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Metas de Enfermería

Metas de Enfermería

DICIEMBRE 2014 N° 10 Volumen 17

La salud emocional y el desarrollo del bienestar enfermero

Sección: Gestión Sanitaria

Cómo citar este artículo

Bajo Gallego Y, González Hervías R. La salud emocional y el desarrollo del bienestar enfermero. Metas Enferm dic 2014/ene 2015; 17(10): 12-16.

Autores

1Yeudiel Bajo Gallego, 2Raquel González Hervías
 

1Enfermero.
2Enfermera. Licenciada en Psicología. Profesora Escuela de Enfermería Cruz Roja. Universidad Autónoma de Madrid.

Contacto:

Yeudiel Bajo Gallego. C/ Leganés 25, 1º A. 28901 Getafe (Madrid).

Email: bajogallego@hotmail.com

Resumen

La evidencia científica actual pone de manifiesto la importancia que supone el desarrollo de la inteligencia emocional (IE) para los profesionales de la Enfermería, lo cual invita a desarrollar programas de formación en este área debido a la alta prevalencia del síndrome de burnout y de estrés laboral en la profesión, puesto que el desarrollo de la IE se relaciona con la prevención de ambos fenómenos. El desarrollo de la IE en los profesionales enfermeros es de especial importancia, pues entre sus beneficios se encuentra favorecer el equilibrio emocional, contribuyendo de esta forma a la buena salud, previniendo enfermedades que pueden producir desequilibrios emocionales permanentes como la ansiedad, el miedo, la angustia o la ira, entre otros, brindando defensas para la reacción positiva a la tensión y al estrés.
El propósito de este artículo es concienciar sobre la importancia y necesidad de creación e implementación de programas de formación en inteligencia emocional para las enfermeras y enfermeros, debido a las ventajas que esto supondría tanto para la mejora en la atención a los pacientes como para la mejora en la salud de los propios profesionales. Esta necesidad se ve incrementada debido a la escasez actual de programas de formación en IE durante la educación superior, como es en el caso concreto de la Enfermería, aspecto que, según parece, no está lo suficientemente considerado.

Palabras clave:

inteligencia emocional ; bienestar emocional ; Síndrome de Burnout ; estrés laboral ; formación enfermera

Title:

Emotional health and the development of nursing wellbeing

Abstract:

Current scientific evidence shows the importance entailed by the development of Emotional Intelligence (EI) for Nursing professionals, and this encourages the development of training programs in this area, due to the high prevalence of Burnout Syndrome and work-related stress in professionals, because EI development is associated with the prevention of both conditions. EI development in nursing professionals is particularly important, because its benefits include enhancing the emotional balance, thus contributing to good health and preventing diseases which might cause permanent emotional disorders such as anxiety, fear, distress or anger, among others, and offering defences for a positive reaction to tension and stress. The purpose of this article is to create awareness about the importance and necessity of creating and implementing training programs on Emotional Intelligence for nurses, due to the advantages this would entail both for an improvement in patient care and an improvement in the health of professionals. This necessity is increased due to the current shortage of training programs on EI during high education, as in the specific case of Nursing, an aspect which apparently has not been sufficiently considered. 

Keywords:

Bajo Gallego Y; González Hervías R La salud emocional y el desarrollo del bienestar enfermero Metas Enferm dic 2014/; 17(10): 12-16

Introducción

En la actualidad, la inteligencia emocional (IE) es un constructo observado desde muchas y diferentes perspectivas y, por esta razón, las definiciones varían en cada una de las aproximaciones teóricas a dicho concepto (1).

Aun así, una de las definiciones más ampliamente aceptada conceptualiza la IE como: “La habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud, la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad para comprender emociones y el conocimiento emocional y la habilidad para regular las emociones promoviendo un crecimiento emocional e intelectual” (2,3).

El proceso evolutivo de la IE tuvo su origen en los estudios relacionados tanto con la emoción como con la inteligencia. En general, se considera que los antecedentes más próximos a la IE son la introducción del concepto de inteligencia social por Thorndike en 1920 y la Teoría de las Inteligencias Múltiples, desarrollada por Gardner en 1983 (1). Este último autor desarrolló en su teoría los conceptos de inteligencia intrapersonal y de inteligencia interpersonal que, como viene a indicar, “juntas determinan la capacidad para dirigir de forma satisfactoria la propia vida”, y que supusieron una nueva aproximación al concepto de IE (4). Sin embargo, fue el estudio de las relaciones entre la emoción y la cognición lo que dio lugar a la denominada en las últimas décadas como “inteligencia emocional” (1).

Fueron los psicólogos Salovey y Mayer (2,3) quienes, en 1990, definieron por primera vez este concepto de IE como un conjunto de habilidades relacionadas con el procesamiento emocional de la información, aunque fue Goleman (5) quien popularizó posteriormente el concepto con la publicación, en 1995, de su libro Inteligencia Emocional.

El propósito de este artículo es concienciar sobre la importancia y necesidad de creación e implementación de programas de formación en inteligencia emocional para las enfermeras y enfermeros, debido a las ventajas que esto supondría tanto para la mejora en la atención a los pacientes como para la mejora en la salud de los propios profesionales.

Necesidad de formación en inteligencia emocional

Desde que se hablara por vez primera de la IE, numerosos estudios han tratado de resaltar la importancia y las ventajas que podría ofrecer la educación en inteligencia emocional tanto para los estudiantes como para los profesionales de la Enfermería (6-11).

Se afirman que la IE constituye una competencia fundamental para los profesionales enfermeros, sosteniendo que para establecer relaciones terapéuticas es necesario identificar y comprender las emociones propias, así como las emociones de los pacientes y sus familiares (1,12-15), considerando que los profesionales enfermeros han de saber gestionar eficazmente las emociones que suscitan el contacto continuado con la enfermedad y la muerte (1).

De este modo se muestra la doble función de la IE, ya que esta ofrece ventajas, tanto de cara a la mejor atención sanitaria de los pacientes como también ventajas para la salud de los propios profesionales. Distintos expertos coinciden con la idea de que los principios teóricos de la IE presentan un gran interés en cuanto a sus posibilidades de aplicación en los profesionales de la salud (12,13), pues “la habilidad para manejar las propias emociones, a la vez que se interpretan las de los demás, es especialmente útil en el desempeño de las funciones de Enfermería” (14,15), puesto que la capacidad para evaluar y distinguir entre las respuestas emocionales de los pacientes puede ser decisiva en el establecimiento de una relación eficaz enfermera-paciente (16).

Sin embargo, a pesar de estas valoraciones, el entrenamiento en habilidades emocionales parece no estar lo suficientemente considerado en la formación superior de estos profesionales y no está integrado en gran parte de los currículos formativos (1).

¿Cuándo formar en inteligencia emocional?

Según lo indicado por Goleman (5), lo deseable sería comenzar a enseñar habilidades emocionales en alumnos lo más jóvenes posibles, señalando que la infancia y la adolescencia constituyen la mejor oportunidad para interiorizar y asimilar los hábitos emocionales fundamentales que gobernarán el resto de su vida.

Este aprendizaje emocional que se inicia en los primeros momentos de la vida y lo largo de la infancia, prosigue también durante la juventud, siendo por ello el momento más adecuado para desarrollar programas de formación en IE con los futuros enfermeros, en especial cuando están formándose en los primeros cursos de la carrera en la universidad. Asimismo, como indican Bisquerra et al (17), la educación emocional es una forma de prevención primaria inespecífica y, por lo tanto, la formación debería realizarse preferiblemente y de manera óptima antes de entrar en el mundo laboral, para que de esta forma los futuros profesionales estén más preparados de antemano frente a todas las situaciones difíciles a las que posiblemente se van a enfrentar y que podrían alterar su estado de bienestar.

Además, en el campo concreto de la formación académica, el desarrollo de la IE en estudiantes favorece un mejor afrontamiento a las situaciones académicas estresantes en lo relativo al burnout y al estrés (18). Igualmente, en una revisión de trabajos empíricos sobre IE realizados con estudiantes se señala que se ha constatado que una baja inteligencia emocional está relacionada con déficits notables en los niveles de bienestar y ajuste psicológico del alumnado, con una menor cantidad y calidad de las relaciones interpersonales dentro y fuera del aula, un descenso en el rendimiento académico, así como una mayor aparición de conductas disruptivas y un mayor consumo de sustancias adictivas (19). De esta forma, los beneficios del desarrollo de la IE podrían empezar a mostrarse ya en los propios estudiantes de Enfermería antes incluso de su inserción en el mundo laboral y podrían además aplicar los conocimientos, habilidades y actitudes adquiridos de IE en sus primeros contactos con el paciente en el desarrollo de las prácticas clínicas universitarias.

La inteligencia emocional como prevención del síndrome de burnout

En la Enfermería española actual existe una considerable prevalencia del síndrome de burnout, tal y como demuestran distintos estudios de diferentes hospitales y servicios españoles que investigan los niveles de burnout y algunas de sus dimensiones en los profesionales enfermeros (20-22). En uno de esos estudio realizado en los Servicios de Urgencias y Cuidados Intensivos del Hospital Morales Meseguer (Murcia) (21), se detectó un nivel (de burnout) de moderado a elevado, donde destaca de forma relevante la alta tasa de agotamiento emocional que afecta al 41,2% de la totalidad de profesionales encuestados. En otro estudio realizado en distintos servicios del Hospital Clínico Universitario de San Carlos (Madrid) (22) se obtuvieron resultados similares: la frecuencia de personal sanitario afectado por niveles bajos, medios y altos, de acuerdo con las cifras mencionadas en material y métodos, de cansancio emocional fue de 40%, 48,2% y 11,7 %; de 57,9%, 32,8% y 9,2% para la despersonalización; de 35%, 48,1% y 16,9% para la falta de realización personal y, finalmente, de 20,6%, 48,9% y 30,5% para el burnout.

Estos datos son además apoyados por diferentes autores que describen que, en concreto, la profesión de Enfermería es una donde existe mayor incidencia del síndrome de estar quemado por el trabajo (o síndrome de burnout) (23), debido a la continua exposición a situaciones difíciles y a las características del puesto (sobrecarga, ambigüedad de rol, carencia de recursos, exposición a traumas, violencia) (24) y se vincula con altos niveles de absentismo y bajas laborales (25).

Mingote et al. (27,28) van un paso más adelante y exponen que si no se consigue controlar y superar el estrés laboral, se produce una alteración repetida de la conducta asociada a angustia y depresión y si el intento de adaptación fracasa se alterarán funciones psicosomáticas y físicas orgánicas, apareciendo (fatiga, hostilidad, mayor ansiedad, bajo rendimiento laboral y desmotivación) en respuesta al estrés laboral no controlado.

Debido a esto es importante señalar que como desde la profesión enfermera se da una cobertura de necesidades primarias y secundarias a las personas ante la pérdida de salud y la presencia de enfermedad, es imprescindible que la enfermera tenga cubiertas previamente sus propias necesidades para poder atender las de las personas a su cargo y, además, transmitir confianza y seguridad que, además de los cuidados, de ella se demandan (26).
Por todo ello, el desarrollo de la IE en los profesionales enfermeros es de especial importancia, pues entre los beneficios de desarrollar la IE se encuentra favorecer el equilibrio emocional, contribuyendo de esta forma al mantenimiento de una buena salud, previniendo enfermedades que pueden producir los desequilibrios emocionales permanentes como ansiedad, miedo, angustia, ira, etc., brindando defensas para la reacción positiva a la tensión y al estrés, y siendo una herramienta útil tanto para la prevención como para la reparación del síndrome de burnout (29, 30).

Programas educativos de inteligencia emocional

Existen numerosos programas de formación en IE que van dirigidos a la población joven (Educación Infantil, Primaria y Secundaria) (31, 32), destacan los recogidos en: “Programa de enseñanza de habilidades de interacción social (PEHIS)”; “Educación emocional”, programa para 3-6 años; “Sentir y pensar”, programa de inteligencia emocional para niños y niñas de 3 a 5 años; y el programa “Siendo inteligentes con las emociones”, todos ellos dirigidos para el grupo de edad ya referido.

Sin embargo, se aprecia un déficit en cuanto a la validación de dichos programas, siendo difícil encontrar estudios publicados sobre su evaluación y eficacia (17), si bien, incluso con las limitaciones citadas, parece que en la Educación Infantil, Primaria y Secundaria se quiere cambiar, siendo cada vez más numerosas las propuestas de programas de IE.

Aunque en España existe una activa investigación en el campo de la IE, se constata la necesidad de continuar trabajando para diseñar, implementar y evaluar programas prácticos centrados en el desarrollo de habilidades o competencias de IE (32). Como ya señalaba Goleman (5), a pesar del extraordinario interés demostrado por algunos educadores hacia la alfabetización emocional, estos cursos son todavía excepcionales y la mayoría de los maestros, directores de escuela y padres simplemente ignoran su existencia.

Respecto a la educación superior, el enfoque referido a la inteligencia emocional como elemento explicativo del rendimiento académico es una de las líneas de investigación de mayor actualidad, habiéndose encontrado relaciones significativas entre los modos cognitivo-afectivos y el rendimiento académico universitario, así como entre dicho rendimiento y algunas dimensiones de la inteligencia emocional. Destacan los trabajos de Fernández Berrocal y Extremera (33,34) y los de Parker, Summerfeldt, Hogan y Majeski (35,36).

Escasez de programas de formación en inteligencia emocional para los profesionales de la Enfermería

En el caso concreto de la Enfermería, el desarrollo de la IE parece que no ha estado lo suficientemente considerado, si bien es cierto que desde el año 2000, aproximadamente, ya se ha comenzado a llevar a cabo estudios empíricos sobre la IE y su relación con la Enfermería en los diversos modos de su ejercicio (1).

Así y todo, todavía hay poca evidencia científica que relacione la inteligencia emocional con variables asociadas al campo específico enfermero, siendo de gran importancia su desarrollo pues, como ya se ha citado a lo largo de este artículo, durante su trabajo, en especial el asistencial, los profesionales enfermeros se ven expuestos a situaciones de toma de decisiones complejas y de establecimiento de relaciones de comunicación que requieren modos de afrontamiento igualmente complejos, donde se necesitan altas dosis de control emocional y de manejo de habilidades para la gestión de conflictos relacionales.

Como ya se ha demostrado en el ejercicio de otras profesiones con similares características en cuanto a relaciones humanas, la carencia de esas habilidades puede desembocar en conductas de evitación de la responsabilidad profesional, así como en otras alteraciones psicosociales o de salud mental.

Por todo ello, es necesario diseñar e implementar programas de educación emocional que ayuden tanto a las enfermeras y enfermeros como a los estudiantes de Enfermería a desarrollar aquellas habilidades cognitivas, emocionales y técnicas necesarias para desempeñar su profesión con competencia, rigor y seguridad, así como para ayudarles a adquirir la capacidad de llevar a cabo procesos intelectuales complejos que les permitan pensar, actuar y sentir realmente los problemas y necesidades de las personas a las que han de cuidar desde una perspectiva integral.

Conclusión

A pesar de las limitaciones citadas, los estudios llevados a cabo presentan resultados interesantes para la práctica clínica de la Enfermería, su ejercicio en la docencia de futuros enfermeros y para la comunidad científica en general interesada en el campo de la inteligencia emocional.

Debido a que desde la investigación se señala la necesidad de poner el acento en la creación de nuevos programas de formación en IE que sean adecuadamente implementados y evaluados y debido, igualmente, a las múltiples ventajas que puede ofrecer la IE a los profesionales enfermeros y sus pacientes, junto a la aparente escasez de programas dirigidos específicamente para estudiantes de Enfermería, se considera de gran importancia el fomento del desarrollo de la IE tanto en los futuros profesionales, incluyendo alguna asignatura en el currículo universitario en la que se busque desarrollar habilidades de IE o aumentando el contenido práctico de IE en alguna de las asignaturas ya existentes que se relacionan con la misma, como para los ya profesionales.

Financiación

Ninguna.

Conflicto de intereses

Ninguno.

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