La pandemia de 1918 en Salamanca, una lección olvidada

Sección: Editorial

Autores

Dr. Juan Fernández Dolón

Enfermero. Unidad de Cuidados Intensivos. Hospital Comarcal de Inca (Illes Balears).
Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad Pontificia de Salamanca.

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La mal llamada gripe española es considerada como una de las peores catástrofes sanitarias del s. XX. Provocada por una reagrupación serológica de origen aviario del subtipo H1N1, produjo un impacto en la mortalidad, según las últimas estimaciones, de unos 50 millones de personas (alrededor de un 3-6% de la población mundial). Aunque no hay un consenso universal sobre dónde se originó el virus, la realidad es que se propagó por todo el mundo durante 1918 y 1919 (1,2).

Saber realmente lo que ocurrió es hoy en día un interrogante para la Salud Pública y la epidemiología, pero sí es posible delimitar los tres factores que determinaron una mayor gravedad de la pandemia. En primer lugar, factores sociales como la expansión del virus propiciada por el tránsito de personas/soldados en la Primera Guerra Mundial, una inexistente red de Salud Pública y de sistemas sanitarios, así como una falta de desarrollo de vacunas y tratamientos efectivos a la infección (3,4). En segundo lugar existieron factores de virulencia que influyeron en la severidad de la pandemia en colectivos jóvenes (2,5). Y, por último, los factores de población como el grado de protección, aislamiento geográfico y recuerdo inmunológico (3,4).

En España la epidemia gripal resultó ser una amenaza y un desafío para las autoridades sanitarias y gobiernos de la época, al enfrentarse a un fenómeno desconocido que causaba una alta mortalidad y en un contexto social complejo donde las desigualdades socioeconómicas eran muy pronunciadas.

Entre otras muchas ciudades españolas, Salamanca fue una en la que se registraron mayores índices de mortalidad agravadas por la epidemia gripal. En 1918 la capital sufría las consecuencias de una vida que, rozando la miseria y la necesidad, comprometían la salubridad e higiene de la población (6). Pese a los intentos de las autoridades por la mejora de la higiene, la ciudad seguía padeciendo debilidades en servicios como el abastecimiento de agua, limpieza, saneamiento y alcantarillado de sus calles. Estos factores no solo contribuirían a la aparición de enfermedades infecciosas y epidémicas (cólera o tifus), sino también a la presencia de otras enfermedades y complicaciones asociadas (respiratorias, cardiovasculares y digestivas).

Conociendo de antemano todos estos antecedentes y con la finalidad de poder valorar el impacto que tuvo la epidemia en Salamanca, ya que solo existía una investigación previa que hablase del impacto de la pandemia en la provincia (7) se realizó un estudio de mortalidad topográfica por barrios y secciones desde 1917 a 1919, para poder analizar repercusiones demográficas (8).

Para ello se ejecutó, por una parte, un análisis de documentación de fuentes escritas de la época. Las principales aportaciones son fuentes bibliográficas primarias como artículos de prensa, actas, padrón municipal y demás documentos de registros de administraciones públicas (ayuntamiento y diputación provincial) que aludiesen a la epidemia y abordasen temas acerca del origen de la enfermedad, su posible vector de llegada a la ciudad, el diagnóstico, el impacto demográfico urbano, las repercusiones sociales y las medidas preventivas y terapéuticas utilizadas frente a la infección (8).

Por otra parte se llevó a cabo un análisis de mortalidad (descriptivo e inferencial). Se efectuó un análisis estadístico de la población residente fallecida en la ciudad en 1917, 1918 y 1919, atendiendo a los datos recogidos en los libros de actas de defunción del Archivo Diocesano y el Registro Civil de Salamanca. En este sentido, la hipótesis de partida del estudio era que la epidemia gripal tuvo distinto impacto en la mortalidad en la ciudad en función de diferentes variables sociodemográficas. Para ello se observó la mortalidad por enfermedades en los diferentes distritos y secciones, analizando las diferencias entre las diversas causas de muerte e investigando si existía una asociación de riesgo en muerte por causa gripal en función a diferentes variables sociodemográficas (sexo, estado civil, etc.) (8).
Con toda la metodología establecida se obtuvieron resultados muy concluyentes que pusieron de manifiesto la asociación de riesgo de variables sociodemográficas como estado civil (soltero y casado), el 3er y 4º trimestre de 1918 (coincidiendo con la 2ª ola epidémica), así como los colectivos más jóvenes, como aquellos factores asociados a un mayor riesgo de muerte gripal. A su vez se comprobó cómo la mortalidad registraba un exceso de mortalidad en todas las causas de muerte en 1918, atribuyéndose a la epidemia la responsabilidad de este incremento en la serie de defunciones, coincidiendo con los meses de septiembre y octubre (8).

Hoy en día la historia se repite, cien años después, y sin haber aprendido nada. Muchos de nosotros miramos a la epidemia de 1918 para poder comprender la actual pandemia del SARS-CoV-2. Como diría Aldous Huxley: “Quizá la única lección que nos enseña la historia es que los seres humanos no aprendemos nada de las lecciones de la historia”.

Ambas pandemias presentan diferencias y patrones similares. La epidemia de 1918 no guardaba relación con ninguna enfermedad establecida por la ciencia y la medicina. La epidemia afectó con una alta letalidad a colectivos jóvenes, mientras que la actual pandemia registra una mayor mortalidad en mayores de 80 años. Sin embargo, después de cien años, vivimos en una pandemia y afrontamos las repercusiones más directas (demográficas, sociales y económicas) de un hecho que nos parecía disipado en el pasado. El virus de la gripe evolucionó filogenéticamente, desarrollando nuevos subtipos serológicos que han provocado cepas pandémicas a lo largo de la historia (posteriores a 1918 fueron las de 1957, 1968 y 2009).

Al igual que la gripe española, la pandemia de SARS-CoV-2 pasará, pero siempre habrá epidemias, los virus evolucionan y, por ello, deberemos concienciarnos ante este reto. Con este estudio de mortalidad basado en un marco interdisciplinar (desde una perspectiva social, humana y científica) podemos darnos cuenta de que las peores epidemias no son biológicas sino morales.

A pesar de los avances científicos para luchar frente a enfermedades infecciosas, ignoramos los comportamientos, valores y actitudes que nos definen como sociedad, repudiando los mensajes de las autoridades sanitarias y desvelando así un egoísmo colectivo ante una amenaza epidemiológica.

Bibliografía

  1.  Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Historia de la pandemia de gripe de 1918. CDC [internet]. 2018. [citado 29 jun 2021]. Disponible en: https://www.cdc.gov/flu/pandemic-resources/1918-commemoration/1918-pandemic-history.htm
  2. Patterson KD, Pyle GF. The geography and mortality of the 1918 influenza pandemic. Bulletin of the history of medicine 1991; 65(1):4-21.
  3. Chowell G, Erkoreka A, Viboud C, Echeverri-Dávila B. Spatial-temporal excess mortality patterns of the 1918-1919 influenza pandemic in Spain. BMC Infectious Diseases. 2014; 14(1):[371].
  4. Ortín J. Cien años de la pandemia gripal de 1918: ¿una historia repetible?. Virología. 2019; 1:5-11.
  5. Ortiz de Lejarazu R. La pandemia de Gripe Española vista desde el siglo XXI. Anales de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Valladolid. 2018; 55:367-84.
  6. Rabaté JC. 1900 en Salamanca. 1900 en Salamanca. Guerra y paz en la Salamanca del joven Unamuno. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca; 1997.
  7. Sena Espinel MP. La pandemia gripal de 1918 en Salamanca y provincia [Tesis doctoral]. Salamanca: Universidad de Salamanca; 1992.
  8. Fernández Dolón J. Estudio de mortalidad de Gripe Española en la ciudad de Salamanca [Tesis doctoral]. Salamanca: Universidad Pontificia de Salamanca; 2020. [citado 29 jun 2021]. Disponible en: https://koha.upsa.es/cgi-bin/koha/opac-detail.pl?biblionumber=655248