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Revista Matronas

Revista Matronas

ABRIL 2017 N° 1 Volumen 5

Aproximación al estudio histórico del diagnóstico de embarazo y sexo fetal

Sección: Originales

Autores

1 María Consuelo Cepeda Hontecillas, 1 María Garrido Romero, 2 Mª Paz Llatas Comeche, 1 Irene Rodríguez Sánchez, 3 Laura Fitera Lamas

1 Matrona. Consorcio Hospital General Universitario de Valencia.
2 Matrona. Hospital de Sagunto (Valencia).
3 Directora de la Unidad Docente de Matronas de la Comunidad Valenciana. Tutora.

Contacto:

Email: macehon@gmail.com

Resumen

Introducción: la excelencia de una profesión ha recibido un apoyo inestimable cuando se ha dispuesto de su historia a través de las distintas etapas que ha sido ejercida. La documentación escrita ha aportado la gran importancia de la matrona en el cuidado de la mujer en todo su ciclo vital en las distintas sociedades humanas durante siglos.
Objetivo: exponer documentalmente lo que las diferentes culturas reflejaban sobre menstruación, diagnóstico de gestación y del sexo del feto para poder aproximarnos a la realidad histórica.
Metodología: ha estado determinada por el estudio de las fuentes documentales proporcionadas por tratados sobre Historia de la salud y las bases de datos de IME, Index Medicus, Asclepio, PubMed y Medline.
Conclusiones: la reproducción ha sido uno de los hechos más relevantes en la vida cotidiana de las sociedades desde el comienzo de los tiempos. No existía tanta documentación en lo que respecta al signo de la “falta de menstruación” como diagnóstico en sí mismo. El interés por averiguar el sexo fetal estaba relacionado con la búsqueda de un niño frente a una niña, reflejando la tradicional consideración de supremacía del hombre frente a la mujer. Conocer los orígenes y las posibles causas de esta parcialidad ha permitido observar con más objetividad las relaciones de género de la cultura hoy día.

Palabras clave:

historia; matrona; embarazo sexo

Title:

An approach to historic study for pregnancy diagnosis and fetal sex diagnosis

Abstract:

Introduction: professional excellence gets an invaluable support when shown through every step in which it is used. Written documentation has been very important for midwifes when caring for women all over their life in different human communities over the centuries.
Purpose: to documentally show different cultures approaches to menses, pregnancy diagnosis and fetal sex diagnosis, in order to get an approach to historical facts.
Methods: a study of documental sources from health history books and databases (IME, Index Medicus, Asclepio, PubMed and Medline).
Conclusions: reproduction has been one of the most relevant facts in daily life in communities from the ancient times. Not many documents were found regarding the sign of "absence of menses" as a diagnosis itself. The interest to find out fetal sex was related to the interest for having a male and not a female newborn, which reflects the traditional supremacy of men over women. Understanding the origins and potential causes for such a bias has allowed higher objectivity being used when analyzing gender relationships in current cultures.

Keywords:

history; midwifery; pregnancygender

Introducción

En la actualidad, para llegar al grado de excelencia, toda disciplina científica necesita del conocimiento de su historia, ya que gracias a ella se consolida como profesión.
Del profesional se espera una moral de excelencia. Esto no es fácil de conseguir y menos de mantener en todo un cuerpo profesional. De ahí que se haya de crear unas señas de identidad, “una tradición”. Este depósito-saco de conocimientos y valores propios como grupo social es el elemento esencial de la historia, que debe transmitir la realidad del ejercicio profesional a través de los siglos1,2. Este ejercicio profesional ha tenido que adoptar tres actitudes a lo largo de la historia: racional (la científica), empírica (la práctica) y creencial (la ética y la moral)3.

La historia se definió en la Conferencia Internacional de Ginebra, de 1920, como el conocimiento integral y sintético de la vida de la humanidad a través de las edades, culturas o periodos4. Estos periodos corresponden a etapas del desarrollo de las sociedades humanas, y suelen presentarse en fechas muy distintas según el grado de evolución de cada una de ellas. Estas etapas se dividen en5: culturas arcaicas, culturas clásicas, culturas de la Edad Media, culturas de la Época Moderna y culturas contemporáneas.

El objetivo del presente estudio es exponer documentalmente lo que las diferentes culturas reflejan sobre la menstruación, el diagnóstico de gestación y del sexo del feto, para poder aproximarnos a la realidad histórica.

Las palabras clave utilizadas para esta búsqueda son las siguientes: historia (history), matrona (midwife), embarazo (pregnancy), sexo (sex), análisis para la determinación del sexo (sex determination analysis), procesos de determinación del sexo (sex determination processes), obstetricia (obstetrics), mujeres embarazadas (pregnant women) y atención prenatal (prenatal care).

Material y método

Eruditos en historia afirman que no existe una metodología determinada para investigar, pues depende de las fuentes documentales, o sea, de la Heurística, cuya función consiste en encontrar y reunir las fuentes necesarias para su estudio. En este trabajo, centrado en las culturas con documentación escrita, y por la imposibilidad de abarcar tan amplia documentación, se ha transcrito, traducido e interpretado las fuentes documentales escritas encontradas en los distintos tratados sobre historia de las profesiones de las ciencias de la salud así como la consulta de las bases de datos de IME, Index Medicus, Asclepio, PubMed, Medline y algunas obras originales encontradas en los centros de documentación de la ciudad de Valencia.

La secuencia utilizada para el desarrollo de este trabajo se ha basado en describir los conocimientos sobre la época, a continuación el diagnóstico del embarazo y en tercer lugar el diagnóstico del sexo fetal.

Resultados e interpretación

Culturas arcaicas

Se entiende por culturas arcaicas las de Egipto, Mesopotamia y Palestina en los tiempos previos a la aparición de la escritura como se considera en la actualidad6.

Egipto

Gran parte de los conocimientos sobre la salud materno-infantil que poseía la cultura egipcia ha llegado a nuestros días a través de papiros, murales o jeroglíficos6.

Diagnóstico de embarazo
El Papiro de Kahum (o de Lahun) es uno de los más antiguos conocidos, está datado en el año 1825 a. C., contiene una amplia información sobre numerosas indicaciones que tenían por objeto determinar el embarazo o de saber si la mujer era fértil. Una de las técnicas que aquí aparecían y más se conocían popularmente era el diagnóstico por la orina7. Esta misma forma de diagnosticar el embarazo está escrita en “The Berlyn Medical Papyrus” del año 1350 a. C.8-10. Entre sus 17 pronósticos relacionados con la obstetricia, también señalaba que la mujer estaba embarazada si al sujetarles los dedos y apretarles los brazos, el rostro se les tornaba verde o sentían en sus manos el latido de las venas11.

Más allá de la utilización de la orina, los antiguos orientales (hebreros y egipcios) también extraían conclusiones de la profundidad de la huella dejada por la supuesta mujer gestante al caminar sobre un terreno blando9.

Otro método para averiguar el estado de gestación consistía en extender una mezcla de dátiles machacados y cerveza por el suelo, contando el número de veces que la mujer sentada sobre dicha pasta vomitaba que indicaba el número de hijos que la mujer tendría6,12.

El Papiro Brugsch de 1350 a. C. describía una prueba en la cual un trozo de sandía triturado se mezclaba con leche de mujer puérpera y se le daba a beber a la paciente; si vomitaba, ella estaba embarazada, si solo tenía flatulencia, ella nunca lo sobrellevaría, añadiendo así indicadores de una posible esterilidad8-10.

El Papiro de Carlsberg mostraba otro método consistente en dejar un trozo de cebolla o ajo durante toda una noche en la vagina de la mujer y si conservaba al día siguiente su sabor original la paciente estaría embarazada10. Esta conclusión provenía de la creencia en la cual la boca y el útero estaban comunicados.

En el Papiro de Berlin se puede comprobar que los antiguos egipcios también conocían el hipotiroidismo gestacional y el posible crecimiento de la glándula tiroides. Proponían atar un hilo muy fino alrededor del cuello de la mujer que se rompería por la hipertrofia del tiroides debido a los cambios hormonales6.

Diagnóstico del sexo fetal
En cuanto al diagnóstico del sexo fetal se encuentran referencias a la lateralidad y superioridad del hombre frente a la mujer en el papiro de Kahum. Una de las técnicas que aparecían y que más se conocían popularmente era de nuevo el diagnóstico mediante la orina: la mujer embarazada orinaba sobre una planta de cebada y sobre otra de trigo. Si la cebada (“it”, “masculina”) crecía más deprisa, el nacido sería niño, mientras que si lo hacía el trigo (“mwt”, “femenino”) sería niña. Si ninguno de los dos germinaba, la mujer no estaba embarazada7. Cabe señalar que la leche de mujer que se utilizaba en estas prescripciones era siempre aquella de una madre de un niño, pues parecía que se consideraba que esta leche poseía propiedades particulares6,13.

El Papiro de Carlsberg afirmaba que la fecundación sobrevenía del encuentro del semen con la sangre de la menstruación. Si existía preponderancia del semen, tendría como resultado un niño, pero si por el contrario contenía la sangre menstrual sería una niña9.

Los egipcios también podían predecir el sexo del feto según la zona del útero que ocupara mayormente. Así, si se encontraba en la parte superior del vientre sería niña, y si lo hacía en la inferior sería niño13.

Mesopotamia-Asiria

Los babilonios han pasado a la historia como grandes matemáticos y astrónomos (crearon la división del tiempo en meses, días y minutos, así como los signos del zodiaco). Fueron sucedidos por los asirios, quienes relacionaban la fortuna con los cambios lunares, de donde surgió el cómputo del periodo de gestación por meses lunares y la influencia de los astros en el desencadenamiento del parto.

Diagnóstico de embarazo
Según esta cultura, el embarazo estaba influido por los siete astros conocidos en la época14. Esta civilización opinaba que los fetos pueden vivir mejor a los siete meses que a los ocho. El número siete era natural ya que incluía en sí el número tres, que tiene vez de padre, y el número cuatro, que es la madre; mientras que el octavo mes de embarazo no sería “natural” porque se componía de “… dos quatros…” o ”… números imperfectos…” Así mismo, consideraba que el noveno mes de embarazo era bueno para el feto porque se componía del número 4 (madre) y el 5 (padre)14.

Diagnóstico del sexo fetal
Según los astrólogos, los signos aritméticos tenían influencia positiva o negativa en el proceso del parto, de forma que los números “... pares son imperfectos y tiene naturaleza de hembra y los números impares como: tres, cinco, siete y nueve son perfectos y tienen naturaleza de varón...”14.

Los textos acadios (entre los siglos VIII-VI a. C.) publicados en los años cincuenta del siglo pasado por Labat, versaban sobre las enfermedades, pero también hablaban de las mujeres y los lactantes y, en particular, del pronóstico del sexo del futuro niño. Este pueblo mesopotámico en nada desmerece su comparación con los pronósticos egipcios.

Palestina

El pueblo hebreo asimiló gran parte de la cultura de Egipto y Babilonia, y fue el primero que escribió narraciones históricas recogidas en el Antiguo Testamento (Biblia). La tradición hebrea de que una mujer que paría un hijo debía permanecer pura durante 33 días y si era una niña 66 días se convirtió también en una práctica entre los cristianos, dando lugar a la ceremonia cristiana de la “misa de la parida”15.

Diagnóstico de embarazo
Sobre el diagnóstico de embarazo no se ha encontrado ninguna fuente documental.

Diagnóstico del sexo fetal
En la tradición hebrea, la matrona, según la Biblia y el Talmud, era una figura muy importante en todo este proceso aunque se hacía mayor hincapié en la higiene durante el embarazo que en el diagnóstico del mismo, del sexo fetal o la asistencia al parto.

En el Primer Libro del Antiguo Testamento (1800 a. C.) se describe el parto complicado de Raquel, mujer de Jacob, que fallece en el mismo. También se describe cómo la comadrona con un tacto vaginal descubre el sexo del feto, pues se trataba de una presentación de nalgas. (Génesis, 3516-18).

Culturas clásicas

Se señalan como culturas clásicas la India, China y Grecorromana. Estas culturas aunque sean pueblos diferentes tenían características comunes en cuanto al conocimiento del cuerpo humano, las enfermedades y los tratamientos, y al mismo tiempo no creían en fenómenos mágico-religiosos, ya que explicaban los hechos mediante doctrinas racionales14.

India-China

En la India se advierten las fuentes más antiguas de la medicina védica en el Atharvaveda, pero el texto fundamental de esta ciencia se encuentra en Susruta, cuyas obras fueron traducidas al latín. La influencia de la cultura china en la India, y esta su vez en la cultura occidental se dejó notar ya en la antigua Grecia.

Diagnóstico de embarazo
Del antiguo imperio chino se conserva constancia de dos importantes tratados de obstetricia: Hua-T´o y Ch´an Pao. En ellos aparece la frecuencia cardiaca como método de detección del embarazo.

La palpación especial de los pulsos, la observación, la audición, la olfacción y hasta la obtención de información por el sentido del gusto, son los procedimientos tradicionales que se empleaban para conocer los rasgos individuales de cada mujer. Las modificaciones producidas por la gestación variaban la normalidad de cada pulso, pudiendo modificar la frecuencia, la dimensión, la forma, el ritmo, la posición y la intensidad de sus pulsos, llegándose a ver hasta 28 pulsos diferentes. Donde por ejemplo el pulso resbaladizo o deslizante se asociaba con la aparición de un embarazo.

Diagnóstico del sexo fetal
En la cultura india existía la creencia de que la sangre menstrual de la mujer podía decidir el sexo del hijo16.

Respecto a la cultura china, cabe señalar que aparecieron las asociaciones características de favorable-derecha y desfavorable-izquierda, sobre todo dentro de la teoría de los opuestos del Taoísmo, de forma que para ellos el Yang era lo masculino y el Ying lo femenino.

Grecia-Roma

La cultura griega abandonó el concepto mágico de la enfermedad, buscando una explicación lógica a todo lo relacionado con la salud y la enfermedad14.

El saber-hacer obstétrico griego se encuentra recopilado en las obras de Hipócrates, Sorano de Éfeso y Herófilo de Calcedonia. En ellas se describen la anatomía femenina, la fertilidad, la fecundación, el diagnóstico del embarazo, del sexo fetal, las recomendaciones para la asistencia al parto y los cuidados al recién nacido14.

Durante la época dorada del Imperio Romano los conocimientos adquiridos sobre Anatomía, Fisiología, Patología y Terapéutica sufrieron un gran avance gracias a los estudios de Dioscórides y Asclépides, pero sobre todo gracias a Galeno, ya que sus obras fueron traducidas al árabe y a otros idiomas europeos y sus trabajos se utilizaron hasta el siglo XVIII14.

Diagnóstico de embarazo
Hipócrates defendía que eran las matronas las que debían observar las señales que las mujeres presentaban en su rostro y cuerpo, o las actitudes de rechazo ante ciertos alimentos, provocando determinadas reacciones, no siendo específicos en la determinación del sexo del hijo.

Galeno, sin embargo, se refería a “signos más fiables” como la falta de regla o malestar general.

Diagnóstico del sexo fetal
Aristóteles planteó un nuevo modelo ontogénico donde introdujo las bases racionales para interpretar cierta relación fisiológica con la lateralidad que fue definitivamente adoptada e integrada por Galeno y mantenida en el esquema galénico durante siglos e incluso revitalizada por nuevas teorías médicas en el siglo XIX.

A la lateralidad va unido uno de los más antiguos usos simbólicos de la cultura humana: la asociación de características favorables-desfavorables al binomio izquierda-derecha. En general, derecha significa favorable e izquierda desfavorable. Esta relación es el resultado de la especialización y del uso instrumental de la mano derecha desde los primeros homínidos.
La Tabla pitagórica de los contrarios también contribuyó a esta diferenciación, en donde la derecha corresponde al hombre (cálido, día, positivo) y la izquierda a la mujer (frío, noche, negativo), por lo que el sexo lo decide el calor (hombre) o el frío (mujer).

Ciertos textos como los aforismos hipocráticos convierten esta idea central en referencia para toda la medicina galénica7. Así afirma el Aforismo 38: “Si una mujer embarazada que tiene en su vientre gemelos, le adelgaza un pecho, aquella pierde uno de los dos fetos. Si se le seca el pecho derecho, es varón; si se le seca el izquierdo hembra” (de este aforismo se deduce, además, que presuponían la relación entre cada una de las mitades uterinas con su mama homolateral y la relación entre embarazo y turgencia mamaria)7.

Se hallan también las siguientes divisiones:

  • Lateralidad en el abdomen y partes del cuerpo: el eje transversal es el utilizado en el galenismo por su asociación lateralidad-género, que incluye tanto la observación como la anamnesis para determinar el sexo del hijo, al igual que el lateral en donde la mujer gestante note con más intensidad los movimientos fetales.
    • “El testículo derecho es responsable de los hijos varones” (Empédocles de Agrigento)16.
    • “Los niños varones son concebidos en el cuerno derecho del útero, las niñas en el cuerno izquierdo”10.
    • “Si el ojo derecho brilla más y el pecho derecho es más grande será niño” (Hipócrates)13.
  • Lateralidad en el uso de los pies. La preferencia de uno de los pies para comenzar la marcha era casi el paradigma de las técnicas folkmédicas. Está relación parece ser anterior a la asociación griega, situándose en el simbolismo anterior. La idea aún perdura bajo la expresión “levantarse con el pie izquierdo”. La importancia de adelantar en primer lugar el pie derecho fue adoptada por los romanos en tal medida que la mayor parte de los templos eran construidos con un número impar de escalones para que tanto el primero como el último pudiesen ser alcanzados con el pie derecho. Se une así de nuevo la superioridad del lado derecho con el del número impar, ambos asociados tradicionalmente al sexo masculino.
    • “Que junte la mujer los pies, sin que se le adhiera cosa alguna, y se tenga en cuenta, con qué pie comenzó a andar, porque si arrojó primero el derecho, trae hijo y si fue el izquierdo, hija…” (Prisciano)7.

Gran cantidad de técnicas para el diagnóstico prenatal del sexo fetal se basaban directamente en la supuesta mayor perfección del hombre frente a la mujer, siendo las molestias en el embarazo eran presagio del nacimiento de una niña y en todo caso se relacionan por algunos autores clásicos las molestias en el lado derecho con los niños y las del lado izquierdo con las niñas.

Hipócrates de Cos constituyó una excepción en esta corriente de pensamiento, que afirmaba que según el clima vivido en el país de nacimiento del hijo se determinaría el sexo del mismo. Cálido para la mujer y frío para el hombre.

Siguiendo el galenismo médico se afirmaba que la mujer era inferior al hombre, como un hombre mutilado. Así pues, el argumento aristotélico de asociar calor con mayor actividad y género masculino reforzaba la teoría teológica al justificar la imperfección e inmadurez de la mujer por el fin para el que fue creada: retener el semen masculino y compensar su exceso de calor.

Culturas de la Edad Media

La medicina medieval fue una mezcla dinámica de ciencia y misticismo. En la temprana Edad Media, el conocimiento médico se basaba en los textos griegos y romanos, atrapando estos conocimientos en las nuevas teorías nacientes14.

Cristianismo

En el cristianismo primitivo los médicos de la época no revelaron demasiada información novedosa, escribiendo pequeños textos, compilaciones o ensayos sincréticos. En esta situación fue configurándose lo que sería la medicina bizantina y lo que se llamó “ascensión del galenismo”.

Diagnóstico de embarazo
En el siglo XV existen tratados escritos por parte de mujeres sabias y matronas de la época que recogen los saberes populares, como el denominado Los Evangelios de las Ruecas, en donde ciertas mujeres se congregaban en reuniones y exponían su saber adquirido a lo largo de la experiencia propia. La presidenta de las mismas se denominó Dama Ysengrie du Glay. Establecían pruebas diagnósticas de la gestación, en algunas ocasiones señalaban el diagnóstico de la misma y en otras el sexo del hijo.

“Mis buenas amigas, si una mujer quiere saber si está embarazada, debéis decirle que mee en un lebrillo después de colocar en él un picaporte o una llave, aunque es más decoroso que sea un picaporte, y que lo deje en el lebrillo con la orina durante tres o cuatro horas. Después de lo cual, deberá tirar la orina, coger el picaporte y ver si la huella del picaporte permanece en el fondo del lebrillo. Tened entonces por cierto que si ha dejado huella, la mujer a la que pertenece la orina está sin duda encinta; si no hay rastro, no lo está: o lo uno o lo otro”17.

Diagnóstico del sexo fetal
El binomio derecha-niño; izquierda-niña sigue expresándose en los tratados de la cultura cristiana17.

San Alberto Magno explicaba que para obtener un niño era conveniente que la simiente se dirigiera hacia el lado derecho.

La superioridad del niño quedaba confirmada al sentir molestias la madre durante el embarazo si lo engendrado era una niña. Ciertos autores, además, añadían que no solo la madre presentaba estos signos o síntomas, si no que el padre de la criatura, al engendrar una niña se sentía de la misma manera.

“Si un hombre engendra naturalmente un hijo y al acordarse del momento en que eso sucedió se pregunta cómo se sentía después del hecho, entonces no necesita ya otro parecer. Pues cuando un hombre engendra u niño, cambia poco, ya que engendra a su semejante, pero si engendra una niña, que está fuera de su constitución, se encuentra turbado durante dos o tres días”17.

El enrojecimiento de las mejillas de la madre ante la pregunta del sexo de su hijo, era señal de engendramiento de una niña.

El aderezo con sal en la alimentación en la vida diaria podía ser utilizado para diagnosticar el sexo del feto. Colocada mientras la mujer descansaba, tenía en cuenta el género del primer nombre pronunciado por la mujer gestante para adivinar el sexo fetal17.

Cuando la mujer no era gestante, se servían de consejos para conseguir la gestación del sexo deseado:

“Mientras el marido se afana en el amor, le hacéis girar el rostro hacia oriente, entonces, si os deja embarazada, será niño”17.

“Si una mujer se acuesta con su marido y prefiere tener un hijo a una hija, debe mantener las manos cerradas mientras su marido hace la obra de la naturaleza y por cierto de que este modo tendrá un hijo”17.

“Las matronas antiguas mantienen que si se quiere hacer un hijo, hay que hacerlo por la mañana, y que la niña se hará a la hora de vísperas, por la noche”17.

Islamismo

Los árabes tuvieron una medicina floreciente, pero sus médicos fueron griegos, persas, judíos o cristianos. Rhazés, Avicena y Averroes son los más célebres18.

Diagnóstico de embarazo
Los cambios en el rostro o cuerpo de la mujer y ciertas pruebas clínicas fueron utilizados por la cultura árabe para reconocer la gestación en una mujer.

Diagnóstico del sexo fetal
La situación del niño en el lateral derecho, la superioridad del mismo y la mejor calidad de la secreción materna en el caso del embarazo de un niño, eran creencias propias de la cultura musulmana. Avicena lo representaba en sus escritos7.

España

En la época visigoda el hecho más destacado en España fue la cesárea practicada por Paulo de Mérida a una mujer embarazada viva con feto muerto entre los años 530 y 560. La legislación de la época proporcionaba una interesante información de carácter profesional sobre los cuidados maternos infantiles, siendo en cambio muy escasas las referencias sobre el tema en las obras de San Isidoro.

El Tratado de Arib ibn Sa´id Al-Katib titulado El libro de la generación del feto, el tratamiento de las embarazadas y de los recién nacidos, escrito en el 970, aporta todo el conocimiento científico que debían tener en cuenta las matronas en la asistencia a la mujer y el recién nacido. Está considerado como el primer tratado escrito en España para matronas en el siglo X.

Diagnóstico de embarazo
Arib Ibn Said señaló como signos evidentes de embarazo los cambios en el rostro de la mujer o en su cuerpo, en los pechos y en el blanco de sus ojos, al igual que ciertas pruebas de embarazo que recuerdan a la Edad Antigua y Clásica.

“Un signo de estar embarazada la mujer es: fluyen pocas secreciones tras el coito y en el momento del coito tiene escalofríos y le duele ligeramente cerca del ombligo. La vulva está seca y el orificio del útero cerrado”19.

“Otros signos de embarazo: la mujer no tiene apetito sexual, y tiene los vasos de su pecho del color de los puerros, los pechos erguidos y el blanco de sus ojos alterado y toma su cara un color terroso”19.

“Prueba segura de embarazo: le dará a la mujer de beber antes de acostarse agua con miel (una parte de miel y 10 de agua), descansará por la noche y si tiene dolor cólico alrededor del ombligo ella estará embarazada evidentemente. Esto es debido a que el útero cuando acoge el semen se contrae y de la naturaleza de la miel mezclada se origina aire y esto origina el cólico”19.

Diagnóstico del sexo fetal
Continuaban vigentes las ideas galénicas de lateralidad y superioridad del hombre. En algunos casos se daba explicación a la generación de mujeres con aspecto varonil y varones afeminados.

“Si sale en el lado derecho del útero una úlcera, el feto será niña. Si sale en el lado izquierdo será niño, porque en el lado que sale una úlcera no saldrá feto”19.

El mejor aspecto de la mujer gestante y su ligereza eran propios de la concepción de un niño, pues según ciertos autores era el calor el causante de esa belleza; sin embargo, la mujer tendía hacia el frío, provocando características negativas en la madre.

Rasis declaraba que la no apetencia de relaciones sexuales en la madre era significante del engendramiento de un niño, y que si las mujeres dormían del lado derecho apenas tenían hijos7.

Culturas en la Época Moderna

El pensamiento científico de los médicos del Renacimiento les llevó a escribir tratados materno-infantiles totalmente teóricos en lengua vulgar, ya que la actividad práctica de los partos estaba monopolizada por las matronas (gracias al consentimiento de los maridos y de una sociedad con una escala de valores y perjuicios que potenciaron a las matronas en la asistencia de los partos).

Diagnóstico de embarazo
La aparición de signos o síntomas durante la relación sexual era una característica ya estudiada por otros autores que reflejaban el diagnóstico del embarazo y la diferencia del sexo20,21.
Nicholás Culpeper, médico londinense del siglo XVII, recomendaba: “Si después de haber tenido unión carnal con su marido, se sentía la mujer más satisfecha que de ordinario, estaba embarazada”.

La luz también era un elemento a utilizar. La alteración de las pupilas debidas a los cambios de intensidad de la misma, era una característica propia de la gestación7. Jacques Guillemeau, médico del siglo XVI, autor de un influyente tratado sobre oftalmología, afirmaba que podía saber la existencia de embarazo a través de los ojos de la mujer en el segundo mes de gestación, pues sus ojos se tornaban hundidos, con pequeñas pupilas y los párpados caídos.

Algunos autores determinaban el embarazo por la orina, existiendo multitud de características diferentes para el diagnóstico. De nuevo Joubert ofrecía unos cuantos ejemplos:

“Si es blanca y clara, mezclada con pequeños átomos, cuando encima aparece una nebulosidad parecida al arco iris o de color opalino, si hay alguna nube en el fondo que se mueve y difunde en pequeños copos como algodón cardado, si hacia el final la orina es espesa, y rojiza, a causa de la larga retención de los meses, es que la mujer está encinta”10.

Diagnóstico del sexo fetal
Los avances en anatomía durante el siglo XVI desterraron la idea de la división uterina (Avicena afirmaba que el útero se dividía en siete celdas: tres más cálidas a la derecha que darían hombres y tres izquierdas más frías que darían mujeres y una central que daría hermafroditas). Aunque poco a poco se irían desprendiendo de las mismas, no se rechazaba del todo la relación sexo-lateralidad, que aún perdura en nuestros días.

Joubert revelaba la utilización de una mata de apio silvestre, con su raíz para determinar el sexo. Se colocaba una mata de apio encima de la cabeza de la mujer gestante, de una forma improvista, si la primera palabra que pronunciase era de género masculino, sería niño. Así mismo también relacionaba el vientre puntiagudo con el nacimiento de varones10.

Culturas contemporáneas

Los avances científicos y tecnológicos, supusieron evidentes cambios en el desarrollo de métodos diagnósticos tanto de embarazo como del sexo fetal14.

Diagnóstico de embarazo
A principios del siglo XIX se realizó la primera auscultación fetal. Posteriormente, Hegar registró el reblandecimiento gravídico del útero y demostró que no es uniforme, "mientras que el cuerpo se presenta ya blando, el cuello ofrece cierta resistencia al dedo en el tacto bimanual". Se establecieron las maniobras de Leopold, permitiendo una exploración ordenada y no invasiva del útero grávido, su forma y contenido16.

A finales del siglo XIX, Roentgen descubrió los rayos X y comenzaron a emplearse para el diagnóstico de malformaciones y malposiciones fetales, aunque no era útil para la identificación del sexo fetal, por la ausencia de diferencias óseas entre los fetos de distinto sexo7.

En 1920 apareció el primer ecómetro, pero su primera aplicación médica fue en 1959, cuando se estudió la imagen ecográfica del cráneo fetal. La ecografía pasó a ser un método exploratorio ampliamente utilizado hoy día en las distintas especialidades médicas y en concreto en obstetricia7.

Tres mil trescientos años después de los papiros de Egipto, Aschheim y Zondek describieron un método basado en la demostración del efecto que tenía la hormona gonadotropina coriónica humana (HCG) excretada en la orina de la mujer embarazada, al ser inyectada en ratones infantiles hembras. Se sacrificaban a las 100 horas y se inspeccionaban sus ovarios. Si se encontraban engrosados y congestivos, la mujer estaba embarazada en un 80-98% de los casos8.

Carlos Galli Mainini observó como la orina de mujeres embarazadas inyectada en un tipo de sapos, estimulaba la espermatogénesis bajo la acción de la HCG, con una gran exactitud. Fue la primera prueba en la que no era necesario matar a los animales utilizados para el experimento8.

Progresivamente iban cobrando protagonismo las pruebas inmunológicas, para determinar la concentración de HCG y su subunidad β8. Los test inmunológicos de gestación fueron ampliamente disponibles en 197812.

Diagnóstico del sexo fetal
A mediados del siglo XIX se planteó la posibilidad de diagnosticar el sexo del feto según su frecuencia cardiaca8, afirmando que es mayor en las niñas que en los niños. También se sugirió regalar a la mujer puérpera un número impar de huevos para tener un niño en el siguiente parto, relacionando lo impar con lo masculino y par con lo femenino7.

Se postulaba que conociendo el sexo de un recién nacido, el ovario de donde procedía el óvulo que fue fecundado y el número de menstruaciones transcurridas desde el parto hasta la nueva gestación, se podía predecir el sexo del feto. Esta teoría se fundamentaba en la idea de que las ovulaciones tenían lugar alternativamente en los ovarios. El ovario derecho producía óvulos seriados en la siguiente forma: hombre, hombre, mujer, hombre, hombre, mujer. Y el ovario izquierdo: mujer, mujer, hombre, mujer, mujer, hombre21.

Ya en el siglo XX se sugirió que inyectando orina de la embarazada a conejos macho de tres meses, se producía una maduración precoz del testículo en el caso de que el sexo esperado fuese femenino. También se pretendió encontrar alguna característica en la sangre de la mujer gestante, capaz de destruir el tejido testicular de animales en laboratorio, si el engendrado era niño7.

Más tarde, se hallaron diferencias significativas en los niveles séricos de alfa-fetoproteína y HCG en el tercer trimestre de gestación, siendo la primera más alta en embarazos de niños y la segunda en los de niñas.

En 1978, se consiguió el primer embrión in vitro. Con ello apareció la posibilidad de elegir el sexo fetal, planteando a la vez un problema ético. Posteriormente, comenzaron a rea­lizarse biopsias de vellosidades coriales, en torno a la semana 8 de gestación, siendo el diagnóstico cromosómico más precoz7.

En el siglo XXI se visualizó el “signo sagital”, y la dirección en la que apuntaba el tubérculo genital (craneal en los varones y caudal en las mujeres). Ambos eran indicadores del sexo fetal por ecografía realizada entre las 11 y 14 semanas de gestación22.

Por otro lado, y dejando aparte las técnicas más avanzadas, estuvo el saber popular. Pervivía la creencia que relacionaba la posición fetal y el sexo: “Si la matrona ve que el feto nace boca abajo es niño y si boca arriba niña”. Este enfoque correspondía a su asociación con un par muy relacionado simbólicamente con el género, como era el formado por los conceptos delante-detrás. Por ejemplo, si la embarazada se caía hacia delante indicaría nacimiento de un niño.

También se hacía referencia a que si los dolores del parto se irradiaban hacia la parte anterior sería niño7.

Según la posición de los pies de la mujer gestante, se consideraba que si apuntaban hacia afuera al caminar, el feto era un niño, y si apuntaban hacia adentro era una niña. Del mismo modo se interpretaba la posición de las manos al cruzarlas, si las cruzaba por delante del vientre era un hombre y si las cruzaba por detrás mujer. Una variante era que si cruzaba las manos por delante del pecho era un hombre y si las apoyaba en las caderas era una mujer7.

También se comentaba la relación entre vientre en punta y sexo masculino, atribuyendo al femenino un vientre achatado, ensanchado o un aumento de las caderas7.

Respecto al diagnóstico prenatal basado en la forma del ombligo de la madre en la segunda mitad del embarazo, se pensaba que nacía una niña si el ombligo estaba invertido, mientras que si estaba evertido era niño7.

Para algunas personas, los entuertos indicaban cambio de sexo en el próximo hijo. También se decía que si las moscas acosaban a la mujer embarazada, es que llevaba niña7.

A principios del siglo XX en España estuvo bastante extendida la creencia de que “los partos más fáciles, al igual que las características consideradas positivas durante el embarazo, corresponderán a la gestación de un hijo”15.

Conclusiones
Puesto que la reproducción ha sido -y aún es- uno de los hechos más relevantes en la vida cotidiana de las sociedades desde el comienzo de los tiempos, los intentos por detectar cuándo una mujer se quedaba embarazada, así como la forma de concebir un niño o una niña, o el diagnóstico del sexo fetal prenatal, son igualmente antiguos e importantes. Originariamente, los métodos de detección del embarazo estaban en conexión directa con cuestiones mágicas y religiosas.

Este interés por averiguar el sexo fetal estaba relacionado con la búsqueda de un niño frente a una niña, generalmente por motivos de primogenitura, patrimoniales y por la consideración de la supremacía del hombre en las familias, leyes y política de las distintas culturas. Se encuentra este aspecto especialmente reseñable, pues puede apreciarse como denominador común en la gran mayoría de las culturas y periodos investigados en este trabajo.

Hoy en día, un diagnóstico casi de certeza del embarazo es fácil y accesible para la mayoría de mujeres, incluso evitando pasar por el entorno sanitario, ya que se han hecho populares y se comercializan métodos de detección hormonal en las farmacias sencillos de interpretar.
En este trabajo existen numerosas referencias a lo largo de la historia en cuanto a técnicas o síntomas diagnósticos del embarazo, pero no existe tanta documentación en lo que respecta al signo de la “falta de menstruación” como diagnóstico en sí mismo, con la gran importancia que se le asigna a esta característica en la sociedad actual, pues la falta de un periodo de la misma es el primer signo de alerta de diagnóstico de embarazo.

Como matronas, profesionales de la salud de la mujer en todas las etapas de su ciclo reproductivo, consideramos determinante el momento del diagnóstico del embarazo, incluso desde la época histórica más remota. En el mismo sentido, llama la atención la preferencia, común a lo largo de la historia, de la descendencia de sexo masculino frente al femenino, relacionada con la tradicional consideración de supremacía del hombre frente a la mujer, la cual aún puede apreciarse de forma más o menos sutil en la sociedad actual. Conocer los orígenes y las posibles causas de esta parcialidad, permite observar con más objetividad las relaciones de género de la cultura hoy día.

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