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Metas de Enfermería

Metas de Enfermería

MARZO 2014 N° 2 Volumen 17

El amor existe

Sección: Relatos

Cómo citar este artículo

González Cordeu A. El amor existe. Metas Enferm mar 2014; 17(2): 77-78

Autores

Alberto González Cordeu

Enfermero

Contacto:

C/ Ezpondoa, 5, 4º B. 31600 Burlada (Navarra).

Email: albertocordeu@gmail.com

Estimado paciente: su dolor, aunque no lo crea es mi dolor, su sufrimiento hace mella en mí, su ira más que amedrentarme me da información de lo que usted desea. Sus amenazas, sus ataques, sus insultos me dan idea de quién es usted. Hace años que adquirí una nueva capacidad, la capacidad de contención, la capacidad del diálogo, la capacidad de retener mi ira. Hace años que adquirí una nueva capacidad la humildad, el respeto, la escucha, la empatía, la crítica constructiva. Sí, una nueva capacidad: la de amar mi trabajo.

Soy enfermero de urgencias en un hospital de Navarra. Hoy no es un día diferente a los demás, trabajo en turno rotatorio y me ha tocado trabajar en turno de noche. Especifico, hoy es sábado noche.

Son las 21:00 horas, acabo de llegar al hospital y todavía sin cambiar voy a la cafetería de personal. Pido un bocadillo vegetal para llevar. Hay que cuidarse, un enfermero debe de estar sano.

21:20 horas. Ya tengo mi bocadillo envuelto en papel de aluminio y todavía tengo tiempo para tomarme un café, que me ayudará a mantenerme despierto durante el transcurso de toda la noche.

21:40 horas. Me dirijo a las taquillas del sótano donde están los vestuarios. Me apresuro a ponerme mi armadura, la armadura de un soldado de la salud. Para quien no lo entienda me refiero al pijama-uniforme gris de enfermero.

21:50 horas. Ya estoy en mi puesto de trabajo. Mis compañeras de tarde me dan el parte de los enfermos que quedan pendientes de ver y de los que están en espera de resultados. Que si un paciente con disnea, que si otro con un dolor abdominal que tras ser visto por cirugía resulta que tiene apendicitis y está esperando para ser operado de urgencia, que si el otro con hipoglucemia, etc., etc.
 
22:00 horas. Llega una ambulancia que trae un paciente con claros síntomas de intoxicación etílica. Es un anciano que, por lo visto, vive solo y se ha caído en casa. Le duele la cadera, quiere que le atiendan, pero le molesta que le pregunten nada. Está muy enfadado. Su ropa mojada con orines, su camisa interior con claros signos de no ser lavada hace tiempo. Todos los sanitarios pensamos que el pobre hombre tiene un problema social, un problema que nadie ha atendido antes. Visto que no está para colaborar en esos momentos, le pongo una vía periférica para administrar calmantes, le realizo un electrocardiograma y se le envía a rayos para hacer unas placas, ya que tras observar la rotación externa de su pierna es evidente que tiene fractura y seguramente será enviado a quirófano. Llega la placa, se confirma la fractura de cadera y, si es posible, le operarán al día siguiente. El paciente queda ingresado en planta. El médico que le atiende y yo pensamos en la necesidad de pedir una interconsulta a la trabajadora social y así se hace.

22:20 horas. Llega otra ambulancia con una muchacha que ha intentado suicidarse con pastillas, benzodiacepinas, y está somnolienta. Desconocemos si aparte de las pastillas ha tomado algo más, por lo que se pide alcoholemia y tóxicos en orina (recogidos con sondaje único). La médico pide realizar un lavado de estómago. Tras el mismo se objetiva ingesta de pastillas y alcohol (resultado de la analítica). Se procede a poner tratamiento y se deja en observación.

22:40 horas. Nos traen a una señora con alteración del comportamiento, excesivamente agresiva e incoherente. Tras la anamnesis se deciden su ingreso en psiquiatría. Como la Unidad de Psiquiatría no está dentro del propio hospital sino en las cercanías, en lo que actualmente se viene a llamar recinto hospitalario, para el traslado a la misma está protocolizado la sujeción mecánica. Tras informar a la paciente de ello, esta aumenta su agresividad verbal y física. Uno de mis compañeros se siente dolido emocionalmente porque sus ataques verbales van dirigidos hacia él. Probablemente la paciente había descubierto que era de los más sensibles. Yo también me gano algún golpe, pero sin importancia. Al final, con la ayuda del personal de seguridad, contenemos a la paciente y se le administra Tranxilium® 50 intramuscular y una ampolla de haloperidol, también intramuscular, para tranquilizarla. Se procede el traslado a la unidad.
 
23:00 horas. Otra intoxicación etílica y este es de los habituales. Se hace analítica y toma de constantes. Hipoglucemia e hipotermia, además de falta de higiene personal. Se pone glucosado al 5%, Benerva® intramuscular y se le lava y se le arropa mientras duerme la “mona”. Se despierta a las 4:00 horas, pero se le deja dormir en la camilla hasta las 8:00 horas. ¿A dónde va a ir un indigente a las 4:00 horas?

23:30 horas. Un chico joven que le ha pegado un puñetazo a un cristal tras discutir con su novia. No es la primera vez que lo hace (le delatan sus cicatrices). Esta vez los cortes son menores. Converso con él. Comenta que ha sido feliz hasta conocer a esa chica. Quizás no sea la adecuada. Le altera demasiado. “Templa esa sangre chaval y pide ayuda profesional”, es mi consejo. Se le cosen las heridas y se pone vacunación y gammaglobulina para el tétanos.

24:00 horas. Nos traen un hombre con hematemesis, sangrado por la boca, sangre del tubo digestivo. Tras la analítica, se decide llamar al endoscopista de guardia. Yo, al ser el enfermero de urgencias y endoscopias, bajo a montar el equipo. A las 24:30 h comienza la endoscopia y se objetiva una pequeña úlcera que se esclerosa con adrenalina. Es dado de alta con la recomendación de que vea a su médico habitual al día siguiente.

01:00 horas. Un chico viene a pedir un parte de lesiones tras haber sido agredido en un bar.

01:20 horas. Un señor con dolor de muelas.

01:30 horas. Una señora con un cólico nefrítico. Dice que el dolor es similar al del alumbramiento.

02:00 horas. Dos ambulancias que traen una chica intoxicada por alcohol en cada una. Una de 20 y otra de 21 años. Se administra tratamiento y se les deja en observación. Están bastante mal.

3:00 horas. Aparece un chico en el triaje de urgencias preguntando por una de las chicas intoxicadas que han traído las ambulancias. Dice que él ha sido quien había llamado a emergencias. No sabe el nombre de la paciente, no es amigo, ni familiar, pero está muy preocupado por ella. Me pregunta si es guapa. Se me pasa por la cabeza: “no lo puedo creer, este ha venido a ligar a la urgencia”. Le invito a esperar en la puerta del hospital hasta las 8:00 y si ve una chica guapa que le guste, le sugiero que le dé su teléfono. Quizás sea una compañera o una de las chicas. Luego le explico que no podemos dejarle ver a ninguna de las pacientes, que por otro lado están en muy mal estado.

4:00 horas. Me entra hambre. Me como mi bocadillo vegetal. Manjar de dioses. Tras el bocadillo un café.

4:30 horas. Viene un hombre con fractura de pene. “Haciendo el burro con mi parienta”, me dice. Directo al quirófano (por animal).

5:00 horas. Un señor con retención urinaria. Se pone sonda Foley de 16 FR. Nada más y nada menos que litro y medio de retención. Además, la analítica de orina muestra síntomas de infección. “Como nos ha caído bien”, dice el médico, “se va a casa con sonda de recuerdo, antibiótico de regalo y cita con el urólogo”.

5:30 horas. Un detenido por la policía. Violencia de género. Refiere que el hijo de su pareja le ha pegado una puñalada y él, protesta, es el detenido porque su pareja le ha denunciado. Se cosen las heridas de arma blanca y se le aconseja que no se resista a la autoridad.

6:00 horas. Viene un chico que tiene un pequeño corte en el dedo y quiere que le hagan una cura. Por Dios, ¿quién pone freno a estas urgencias?

6:30 horas. Dos personas. Una con disnea y otra con un dolor abdominal. Analíticas, administración de tratamientos, tranquilizar y ayudar a soportar la ansiedad y el dolor.

7:00 horas. Una señora con otalgia.

7:30 horas. Me duele todo. Tengo sueño. Me quiero morir.

Llegan las 8:00 horas. “Cuenta el parte, cámbiate de ropa, arranca el coche y vete a casa, enfermero”. Probablemente, con suerte, dormirás hasta las cuatro de la tarde. Toda la noche trabajando, tras estudiar tres años de carrera, haber realizado decenas de cursos y haber opositado a tu puesto de trabajo compitiendo con miles de personas. Y has estado trabajando toda la noche por lo que, según dicen, gana o te cobra un fontanero en un par de horas. Sin embargo, estoy contento: está claro que ¡¡el amor existe!!