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Educare

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ENERO 2014 N° 1 Volumen 12

Divisando el futuro, renaciendo a los valores humanísticos

Sección: EDITORIAL

Autores

Esperanza Ferrer Ferrándiz

Directora de e•ducare21

Un nuevo año amanece y cerramos un pasado, y cumpliendo con la tradición deseándoos un 2014 con horizontes llenos de esperanza en un mundo mejor.

Se hace difícil a veces escribir y transmitir buenos augurios, aunque lo deseo de todo corazón. Podríamos empezar este año recordando algunos de los escritos de Laín Entralgo “Ciencia y humanismo” (El País, 13 de abril de 1987).

En el artículo, Laín Entralgo deja expresado: “Cuando tanto se discute la utilidad que para el hombre actual pueda tener la formación humanística, cuando tanto y tan exclusivamente parece estimarse la excelencia de la formación científica y técnica… Los sabios en nuestro siglo, ¿serán científicos puros, hombres que solamente su ciencia conocen?

Hace unos meses me invitaron a participar en un congreso, y los organizadores me propusieron que hablara sobre la humanización, esta cuestión me produjo una cierta perplejidad, pues creía que era un tema que ya había sido debatido en muchas ocasiones. Y si soy sincera siempre me producía un cierto rechazo, ¿como se podía hablar de humanización, si la salud y los cuidados giran en torno a lo humano? Sin embargo, después de haber vuelto a bucear en el concepto y tras diferentes fuentes consultadas, he llegado al convencimiento de que se hace necesario volver a ese discurso. Hablar de humanismo y humanización, y plantear la formación, la gestión y la investigación para la humanización de los cuidados y de la salud tiene que ser una pieza clave de la reflexión y de nuestro quehacer diario. Es una constante en la búsqueda de la práctica excelente que nos ayudará a recuperar los elementos que nos permitirán dibujar y recuperar la figura de lo humano. Los humanistas planteaban que nuestros conocimientos deben tener como objetivo principal el resolver los problemas que atañen a la humanidad, y situaron al hombre como “centro y medida de todas las cosas”.

Una de las reflexiones que se podrían hacer estaría centrada en las corrientes humanísticas, como responsabilidad liberalizadora de los humanos y por otra parte el deseo constante de propósitos humanizados, esto nos llevaría al planteamiento del eterno conflicto que se da alrededor del hombre, su libertad y el lugar donde este se ubica (el entorno), donde habitualmente, las estructuras económicas, políticas y sociales de dicho hábitat, tienden con frecuencia a bloquearlo. En el ámbito de la salud, y por ende en el cuidado, pues yo no entiendo estos conceptos por separado, esas estructuras y sus interrelaciones van a influir, creando entornos terapéuticos, más o menos humanizados.

Nos parece a veces paradójico seguir hablando de humanización de la salud y del cuidado en nuestra sociedad actual, en la que el poder tecnológico y científico ha hecho posible al ser humano avanzar en procesos diagnósticos y terapéuticos y, por otro lado, el desarrollo de los sistemas políticos y económicos que tendrían que garantizar un servicio y una cobertura sanitaria justa y de calidad. Pero por el contrario en este momento se olvidan algunas de las cuestiones fundamentales referentes a la salud del ser humano y en general de la humanidad del planeta. Cualquier apreciación que hagamos, al mismo tiempo que racional, es también un acto emocional y subjetivo. La atención a la salud debe considerar y contemplar tanto los hechos como valores.

Como afirma Diego Gracia, humanizar "exige unas ciertas condiciones básicas, que si no se poseen pueden generar lo contrario de lo que se van buscando, es decir, generar procesos de deshumanización". Es decir, para humanizar la atención en salud, el profesional debe actuar como humano.

Podemos decir que actuar como humano sería actuar como persona autónoma, esta precisión se hace necesaria dado que la asistencia a los procesos de salud, en este momento está enmarcada en un esquema en el que nos podemos encontrar cuatro agentes: los profesionales de la salud y las personas atendidas, el desarrollo de los sistemas sanitarios y que en nuestra sociedad contemporánea se ha aumentado un complejo panorama alrededor de los mismos, los pagadores del sistema (público-privado) y la empresa farmacéutica. Estos agentes pueden asumir en momentos determinados valores diferentes, generando un ecosistema que fácilmente puede entrar en conflicto. De ahí que los que ejercen la Enfermería o la Medicina, tienen el compromiso ético y moral de desarrollar una práctica autónoma que no significa que esta sea arbitraria.

Esta práctica hace necesaria la visión más aristotélica en la que se debe desarrollar tanto la competencia clínica y la capacidad del juicio profesional, con la del respeto hacia y por la persona. Desarrollando valores de honestidad, confianza y el reconocimiento que tenemos los humanos a realizar nuestras propias elecciones en aspectos concernientes a nuestra salud. En estos momentos la deshumanización dominante en el contexto institucional sanitario podemos afirmar que tiene un origen multifactorial, podríamos citar entre otros la conceptualización que se está haciendo en estos momentos de los servicios de salud como empresas de producción costosas y que dejan en un segundo plano la labor más humanitaria, y por otro lado las retribuciones salariales y la sobrecarga laboral de los profesionales que producen en estos contravalores tales como la desmotivación, la falta de autoestima y la carencia de expectativas personales y profesionales. Así mismo, otros de los aspectos negativos que influyen en la salud son los que hacen referencia a la inestabilidad laboral, recortes de personal, y aumento de población a la que se atiende.

Es un desafío para el siglo XXI recuperar en el sentido más estricto la humanización en todas las perspectivas posibles de la atención de la salud a los ciudadanos. Tenemos el compromiso moral de comprometernos con el reto de desplegar una autentica y verdadera ecología humana, en la cual se reconozca al ser humano como un todo, intentando lograr una armonía consigo mismo y con su hábitat, y los principio bioéticos como el puente de unión para cimentar el futuro de la humanidad.