Día Mundial del Corazón: escuchar al corazón antes de que llegue el avisoMartes, 29 de septiembre de 2026 por Silvia López Criado El 29 de septiembre se celebra el Día Mundial del Corazón, una jornada que pone el foco en unas enfermedades que continúan siendo una de las principales causas de muerte en el mundo. La prevención, los hábitos de vida saludables y el conocimiento de los factores de riesgo son claves para reducir su impacto. Cuidar la salud cardiovascular va más allá de comer bien y hacer ejercicio: el descanso, el estrés, el tabaco, el alcohol y el seguimiento de enfermedades como la diabetes también desempeñan un papel fundamental. Dos profesionales de enfermería cardiovascular, César Valls Esteban y Carmen Blesa Ballesta, explican cómo prevenir, detectar y acompañar al paciente cardiovascular. 29 de septiembre, Día Mundial del Corazón Día Mundial del Corazón, prevenir antes de que el corazón avise La enfermedad cardiovascular no suele aparecer de un día para otro. Se desarrolla, en muchos casos, de manera silenciosa durante años, mientras determinados factores de riesgo van dañando progresivamente el organismo. Por eso, el Día Mundial del Corazón representa también una oportunidad para insistir en que la prevención comienza mucho antes de que aparezcan los síntomas. Para César Valls Esteban, enfermero de la unidad de semicríticos del Hospital Ramón y Cajal (Madrid), la importancia de esta jornada reside precisamente en que “la enfermedad cardiovascular continúa siendo una de las principales causas de muerte en el mundo” y en que “la mayor parte de estas patologías son prevenibles”. Este profesional, que ha desarrollado parte de su trayectoria en unidades de cuidados intensivos y consultas de cardiología, considera que el mensaje preventivo no debería limitarse a dos recomendaciones habituales: alimentación y ejercicio. “No me enfocaría solo en dieta y ejercicio”, señala. También hay que prestar atención al estrés, la falta de sueño y al consumo de alcohol y tabaco, hábitos que, pese a la información disponible sobre sus riesgos, continúan estando normalizados socialmente. La enfermera Carmen Blesa Ballesta, experta en consultas externas de cardiología y en la Unidad de Rehabilitación Cardiaca del Hospital del Vinalopó (Alicante), pone el acento en otro elemento que considera determinante, la salud emocional. “Solemos centrarnos mucho en el plato y en el gimnasio, pero nos olvidamos de la mochila emocional que arrastramos”, explica. César Valls Esteban, enfermero de la unidad de semicríticos del Hospital Ramón y Cajal Conocer los propios riesgos Para Blesa, el estrés crónico, la falta de descanso y la presión cotidiana también deben formar parte de la conversación sobre prevención cardiovascular. “Cuidar el corazón también es aprender a bajar el ritmo, cuidar nuestra paz mental y sanar por dentro”, afirma. Saber que el colesterol, la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo o el sedentarismo son factores de riesgo no siempre significa comprender qué implican en la vida cotidiana. Ese es, precisamente, una de las áreas en las que la enfermera/o puede desempeñar un papel esencial. Valls considera que la población dispone actualmente de más información gracias, entre otros factores, a las redes sociales y a las herramientas de inteligencia artificial. Sin embargo, advierte de que ese conocimiento suele ser “general y básico”. En este contexto, defiende la labor de enfermería como un puente entre la información médica y las decisiones cotidianas. “La enfermería podría aparecer y ser considerada un pilar fundamental para la educación para la salud, traduciendo datos más técnicos en hábitos reales y en información más sencilla de transmitir”, sostiene. Desde la Unidad de Rehabilitación Cardiaca, Blesa describe ese proceso de una manera especialmente cercana. El objetivo, explica, no es simplemente transmitir órdenes al paciente, sino ayudarle a comprender su situación y asumir un papel activo en su cuidado. Hoy en día, Blesa desempeña su labor en el gimnasio de rehabilitación, el control de FRCV y la educación para la salud en prevención secundaria de pacientes coronarios, prehabilitación y posoperaciones de cirugías cardiacas. “Nos sentamos con ellos para que aprendan a interpretar sus factores de riesgo y sus analíticas, y para que entiendan con claridad por qué y para qué toman cada pastilla”, relata. En su trabajo también entra la prehabilitación, con la preparación física y educativa de pacientes antes de determinadas cirugías cardiacas. Prevención de síntomas: cuando el corazón no duele Uno de los principales retos de la salud cardiovascular es reconocer los síntomas a tiempo La forma en que se manifiesta una enfermedad cardiaca puede variar en función de la persona, su edad, sus enfermedades previas e incluso su sexo. En el caso de la cardiopatía isquémica, Valls explica que las mujeres pueden presentar con mayor frecuencia síntomas menos específicos que el clásico dolor opresivo en el pecho. Fatiga, dificultad para respirar, náuseas o dolor de espalda pueden formar parte de la presentación clínica. Por eso, considera fundamental que la población conozca que “un infarto no siempre cursa con dolor en el pecho habitual”. Identificar esa realidad puede contribuir a evitar retrasos en la búsqueda de atención sanitaria. Blesa incide también en esta diferencia y reclama prestar especial atención a los síntomas cardiovasculares en las mujeres. “El corazón avisa de otra manera, de forma más sutil y confusa”, explica, antes de enumerar algunos posibles signos: cansancio inusual, falta de aire, náuseas o dolor en la boca del estómago, la espalda o la mandíbula. La profesional advierte de que algunos de estos síntomas pueden confundirse con ansiedad o problemas digestivos. “Hay que escuchar a las mujeres con una sensibilidad especial”, señala. Carmen Blesa Ballesta, experta en consultas externas de cardiología y en la Unidad de Rehabilitación Cardiaca del Hospital del Vinalopó Cuando el dolor desaparece La ausencia de dolor tampoco permite descartar un problema cardiaco. En personas mayores o pacientes con diabetes, determinadas alteraciones pueden hacer que los síntomas sean menos evidentes. “Las neuropatías pueden atenuar los dolores torácicos”, explica Valls al referirse a los llamados infartos silentes. En pacientes con enfermedades cardiacas previas, añade, una nueva descompensación puede manifestarse de otras formas, como cambios de peso o una mayor intolerancia al esfuerzo. Blesa describe situaciones similares desde su experiencia clínica, por ejemplo, una persona con diabetes puede sufrir un infarto sin experimentar el dolor típico y manifestarlo mediante sudoración fría o dificultad respiratoria. En personas mayores, los signos pueden ser todavía más inespecíficos, como una caída, un mareo o un episodio repentino de confusión. “El cuerpo no siempre grita con dolor; a veces susurra”, resume. Una enfermería cardiovascular más especializada El papel de la enfermería en cardiología también está cambiando, ya que atención no se limita al entorno hospitalario tradicional, sino que se extiende a consultas especializadas, programas de rehabilitación, insuficiencia cardiaca, educación sanitaria y seguimiento a distancia. Valls, coordinador del Máster de Enfermería en Cardiología (DAE Formación), destaca precisamente esta evolución. En España, señala, la enfermería está avanzando hacia una mayor especialización y ya existen profesionales que lideran consultas de insuficiencia cardiaca y rehabilitación cardiaca. Como ejemplo de hacia dónde puede avanzar esta atención, cita la creación en su hospital de un grupo de trabajo destinado al seguimiento a distancia de pacientes en sus domicilios. “Es decir, telemedicina desde un hospital público liderado por enfermeros”, explica. Blesa coincide en que la profesión está adquiriendo mayor autonomía y capacidad de liderazgo. Su experiencia abarca desde el quirófano de arritmias, con procedimientos relacionados con marcapasos y desfibriladores implantables, hasta la rehabilitación cardiaca y la educación sanitaria. “Estamos dejando atrás el papel de la enfermera que solo ejecuta tareas para ser profesionales con una gran autonomía y un liderazgo muy humano”, sostiene. Para ella, el futuro pasa por combinar tecnología y cercanía. “Combinar la mejor tecnología con un cuidado que nunca pierda el calor humano”, resume. Formación, tecnología y empatía La evolución de la enfermería cardiovascular exige también nuevas competencias. Para Valls, la primera es mantener una actitud de aprendizaje continuo en un ámbito en constante evolución. A ello suma conocimientos sobre monitorización avanzada, detección precoz de arritmias y valoración clínica. Blesa añade una dimensión humana que considera imprescindible: la empatía y la escucha activa. “Necesitamos enfermeros técnicos, sí, pero sobre todo intuitivos, compasivos y muy humanos”, afirma. Defiende, además, un mayor reconocimiento formativo de la enfermería cardiovascular y apuesta por que esta especialización tenga un espacio propio dentro de la formación sanitaria especializada. Un corazón que se cuida durante toda la vida Ambos profesionales coinciden en que uno de los errores más frecuentes es pensar que la enfermedad cardiovascular aparece de manera repentina. “Las patologías cardiacas no ocurren de un día para otro, sino que es un proceso insidioso que se alarga durante años”, recuerda Valls. Blesa utiliza una imagen similar: el daño cardiovascular puede desarrollarse de manera silenciosa durante décadas, incluso cuando una persona joven todavía no percibe síntomas. “El daño, esa inflamación silenciosa de los tejidos, se va cocinando a fuego lento durante veinte o treinta años. También se habla poquísimo de la conexión entre la boca y el corazón; una encía enferma o una mala salud dental abre la puerta a bacterias que dañan directamente las válvulas y aumentan el riesgo de infarto. El cuerpo está todo conectado”. La prevención, además, no termina después de un diagnóstico. Para esta enfermera, uno de los grandes desafíos actuales es conseguir que los pacientes mantengan los tratamientos y los cambios de hábitos a largo plazo, especialmente en un contexto marcado por la abundancia de información, y desinformación, en internet. Valls identifica otro reto estructural: garantizar la continuidad asistencial entre hospitales y centros de salud ante una población cada vez más envejecida y con múltiples patologías. Pequeñas decisiones, grandes cuidados El Día Mundial del Corazón sirve como recordatorio de una realidad que los profesionales viven a diario, la salud cardiovascular se construye mucho antes de que aparezca una urgencia. Para Valls, el mensaje puede resumirse en la importancia de incorporar pequeñas decisiones saludables a la rutina. “Cuidar de tu corazón no debe suponer un gran sacrificio, solo tomar pequeñas decisiones saludables cada día. Dedícale el tiempo y el cuidado que se merece”. Blesa anima a no esperar a sufrir un infarto o una cirugía cardiaca para comenzar a prestar atención a la salud. “A mí me gusta mucho una frase que resume a la perfección cómo debemos cuidarnos: somos lo que comemos y lo que nos movemos”. Actividad física, alimentación y control de los factores de riesgo forman parte de ese cuidado cotidiano. “El corazón tiene una capacidad de recuperación asombrosa si le damos las herramientas correctas”, afirma. En definitiva, el mensaje de ambos profesionales converge en una misma idea, la de conocer los factores de riesgo, escuchar las señales del organismo y convertir la prevención en un hábito. Porque, como resume Blesa, “cada pequeño cambio cuenta”. Cardiología, Día Mundial del Corazón, enfermerdad cardiovascular, Enfermería cardiológica, Máster de Enfermería en Cardiología