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Revista Matronas

Revista Matronas

ABRIL 2019 N° 1 Volumen 7

Integración de las matronas en la Atención Primaria

Sección: Echando la vista atrás

Autores

Redacción Matronas Hoy

En pleno 2019 se puede hablar de tan largo recorrido de la Atención Primaria de Salud en España, de la que actualmente es muy probable que una gran parte de matronas desco­nozcan los avatares sufridos, al menos en lo que se refiere a la incorporación de la figura de la matrona a los equipos de salud de la Atención Primaria (con el formato actual), algo que por la década de los 80-90 fue un hito en el Sistema Nacional de Salud.

En 1984, con la publicación del Real Decreto 137/1984 sobre Estructuras básicas de salud, se iniciaba el cambio en la Atención Sanitaria tomando de base el desarrollo conceptual de una nueva filosofía que primaría el fomento de la salud y la mejora de la calidad de vida, dando un papel protagonista al cuidado de los aspectos preventivos en salud, en lugar de ajustarse a la atención a la enfermedad como venía siendo habitual. Esto supuso una reordenación general del sistema sanitario en el que la inclusión de la matrona en Atención Primaria sería parte del proceso de reforma. Sin embargo, en un principio no se contempló su inclusión, motivo por el cual la Asociación Española de Matronas (AEM) lideró una "batalla" con las instituciones sanitarias defendiendo la idoneidad de la matrona en los equipos básicos de salud, ya que esta contaba con unas actividades perfiladas y re­gladas en la atención directa a las mujeres de las que carecía la enfermería generalista.

LA AEM, para evitar la amortización de las 1.890 plazas exis­tentes de matronas de APD y de equipos tocológicos, propuso su reconversión configurando las actividades de matrona para la nueva Atención Primaria, de acuerdo con el orde­namiento jurídico español y europeo.

Era evidente que muchas de las matronas adscritas a los equipos tocológicos eran mínimamente operativas al haber sido relegada su función a la de mera auxiliar del tocólogo en ambulatorios de la Seguridad Social, sin atención directa a las mujeres embarazadas, ni papel independiente ni propio; por otra parte, los partos que desde hacía décadas habían sido redirigidos de la asistencia domiciliaria a la hospitalaria tampoco ocupaban a las matronas. Tampoco había un su­perávit de matronas para una holgada cobertura de la Aten­ción Especializada y para asumir esa otra nueva parcela, la de la Atención Primaria, que se iniciaba, había que pensar que se requeriría un contingente de matronas que no había disponible. Por último, algo incuestionable que también de­fendió como corresponde la AEM, fue que el conocimiento y atribuciones de actividades totalmente específicas en la atención y cuidado directos de la mujer por parte de las matronas convertía al colectivo en pieza clave para la salud de la mujer.

En 1984, la entonces Dirección General del INSALUD aceptó el proyecto específico de reforma de las actividades de la matrona en Atención Primaria presentado por la AEM, que estaba centrado fundamentalmente en la implantación de actividades de atención directa de matrona a la mujer en edad fértil. Este proyecto que fue canalizado a través de la Subdirección General de Atención Primaria y cuyas dos ac­tividades más importantes, novedosas y con un marcado carácter preventivo fueron la educación grupal para la salud y las consultas de matrona.

Con esta visión se creó, para el desarrollo del programa de la mujer como profesional de apoyo a los Equipos de Atención Primaria, la figura de Matrona de Área (de igual modo para el desarrollo del programa bucodental se creó la figura de Odontólogo de Área, o para el desarrollo de actividades de fisioterapia, la del Fisioterapeuta de Área). El extinto INSALUD, en un primer momento, dirigió a las matronas con fecha 25 de febrero de 1984 una circular (núm.5/91) confirmando finalmente la integración de la matrona en los servicios de Atención a la Mujer para la atención de la mujer gestante y la no gestante y del recién nacido (RN), facilitándoles el desarrollo de las actividades propias e independientes de su profesión, reguladas me­diante directiva 80/155/CEE para el ámbito de la Comu­nidad Económica Europea y traspuesta al ordenamiento jurídico español.

Paralelamente se inició el reciclaje y formación de aquellas matronas en áreas de Atención Primaria y de Salud Mater­no-Infantil y se diseñaron y pusieron en funcionamiento uni­dades de psicopropfilaxis obstétrica. Esto fue parejo también con la reconversión de las mismas matronas en una nueva modalidad de Matrona de Atención Primaria, a cuyo perfil se le dotó de características laborales y profesionales en con­sonancia con el sistema sanitario del momento.

Desde entonces han pasado más de 30 años y en la actualidad es absolutamente normal (algunas colegas por cuestión de edad no han conocido otra cosa) observar el funcionamiento de los centros de salud en los que la matrona tiene una fun­ción cuasi exclusiva y de vital importancia en la atención a la salud sexual y reproductiva de la mujer a lo largo de todo su ciclo vital.

Sin embargo, esto costó mucho, muchísimo, la Asociación Española de Matronas tuvo que batallar no solo con las ins­tituciones sanitarias cuya ignorancia, error, olvido o ¡ vaya usted a saber! motivó aquella deficiente e injusta planifi­cación de la AP sin matronas; además, tuvo que batallar con algunas matronas que no querían asumir este cambio cómodamente instaladas en un puesto que no les reportaba trabajo ni les exigía un reciclaje intenso para asumir el cambio propuesto que, a largo plazo para la profesión, se traduciría en un beneficioso desarrollo de las otras compe­tencias propias de matrona distintas a las bien conocidas y de siempre atribuidas al colectivo como la de la asistencia al parto.

Es cierto que aún quedan muchos pasos que dar, empezando por solventar las diferencias que hay entre comunidades autónomas en cuanto a la distribución de plantillas que im­piden la equidad en el acceso a la atención a las mujeres; no es menos cierto que enfermeras generalistas u otros, con el beneplácito si no la orden de los propios gestores de salud, que olvidando o negando las competencias que la ley otorga a las matronas, están ejerciendo competencias exclusivas de las matronas.

Muchos gestores no saben, no quieren entender, que la pri­mera lección es emplear bien los recursos humanos y colocar en cada puesto al personal más competente, un problema sin duda que revierte sobre usuarios y profesionales. La Asociación Española de Matronas sigue luchando porque esto no suceda, pero no puede hacerlo sola. Que consigamos lo que es de justicia, esto es, desarrollar nuestras compe­tencias en Atención Primaria en toda su extensión, será labor de cada matrón/a con un trabajo diario impecable, levantando individualmente su voz contra la injusticia o el desatino, uniéndola a la del colectivo por el mismo objetivo, buscando el apoyo de las mujeres que han encontrado en las matronas la solución a sus demandas de salud sexual y reproductiva.

Sin haber perdido la ilusión, a algunas/os los largos años de lucha nos han hecho ser muy realistas y por eso sabemos que este camino también será largo y espinoso, ya dice el refrán "que Zamora no se ganó en una hora”, así que “sin prisa pero sin pausa” seguiremos luchando por ello. No ol­vidéis que luchar por la profesión es una obligación ética de los profesionales y "el asunto de todos" siempre ha de estar por encima "del asunto de uno".