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Revista Matronas

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DICIEMBRE 2025 N° 3 Volumen 13

Andrea Morales: la herencia canaria de la partería en el Río de la Plata colonial

Sección: Originales

Cómo citar este artículo

Redes Castilla J. Andrea Morales: la herencia canaria de la partería en el Río de la Plata Colonial. Matronas Hoy 2025; 13(3):23-34.

Autores

Jorge Redes Castilla

Licenciado en Economía. Escritor. Genealogista. Montevideo (Uruguay)

Contacto:

Email: jorredes@hotmail.com

Titulo:

Andrea Morales: la herencia canaria de la partería en el Río de la Plata colonial

Resumen

ntroducción: en 1726, en el navío Nuestra Señora de la Encina, fueron trasladadas veinticinco familias canarias a lo que sería a partir de entonces el puerto de Montevideo. En 1729, se le unirían otras 30 embarcadas en el San Martín. Con todas ellas, y unas pocas familias procedentes de Buenos Aires, dio comienzo a la fundación de la actual capital de Uruguay.

Las familias canarias emigraron en busca de mejores oportunidades, huyendo de la pobreza y la guerra en las islas. Aunque la información sobre mujeres canarias individuales es escasa, la presencia de estas "emigrantes humildes y trabajadoras fue decisiva para la fundación de la capital de Uruguay, Montevideo, así como para el desarrollo de las colonias, integrándose en la nueva sociedad y contribuyendo a la identidad cultural del territorio. De entre ellas, estaban las parteras tradicionales isleñas, que arribaron al país e impulsaron la partería del mismo, destacando muy especialmente a Andrea Morales, presumiblemente partera del prócer de la nación uruguaya.

Objetivos: analizar la plausibilidad histórica de que Andrea Morales García, reconocida como la primera partera de Montevideo, haya asistido el nacimiento de José Gervasio Artigas, héroe nacional y máximo prócer del proceso independentista, considerado el Padre de la Patria.

Poner en valor la actividad de Andrea Morales como partera, en la partería colonial y su participación en la fundación de Uruguay.

Material y método: metodología de análisis contrafáctico sustentado en fuentes documentales, genealogía comparada e historia social del Montevideo colonial.

Discusión y conclusiones: plausibilidad de que Andrea Morales asistiera en el nacimiento de José Gervasio Artigas. La adversidad y la solidaridad femenina conectará la vida de Andrea con los orígenes del prócer, desde su oficio y su coraje, encarna el espíritu fundacional de Montevideo.

La partería en los siglos XVII y XVIII, tanto en Canarias como en los territorios coloniales del Río de la Plata, representó una tradición cultural femenina y un medio de transmisión de saberes esenciales para la supervivencia comunitaria.

Las parteras canarias dejaron una fuerte herencia en de la partería del Río de la Plata colonial

Palabras clave:

partera; partería tradicional; historia social; mujeres Artigas.

Title:

Andrea Morales: the canarian inheritance of midwifery in colonial Río de la Plata

Abstract:

Introduction: in 1726, twenty-five Canarian families travelled in the Nuestra Señora de la Encina ship to what would become the Port of Montevideo from then on. Another 30 families joined them in 1729, travelling in the San Martín. All of them, and a few families coming from Buenos Aires, started the foundation of the current capital city of Uruguay.

Canarian families emigrated in search of better opportunities, fleeing from poverty and war in the islands. Even though there is limited information about individual Canarian women, the presence of these humble and hard-working migrant women was crucial for the foundation of Montevideo, the Capital City of Uruguay, as well as for the development of colonies, by integrating into the new society and contributing to the cultural identity of the territory.  Among them, there were traditional island midwives, who arrived in the country and promoted midwifery; Andrea Morales stood out particularly, as she was probably the midwife of the Uruguayan Nation hero.

Objectives: to analyse the historical likelihood that Andrea Morales García, acknowledged as the first midwife in Montevideo, assisted the birth of José Gervasio Artigas, national hero and maximum leader of the independence process, and considered the Father of the Nation.

To highlight the activity of Andrea Morales as a midwife in colonial midwifery, and her involvement in the foundation of Uruguay.

Materials and method: analysis with counterfactual methodology, supported by documentary sources, compared genealogy, and social history of the colonial Montevideo.

Discussion and conclusions: it is likely that Andrea Morales assisted the birth of José Gervasio Artigas. Adversity and female solidarity will connect the life of Andrea with the origins of the hero, from her profession and his courage, embodying the foundational spirit of Montevideo.

Midwifery in the 17th and 18th centuries, both in the Canary Islands and in the colonial territories of the Río de la Plata, represented a female cultural tradition and a means of transmission for a set of knowledge essential for community survival. 

Canarian midwives left a strong heritage in the midwifery of colonial Río de la Plata.

Keywords:

midwife; traditional midwifery; social history; womenArtigas.

Introducción

A pesar de la vasta cantidad de estudios e investigaciones dedicadas a la figura de José Gervasio Artigas, héroe nacional y máximo prócer del proceso independentista, considerado el Padre de la Patria de Uruguay, hay aún aspectos poco abordados o completamente ausentes en la historiografía nacional. Uno de ellos es el referente a las circunstancias que rodearon su nacimiento, en particular, quién asistió a su madre, Francisca Antonia, durante el parto.

Durante años se debatió si Artigas nació en la estancia de sus abuelos paternos en Sauce (Canelones) o en la ciudad de Montevideo. En la actualidad, hay consenso entre los historiadores en cuanto a que su nacimiento tuvo lugar en Montevideo, en la casa de su abuela materna. No obstante, ninguna fuente disponible menciona quién estuvo presente en el momento del alumbramiento, más allá de su abuela materna, cuya presencia puede asumirse con fundamento. Esa carencia documental deja un interrogante abierto sobre un momento crucial de la vida del prócer: su nacimiento.

Objetivos

  • Esta investigación tiene como objetivo analizar la plausibilidad histórica de que Andrea Morales, reconocida como la primera partera del Montevideo colonial, haya asistido en el nacimiento de José Gervasio Artigas.
  • Poner en valor la herencia aportada por las parteras canarias a la partería colonial.
  • Visibilizar el rol de las mujeres (en particular, de las parteras) en el proceso fundacional.

Material y método

Ante la ausencia de registros documentales que confirmen la participación de Andrea Morales en el nacimiento de Artigas, esta investigación recurre al método contrafáctico como herramienta de investigación histórica. Este enfoque, utilizado en contextos donde las fuentes primarias son escasas o inexistentes, consiste en formular escenarios alternativos verosímiles basados en lo que razonablemente pudo haber sucedido, teniendo en cuenta el contexto histórico, los actores sociales y las condiciones materiales y costumbres de la época.

En este caso, el análisis parte de una pregunta contrafáctica clave: ¿Quién habría asistido al parto de Francisca Antonia Artigas si Andrea Morales no hubiese sido la partera?

La respuesta orienta la hipótesis hacia la alta probabilidad de que Andrea Morales haya estado presente, sobre todo considerando los siguientes elementos:

  • Es reconocida como la primera partera profesional del Montevideo colonial, y actualmente una calle lleva su nombre en homenaje a su figura.
  • Su actividad coincide temporal y geográficamente con el nacimiento de Artigas.
  • Tanto Andrea Morales como María Rodríguez Camejo eran originarias de la Isla de Tenerife.
  • Ambas formaron parte del mismo contingente de emigrantes canarios enviados a poblar Montevideo.
  • Compartieron la travesía marítima de casi dos meses, durante la cual ambas viajaron embarazadas.
  • Andrea Morales figura como madrina en el bautismo de la hija de María Rodríguez Camejo, quien posteriormente sería la madre de Artigas.
  • Las viviendas de ambas familias eran muy próximas en la ciudad.
  • No existen registros de otra figura con formación o prestigio en el rol de partera en Montevideo durante esos años.

Estos indicios, tomados en conjunto, permiten plantear un escenario en el que la presencia de Andrea Morales durante el parto de Artigas no solo es verosímil, sino históricamente coherente y altamente plausible.

Lejos de caer en la ficción, el método contrafáctico utilizado aquí se basa en la lógica de la historia contextual y en la reconstrucción razonada de los hechos a partir de evidencias directas e indirectas.

Contexto histórico del Montevideo colonial (1726-1764)

Montevideo fue fundada formalmente en 1726 por disposición del gobernador Bruno Mauricio de Zabala como una ciudad-fortaleza, con un objetivo estratégico: afianzar la soberanía española en el Río de la Plata frente al avance portugués desde el Brasil. Para consolidar este enclave, la Corona española organizó el envío de familias canarias, consideradas súbditos leales y laboriosos. Entre ellas se encontraba Andrea Morales, nacida en Santa Cruz de Tenerife, y María Rodríguez Camejo, nacida en La Laguna, ambas tinerfeñas.

Durante las primeras décadas, la ciudad consistía en un pequeño núcleo urbano amurallado, con calles de tierra, construcciones precarias y una población reducida. Los primeros pobladores vivieron en condiciones sumamente adversas: viviendas humildes, falta de infraestructura sanitaria, dependencia del comercio irregular con Buenos Aires y permanentes tensiones con pueblos originarios, así como con fuerzas portuguesas en la frontera oriental.

La vida cotidiana estaba marcada por el trabajo comunitario, la cooperación entre familias migrantes y una fuerte religiosidad que organizaba los nacimientos, los matrimonios y las muertes. Las mujeres desempeñaban un papel central en el sostenimiento de la vida doméstica y comunitaria. En ese contexto, surgieron figuras clave como la partera, encargada de asistir nacimientos en un entorno sin médicos estables ni instituciones sanitarias formales.

Para 1764, año del nacimiento de José Gervasio Artigas, Montevideo contaba con una estructura urbana consolidada dentro de la muralla: algunas calles empedradas, una iglesia matriz precaria, casas de adobe con techos de teja, un cabildo y un incipiente mercado portuario. Las familias criollas, como la de los Artigas, habían logrado cierto arraigo económico y social, aunque la mayoría de la población vivía en condiciones de precariedad relativa.

En este entorno, las redes vecinales, los vínculos entre familias migrantes y los oficios esenciales, como el de partera, adquirían una relevancia vital para la reproducción de la vida social. La cercanía física, cultural y afectiva entre Andrea Morales y María Rodríguez Camejo, forjada desde la travesía migratoria, se inscribe en este entramado comunitario que definió la primera sociedad colonial montevideana.

Andrea Morales: sus orígenes y el viaje a Montevideo

Andrea Morales nació a comienzos del siglo XVIII en Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias, España). Hija de Ventura (o Bentura) Morales y Olaya García. Contrajo matrimonio en la parroquia local, el 20 de junio de 1718, con Antonio José Modernell. De ese vínculo nacieron tres hijos: Pedro, José y María.

Para comprender plenamente la vida de Andrea, no basta con conocer sus raíces: es indispensable abordar la travesía que la condujo a América. Su historia no comienza únicamente en Tenerife, sino también en ese cruce oceánico que supuso riesgos, soledad y una firme decisión.

Las adversidades comenzaron incluso antes de zarpar, durante la espera del barco en el puerto de Santa Cruz. La referencia de Azarola Gil es elocuente [2]:

“Durante esa escala en Tenerife se produjeron dos conatos de sublevación entre las fuerzas destinadas al Plata, causados por la mala disposición con que los soldados iban a esas guarniciones... Al saber su destino, parecía que los enviaban al infierno.”

En ese contexto turbulento, Andrea, pese a su condición y las circunstancias que la rodeaban, afrontó el viaje con una determinación que anticipa el temple que marcaría toda su vida.

El patache San Martín, liviano y de escaso calado, fue uno de los navíos que transportó colonos desde Tenerife hacia el Río de la Plata en 1729. No estaba pensado para emigración masiva, su capacidad era limitada y los pasajeros viajaban en condiciones precarias.

La ruta desde Santa Cruz de Tenerife al puerto de Montevideo, seguida por el San Martín en 1729, solía bordear las islas de Cabo Verde y desde allí, cruzaba el Atlántico hacia el noreste de Brasil, para luego descender costeando hacia el Río de la Plata. Los dominantes vientos alisios guiaban la ruta; algunas escalas eran necesarias para reabastecimiento y la navegación enfrentaba riesgos de calmas, tormentas, enfermedades y escasez de provisiones.

La documentación de la época (especialmente las cartas del padre jesuita Cayetano Cattaneo, quien viajó como pasajero en otro de los barcos que zarparon de Santa Cruz de Tenerife) describe sufrimiento, calor abrasador, plagas de insectos y necesidades constantes.

Los pasajeros (religiosos, soldados, colonos) soportaban condiciones extremadamente precarias: dormían sobre el suelo o en hamacas entre barriles, expuestos a la humedad, el hacinamiento y la falta de higiene. Compartían el espacio con la tripulación y la carga, consumían alimentos racionados, a menudo en mal estado, y pasaban semanas sin poder asearse ni resguardarse del calor, el frío o las tormentas.

Fue en ese contexto de penurias y privaciones donde Andrea emprendió su viaje: viuda reciente, con tres hijos y ya embarazada de un cuarto.

Nacimientos en alta mar: Andrea como partera

El San Martín arribó al puerto de Montevideo el 27 de marzo de 1729, aunque el desembarco se realizó entre el 6 y el 8 de abril.

Durante la travesía se registraron al menos dos nacimientos en alta mar, cuyas partidas bautismales figuran en los libros parroquiales de la Iglesia Matriz de Montevideo. Estos hechos evidencian que fue necesaria la presencia de una persona con conocimientos obstétricos a bordo.

Entre los pasajeros se encontraba Andrea Morales, y no se ha identificado a ninguna otra mujer con ese oficio entre los colonos del navío. En ese contexto, su presencia hace no solo plausible, sino altamente probable que haya sido ella quien brindó asistencia en aquellos partos.

Ambos bautismos fueron asentados en el Libro Primero de Bautismos de la Parroquia de la Inmaculada Concepción y San Felipe y Santiago de Montevideo, por el Dr. José Nicolás Barrales, párroco de esta [3], hoy, Catedral Basílica Metropolitana de Montevideo.

“En ocho de abril de mil setecientos veinte y nueve, yo, el Doctor Don Joseph Nicolás Barrales, cura y vicario de esta ciudad de Montevideo, bauticé solemnemente a Manuel, hijo de padres no conocidos, nacido en el mar en la embarcación llamada San Martín, que arribó a este puerto. Fue su padrino Pedro de Lea, a quien advertí su parentesco espiritual y obligaciones. Lo firmé.
Dr. Joseph Nicolás Barrales”.

“En el mismo día, mes y año, bauticé a Juana, hija también de padres no conocidos, nacida en la embarcación San Martín durante la navegación desde Tenerife. Fue su padrino Pedro de Lea, a quien advertí como en la anterior.
Dr. Joseph Nicolás Barrales”.

En ambas actas no se menciona a las madres, lo que era común en casos de hijos expósitos o de situaciones irregulares, pero sí se destaca que los nacimientos ocurrieron a bordo.

Aunque su nombre no figure en las partidas bautismales, el contexto histórico, la comparación de los registros y la singularidad de su oficio permiten sostener, con alta probabilidad, que Andrea fue la primera partera en ejercer su labor en Montevideo, incluso antes de que el grupo de familias canarias arribara a la ciudad.

Andrea y María, unidas por la adversidad: una travesía que unió destinos

Este capítulo desarrolla uno de los ejes centrales del análisis contrafáctico: la hipótesis de que Andrea Morales pudo haber estado presente (y/o asistiendo) en el nacimiento de José Gervasio Artigas.

Para sustentar esta conjetura, se toma como punto de partida la estrecha relación que debió haberse forjado entre Andrea y María Rodríguez Camejo, abuela materna de Artigas, desde el viaje conjunto que emprendieron desde Tenerife hasta Montevideo en 1729.

Durante aquella travesía, y en los años posteriores, ambas mujeres construyeron un vínculo de amistad y solidaridad que trascendió el mero compañerismo. La prueba más elocuente de esa cercanía fue el madrinazgo de Andrea en el bautismo de Francisca, hija de María, lo que revela una relación basada en la confianza y el afecto mutuo.

En las páginas siguientes se reconstruirá el trayecto compartido, las condiciones extremas que enfrentaron y los factores que pudieron consolidar una relación de cooperación y apoyo vital. Comprender cómo se forjó ese lazo permitirá valorar con mayor fundamento la posibilidad de que Andrea Morales haya estado presente en momentos decisivos de la vida familiar de María Rodríguez Camejo, incluido el posible parto materno que vincula su oficio con el linaje de Artigas.

Sabemos que María Rodríguez Camejo (madre de Francisca Antonia, futura madre de Artigas) y Andrea Morales emprendieron juntas el viaje desde Tenerife hasta Montevideo a bordo del San Martín, integradas al segundo contingente de familias canarias que arribaron en 1729. Durante la travesía, ambas mujeres estaban embarazadas y compartieron semanas de privaciones, tanto en alta mar como en tierra, mientras aguardaban en Montevideo la asignación de tierras y vivienda. Todo indica que entre ellas se forjó un lazo de confianza y apoyo mutuo, nacido de las adversidades que debieron afrontar.

El investigador Apolant [4] reproduce una carta del padre jesuita Cayetano Cattaneo, quien retrata con crudeza las condiciones del viaje. Sus descripciones permiten imaginar la fortaleza que debieron tener Andrea y María. Esa fortaleza, se puede inferir, no solo les permitió resistir la travesía, sino que a Andrea, además, le dio la templanza necesaria para desempeñarse como partera en los primeros años del poblamiento de Montevideo.

El trayecto se inició en Santa Cruz de Tenerife. La expedición reunió familias, soldados, clérigos y otros pasajeros, distribuidos en tres navíos: el San Francisco, el San Bruno y el San Martín. Según Apolant [4], citando a Azarola Gil, tras el aprovisionamiento se efectuó la partida el 31 de enero de 1729 rumbo a Montevideo. El San Martín arribó el 27 de marzo de 1729, casi dos meses después.

Al depender enteramente de los vientos, el viaje era imprevisible como refiere el padre Cattaneo [4]:

“... siguiendo el viento favorable… pasamos en pocos días el trópico de Cáncer… una primavera templada… hasta 8 o 10 grados del ecuador, donde comenzó a afligirnos el calor...”

Y más adelante:

“... obtuvimos la gracia de no caer en ninguna de esas tremendas calmas de 20, 30 y 40 días… los rayos caen ardientísimos… la nave permanece inmóvil… se corrompen el agua y las provisiones… enfermedades extrañas…”.

También describe:

“... la estrechez de habitaciones y lechos era extrema. Éramos 35 personas hacinadas… el mayor tormento era la sed… el agua distribuida diariamente era tan escasa… algunos llegaban a vender una camisa a cambio de varios vasos… otros ofrecían un par de medias por un solo vaso.”

Sobre los víveres:

“Ojalá hubiera sucedido lo mismo con el bizcocho, del cual era raro el pedazo que no contuviese gusanos. … estos saltaban sobre la mesa… causaban náuseas y repugnancia.”

Y, finalmente:

“Pero lo más penoso era la multitud indescriptible de pulgas, chinches y, sobre todo, piojos. … No había espacio para revisar o limpiar la ropa… Las noches… eran un verdadero martirio.”

Estas condiciones (el calor insoportable, el hacinamiento, la escasez de agua y alimentos, la presencia constante de insectos) muestran la dureza del viaje y la vulnerabilidad de los pasajeros. En tal entorno, la ayuda mutua no era un gesto ocasional, sino una estrategia de supervivencia.

Se puede suponer que esa solidaridad femenina, nacida entre la desesperanza y la resistencia compartida, no se disolvió al llegar a Montevideo. Años más tarde, Andrea sería madrina de bautismo de Francisca, hija del segundo matrimonio de María, hecho que confirma la persistencia de un lazo de confianza y afecto nacido en las penurias del viaje y mantenido en la nueva tierra.

Asentamiento, oficio y trayectoria de Andrea en Montevideo

La llegada marcó el comienzo de otro trayecto: el del asentamiento, la sobrevivencia y la integración a una comunidad ya establecida, aunque todavía incipiente en su desarrollo.

El padre Cattaneo [4] describía así la precariedad de los primeros asentamientos:

“... al presente no se cuentan más de 3 o 4 casas de ladrillo de un solo piso y otras 50 o 60 cabañas, formadas de cuero de buey, donde habitan las familias venidas últimamente hasta que se fabriquen bastantes para alojarlas”.

En 1733, Azarola Gil [2] transcribe una escritura hipotecaria donde describe una casa tipo:

“Una sala y esquina fabricada de piedra y techada con paja, con dieciocho varas de edificio (15,46 metros), toda nueva; otro cuarto edificado de adobe y techado de paja, con nueve varas (7,52 metros); más otra cocina con su despensa y horno, edificada de adobe en diez varas (8,35 metros), techo de paja y cercado su patio de piedra, con puerta y llave…”.

Las descripciones de Cattaneo y Azarola Gil [2, 4] reflejan el duro escenario que encontró Andrea al llegar: un poblado reducido, con viviendas de cuero, adobe o paja, y una vida marcada por la escasez y la incomodidad. En esas condiciones precarias, debió adaptarse y abrirse camino en una comunidad que apenas comenzaba a consolidarse.

Andrea recibió un terreno concedido por las autoridades, y su primera vivienda fue un rancho modesto de adobe, piedra y techo de paja en la esquina de las actuales calles Buenos Aires y Treinta y Tres (entonces denominadas San Sebastián y San Joaquín) con orientación noreste.

Con sus tres hijos se asentó en Montevideo y nació Antonio, bautizado en octubre de aquel año bajo fórmula de “padres desconocidos” (fórmula común en casos de viudez). Este niño, con seis días de edad, fue bautizado como Antonio, el 19 de octubre de 1729, en la Iglesia Matriz de la ciudad, según consta en el archivo catedralicio [5].

El acta de defunción posterior confirma que Andrea era la madre, lo cual revela la condición social compleja de su llegada.

“En esta Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de esta nueva ciudad de San Phelipe de Montevideo en doce de noviembre de mil setecientos veinte y nueve … Fray Marcos Luis de Toledo, cura de esta Parroquia, enterré a Antonio, angelito, hijo de no padres conocidos. Su madre Andrea de Morales de que de ello doy fe. Fray Marcos Luis de Toledo” [6].

Su historia no solo revela una dimensión profundamente humana del proceso migratorio, sino también la fortaleza de tantas mujeres que, como ella, entregaron cuerpo y alma en la fundación de nuevas sociedades.

Durante las décadas siguientes, Andrea contrajo segundas nupcias (1730) con Juan Mateo de Ceballos y tuvo cuatro hijos más. Una de sus hijas, Juana Ceballos Morales, sería abuela de Carmelo Colman, uno de los Treinta y Tres Orientales (grupo de patriotas que lucharon por la independencia uruguaya en 1825, rebelándose contra el dominio brasileño).

Tras enviudar nuevamente, en un expediente judicial de julio de 1763 [7], declaró:

“De 50 años de edad, natural de Santa Cruz de Tenerife, viuda, vive de su oficio de partera”.

Andrea Morales falleció a la edad de 57 años, el 25 de septiembre de 1767, tras 38 años de residencia en Uruguay.

Andrea Morales y el nacimiento de Artigas

El propósito de esta sección es articular el marco familiar, documental, espacial y social que sustenta la hipótesis de que Andrea Morales pudo haber participado, directa o indirectamente, en el nacimiento de José Gervasio Artigas (19 de junio de 1764), ocurrido en la casa de su abuela materna, María Rodríguez Camejo.

Con ese objetivo, esta parte desarrolla los siguientes aspectos: en primer lugar, se examina la ascendencia materna de Artigas y se analiza el acta bautismal de Francisca Antonia, donde figura una “Cathalina Morales” como madrina; en segundo término, se presta especial atención al uso del apellido materno; en tercer lugar, se describe el espacio físico de la casa natal en Montevideo para contextualizar el ambiente doméstico en que pudo producirse el parto; y finalmente, se revisa la partida bautismal de Artigas y el entorno familiar y social inmediato, con atención al posible papel de Andrea Morales.

Cada capítulo busca enlazar los vínculos familiares, el entorno y las prácticas sociales con la posibilidad histórica de la presencia de Andrea en el momento del alumbramiento.

Los abuelos maternos de Artigas fueron Felipe Santiago Pasqual Arnal (originario de Aragón, nacido en 1717) y María Rodríguez Camejo, oriunda de La Laguna, Tenerife. María arribó a Montevideo el 27 de marzo de 1729 a bordo del San Martín, formando parte del segundo contingente de colonos canarios. Viajaba con su primer esposo, Francisco Luis, y sus tres hijos: Francisco, María y Josefa de la Encarnación. En la nueva tierra nacieron dos hijos más: Leonor y José Antonio. Tras la muerte de Francisco Luis, el 4 de agosto de 1741, María contrajo nuevo matrimonio con Felipe Pasqual Arnal el 28 de agosto de ese mismo año, y de esa unión nació su hija única, Francisca Antonia, el 18 de febrero de 1743, como reza su partida bautismal conservada en la Iglesia Matriz [8]:

“El día diez y nueve de febrero de mil setecientos cuarenta y tres bauticé puse óleo y crisma a Francisca Antonia, hija legítima de Phelipe Pasqual y de María Rodríguez de un día de edad. Fueron sus padrinos Francisco Castellano y Cathalina Morales. Firma: Dr. Barrales”.

Este dato introduce una cuestión fundamental para esta investigación: el nombre Cathalina Morales como madrina. No hemos encontrado registro confiable de otra mujer con ese nombre en los padrones de pobladores ni en los archivos parroquiales, salvo la figura de Andrea Morales. En vista de ello, es plausible que Cathalina Morales sea una variante errónea, una corrupción de escritura, o una forma incorrecta registrada por el amanuense, y que en realidad se trate de Andrea Morales actuando como madrina. Esa posibilidad refuerza la hipótesis de un lazo especial entre María y Andrea.

Tras una exhaustiva revisión de los registros reunidos por Apolant en Génesis de las familias uruguayas y Padrones olvidados de Montevideo del siglo XVIII, no se halló mención alguna a una mujer llamada Cathalina Morales, lo que refuerza la hipótesis del error de transcripción.

Apolant [9], en uno de sus trabajos, analiza las prácticas documentales del siglo XVIII: muchas partidas bautismales se consignaban primero en borradores o cuadernos provisionales y luego se transcribían a los libros parroquiales en fechas posteriores. Ese procedimiento introducía un margen de error en nombres, fechas o identidades. Bajo ese prisma, el error “Cathalina Morales” adquiere plausible explicación como una variación de transcripción por parte del sacerdote que asentó la partida.

Es importante destacar que, dentro de la sociedad colonial, el rol de madrina no era meramente decorativo: implicaba responsabilidades litúrgicas, afectivas y sociales. Ser madrina conlleva compromiso ritual, espiritual y comunitario, y las familias escogían personas de reputada confianza y cercanía para ese encargo. Por esa razón, que Andrea Morales figure (con un nombre deformado) en esa posición conlleva un valor simbólico significativo para la cercanía entre ambas mujeres.

De acuerdo con la doctrina católica, según el Concilio de Trento y el derecho canónico vigente, en situaciones de urgencia incluso la partera podía administrar el bautismo con plena validez. Esa normativa reconocía un lazo espiritual perdurable, otorgando legitimidad al padrinazgo, aun en circunstancias extraordinarias. En comunidades como la de Montevideo, relativamente pequeña, en proceso de formación y sin una estructura de atención obstétrica establecida, las parteras asumían un rol central no solo sanitario, sino también espiritual.

Por consiguiente, el hecho de que Andrea Morales figure como madrina y, al mismo tiempo, sea la única partera identificada en Montevideo durante ese periodo, refuerza la hipótesis de que pudo haber asistido el parto de esa criatura.

Esta coincidencia difícilmente puede considerarse fortuita: constituye un indicio histórico de notable valor interpretativo, especialmente cuando se conjuga con otros factores, como su proximidad vecinal con la familia de María, el origen compartido en Tenerife y la confianza implícita que esa relación materna alternativa sugiere.

En relación con María, el investigador [4] plantea que también podría haber estado embarazada, presuntamente de su hija Leonor, aunque no existen registros directos del nacimiento de esta niña y las fuentes difieren respecto a su lugar de origen. Esta falta de certezas, lejos de debilitar la hipótesis, ayuda a dimensionar la complejidad de las circunstancias del viaje.

Aunque no pueda afirmarse con seguridad que María viajara embarazada, las condiciones de la travesía (dos meses de navegación en un espacio reducido y compartido por pocas familias) hacen verosímil que ambas mujeres establecieran una relación de cercanía. La espera previa al embarque en Santa Cruz de Tenerife, junto con la necesidad de cooperación entre mujeres en situación de vulnerabilidad (una viuda y partera, la otra madre joven, posiblemente en estado de gravidez), refuerza la idea de una solidaridad nacida de la experiencia compartida.

Si bien no existen pruebas documentales directas de ese vínculo personal, más allá del madrinazgo de la hija Francisca, la coincidencia de sus trayectorias vitales sugiere una relación de apoyo mutuo durante la travesía y en el proceso de asentamiento en Montevideo.

Los padres de Artigas fueron Martín José Artigas Carrasco, nacido en Montevideo en 1733, y Francisca Antonia Pasqual (Rodríguez), nacida en 1743 también en Montevideo. Ambos eran criollos de la jurisdicción del Río de la Plata, casados en 1757 y tuvieron seis hijos, José Gervasio (1764), sería el tercero de estos. El escenario de su nacimiento fue la casa de sus abuelos maternos, ubicada en la esquina de las actuales calles Cerrito (en la época De la Fuente, en 1778 San Luis) y Colón (en 1778 San Benito). Esa vivienda, aunque modesta, tenía características funcionales que permiten imaginar el entorno doméstico en que pudo producirse el parto.

Hacia 1762 se edificó una segunda vivienda en el fondo del mismo terreno, destinada al matrimonio de Martín José Artigas y Francisca Antonia Rodríguez, lo que permitió que convivieran en la misma propiedad, aunque en espacios diferenciados.

En la partida de bautismo de Artigas, se lee [10]:

“Día 19 de junio de 1764, nació José Gervasio, hijo legítimo de D. Martín José Artigas y de Doña Francisca Antonia Arnal, vecinos de esta ciudad de Montevideo; y yo el Dr. Pedro García lo bauticé en la iglesia parroquial de dicha ciudad el 21 del expresado mes y año. Fue su padrino D. Nicolás Zamora. Firma: Dr. Pedro García”.

El día de nacimiento coincide con la festividad católica de San Gervasio, lo que explicaría la elección de su segundo nombre, como era costumbre en las familias católicas de la época.

Cabe aclarar que, en ese momento, la Iglesia Matriz era una construcción modesta de ladrillo colonial. La piedra fundamental de la actual Catedral Metropolitana se colocaría recién en el año 1790, por lo que el templo en el que fue bautizado Artigas era mucho más rudimentario en comparación con el edificio que hoy se conoce.

Para esta investigación resulta relevante señalar que Martín José, el padre de Artigas, no poseía propiedades urbanas y pasaba largos periodos fuera de Montevideo dedicado a las tareas rurales en las estancias. Durante esas ausencias, su esposa e hijos permanecían en la ciudad.

Por esa razón, es verosímil que la vivienda del matrimonio se levantara en el terreno perteneciente a Felipe Pasqual Arnal y María Rodríguez Camejo, quienes poseían una finca en la esquina de Cerrito y Colón. Esta circunstancia explicaría también que Francisca Antonia diera a luz allí, en la casa de su madre.

En este contexto histórico y familiar resulta relevante destacar la presencia de personas esclavizadas en los hogares de la época, destinadas tanto a las tareas domésticas como a los trabajos de campo.

En el acta matrimonial de 1756, se registra la unión de Antonio y Phelipa, ambos identificados como esclavos propiedad de Felipe Pasqual Arnal [11]. Los indicios permiten suponer que Phelipa desempeñaba labores domésticas dentro de la casa familiar. En el mundo colonial era común que mujeres esclavizadas con experiencia en partos actuaran como ayudantes o comadronas, colaborando en los alumbramientos.

Por ello, en el entorno inmediato de la vivienda de los abuelos maternos de Artigas existía una posibilidad concreta de que Phelipa hubiera participado en el parto, junto a Andrea Morales y/o otras mujeres del círculo familiar.

No obstante, entre las figuras femeninas que pudieron asistir al parto (la madre, la esclava o las mujeres del entorno doméstico) destaca la hipótesis de la participación de Andrea Morales, no solo por el vínculo personal ya analizado (el madrinazgo de Francisca) y la proximidad relacional y simbólica entre ambas mujeres, sino también por su condición de partera experimentada, reconocida en el medio local.

Esta confluencia de factores (personales, profesionales y sociales) otorga mayor consistencia a la posibilidad de que Andrea haya intervenido en el nacimiento de Artigas, en coherencia con los elementos familiares y espaciales desarrollados en los capítulos precedentes.

La herencia canaria de la partería en el Río de la Plata colonial

La figura de la partera tradicional constituye un pilar fundamental en la historia de la atención obstétrica en contextos donde la medicina formal era escasa o inaccesible. Durante los siglos XVII y XVIII, tanto en las Islas Canarias como en los territorios coloniales del Río de la Plata, el saber empírico femenino, transmitido de mujer a muje, fue la base de la asistencia al parto.

Esta parte examina, en primer lugar, cómo se formaban las parteras en Canarias bajo esa tradición empírica; en segundo término, cómo ese legado de saberes femeninos encontró su continuidad en el Río de la Plata, en nuestro caso, en Montevideo; y, finalmente, cómo ese marco permite situar a Andrea Morales como una partera tradicional plausible en dicho contexto, reforzando la hipótesis de su posible intervención en el nacimiento de Artigas.

Así, el itinerario de la partería desde Canarias hasta el Río de la Plata permite comprender la raíz cultural del oficio que Andrea Morales representó en la naciente Montevideo.

La práctica de la partería en las Islas Canarias hacia finales del siglo XVII, como en toda España, se sostenía en conocimientos transmitidos directamente entre mujeres, sin educación formal:

“La formación de las parteras en las Islas Canarias … era eminentemente práctica y se transmitía de manera informal, sin una estructura educativa formalizada … las aspirantes aprendían el oficio principalmente a través de la experiencia directa, trabajando junto a parteras experimentadas o en el entorno doméstico” [12].

Aunque existían manuales europeos de obstetricia, su circulación era muy limitada entre las mujeres en Canarias por razones de alfabetización y de acceso a los textos. De hecho, a las parteras, que desde al menos el siglo XIII en España habían sufrido numerosas regulaciones para su ejercicio, no se les empieza a impartir y exigir instrucción formal hasta 1787 a través de los Colegios de Cirugía, empezando por el de Madrid [13].

Estas redes femeninas (madres, cuñadas, comadres, vecinas) funcionaban como verdaderas escuelas vivas del oficio obstétrico. En ellas se combinaban la práctica, el consejo oral, la observación directa y la confianza comunitaria. Según Martínez Rojo [12], el perfil social usual de una partera incluía mujeres maduras, a menudo viudas o con hijos propios. Por su parte, Teresa Ortiz Gómez sostiene que hasta el siglo XVIII la partería “no regulada” era una práctica ancestral: “Las matronas aprendían muchas veces con otras mujeres de su familia, de manera informal…” [14].

Este contexto canario establece, por tanto, el fundamento de una cultura obstétrica no institucional que, al emigrar al Nuevo Mundo, permitió que las parteras sin credenciales formales continuaran ejerciendo su oficio y mantuvieran viva una tradición femenina esencial.

Parteras en Montevideo colonial: precariedad, necesidad y oficio empírico

Cuando la Corona española envió colonos a América, aquellas mujeres trajeron consigo no solo sus costumbres y valores, sino también un valioso acervo de conocimientos obstétricos domésticos. En el Río de la Plata, la situación de los primeros pobladores era de extrema precariedad: no había médicos al servicio de la población civil, pues su atención estaba reservada exclusivamente al ámbito militar, los materiales eran escasos, los hogares estaban dispersos y las condiciones sanitarias resultaban muy frágiles. En ese contexto, las parteras tradicionales desempeñaron un papel esencial e insustituible.

“Durante siglos, las mujeres fueron médicas sin título; excluidas de los libros y la ciencia oficial, aprendían unas de otras y se transmitían sus experiencias entre vecinas o de madre a hija. La gente del pueblo las llamaba ‘mujeres sabias’, aunque para las autoridades eran brujas o charlatanas. La medicina forma parte de nuestra herencia de mujeres, pertenece a nuestra historia, es nuestro legado ancestral” [15].

En las villas coloniales, como Montevideo, los nacimientos se desarrollaban en el ámbito doméstico [16]:

“Se nacía en el lecho de la madre, asistida por una partera y ante la expectativa de los familiares. La madre embarazada no tenía el recurso de un médico ni de una literatura que la instruyera. La comprensión de su estado y de los cuidados que debía tener le eran dados por las mujeres mayores”.

En estos contextos, el oficio de la partera era vital. No contaban con instrumentos avanzados ni respaldo institucional: utilizaban aceites, plantas medicinales, masajes y técnicas manuales aprendidas por experiencia, además de la confianza social necesaria para acceder al ámbito íntimo del parto.

Este modelo tradicional se ha documentado también en otros territorios latinoamericanos. El concepto de partería tradicional describe a aquellas mujeres sin formación científica formal que brindaban atención materna basada en saberes ancestrales: las parteras ocupaban posiciones de suma importancia social, actuaban en múltiples papeles (asesoras, sanadoras comunitarias, cuidadoras de recién nacidos) y, en ocasiones, debían negociar su legitimidad frente a las autoridades [17].

Ese escenario latinoamericano comparte rasgos con el caso rioplatense: el oficio no reconocido oficialmente, la dependencia del saber empírico y la centralidad local de las mujeres sabias.

Andrea Morales, paradigma de la partería tradicional

En el contexto sanitario y obstétrico en Montevideo colonial del siglo XVIII los recursos eran limitados y no siempre llegaban al ámbito doméstico, aunque el Estado colonial aspiraba a dotar de servicios sanitarios básicos a los pobladores.

Según José Portillo [18], en los primeros años de Montevideo, el ideal sanitario implicaba contar con cirujanos y farmacéuticos, pero en la práctica esos profesionales actuaban en situaciones de urgencia o para el ámbito militar, no para los partos domésticos comunes.

En contraste, los nacimientos se realizaban casi siempre en el hogar, asistidos por mujeres de la comunidad: parteras tradicionales, comadronas o mujeres con experiencia local. No existía un sistema obstétrico formal en ese tiempo, por lo que la atención al parto dependía de saberes empíricos femeninos profundamente arraigados en la comunidad.

Ese escenario abre la posibilidad de que la asistencia al parto del futuro Artigas haya recaído en una mujer ya establecida en Montevideo con oficio reconocido de partera tradicional.

Apolant [4] reunió datos sobre las parteras que figuran identificadas en los registros de Montevideo desde los primeros años del asentamiento y su relevancia para 1764. Entre ellas destacan cinco figuras: Andrea Morales, María Álvarez Herrera y Trujillo, Sebastiana Montenegro (alias “La Cerdeña”), Ana María Huet y Margarita Alvarado. De cada una se han analizado las evidencias que permitan determinar si podían encontrarse en condiciones plausibles de asistir un parto en 1764 o, por el contrario, si deben ser descartadas, estudio que, por cuestión de espacio, no se incluye en este artículo; sin embargo, se concluye de este estudio que todas ellas han sido descartadas por diferentes razones y Andrea Morales es la única viable de acuerdo con cronología, radicación y oficio ejercido, para haber asistido el nacimiento de José Gervasio Artigas.

Dentro de este marco, la figura de Andrea Morales cobra especial relevancia. Cuando los primeros colonos canarios llegaron a Montevideo, en 1729, trajeron consigo no solo familias, sino también saberes prácticos del Viejo Mundo. En un expediente conservado en el Archivo General de la Nación, Andrea declara ser “de oficio partera”, lo que la inscribe formalmente en esa tradición no regulada, pero socialmente valiosa [19].

Aunque no existe un documento que confirme que Andrea asistiera al nacimiento de Artigas en 1764, esa posibilidad gana verosimilitud si se cruzan los datos: su oficio, su vecindad con María Rodríguez Camejo (abuela materna de Artigas), su madrinazgo con Francisca, hija de la anterior y madre de Artigas, su llegada temprana al Río de la Plata y su trayectoria continuada como partera.

Investigadores uruguayos como Pou-Ferrari y Pons [20] afirman que:

“Durante la época colonial ya trabajaban en nuestro territorio parteras europeas. Junto con las primeras corrientes colonizadoras, llegó al territorio nacional una mujer, Andrea de Morales, quien arribó en marzo de 1729 en el navío San Martín, integrando la segunda inmigración canaria, conformada por treinta familias”.

Ese testimonio documental refuerza la presencia temprana de mujeres parteras en el territorio rioplatense. En su estudio describen cómo esas parteras locales operaban con saber empírico, sin reconocimiento formal, pero con una función social fundamental.

Andrea encarna muchas de las cualidades de la partera tradicional: mujer con experiencia, formada en la práctica, respetada localmente y cuya labor resultó trascendental para su comunidad.

El reconocimiento simbólico

En 1991-1992, las autoridades de Montevideo resolvieron designar una calle en su honor, Andrea de Morales, como reconocimiento simbólico a su condición de primera partera de la ciudad.

La Comisión de Nomenclatura de la Intendencia Municipal de Montevideo, mediante la resolución Nº 7.365 del 16 de diciembre de 1991, lo propuso y la Junta Departamental de Montevideo, mediante el Decreto Nº 25.297 del 9 de junio de 1992, estableció oficialmente dichas denominaciones. En su artículo 5º se designa con el nombre de Andrea de Morales a la calle anteriormente identificada como calle B, ubicada en el barrio Piedras Blancas.

Esa designación no fue un simple trámite administrativo: significó el reconocimiento institucional de una mujer cuya labor, casi tres siglos después, se incorpora al patrimonio histórico y simbólico de Montevideo. Con ello, su nombre quedó inscrito en el espacio público como testimonio perdurable de la primera partera de la ciudad y de su lugar en el relato fundacional.

Discusión

Consideraciones finales: de la hipótesis a la plausibilidad

Integración de los hallazgos previos

Tras haber explorado la genealogía materna, las relaciones vivenciales del viaje, la formación de la partería y la evaluación de candidatas, esta sección reúne esas evidencias en un cierre argumentativo. Su propósito no es únicamente recapitular, sino integrar los hallazgos anteriores en una conclusión interpretativa que permita valorar la plausibilidad histórica de la hipótesis planteada: la posible intervención de Andrea Morales García en el nacimiento de José Gervasio Artigas.

Aquí se sintetizan los apoyos más sólidos que sostienen dicha posibilidad, al tiempo que se reconocen los límites metodológicos propios de una reconstrucción fundada en inferencias, descartes y vínculos sociales documentados.

Síntesis de fundamentos: jerarquía de evidencias

Los argumentos más relevantes se presentan a continuación, organizados según su grado de solidez documental y su valor interpretativo. Esta jerarquía de evidencias permite evaluar el conjunto desde los datos verificables hacia las inferencias relacionales y contextuales que refuerzan la plausibilidad del caso.

Evidencias documentales y reconocimiento profesional

a) Ausencia de otras parteras en Montevideo en 1764
Ninguna de las demás mujeres identificadas (María Álvarez, Sebastiana Cerdeña, Ana María Huet o Margarita Alvarado) reúne simultáneamente las condiciones de cronología, residencia y actividad correspondientes a ese año en la ciudad. Esta exclusión sistemática refuerza la probabilidad de que Andrea Morales fuera la única partera activa en Montevideo en ese momento.

b) Reconocimiento histórico de Andrea como partera de Montevideo
El hecho de que una calle lleve su nombre y que su oficio figure en documentos históricos otorga a Andrea una presencia simbólica y social destacada. Este reconocimiento, tanto institucional como en la memoria urbana, la consolida como referente obstétrico en el Montevideo colonial.

Vínculos biográficos y redes de confianza

a) Travesía compartida y lazos de solidaridad femenina
Haber viajado juntas desde Canarias en condiciones extremas sugiere la formación de una relación de apoyo mutuo, que pudo cimentar la confianza necesaria para asistir al parto de la hija de María.

b) Madrinazgo de Francisca Antonia
El hecho de que Andrea fuera madrina de bautismo de la madre de Artigas constituye un testimonio simbólico de cercanía espiritual y social, propio de vínculos estrechos dentro de comunidades pequeñas.

c) Proximidad geográfica en el Montevideo inicial
La condición de vecinas, en una ciudad aún reducida y de límites imprecisos, hacía altamente probable que Andrea fuera convocada en caso de parto dentro del entorno familiar, de acuerdo con las costumbres de la época.

Antecedentes comunes e indicios contextuales

a) Origen compartido en Tenerife
Que ambas mujeres fueran naturales de la misma ciudad isleña refuerza la hipótesis de un lazo previo de identidad y pertenencia, posiblemente anterior incluso al viaje hacia América.

b) Coincidencia de embarazos durante la travesía
El hecho de que ambas viajaran embarazadas incrementa la plausibilidad de que Andrea ejerciera su oficio durante el trayecto, participando en los nacimientos ocurridos a bordo y consolidando desde entonces su práctica como partera en el nuevo asentamiento.

Conclusiones

Ante este conjunto jerarquizado de evidencias se puede afirmar lo siguiente:

  • Los demás nombres de parteras documentados quedan descartados por razones cronológicas, geográficas o de evidencia insuficiente.
  • Andrea Morales es la única mujer capaz de cumplir todos los criterios: residencia en Montevideo en 1764, oficio obstétrico reconocido, relaciones sociales previas con la abuela materna, madrinazgo de la madre de Artigas, vecindad y proximidad suficiente para asistir al momento del parto.
  • En virtud de los protocolos de parto doméstico de la época, de la ausencia de médicos especializados para nacimientos íntimos y del papel que las “mujeres sabias” cumplían, resulta altamente plausible que Andrea estuviera presente, ya sea asistiendo directamente a Francisca Arnal o colaborando con la esclava Phelipa o con la mujer que realizó el parto.
  • Cabe notar, sin embargo, que no poseemos un acta contemporánea que nombre explícitamente a la partera presente. Esta reconstrucción se basa en inferencias documentales, descartes sistemáticos y redes personales. La conclusión debe entenderse, por tanto, como una propuesta con alta plausibilidad histórica, no como una afirmación de certeza absoluta.
  • A partir de la evidencia reunida, el nacimiento de Artigas se propone como una recreación narrativa de alta verosimilitud que sitúa al lector en la vida cotidiana de aquel día 19 de junio de 1764, cuando Andrea Morales pudo haber estado presente en el nacimiento de José Gervasio Artigas:

"... la amiga, vecina y reconocida partera, Andrea Morales, cruza la puerta de la casa situada en la esquina de la calle De la Fuente (hoy Cerrito) y San Benito (actual Colón), sabe lo que debe hacer. La experiencia acumulada en numerosos partos la guía con seguridad. Actúa con precisión y serenidad, consciente de cada paso en el proceso del parto.

El llanto del recién nacido confirma que todo ha salido bien, y la partera realiza las tareas habituales: limpia al niño, corta el cordón, lo envuelve y lo entrega a la madre."

Su gesto tranquilo basta para comunicar que el alumbramiento ha concluido con éxito.

En esa escena íntima, compartida entre Francisca, María y Phelipa, se concentra un saber transmitido de generación en generación.

No es una recreación arbitraria; esta imagen se apoya en la coherencia documental, cronológica y relacional que el estudio ha expuesto. De allí surge la convicción de que Andrea Morales García, primera partera de Montevideo, estuvo probablemente presente en aquel nacimiento, uniendo su historia personal a la de quien llegaba al mundo para ocupar un lugar central en la vida del país.

Así, más allá de la falta de testimonio directo, los indicios y las coherencias permiten situarla como figura significativa en aquel acontecimiento fundacional.

Su presencia (silenciosa, sin registro, pero esencial) enlaza la historia de una mujer con los comienzos de una nación.

Agradecimientos

Deseo expresar mi profundo agradecimiento a mi estimado y apreciado profesor Enrique Yarza, por su orientación generosa y su permanente estímulo intelectual; al profesor José Antonio González Marrero, de la Universidad de La Laguna (Tenerife), por su valiosa colaboración y aportes al contexto histórico de esta investigación; al Padre Ángel Luis Pérez González, Vicario Episcopal de Tenerife, por su amable disposición y su apoyo institucional para la consulta de fuentes y documentos vinculados a esta obra; a Rosa María Plata Quintanilla, presidenta de la Asociación Española de Matronas, por su interés, apoyo y sensibilidad hacia el valor histórico de las primeras parteras en el ámbito hispano; y a Esperanza Anaya Reina, responsable del Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda, por la invalorable información aportada sobre los antepasados de Andrea Morales García y sus vínculos familiares en dicha ciudad.

NOTA: este artículo forma parte de un extenso trabajo con importante anexo documental que, por razones de espacio, el autor ha resumido para esta revista en primicia, centrándose en la figura de Andrea Morales como partera y su importante legado a la partería colonial de Uruguay, dada la temática de esta edición.

Para acceder al trabajo completo titulado originalmente Andrea Morales, partera de Artigas pinche en el siguiente enlace.

Conflicto de intereses

Ninguno.

Financiación

Ninguna.

Bibliografía

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  8. Archivo Eclesiástico de la Arquidiócesis de Montevideo. Parroquia de la Inmaculada Concepción y San Felipe y Santiago de Montevideo, Iglesia Matriz. Partida bautismal de Francisca Antonia Rodríguez, Libro Primero de Bautismos, folio 37v/38.
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