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Metas de Enfermería

Metas de Enfermería

NOVIEMBRE 2014 N° 9 Volumen 17

Crónica de una victoria

Sección: Relatos

Cómo citar este artículo

Bernal Pérez F. Crónica de una victoria. Metas Enferm nov 2014; 17(9): 77-78

Autores

Francisca Bernal Pérez

Enfermera. Hospital de Bellvitge. Instituto Catalán de la Salud. Barcelona.

Contacto:

C/ Marià Sanjuan Cuchí, 23, 5º, 2º. 08840 Viladecans (Barcelona).

Email: paquibernal@gmx.es

Siglo XXII, alrededores de la Cuadrícula número 6 de la zona de exclusión en el planeta Euro. No se viven buenos momentos. La población pasa hambre y las enfermedades acucian a sus habitantes. Solamente hay un hospital y está tan saturado y tan desabastecido que apenas puede articular tratamientos. Su personal, agotado y desmotivado, continúa en la brecha, pero pronto sucumbirán a la enfermedad del momento: la privatización.

Los habitantes soportan largas esperas para someterse a intervenciones menores y las mayores se han anulado por falta de material y personal. Seguimos trabajando para la población, pero las grandes empresas sanitarias nos acechan constantemente. Es imposible aguantar un día más, pero dentro de nuestros corazones sabemos que debemos resistir este envite porque depende de nosotros que nuestro planeta continúe viviendo.

Desde el hospital se oyen noticias sobre el nuevo planeta Private, un asteroide próximo a Euro y plagado de riquezas y grandes empresas que facturan cada día millones de medicats (la moneda de Private).

Este nuevo planeta tiene la entrada vetada a las personas que no dispongan de una cantidad millonaria para pagarse la mutua sanitaria, por lo que el nuevo mundo está infrapoblado.

Soy la enfermera que dirige el hospital Euro y desde aquí lanzo un mensaje al pasado siglo XXI instando a que sus pobladores luchen por sus derechos y por su sanidad pública, y que vigilen a sus mandatarios y no crean las promesas ficticias de crear un mundo mejor, pues sus propuestas son las de crear una sanidad para los más ricos, una sanidad que deberán pagar a golpe de yunque y donde el que no pueda quedará relegado a hospitales y centros donde la curación no existe.
Solamente han pasado cincuenta años desde la última conexión con el pasado y las noticias ya eran negativas, pero la población, como una marea blanca, continuaba enarbolando la bandera de lo público y rechazando tantas privatizaciones encubiertas. Sigo conectada y encuentro respuesta en una enfermera y en una doctora que no pueden creer lo que les cuento que está pasando en mi mundo. Nuestras conexiones son cada día más frecuentes y mis compañeras del pasado comienzan a responder e indagar todos los hechos que les narro.

Dos días después muchos hospitales de la zona del pasado se reúnen en pequeños comités y votan luchar por la vida y la salud de su pueblo. Todos están presentes: los marginados, los trabajadores, los parados, los pensionistas, los inmigrantes y hasta los ricos. Todos se sienten sanidad y todos quieren defender ese derecho y, por ello, sienten que deben pelear para que la Cuadrícula número 6 no llegue a la exclusión en el futuro.

Se oyen misivas de privatización de nuevos hospitales, los políticos se frotan las manos al igual que sus amigos capitalistas, pero una cosa ha cambiado: ahora conocen sus planes y no lo van a permitir. Creo que nos consideran ineptos e incapaces de darnos cuenta del fin de sus proyectos, dice la doctora, pero no han pensado que somos más y estamos unidos en un fin común: la protección de la salud. Y aunque no esperamos ayuda de nuestros políticos, sí confiamos en los jueces, en el equilibrio jurídico de la razón y la igualdad. Apelamos a los maestros de la justicia para poder parar esta sinrazón.

Antes de devolverme la conexión, la enfermera y la doctora del pasado me ruegan que luchen unos meses más, que intenten mantener su profesionalidad en aras de sus enfermos, para captar el orgullo y la fuerza que aún les pueda quedar para iniciar la batalla final. Será duro, pero será la única oportunidad de evitar la desaparición de la Sanidad pública.

La situación se hace insostenible en el planeta Euro. Las provisiones hospitalarias escasean y las bajas aumentan por doquier; pero pasa algo impensable: los moradores de Euro se unen con los trabajadores del hospital y secuestran un convoy de medicinas de una empresa farmacéutica. Las provisiones nos harán mantener nuestro asedio el tiempo necesario para que la tierra en el pasado tenga el tiempo suficiente para lograr su objetivo: Sanidad pública para todos.

En la Tierra, nuevas movilizaciones pretenden evitar la privatización de los centros sanitarios y, a pesar de las huelgas que no hay más remedio que hacer, los pacientes no salen perjudicado en sus cuidados y hasta las familias aportan novedosas lides en pro de la sanidad para todos.

La situación da un giro inesperado: por fin la justicia dictamina que la privatización de los hospitales y los centros de salud es ilegal, porque deja en indefensión a los ciudadanos que con sus impuestos ya pagan su derecho a la sanidad. Multitud de “ratones” intentan sacar sus dineros de las arcas del Estado, pero la grandeza y la valentía de un pueblo unido, en el último instante, logra parar el desalojo de las divisas a manos de los directivos sanitarios. Lo impensable ha sucedido, lo que no estaba escrito ha sido narrado y transcrito en la historia de la igualdad y la equidad. No supieron valorar lo que un pueblo unido puede conseguir si el objetivo final es un objetivo de justicia.

Última conexión con el planeta Euro: a la enfermera del hospital Euro. Victoria, hemos ganado la batalla, continuamos en lucha abierta porque aún hay muchos frentes a la espera, pero sabemos la consigna y estamos organizados en estructuras que ejercen fuerza y valor. Gracias por esperarnos y darnos el tiempo suficiente para abordar nuestro combate. Esperamos que ustedes, con la premisa de nuestra impronta pasada, tengan la genética y la fuerza necesaria para conseguir también su objetivo: mantener una Sanidad pública para todos en el siglo XXII.