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Revista Matronas

Revista Matronas

ABRIL 2018 N° 1 Volumen 6

HOMENAJE PÓSTUMO a CONSUELO RUIZ VELEZ-FRÍAS

Sección: Artículo Especial

En homenaje a una mujer y matrona grande, no por su tamaño físico que ciertamente era menuda, sino por su entusiasmo y entrega a la vida y a la profesión de matrona, insertamos este artículo póstumo que Consuelo Ruiz Vélez-Frías, asidua y fiel colaboradora de la Asociación Española de Matronas, nos dejó y quedó pendiente de publicación desde hace años.

Para quienes no la conocieron, Consuelo fue una mujer curiosa que, sin los medios actuales de formación e información, buscaba y rebuscaba, leía, observaba y se empapaba de la vida y de todo lo relacionado con la profesión. Mujer con una personalidad emprendedora, llena de energía, fuerza y vitalidad hasta el final de su vida; mujer de carácter que no veía obstáculos, sino retos; dueña de su voluntad, amiga de sus amigos, mujer de arraigados principios y notables valores, que encontraba alegría en cualquier cosa que hiciera y que hasta su último minuto suspiró porque esta noble profesión de matrona se engrandeciera con el esfuerzo de cada uno de los profesionales que la integráramos. Fue la primera matrona que publicó un libro sobre el parto sin dolor, disciplina en la que se había formado en Francia con Lamaze en los años 50 del pasado siglo.

De este trabajo mecanografiado que ella nos remitió (ver carta adjunta), además de informarnos sobre esta costumbre curiosa que describe, cabe destacar un buen número de afirmaciones propias que, fiel a su expresión directa “a las claras”, intercala en el texto.
Seguramente el destino ha querido que este trabajo estuviera durante todos estos años esperando ver la luz, porque en este momento, leyendo estas líneas, nadie de la profesión pondrá en duda que, como ella afirmaba no sin grandes dosis de pena, el parto ha perdido la naturalidad que lo caracteriza y no siempre los adelantos médicos, económicos, culturales y sociales han contribuido a mejorar el mayor acontecimiento de la vida de la mujer: su parto y el nacimiento de su hijo. En este artículo una vez más se incide en este problema que marca la maternidad de nuestra era y, por ende, a la profesión de matrona. Esta fue una constante en su vida que, de forma conmovedora por la hondura del sentimiento, también dejó plasmada en uno de sus libros (Parir sin miedo).

Dentro de poco me voy a morir, derrotada, sola y triste, sin haber conseguido lo que quería, pero sin haber renunciado a nada, sin haber cejado en mi empeño, manteniendo hasta el final la antorcha encendida y con la esperanza de que haya mujeres que despierten a su luz y que no se dejen engañar.

No es posible vivir sin ilusiones, yo sigo viviendo con la humilde y terca ilusión de que las mujeres no se dejen arrebatar su derecho primordial, el que les dio la Naturaleza, de ser madres.

Dentro de poco me voy a morir vieja e inválida, y lo voy a hacer cumpliendo con lo que creo mi deber, pero...

¿En qué me he equivocado?

¿Acaso naciendo en una época que no me correspondía?

El Comité Editorial ha decidido transcribir fielmente el artículo, únicamente nos hemos tomado la licencia de insertar algunas imágenes para ilustrar el texto.

Sirva la inclusión de este trabajo póstumo en este nuevo número de esta añeja pero renovada revista de y para matronas, como homenaje a una gran mujer y una gran matrona que siempre luchó por la libertad y la dignidad de las mujeres y de las matronas.

Ya que la vida no fue justa con ella, contribuyamos con nuestro recuerdo, reconocimiento y gratitud, a que al menos la Historia lo sea.

Consuelo Ruiz Frías-Vélez (1914-2005)
D.E.P.

La tazza di parto

Cuando el parto no era considerado como enfermedad, sino como un fausto acontecimiento familiar del que las mujeres estaban justamente orgullosas y a las que se colmaba de atenciones con tal motivo, como si se quisiera recompensarlas por su colaboración en asunto tan importante como que la Humanidad continuase existiendo, había una curiosa y simpática costumbre consistente en ofrecer a la puérpera la primera comida después de dar a luz en un servicio de vajilla especial, artísticamente confeccionado para el caso.

Después de usadas las diferentes piezas del servicio se encajaban unas en otras, resultando una especie de jarrón que servía, a la vez, de adorno y de recuerdo.

En uno de mis últimos viajes a Roma tuve ocasión de admirar un libro del conocido ginecólogo italiano Profesor Franco Grainz, que fue Presidente de la Sociedad Italiana de Ginecología y Obstetricia de 1977 a 1980, además de otros muchos puestos de responsabilidad. Yo conocía de oídas esta costumbre, pero no estaba suficientemente documentada sobre ella hasta no leer ese libro, muy ameno y enriquecido con magnificas fotografías a todo color.

El servicio constaba generalmente de cinco piezas: la sopera, el plato hondo, el plato llano, el salero y la tapadera, rematada en una graciosa perinola (Imagen 1).

Alrededor de 1550, un tal Cipriano Piccolpasso, artesano de Casteldurante, localidad de la provincia de Pésaro, a orillas del Metauro, que en 1635 cambió su nombre por el actual de Urbanis en honor de Urbano VIII, el Papa Barberini, que la elevó al rango de ciudad, publicó: Li tre libri dell´arte del vasallo donde se explicaba cómo debía ser modelada y decorada una taza de parto (Imagen 2).


 El mismo Piccolpasso explicaba en su libro: "es necesario saber que las cinco piezas que componen tazza de parto, las cinco hacen su trabajo y juntas, las cinco, forman un jarrón...".
El cuenco y el plato de pie contenían líquidos que se mantenían calientes gracias a la tapa, el plato llano estaba reservado para el pan o la carne y un salero insertado en el pie contenía sal, un artículo raro y valioso.

Parece ser que mucho antes ya estaba generalizado su uso, quizá en la última veintena del siglo XV y se continuaron usando sin interrupción hasta la segunda mitad del siglo XVIII.

A pesar de la fragilidad de tales objetos y de las vicisitudes por las que el mundo ha pasado, algunas tazza di parto, o piezas sueltas de ellas, se conservan como objetos curiosos y de arte en varios museos.

En el Cívico Medieval de Bolonia hay una preciosísima en la que se representa el parto de Mirra, la mítica hija de Cínicas, transformada por los enojados dioses en árbol en castigo por su relación incestuosa con su padre, el rey de Chipre. Rodeada de mujeres, entre las que destaca Lucina, la diosa de los partos, da a luz a Adonis, entre clorosas lágrimas (Imagen 3). Lucina facilita la salida del niño, imponiendo sobre él su mano mágica y pronunciando las palabras adecuadas:

“Constitit ad ramos mitis Lucina dolentis
Admovitque manus et verba puerpera dixit.
Arbor agit rimas et fissa cortice vivum Reddit onus..”.

En la parte externa, visible, ya que el plato hondo se colocaba puesto del revés sobre el plato llano, la decoración consiste en una indeterminada extensión de agua en la que flotan tres tritones y un amorcillo coronado de laurel.

En el plato llano se representa a Apolo, en pie sobre su carro. Con la mano derecha empuña las riendas, en la izquierda lleva una varita y a sus espaldas revolotea un gran manto dorado. En la parte inferior hay un letrero que pone maschio (varón), rodeado de motivos ornamentales, lo que debía hacerlo más precioso aún, algo como un timbre de honor para la puérpera que había parido varón y no hembra. ¡Ya se ve que el machismo viene de lejos!

En el museo de Cerámica de Forli se expone otra de esas tazas de parto o de impagliata, que así las llaman también debido al hecho de que en las provincias de Le Maeche, Romagna y Umbria, donde se hallaban los principales centros de cerámica durante el Renacimiento se denominaba impagliata a la puérpera por la costumbre de poner paja en el lecho para que los loquios cayesen sobre ella, paja que luego era quemada.

En el Museo Nacional de Rávena hay otro de esos servicios que ha sido descrito por Francesco Zurli y Anna Maria Lannucci en su libro: Las cerámicas de la Colección del Museo Nacionales de Rávena, publicado en Bolonia en 1982. La artista continúa con el tema pagano, representando el encuentro de Eneas y de su fiel Hecate, apenas desembarcados en el Norte de África. Su madre, Venus, les sale al encuentro en un bosque, en forma de joven cazadora. El plato debió ser realizado por Nicolás de Urbino entre 1531 y 1540.

En el Museo de cerámica de Forli se expone un servicio donde las escenas representadas se refieren a su propio uso. Se ve a la puérpera comiendo en la cama, servida por una mujer, mientras que, al lado, otra parece estar tapando al niño que acaba de acostar en la cuna y la tercera calienta un paño en la chimenea. Al pie de la sopera está marcado debajo: “Forli. A. L. 1549”. Es una de las pocas piezas conservadas que lleva la fecha y el lugar de producción y el nombre del artista.

En el Museo de Castillo Sforcesco de Milán se puede ver un servicio en el que se representa una escena de parto en la que la parturienta aparece sentada en las rodillas de otra mujer y otras dos, una a cada lado, le confortan. Este servicio debe haber sido realizado en Urbino, en el taller de Crazio Fontana, hacia la segunda mitad del siglo XVI (Imagen 5).

Esta postura de parir parece ser muy antigua, quizá anterior a la clásica silla de parto. La Biblia dice que, vista su esterilidad, Raquel rogó a Jacob que tuviera un hijo de su esclava, diciéndole: “Aquí está mi esclava Bilá, ten relaciones con ella para que dé a luz sobre mis rodillas para que yo consiga de ella hijos” (Génesis 30,3).

He aquí un antecedente de los úteros de alquiler, aunque de manera menos sofisticada. ¡No hay nada nuevo bajo el sol!

Naturalmente, en el Museo Cívico de Faenza, ciudad célebre por sus cerámicas y porcelanas, no podían faltar ejemplares supervivientes de la taza de parto.

Una, de finales del siglo XVI, procedente de Urbino, muestra en la sopera una mujer pariendo, asistida por la matrona y otras dos mujeres, según las reglas del arte, cuando asistir partos era un arte y la ciencia no había sustituido a la fisiología.

También en colecciones privadas existen piezas semejantes. A la de Lord Clark of Saltwood pertenece una preciosa sopera y un plato llano en los que se ve cómo la puérpera se lava las manos, no sabemos si disponiéndose a comer o, a la manera de Poncio Pilatos, disculpándose por algo que no pudo remediar: haber parido hembra. Esta pieza fue vendida en pública subasta, el 5 de julio de 1984 por la casa Sotheby de Londres.

En la colección de cerámicas de la señora Marianna Dotti Reggiani se conserva una taza de parto fabricada en Faenza en la última mitad del siglo XVIII (1715-1775) que presenta algunas diferencias sustanciales con el modelo de Piccolpasso: la sopera no tiene pie, no existe el plato llano. En su lugar, hay una especie de ensaladera y, sobre ella, una taza con dos asas. La huevera, para dos huevos, colocada al revés sobre la taza, sirve de tapadera.

En el Museo Glauco Lombardi, de Parma hay una taza de parto curiosa, pues se trata de la que Napoleón regaló a su segunda esposa, Maria Luisa, hija del emperador de Austria, con motivo del parto de su único hijo, el Rey de Roma que no llegó a reinar.

El servicio consta de tres piezas: la sopera, el plato llano y la tapadera. El plato está decorado con una vista de Shönbrunn, donde nació Mª Luisa, y en la parte inferior hay una inscripción que dice: Manufacture de S: M. le Empereur. P.L. Dagoty. PARIS.

En un congreso de la Sociedad Italiana de Obstetricia y Ginecología, celebrado en 1938, se exhibieron algunos modelos de servicio de mesa puerperal fabricados por Piccopalsso y, en un tímido intento de resucitar la simpática costumbre, se entregaron por aquellas fechas tazas de parto a las puérperas y, en julio de 1939, la revista Lucina publicaba la fotografía del profesor Paolo Gaifami, entonces Director de la Clínica Universitaria de Roma, en el acto de entrega de una taza de parto a una puérpera.

La ciudad de Forli ofreció a la entonces princesa de Piamonte, Maria José, una taza de parto con ocasión del nacimiento de su hija Mª Gabriela, ejecutada según el diseño de Piccopalsso y decorada con símbolos saboyanos y romañolos.

Uno de los temas del Concurso Nacional de Cerámica Artística era la ejecución de una imapagliata que debía comprender al menos tres piezas: sopera, plato llano y huevera, amén del salero. Todo ello encajable y decorativo.

En época más reciente, en 1982, los Maestros del Fuego de Faenza ofrecieron a Diana, Princesa de Gales, una taza de parto con motivo del nacimiento de su hijo William.

Y, parece ser, que el alcalde de Faenza tiene las costumbre de ofrecer una impagliata a la madre del primer niño nacido el 1 de enero de cada año, rememorando la que una vez se les dio a las madres de Faenza para su primera comida en la cama. La tradición de la impagliata atestigua el sentido de la vida y la protección que la comunidad reservó para la madre-mujer durante todo el periodo puerperal, documentada en Faenza desde el siglo XV (Imagen 7).

Yo no sé si fuera de Italia existió el uso de la taza de parto. En España nunca oí hablar de semejante cosa, a pesar de que nuestro país tiene una buena tradición ceramística desde la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro y de la Granja, pasando por la Cartuja de Sevilla, hasta las modernas fábricas de Talavera, Manises o Sargadelos.

Me llamó la atención el libro del prof. Grainz, lo tengo en mi poder y me he tomado la libertad de sacar datos de él. Aparte del indudable valor artístico de tales piezas, es de apreciar también el valor humano del ofrecimiento, un objeto bello para recordar un acontecimiento feliz, como era considerado el parto.

Ahora, como recuerdo del parto, lo que quedan son cicatrices, bien de las cada día más frecuentes cesáreas, bien de las, siempre seguras y no siempre cicatrizadas, episiotomías.

Nuestras antepasadas parían con ventaja, rodeadas de amor y de la atención de su familia y de sus amigas. ¡A que me va a venir la tentación de decir eso tan manido de “que cualquier tiempo pasado fue mejor”…! ¡Uy, no, Dios me libre! ¡Eso ya lo dijo hace mucho, y en verso, el Marqués de Santillana!

Consuelo Ruiz Vélez-Frías

Bibliografía

  • Piccolpasso Durantino Cipriano Li tre libri dell´arte del vasallo. Roma: Edit All'Insegna del Giglio; 1976.
  • Crainz F. La tazza da parto. Roma: Edit. Janssen; 1986.
  • Zurli F, Iannuci AM. Ceramiche dalle colllezioni del Museo Nazionale di Ravenna (a cura di). Bologna, 1982.