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Revista Matronas

Revista Matronas

SEPTIEMBRE 2020 N° 2 Volumen 8

COVID-19: manifiesto aprovechamiento y desprecio institucional a los que se ha sometido a los sanitarios españoles

Sección: Editorial

Autores

Rosa Mª Plata Quintanilla

Directora de Matronas hoy

Cerraba el año 2019 con el esperanzador deseo de que el año 2020 fuera el mejor de nuestras carreras profesionales, y pasado ya medio año de este inolvidable año, no puedo por menos que pensar en algo que no es nuevo y sí constante: la vida puede dar un vuelco en cualquier momento. Así ha sido, llevamos meses asolados y desolados por la COVID-19 y en todo este tiempo de encierro, total para muchos, parcial para otros trabajadores esenciales, nosotros sanitarios entre ellos, se han instalado en nuestras mentes e, incluso somatizado en nuestros cuerpos, un sinfín de emociones, pero la inquietud y el temor pienso que, sin ser las únicas, sean el denominador común.
La COVID nos sorprendió con toda su virulencia y mientras la población en general pudo resguardarse en sus casas, los sanitarios, y resto de profesionales del grupo de trabajadores esenciales, para apoyar a toda la población, tuvimos que salir del refugio seguro de nuestros hogares y enfrentarnos a este virus absolutamente desconocido en marzo y poco conocido a estas fechas, aunque comprobadamente letal en ocasiones.

El Ministerio de Sanidad tenía conocimiento de "que algo se movía en el ambiente" porque el domingo 1 de marzo, el propio ministro de Sanidad, Salvador Illa, presidía una reunión por videoconferencia del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud para analizar la situación y evolución del coronavirus, en la que subrayaba la “imprescindible colaboración” de todas las Administraciones en la gestión del coronavirus en nuestro país, para que España se mantuviera en el escenario de contención de aquel momento: 58 casos confirmados y entre ellos cuatro profesionales sanitarios .

El 2 de marzo, previa reunión con el Consejo General de Enfermería por el mismo tema, recibimos en la AEM un mensaje del Centro de Alertas y Emergencias solicitando nuestra colaboración para elaborar el primer Documento técnico sobre manejo clínico de la COVID-19 en la mujer embarazada y el neonato. Acto seguido, la primea imposición a los sanitarios: la suspensión de permisos para asistencia a cualquier actividad formativa a fin de garantizar la disponibilidad de este colectivo en los servicios asistencias y evitar que dichos profesionales, "implicados tan estrechamente en el cuidado de pacientes, puedan actuar como transmisores de la enfermedad a grupos de población más vulnerables con los que tratan en su práctica profesional".

Desde ese momento todo ha sido una escalada mortal hacia el desastre para la población en general y para los sanitarios, que hemos conseguido el récord mundial de contagios (22% del total) con más de 52.000 contagiados y cerca de un centenar de fallecidos del ámbito sanitario o sociosanitario fallecidos en toda España. Fue la primera Encarna Vicente, la enfermera del hospital de Galdakao, Vizcaya, fallecida el 18 de marzo y ahora solo queda esperar el nombre del último y definitivo, si es que se llega a erradicar esta pandemia. Mientras, y en un baile de cifras aterrador por la cuantía y por la presumible inexactitud interesada de las cifras oficiales, morían personas de forma alarmante. La información de MoMo (Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria del ISCIII) a partir de los datos de registros civiles indica que entre el 13 de marzo y el 22 de mayo se han producido 44.114 muertes en exceso (más de las esperadas estadísticamente) para esta época del año, lo que supone un incremento de un 58%. Sin embargo, en las cifras oficiales faltan fallecidos por COVID-19…

Entre tanto, con puntualidad, a las 8 de la tarde, en un alarde folklórico-festivo que matara el tedio de muchos y otros, en un profundo y sincero acto de agradecimiento, los españoles se asomaban a sus ventanas y balcones y batían palmas por los cuerpos profesionales esenciales, fundamentalmente los sanitarios, que estaban en el más devastador "campo de batalla" velando por su salud, aun a riesgo de la propia. Incluso el jurado de los premios Princesa de Asturias, reconociendo el "encomiable nivel de profesionalidad y compromiso”, no otorgaba a los sanitarios el premio de la edición de este año, pero el Gobierno de este país, que de vez en cuando alababa de "boquilla" la actuación del personal sanitario, olvidaba lo más importante: protegernos para proteger.
Ningún sanitario aspiramos al martirio impuesto, y por eso seguimos reclamando medidas de protección personal que a día de hoy todavía no tenemos en cantidad suficiente en muchos centros de atención sanitaria; y lo hacemos porque en enfermería, en general, tenemos conocimientos de epidemiologia y medicina preventiva, y por eso sabemos perfectamente el primer axioma de estas disciplinas, que es que la prevención es el seguro del éxito para evitar contagios y propagar cualquier enfermedad. Han pasado muchos meses desde que se decretara el estado de alerta sanitaria, y como un alud el virus se abalanzara sobre los españoles, pero seguimos sufriendo la incompetencia y desfachatez de quienes, por poner un ejemplo, no solo no han sido capaces de suplir la carencia de equipos de protección básica con medidas extraordinarias de producción en el propio país, sino que tarde y mal nos hacen llegar aún insuficiente material defectuoso comprado no se sabe dónde ni a quién, o procedente de la caridad de otras instituciones y/o países. Estos mismos que ordenan incorporarse a los sanitarios contagiados sin prueba alguna olvidando, en un acto supremo de menosprecio hacia nosotros y la sociedad en general, que nosotros mismos podemos habernos convertido en vehículo de propagación constante de la viremia, aunque no hayamos caído en combate.

Esta última afirmación no requiere de conocimientos epidemiológicos, aunque no será por falta de asesores científicos, solo requiere de lógica y de decencia, ellos mismos lo afirmaban el 6 de marzo justificando la negación de permisos de formación a los sanitarios, aunque realmente lo que les interesaba era la disponibilidad, que se demostró como veníamos reclamando desde hace años, más que insuficiente porque fuera de la pandemia ya lo era. Los mismos que empezaron a testar a los sanitarios tarde con pruebas dudosas, los que falsean los partes de baja laboral y siguen sin reconocer como enfermedad profesional el contagio por COVID (solo accidente laboral) y, de paso, codifican la ILT como enfermedad común, siempre intentando tapar el problema y "echado balones fuera" para no asumir responsabilidades.

También nos han tocado políticos de lengua larga y cerebro corto, cuyas declaraciones nos han señalado a los sanitarios, como la consejera de Sanidad del gobierno valenciano, cuando al principio de la pandemia afirmó que los sanitarios se habían contagiado por hacer viajes o ver a familiares asegurando que no había falta de material de prevención; o las de la exconsejera (por fortuna) de Sanidad de Aragón, que lejos de asumir como la anterior y tantos otros lo errático de su gestión en esta crisis sanitaria, se mofaba de los sanitarios diciendo que era un "estímulo" para nosotros fabricarnos nuestros propios EPI. Ese es el reconocimiento verdadero de quienes nos están utilizando sin importarles nada, salvo que estemos ahí parando "las balas a pecho descubierto", tal y como es.

En esta crisis, cuando todas las manos eran necesarias, hasta se ha podido prescindir de determinados especialistas médicos, pero no de enfermeros o matronas, que hubiéramos podido incluso ejercer como enfermeras generalistas, que lo somos, si no siguiéramos teniendo otro cometido igual o más importante en este tiempo de crisis. Y por cierto, ¡qué importante hubiera sido tener un Registro de Profesionales Sanitarios como reclamaba en el número anterior y unas listas de contratación adecuadas en cada comunidad para la gestión de los recursos tan imprescindibles en este momento! Sin quitar importancia a la labor médica, tan necesaria desde luego, somos las enfermeras/os quienes estamos a pie del cañón las 24 horas del día al lado del enfermo, dándole algo más incluso que cuidados sanitarios, en sentido estricto, porque nuestra formación técnica, científica y humanística, nos dota de una visión integral de la salud. Me consta que en los duelos tan ignominiosos por falta de amparo familiar y tantas otras cosas más durante la COVID-19, han sido muchas enfermeras/os quienes también han dado su mano al enfermo para la despedida en un intento desesperado porque el calor de sus manos traspasara la frialdad de sus guantes y sus trajes de plástico, esa mano, aunque extraña, a la que asirse el enfermo terminal para iniciar el viaje a la otra vida.

Las matronas sabemos de lo que hablamos y las enfermeras/os también, de hecho ¿no es cierto que nombran más a los médicos que con pocos y bien formados sobran para tratar, mientras que se necesitan muchas enfermeras/os para cuidar? Ahí está, hasta en el inconsciente colectivo ha calado la subordinación obligada de la enfermería al monopolio político, económico y social de la medicina, que incluso llega a manejar el prestigio que esta actividad reporta. Que yo sepa incluso en la UCI, llamémosla la "zona más caliente”, como casi todos piensan, son las enfermeras (con las auxiliares y celadores) quienes se encargan de manejar al paciente las 24 horas, las que se abrazan a él para darle vuelta, las que aspiran sus secreciones, las que les dan una mano cuando van a expirar… el médico lo más cerca que puede estar del enfermo, bien equipados con su EPI, es para intubarlo y/o coger una vía central,  o sea unos minutos y el resto del día, de los días…

Y en las Áreas Obstétricas son las matronas (y equipo auxiliar) las que minuto a minuto están presentes asistiendo a las mujeres; esas áreas, algunas de las cuales, gerentes ignorantes, quisieron reconvertir en UCI sin pensar que, además de no tener personal de enfermería capacitado para controlarlas, la asistencia obstétrica no se ha paralizado ni se ha podido reducir como funcionalmente lo han hecho con la práctica totalidad de especialidades médicas; por otra parte, podemos añadir que la atención obstétrica al parto y al nacimiento es la única especialidad que presta asistencia a dos "usuarios" a la vez madre-feto (este en extremo vulnerable), y además interacciona con la pareja de la mujer o la persona con la que esta se vincule afectivamente y elija como apoyo en el proceso de parto y nacimiento.

En las urgencias obstétrico-ginecológicas se reciben a todas las mujeres (y acompañantes) sin testar (salvo excepcionales casos sintomáticos) y la potencialidad de exposición del área es de escenario de riesgo o punto caliente, como se llama, sin que así se haya estipulado y consecuentemente dotado de medidas de protección que no se corresponde con este escenario casi en la totalidad de servicios obstétricos del país.

Podría alargarme indefinidamente, pero hay que poner el punto final y lo hago a pesar de mi talante optimista, diciendo que no espero nada bueno cuando pase esta pandemia que, al ritmo que vamos, tardará.

Nuestros políticos se dieron cuenta de cuan necesarios somos los sanitarios cuando "les ha apretado bien el gaznate la COVID-19", cuando pase veremos cuál es el agradecimiento. Mientras tanto solo pedimos que actúen con juicio en la gestión de esta crisis. El Ministerio reconoce que el número de enfermeros en ejercicio en España –en relación a la población- vuelve a situar a nuestro país a la cola de Europa y muy por debajo de la media comunitaria de 8,2 enfermeros por cada 1.000 habitantes (5,2 España), mientras que el ratio de médicos en ejercicio por países, sitúa a España en séptima posición con 3,8 médicos por cada 1.000 habitantes, un dato por encima de la media europea que se sitúa en 3,5 médicos. Invertir en profesionales enfermeros (enfermeras y matronas) es una inversión necesaria, obligada y nada comparable con el gasto incuantificable que ya llevamos a la espalda de muertos y enfermos que ya no tiene remedio, estos últimos que, además de pesar por amor en el corazón de sus deudos, tendrán que pesar en algunas conciencias  por los errores cometidos y/o la indiferencia y/o la inacción. Espero que cuando menos, el inconmensurable precio que han pagado, ellos los primeros y después el resto de españoles, sirva para cambiar el rumbo de la planificación sanitaria de esta pandemia.

Acuérdense, señores políticos, cuando esto pase, que son necesarios menos respiradores, menos aparatos y más enfermeros bien formados y motivados porque sin ellos lo demás sobra. Un gobierno eficaz es aquel que tiene en cuenta de forma prioritaria, dedicándole recursos humanos y materiales, el cuidado de la salud y la prevención y el tratamiento eficaces de la enfermedad.