontar su muerte, negando con frecuencia su situación clínica irreversible y siendo incapaces de reconocer que la vida tiene sus propios límites y nada de lo que se haga cambiará la situación.

A pesar del aumento de las iniciativas encaminadas a humanizar los cuidados críticos, la influencia del modelo biomédico sobre la cultura asistencial, la formación de los profesionales y los recursos empleados, no ha permitido que se permute el término “limitación del esfuerzo terapéutico” al “cuidado paliativo del paciente crítico en situación terminal”, con lo que eso implica y conlleva. En este caso, me planteo varias preguntas, ¿son diferentes las necesidades del paciente terminal y su familia dentro de este entorno?, ¿por qué no se habla abiertamente de cuidados paliativos o cuidados al final de la vida y en cambio se emplea el término “limitación del esfuerzo terapéutico”? ¿Es tan solo una cuestión de terminología o va más allá? Prestar unos cuidados al final de la vida implica necesariamente enfrentarse a la muerte del paciente, suceso que no es sencillo dentro de estos contextos de atención. Probablemente, la forma en cómo se nos presenta la muerte del paciente y el momento, sumado a las implicaciones personales que hubiésemos desarrollado con él y/o su familia, son determinantes en su aceptación. La muerte inesperada de un paciente no solo es imprevisible e inasumible para sus familiares y allegados, sino también para nosotros mismos, ya que no siempre los fallecimientos se producen sobre aquellas personas en las que existe una mayor previsión del desenlace, que hace que este sea más fácilmente asimilable por parte de los profesionales que lo atendieron. En otras ocasiones, el momento en el que se presenta la muerte del paciente cuenta con una clara connotación de justicia. Distinguimos la muerte de un paciente joven frente a la del anciano. Esta última se puede concebir con cierta naturalidad dentro del ciclo de la vida, mientras que la muerte del paciente joven se percibe con un sentimiento de injusticia.

Por último, la implicación personal con nuestros pacientes hace que aspectos profesionales y personales se entremezclen en muchas ocasiones, dependiendo de la relación establecida con el propio paciente y la familia, que puede llegar a afectarnos emocionalmente. La presencia de dificultades a la hora de prestar unos cuidados de calidad al final de la vida de estos sujetos está más presente de lo deseable, dada la escasa preparación sobre el tema de muchos profesionales, la escasez de protocolos o planes de cuidados que contemplen las necesidades de este tipo de pacientes y sus familiares, e incluso la falta de habilidades de los profesionales para afrontar estas situaciones. Sin olvidar que el diseño estructural de las UCC no facilita la privacidad necesaria para el paciente y la familia es los momentos del duelo.

Concluyendo esta reflexión, no debemos olvidar que nuestra posición privilegiada como profesionales de Enfermería nos permite compartir con el paciente y su familia un momento trascendental como es el final de la vida. Tal vez no nos encontremos en el mejor lugar para prestar unos cuidados integrales, pero las necesidades siguen estando presentes. Y nuestra responsabilidad reside en esforzarnos en prestar cuidados de calidad al final de la vida.

Bibliografía

  1. Hoel H, Skjaker SA, Haagensen R, Stavem Kl. Decisions to withhold or withdraw llife-sustaining treatment in a Norwegian intensive care unit. Acta Anaesthesiol Scand. 2014; 58:329-36.
  2. Kranidiotis G, Gerovasili V, Tasoulis A, Tripodaki E, Vasileiadis I, Magira E, et al. End-of-life decisions in Greek intensive care units: a multicenter cohort study. Crit Care. 2010; 14:R228.
  3. Lesieur O, Leloup M, González F, Mamzer MF; EPILAT study group. Withholding or withdrawal of treatment under French rules: a study performed in 43 intensive care units. Ann Intensive Care. 2015; 5:15.