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Metas de Enfermería

Metas de Enfermería

FEBRERO 2014 N° 1 Volumen 17

Del quirófano de cirugía programada al Servicio de Urgencias

Sección: Relatos

Cómo citar este artículo

Pocino Campayo A. Del quirófano de cirugía programada al Servicio de Urgencias. Metas Enferm feb 2014; 17(1): 76-77

Autores

Angélica Pocino Campayo

Enfermera. Hospital Universitario Germans Trias y Pujol. Badalona.
Máster Oficial en atención al paciente crítico y emergencias.
Postgraduada en Enfermería quirúrgica, anestesia y reanimación.

Contacto:

C/ Josep Vicenç Foix, 6, casa 11. 08339 Vilassar de Dalt (Barcelona).

Email: angelica.pocino@gmail.com

Soy enfermera quirúrgica desde hace años y durante todo este tiempo casi siempre he trabajado en quirófano. Al principio me fascinaba la instrumentación quirúrgica, la coordinación y la organización del quirófano. Más tarde me interesé por la anestesia, de modo que me especialicé también en ese campo y me dediqué casi exclusivamente a ello.

El contacto con los pacientes en el área quirúrgica es muy breve, y durante los minutos previos a la intervención casi siempre hay que ayudarles a controlar la ansiedad y el miedo que sienten ante la cirugía y la anestesia, porque estos son los dos aspectos que más les preocupa. Podríamos decir que, en general, he atendido y he cuidado a pacientes dormidos o sedados, con un contacto directo muy breve y con una comunicación verbal difícil.

Desde hace unos años trabajo en el Servicio de Urgencias de un hospital universitario de tercer nivel. En este tiempo he podido vivir momentos muy duros y difíciles, diagnósticos inesperados, complicaciones que han repercutido seriamente en el estado de salud de las personas, momentos de máximo estrés en la atención de pacientes con infartos agudos de miocardio, ictus, politraumatismos, etc. Pero lo que más me impresiona en medio de todo este caos son las miradas de los pacientes y sus familias buscando información, consuelo, esperanza, comprensión, apoyo, ayuda, compañía…
Las situaciones de desesperación se suman día tras día en los servicios de urgencias. Las historias de cada paciente y las historias que cuentan sus familias son increíblemente crudas. A veces me pregunto cómo la vida puede ser tan despiadada con una persona y llevarla hasta tales límites, cómo las personas pueden resistir situaciones tan crueles. Me refiero a víctimas de violencia de género, a madres
desesperadas por la adicción a sustancias de sus hijos, a esposas fatigadas por el empeño, siempre incansable, de cuidar a su marido con un cáncer en estado terminal, a padres que lloran la muerte de su hijo en un accidente de tráfico. Me refiero, en definitiva, a tantas y tantas situaciones que parece imposible que puedan existir, y muchas de estas se dan en un solo turno de trabajo.

Cuando llego a casa y lo comento, en ocasiones, lloro explicando los casos que más me han conmovido. Me doy permiso para llorar y expresar mis sentimientos del mismo modo que lo hago con los pacientes. Cuando soy consciente de la situación por la que pasan algunos, me parece imposible no disponer de tiempo suficiente para poder dedicarme a ellos, para poder decirles con calma que siento por lo que está pasando, que lamento su dolor. En otras ocasiones me gustaría estar más tiempo a su lado cuando les digo que no me molesta que lloren y que están en todo su derecho de hacerlo. Todavía hay demasiados profesionales a los que les molesta o les incomoda que las personas lloren y expresen su dolor. Otras veces les comento que no sé qué decirles. Los minutos que siguen a esos silencios tienen un gran valor, porque esas palabras tan sinceras hacen que no se sientan engañados, y a partir de ahí se establece una relación de empatía que el paciente agradece y así lo expresa.
Con el paso del tiempo me he dado cuenta que siendo enfermera de quirófano he estado “aislada y protegida” de todas estas historias dramáticas, alejada del dolor y del sufrimiento del paciente y de sus familiares. En quirófano, la relación con el enfermo es muy corta y no existe ninguna relación con la familia. La atención al paciente quirúrgico es muy técnica y más o menos rápida dependiendo de si se trata de una cirugía programada o urgente. Es un momento en el que el enfermo está muy poco comunicativo y es poco receptivo. Estas historias que tanto me impresionan en urgencias pasan desapercibidas en el área quirúrgica. A menudo me pregunto si es positivo para el cuidado del paciente y para los propios profesionales que esas historias pasen de puntillas por el quirófano sin vivirlas como se viven en urgencias.

He formulado esta pregunta a mis compañeros del hospital y ninguno de ellos me ha dado una respuesta clara y meditada. Seguramente porque es una pregunta difícil de contestar o quizás porque no tiene una sola respuesta. En mi opinión, a pesar de esos momentos duros, difíciles y de las lágrimas y el sentimiento de tristeza que me invade en ciertas ocasiones, haber vivido estas experiencias ha sido muy positivo para mí, no solamente en el terreno profesional, en el que he aprendido mucho de los pacientes a los que he atendido, sino también en el terreno personal, creciendo y madurando, dándole importancia y prioridad a lo que realmente la tiene, quedándome con lo que aporta valor añadido a mi vida, a mi profesión y a mi persona.

Estas experiencias me han enriquecido en el trato con los pacientes, en la gestión de conflictos, en el manejo de la información de malas noticias, en la aplicación de la inteligencia emocional, en la gestión de las emociones de los enfermos y sus familias para que puedan expresar con libertad sus sentimientos. He aprendido de sus lágrimas, de sus miedos, de su desesperanza, de su ira, de sus negaciones y hasta de mis propios bloqueos.

Es difícil ver algún aspecto positivo ante una situación dura y cruda, es más fácil estancarse en la pena que genera. Sin embargo, es importante intentar obtener algún valor positivo de una situación negativa. Creo que el esfuerzo que supone realizar un ejercicio semejante es algo que debo a todos estos pacientes, porque ellos me han enseñado mucho más de lo que yo les haya podido dar.

Estoy contenta por pertenecer al Servicio de Urgencias, por tener la oportunidad de aprender cada día, por no marcharme indiferente a casa, por querer volver al día siguiente y por intentar mejorar lo que he hecho el día anterior. Quisiera encontrar más tiempo para atender a la persona, porque para atender a la enfermedad todos encontramos tiempo suficiente.